miércoles, 14 de marzo de 2018

LA BASTARDÍA OCULTA DE FIDEL CASTRO

LA BASTARDÍA OCULTA DE FIDEL CASTRO





Algunos colaboradores cercanos a Fidel, después defenestrados, han contado con detalles lo que sucedió en una reunión del Consejo de Ministros de Cuba, un día de junio de 1964.
Los hechos han sido confirmados posteriormente por varios guardaespaldas de Fidel, Raúl y Ramón Castro, y otros dirigentes de la Revolución presentes aquel día, y más tarde depuestos de sus cargos por Fidel, o que abandonaron el país, descontentos con el rumbo que habían tomado las cosas. 

Cuentan que aquella tarde en el Palacio de la Revolución, Fidel montó en cólera como nunca antes, y ofendió gravemente a su hermano mayor Ramón, que no era miembro del cónclave, pero que participaba de la reunión en calidad de invitado, porque se discutían los primeros detalles de aquel infausto proyecto agropecuario del Cordón de La Habana, que se pondría en marcha dos años después, con resultados desastrosos para la economía del país.

Los enfados de Fidel históricamente han tenido fama de ser muy violentos. Tiraba cosas al suelo, daba portazos que arrancaban las puertas de sus goznes, gritaba con gran alteración y ofendía con palabras gruesas y epítetos fuertes. La bronca con Ramón tomó tintes tan violentos, que hasta Almeida y Ramiro Valdés tuvieron que intervenir para separar a los hermanos, que habían llegado a las manos.

Ramón Castro al contrario de su hermano menor, siempre tuvo un talante conciliador y apacible. Era un hombre llano de palabras suaves y modales casi de campesino, tan apegado a la tierra que fue el único que siguió visitando (y habitando) largas temporadas la casa natal del clan en Birán. Jamás se le escuchó levantar la voz a nadie, ni manifestar agresividad con sus familiares, amigos o subordinados en el puesto de dirigente agropecuario que le asignó su hermano. ¿Qué había causado entonces la trifulca entre los dos hermanos?
Solamente unos días antes, el 19 de junio de 1964, la hermana de ambos, Juanita, había abandonado el país para nunca más volver. Juanita Castro Ruz, era la quinta de los siete hermanos Castro:

Angelita (1923-2012), Ramón (1925-2016), Fidel (1926), Raúl (1931), Enma (1936) y Agustina (1938). Desde muy joven Juanita tuvo desencuentros “de carácter” con Fidel, pero siempre sintió una especial predilección y afecto por su hermano Raúl, al que llamaba cariñosamente llamaba Muso. El 6 de agosto de 1963, muere Lina a los 57 años de edad, dicen que con gran pesar y distancia afectiva de sus hijos varones. Lina Ruz había sido siempre la protectora de su hija Juanita. 
"Cuando ella muere –contó Juanita ya en el exilio–, yo tenía una situación muy delicada en Cuba por mis actividades en contra del régimen, pero claro, con mi madre siempre me sentía más protegida, pensaba siempre que mientras ella estuviera a mi lado a ellos les hubiera costado más trabajo tomar medidas drásticas en contra mía". 
Así que Juanita supo que había llegado el momento de romper con sus hermanos comunistas y marcharse de Cuba. “Mucha gente me dijo que como a tantos otros, a mí me iban a fusilar allí, porque yo me metía en todo y criticaba cada cosa que hacían".


Y es Raúl, su querido “Muso”, quien conociendo en secreto las actividades subversivas de su hermana favorita, y el enojo creciente de Fidel hacia ella, le consigue una visa para que “pase un tiempo en México”, con Enma, otra de las hermanas. Es así que el 19 de junio de 1964, Juanita Castro abandona la Isla para siempre. 

"La última vez que hablé con mi hermano Raúl fue el 18 de junio de 1964, el día anterior a marcharme. Fue la última vez que hablé y que lo vi personalmente", dijo Juanita. Nunca más volvería a ver a sus hermanos varones.
Diez días después, el 29 de junio de 1964, Juanita Castro denunció el régimen político de sus hermanos, en una entrevista con el periodista mexicano Guillermo Vela. Al día siguiente fue noticia de ocho columnas en todos los diarios de México: la deserción de Cuba de Juanita Castro Ruz. Poco después en 1965 se trasladó a Miami, donde obtendría residencia legal en los Estados Unidos.
Y fue justamente por causa de esa entrevista concedida por Juanita en la radio mexicana y emitida al mundo entero, que Fidel en aquel Consejo de Ministros, en uno de sus peores arranques de rabia la califica de “mujer despreciable y traidora a la patria, que no merece pertenecer a nuestra familia”.
Lo dice tranquilamente. fumándose su puro delante de toda su camarilla de ministros, y también de Ramón, que no puede aguantar su enfado y se enfrenta a su hermano respondiéndole airado: “Parece que no te acuerdas de que tú y yo hemos sido “hijos de nadie”, necesitas ser un poco más humilde y respetar a los miembros de nuestra familia”.
“Hijo de nadie”, BASTARDO en buenas palabras. Una condición de la que Agapito siempre se había avergonzado, un capítulo de su vida poco conocido que el sátrapa desterró de todas sus biografías oficiales, y que muy pocos cubanos han conocido.
Enterémonos pues, un poco mejor, de cuáles son los detalles de la bastardía oculta de Fidel, para él tan vergonzante. Para ello hay que remontarse al principio de la historia de la familia Castro Ruz:

EL PRINCIPIO

El padre de Fidel, el gallego Ángel Castro Argiz, nacido en 1875 en la perdida aldea de Láncara, por allá por Lugo, era un humilde campesino al que un residente rico de La Coruña le pagó para que lo sustituyera en la guerra de Cuba. Entonces los españoles con plata podían evitar su servicio militar, pagando a un sustituto por cumplir esa obligación.
Y hay aquí una nota de color: En la “Historia de Cuba” del historiador Carlos Márquez Sterling, el autor cuenta que Castro padre formó parte de la columna española dirigida por el comandante Cirujeda, que atacó e hirió de muerte en combate al mismísimo Titán de Bronce, Antonio Maceo, el 7 de Diciembre de 1896. Así que si Márquez Sterling no estaba borracho cuando escribió el libro, el padre de Fidel formó parte del grupo de soldados que mató a Maceo.
Angel Castro Argiz
En diciembre de 1899, después de la derrota española en la guerra, Don Ángel (porque después de la guerra y gracias a ella, cambió su estatus social de campesino pobre a señor militar retirado) decidió quedarse en la Isla y hacer fortuna en la región oriental de Banes. Había resuelto no volver a San Pedro de Láncara, dicen algunas biografías, meses después de comprobar como la joven de la que se enamoró, no había esperado a que regresase de la guerra cubanay se había casado con uno de sus amigos.
En Cuba, para salir de la pobreza típica del inmigrante, Don Ángel Castro ejerció trabajos de toda índole: jornalero, repartidor de leche, tendero de un mercado de abastos y hasta empleado en un prostíbulo del pueblo.
Pero con la ayuda de un paisano canario, Fidel Pino Santos, (quédense con este nombre) logró alquilar un par de parcelas a la United Fruit Company, y comenzó a adquirir tierras a través de negocios que algunos historiadores califican de “ilícitos” (no he podido comprobar ese extremo), convirtiéndose así en relativamente poco tiempo en un terrateniente rico con una fama de hombre implacable, muy exigente y violento en los negocios. 
Se cuenta que era especialmente cruel con los trabajadores negros que importaba de Haití para las labores agrícolas en sus campos.
Ya convertido en un rico miembros de la alta sociedad de Banes, se hizo de un tren particular para desplazarse por sus tierras, y transportar a los trabajadores y vecinos hasta Holguín. 
El tendido de líneas férreas para poder transportar la caña de azúcar a los distintos ingenios azucareros levantados en la isla caribeña, dio trabajo a centenares de trabajadores durante muchos años. Una de las vías atravesaba sus propiedades, con dos puntos de pesaje. Estuvo operativa para la zafra de 1924.1925. 
Ángel se casó dos veces. Con sus dos mujeres tuvo 12 hijos, cinco con la primera y siete con la segunda, y con una tercera, una guajirita hija de un peón, tuvo a otro hijo al que nunca atendió y que hoy todavía vive en Birán, pobre y abandonado: Martín, medio hermano de Fidel, Raúl, Ramón y el resto de los hijos de Lina. 

MARÍA ARGOTA

La vida sentimental de Ángel Castro comenzó cuando abrió una fonda en la que se enamoró de su primera mujer, que fue a comprar bombones. Ángel quedó prendado de ella. 
Era una joven esbelta y guapa llamada María Argota Reyes, que era maestra. El flechazo se produjo en El Progreso, nombre de la fonda taberna de lo que fue el primer negocio de Ángel Castro Argiz. Inauguró este establecimiento en 1906 con un capital de 200 pesos, y tuvo buena vista comercial, porque para el negocio contrató a quienes trabajaban en sus platanales, pagándoles muy poco dinero y ganando mucho en poco tiempo.
Escribe Katiuska Blanco, su biógrafa oficial, que Ángel pensaba que María sería su amor definitivo, "pero algunas lenguas le auguraban poco éxito, porque era por naturaleza un hombre infiel". Contrajo matrimonio con ella en la primavera de 1911, pero las desavenencias comenzaron pronto. María Argota tenía anhelos de vivir su vida en una ciudad y su esposo, en cambio, quería vivir en el campo.
El matrimonio con María Argota no fue una balsa de aceite, como tampoco lo sería el de Lina. La pareja funcionó a trancas y barrancas, porque tanto uno como otro tenían fuerte carácter y, por lo visto, había veces que saltaban chispas.

LINA

Ángel tuvo dos hijos con María, y las cosas iban más o menos bien hasta que un día, llegó a su hacienda pidiendo trabajo de sirvienta, una mujer con una hija analfabeta de 14 años, que se llamaba Lina Ruz. 
Don Ángel le dio empleo, pero desde el primer día puso los ojos en la niña, con la que pronto estableció una relación extramarital, de la cual nació una primera hija, Ángela, que se crió, como todos los bastardos, lejos de la casa del padre infiel, en el bohío de la madre de Lina. 
Muy poco después Don Ángel le hizo una segunda barriga a la hija de su criada, que fue un niño al que llamaron Ramón. La infidelidad de Don Ángel se hizo tan evidente e incómoda para su esposa, que María Luisa Argota abandonó la casa de Birán y se mudó a Santiago de Cuba con los dos hijos mayores y legítimos de aquel infausto matrimonio. 
Lina Ruz se instaló entonces como la nueva señora de la casa, y dio a luz el 13 de Agosto de 1926 a un tercer hijo, al que Don Ángel bautizó con el nombre de aquel canario amigo suyo y socio en los negocios: Fidel.

FIDEL EL BASTARDO

El divorcio de Ángel con su primera mujer fue largo y traumático, y además, tuvo desavenencias con Pedro Emilio, uno de sus hijos del primer matrimonio, por cuestiones de dinero. 
Cuando María Luisa le puso el divorcio y le reclamó la mitad de sus tierras, Don Ángel simuló estar arruinado y traspasó las propiedades a su socio Fidel Pino Santos. 
Para acallar rumores y ocultar la existencia de los hijos ilegítimos que tenía con Lina, Don Ángel mandó a los niños a vivir con sus amigos, el cónsul haitiano en Santiago, Hippólite Hibbert, y su esposa Emercianne. Fidel tenía entonces 4 años.
Fidel tuvo que adaptarse desde pequeño a tener dos familias, dos parejas de padres, dos hogares, y a lidiar con su condición ilegítima, creando en él un gran conflicto psicológico de identidad y un rechazo total a la palabra “bastardo”, que conoció muy pronto y sufrió amargamente desde niño.
Dos años después, cuando fue enviado como interno al Colegio de La Salle, sus condiscípulos lo humillaron repetidamente por su origen bastardo, por tener como madre a una criada analfabeta, y por no estar bautizado, llamándolo "judío". Cuentan sus contemporáneos de Birán que Fidel juraba que algún día se vengaría de todas estas humillaciones. Está claro que cumplió su promesa con creces.
A los 8 años, Fidel fue finalmente bautizado, con la pareja haitiana como padrinos. En su acta oficial de bautismo aparece como Fidel Hipólito Ruz, sin que se haga mención alguna de Ángel Castro como padre.
En 1938, con doce años, Fidel Castro, envió una carta al presidente de EEUU Franklin Delano Roosevelt, que se conserva aún en The National Archives of Washington. Escribió: “Querido Presidente. No sé mucho inglés, solo lo suficiente para escribirle. He oído en la radio que será presidente varios años más. Por eso, le escribo para pedirle un billete de diez dólares. No he visto ninguno, y me gustaría tener uno”. Roosevelt nunca mandó el billete.
Argiz se casó oficialmente con Lina Ruz el 26 de abril de 1943 en el Registro Civil de Cueto. En ese momento, el que se convertiría en comandante, tenía 17 años; Raúl, 12 y Ramón, 19. Unos meses después, el 11 de Diciembre de 1943, Fidel es por fin reconocido como hijo legítimo de Don Ángel Castro, cuando ya había cumplido 17 años. 
Fidel Hipólito Ruz, podía llamarse al fin Fidel Alejandro Castro Ruz, el hombre y el nombre llamados a cambiar el destino de Cuba, y a darnos medio siglo a todos los cubanos por detrás. Porque las humillaciones sufridas durante aquellos horribles primeros años de su vida, dejaron una huella imborrable, y unas ansias de venganza permanentes en su cabeza atormentada y llena de rencor. 
Fidel y sus medios hermanos mayores Lidia y Pedro Emilio
Con Lidia, su hermana mayor, hija del primer matrimonio de su padre Ángel Castro con María Luisa Argota Reyes, Fidel siempre tuvo buenas relaciones porque se preocupaba por sus medios hermanos menores. Pero los hijos del primer matrimonio de Ángel Castro -Lidia y Pedro Emilio- nunca vivieron en la casa de Birán con sus medios hermanos y no existían las mismas sensaciones de cercanía fraternal entre ellos.
Con Lina, las cosas no iban bien, porque Ángel seguía rondando a las guajiras de su batey.
Katiuska Blanco no pasa por alto esas desavenencias. «Ella (Lina Ruz) a veces perdía los estribos, maldecía su estampa de gallo fino y sus ambivalencias. Molesta, le reprochaba sus tardanzas y preparaba venganzas pueriles cuando él regresaba tarde de andarse por ahí con amoríos pasajeros. Sin embargo, don Ángel siempre volvía a la suavidad de su regazo y a la firmeza de su carácter, lo que le resultaba imprescindible para vivir la vida, enamorado hasta el final», contó la escritora cubana. 

PEDRO EMILIO, EL ÍDOLO SECRETO DE FIDEL

Fidel le tenía mucha admiración al mayor de los dos medio hermanos, Pedro Emilio, un intelectual que sabía varios idiomas, entre ellos inglés, francés e italiano; era culto, estudioso, muy preparado, un gran lector y además era poeta. Pedro Emilio siempre lo trató con gran cariño a Fidel y conversaba mucho con él.
Además, era militante político, demócrata y contrario a Fulgencio Batista. No obstante, Pedro Emilio tenía mala fama en la casa familiar de Birán. Ángel consideraba que tenía malas compañías (grupos intelectuales más bien de izquierda), se quejaba porque Pedro Emilio gastaba demasiado dinero o empeñaba cosas para sus gastos. Lo veía como alguien desorganizado o desprolijo, un bohemio quizás. En la casa de Fidel, lo consideraban como un loco, ya que ser poeta en aquel ambiente era ser medio trastornado.
Si bien tenía un muy buen prestigio de intelectual en Santiago de Cuba, y a pesar de ser políglota, un gran autodidacta, poeta, así como muy culto, al no haber estudiado en la universidad, ninguno de esos méritos tenían valor alguno para su padre Ángel.
En 1940, Pedro Emilio tenía 26 años y ya era aspirante a Representante de la Cámara de Diputados por el partido opositor a Fulgencio Batista. Durante sus vacaciones en Birán, Fidel lo ayudaba, salía a visitar a los campesinos en su caballo para enseñarles a votar, como muchos no sabían ni leer ni escribir les explicaba cuál era la insignia del partido de Pedro Emilio al que promocionaba. A través de esos votos podían elegir al Presidente y a un candidato a Representante por su provincia. En este caso, Fidel promocionaba al candidato a Presidente por aquel partido y a Pedro Emilio como Representante.
Fidel, además de querer mucho a Pedro Emilio y estar entusiasmado con su candidatura, también tenía algún interés personal, a través del estímulo de algunas promesas políticas que le había hecho su medio hermano, entre ellas ofrecimientos de regalos que incluían un caballo si llegaba a ganar. Así que visitó a cientos de campesinos para hablarles de Pedro Emilio. Por su parte, todos los vecinos del batey en Birán iban a votar por él.
Sin embargo, el día de la votación en verano de 1940, en los colegios electorales de Birán, los soldados de Batista que llevaban fusiles y bayonetas, dividieron en dos grupos a los votantes: por un lado unos pocos que votarían a Batista y por otro la gran mayoría de antibatistianos, quienes por distintas razones, ya sea por tratarse del hijo del gran terrateniente de la zona o motivos legítimos, iban a votar por Pedro Emilio.
Entonces los soldados no permitieron votar a nadie de la oposición y los pocos que votaron a Pedro Emilio, pudieron hacerlo porque se hicieron pasar por batistianos. Eso ocurrió en muchos colegios y de esta manera Pedro Emilio perdió las elecciones por 82 votos. Tan solo en tres escuelas de la zona de Birán, los soldados lograron quitarle entre 500 o 600 votos.
Así, en 1940 Batista ganó las elecciones, algo que causó una gran indignación en Fidel, quien con 13 años vivió quizás lo que fue su primera experiencia política. Así comenzaba a vivir como adolescente el primer mandato de Fulgencio Batista.
Tiempo después de su candidatura, Pedro Emilio tuvo algunos problemas y necesidades económicas, por lo que presionó a la familia para que lo ayudaran. A partir de ello surgieron algunos conflictos y hostilidades con la familia, de la que se distanció por un tiempo, incluyendo a sus medios hermanos.

LINA, ¿BÉLICA O SANADORA?

Hacia 1945, el esposo de Lidia, Narciso Montero, murió a raíz del mal de Hodgkin que padecía. Lina Ruz se encargó de cuidarlo durante su enfermedad, y al enviudar heredó una pensión, algunos recursos modestos y una propiedad familiar. 
Cuando Fidel se graduó del Bachiller en 1945 en La Habana, Lidia se mudó allí y alquiló una casa para que Fidel y sus hermanos se fueran a vivir un tiempo con ella. 
Lina era muy devota y activa en obras de caridad, y educó a sus hijos en escuelas católicas, a las chicas con las ursulinas y los chicos con los jesuitas, pero también le encantaban las armas de fuego. A Lina le encantaba subir a las lomas con sus hijos a disparar.
Hay varias anédcotas sobre sus supuestos dones de "milagrera":
Cuando Jesús “El Lechuza”, un vecino de la familia, le abrió el vientre a su madrastra de una puñalada y la dejó moribunda con las vísceras fuera,  Lina se las volvió a meter en el vientre, la limpió la desinfectó, la cosió, y la salvó. Una señora que había dado a luz en el Central Preston, tenía una terrible infección, desahuciada por los médicos la mandaron a morir a su casa, pero Lina se enteró, la limpió, le sacó los deshechos del útero, la lavó, la desinfectó y la salvó. 
También salvó a la maestra de Fidel, Doña Eufrasita, al sacarle los pedazos de cucarachas de los oídos. Además era generosa; le regaló diez mil dólares a Fidel y a Mirtha para la Luna de Miel en los U.S.A., ayudaba a los pobres, pagaba correctamente a sus campesinos, y rezaba por sus hijos todos los días. Un primor de mujer.
Como no había iglesia cerca, el padre Jerónimo Perrufo iba a la finca de los Castro a dar la misa para la familia. Y rambién a pedirle dinero a Angel Castro Argiz.

ÁNGEL, UN HOMBRE AFORTUNADO

Ángel Castro llegó a controlar 11.000 hectáreas de terrenos y a producir cuatro millones de arrobas (una arroba son casi doce kilos) de caña en Birán y Holguín. Le tocó dos veces el gordo de la Lotería, pero finalmente acabó perdiendo su casa en un incendio que él ocasionó de manera accidental. 
«Don Ángel -dice su biógrafa- olvidó uno de sus tabacos en la mesita de noche, junto a una lámpara. El tapete bajo la campana de cristal fue lo primero en incendiarse con unas llamaradas intensas, extendidas en un segundo al entablado del piso y las paredes de las casas de pino. Pocos muebles pudieron salvarse de las llamas. Ardieron las cartas y las fotografías de la familia», cuenta la biografía oficial. 
Eso ocurría el 4 de septiembre de 1954. Dos años más tarde, Castro Argiz fallecía debido a las complicaciones de una hernia. 

FIDEL CASTRO, POR FIN NO ES BASTARDO

Al producirse al fin del reconocimiento tardío de su legitimidad filial, Fidel Castro al fin pudo incorporarse de lleno a su familia. Se trasladó de Birán a La Habana y se matriculó en el Colegio Jesuita de Belén, uno de los más prestigiosos de la capital. Fue allí que comenzó a destacarse en lo académico, y al mismo tiempo a mostrar su insaciable ambición de poder. En Belén, uno de sus condiscípulos era un ex-vecino de su padre en Banes, Rafael Díaz-Balart, con cuya hermana se casaría años más tarde y de la que tendría un hijo; su primogénito Fidelito Castro Díaz-Balart.
Después de graduarse en Belén, Castro se matriculó en la escuela de derecho de la Universidad de La Habana, y se involucró de lleno en el activismo estudiantil, e irrumpió en el conflictivo panorama político de la Isla irguiéndose en líder desde el principio. Comienza su época de “gatillo alegre”, crece su reputación de gánster, aventurero violento, bocazas y matón. Esa trayectoria culmina con su participación en el nefasto Bogotazo de 1948, en Colombia, a donde fue supuestamente a infiltrar y cohesionar los movimientos estudiantiles universitarios de América Latina. La cosa terminó con revueltas e incendios en la capital colombiana, y el asesinato del líder del partido liberal Eliecer Gaitán.

ESE HOMBRE ESTÁ LOCO

Mucho se ha especulado y estudiado ya por los especialista, sobre el complejo perfil psicológico de Fidel Castro. Una difusa patología mental basada en buena parte en la dualidad identitaria que arrastró de pequeño, consecuencia de haber sido sustraído de su entorno filial desde una edad demasiado temprana: un doble nombre, un doble hogar, una doble familia y una doble identidad. Demasiado como para no estar loco.
Según el periodista y escritor francés Serge Raffy, autor del controvertido libro “Castro, el desleal”, tras el regreso de Fidel de Bogotá se produjo en La Habana el fatídico encuentro con el agente soviético Fabio Grobart, que determinaría su definitiva afiliación política. Raffy asegura que es ahí que empieza a incubarse la ideología marxista de Fidel.
Grobart, uno de los fundadores del primer partido comunista cubano, era un judío polaco enviado por el Kremlin a América Latina para reclutar agitadores antiimperialistas, que debían simular ser anticomunistas. Y Fidel, con su engañosa imagen de revolucionario humanista, que ocultando muy bien su activismo violento, era el candidato perfecto para ejercer esa dualidad de identidad.
La condición de “agente doble” era terreno conocido para Castro. Según Raffy, esta duplicidad “no fue por la práctica de la denegación, traición o virajes, propios del juego político, sino derivada de las circunstancias de su origen: la propensión a ser simultáneamente dos personas; a jugar en dos campos al mismo tiempo. “Esta estructura de lo doble aparece en todas las acciones que emprende, ocasionando crisis, pues es una conducta que implica el ‘double-bind’, que, como se sabe, es el origen de muchas perturbaciones mentales.”, dice Raffy.
Entre otras cosas, gracias a esa disfunción mental es que Fidel pudo engañar al pueblo cubano y al mundo entero, presentándose desde la Sierra Maestra como un revolucionario idealista y redentor, y ocultando su verdadera agenda. Es por eso que en el régimen que inventó y controló durante medio siglo, tuvieron tanta importancia los servicios de inteligencia y de control policial, que diseñó él mismo. De ahí proviene la modalidad de infiltrar agentes bajo la doble fachada de médicos, maestros o técnicos deportivos, como sucedió en Chile, Granada y finalmente en Venezuela.
La duplicidad y maleabilidad de la personalidad patológica de Fidel Castro impidieron cualquier negociación seria con él mientras gobernó, porque nunca se estaba tratando con el "verdadero" Castro, sino con "el otro".
Quizás Juanita, Ramón y hasta el propio Raúl en su fuero interno supieron siempre de esta dualidad peligrosa y han temido sus consecuencias. El resto de los cubanos hemos vivido detrás del palo.
Le llamábamos loco, es verdad, pero... ¿sabíamos que lo estaba realmente?




FUENTES CONSULTADAS: 

La Familia Castro, Katiuska Blanco
Maritza Beato, Documentos secretos sobre los Castro
Fidel: Dos hombres en uno, de Vasiliev Rushov, 
Noticias de El Lagarto Verde






























martes, 13 de marzo de 2018

MÁRTIRES DE HUMBOLDT 7: ¿UN CASO CRIMINAL DE CELOS POR DESPECHO? (I)

MÁRTIRES DE HUMBOLDT 7: ¿UN CASO CRIMINAL DE CELOS POR DESPECHO? (I)

Tarja conmemorativa en el edificio de Humboldt 7


No es -aunque lo parezca-, un titular carnicero para atraer la curiosidad calenturienta de quienes me visitan por morbo, aunque reconozco que si lo hubiera titulado “Condicionantes sociopolíticas en el caso de los Mártires de Humboldt 7”, esta entrada habría sido soberanamente ignorada por la mayoría de ustedes.

Pero lo importante es no mentir, y en el siglo XXI, mi estatus de inmigrante cubano raso -no político- habitante de un país libre, y con una condición sexual asumida y reconocida públicamente, me autorizan a hablar con total libertad de algo que se ha escondido durante décadas, ya sea por prurito moral, conveniencias, o connivencias políticas en ambas orillas. A mí ya nada de eso me condiciona.
El ser humano tiende siempre a endiosar o denostar a sus semejantes de forma parcial y subjetiva, movido por causas políticas, morales o simples simpatías. Lo hacemos constantemente, de modo absoluto, sin tener en cuenta que somos animales imperfectos y polivalentes en nuestra más pura definición antropológica.
Si se nos considera “buenos”, hemos de serlo en todo: inteligentes, amigos perfectos, moralmente impolutos y brillantes en nuestras acciones. Y si somos "malos", también seremos tontos, pobres de espíritu, poco amigos y deleznables en nuestro proceder. Y esa idea imposible y parcial contamina cualquier juicio cuando se trata de calificar a otras personas y asumir sus realidades existenciales y humanas.
Se puede ser homosexual y valiente, del mismo modo que heterosexual y pendejo. Ser mujeriego no implica ser asesino, y ser sanguinario no es óbice para amar a las flores.
Los protagonistas de esta historia han sido ejemplos claros de esta ley no escrita del comportamiento humano. En mi investigación, he tropezado varias veces con ese escollo cuando indagué sobre la veracidad de los hechos que cuento, y sus actores. Las frases “seguramente era capaz de mentir, porque era mala persona” o “él era bueno, no podía ser maricón”, las he encontrado una y otra vez cuando he preguntado sobre alguien, tanto en Cuba como fuera de allí.
En realidad mi crónica plantea un conflicto tan cierto y verdadero como que el sol sale todos los días. Ha estado a la sombra desde los días de la muerte de “Manzanita”, y ha sido encubierto por Fidel Castro y su combo durante más de medio siglo. Con esta serie, pretendo poner los focos sobre el asunto, que tiene plumas y balas en igual medida.
La complejidad y extensión de la leyenda de astracán verdeolivo tejida en torno a este segmento de nuestra historia, me ha obligado dividirla en partes para no aburrir. Intentaré pues, facilitar la comprensión de lo ocurrido para desentrañar una de las más misteriosas y escondidas páginas rosa del masculino bregar de nuestra idiosincrasia. A los que pasan de la media rueda, mucho de lo que cuento no les resultará del todo ajeno.
LA HISTORIA OFICIAL
La interrogante que planteo en el titular, sobrevuela desde hace 60 años los hechos posteriores al intento de asalto al Palacio Presidencial y la toma simultánea de Radio Reloj el 13 de marzo de 1957 en La Habana. Fueron éstas, acciones planeadas y ejecutadas por el Directorio Revolucionario (DR), que pretendía “ajusticiar” a Batista y después convocar al pueblo en la Universidad de La Habana, para entregarle armas y derrocar al régimen.
Aprovecho para tachar aquí otro renglón falso de la historia políticamente correcta, pero sibilinamente impresa:
La idea de atacar el Palacio no fue de José Antonio Echeverría, ni de Faure Chomón ni de Gutiérrez Menoyo. Fue de Menelao Mora, que era un tipo callado y hermético si bien también inteligente y osado, y que, consciente de la fractura interna que había en el Directorio, no confiaba en Chomón ni en Gutiérrez, e ideó, organizó y planificó hasta el último detalle el “ajusticiamiento” de Batista casi en solitario. Quizás por eso su recuerdo murió allí junto a él para la Revolución, por sus malas relaciones con el resto del grupo. Consideraba que sería una acción suicida, y así fue, al menos para él.
Todos sabemos cómo terminó aquello; la cosa se fue al traste, algunos atacantes murieron, otros resultaron heridos o fueron apresados, y el resto se dispersó por la ciudad para esconderse hasta que pasara el temporal.
Entre estos últimos, estaban cuatro implicados en la operación: José Machado Rodríguez “Machadito”, Juan Pedro Carbó Serviá, Fructuoso Rodríguez Pérez y José “Joe” Westbrook Rosales.
Los cuatro se ocultaron en un edificio cerca del Malecón, en el número 7 de la calle Humboldt, un enclave muy cercano a mi casa, que visité casi diariamente durante muchos años de mi vida, y que conozco como la palma de mi mano, porque allí vivía y vive aun un viejo amigo de la infancia. Los sobrevivientes de aquella operación se ocultaron en el apartamento 201, que también tuve la oportunidad de conocer y husmear hasta la cocina.
Machadito, con camisa estampada y chaqueta gris, a la derecha de Manzanita, y Joe Westbrook a su izquierda
A partir de aquí, abundan las cábalas populares, las mentiras institucionales y las manipulaciones de Fidel Castro, que cambió a su conveniencia el color y la forma de los hechos, para trasladarlos a los libros de texto “revolucionarios”, que la mayoría de nosotros seguramente ha leído.
La historia oficial cuenta que Marcos Armando Rodríguez Alfonso, “Marquitos”, conocido erróneamente como activista del Directorio Revolucionario y devenido después “miserable traidor” para el combo verdeolivo, denunció el paradero de los cuatro miembros de la facción escondidos en Humboldt 7, al capitán de la policía de Batista, Esteban Ventura Novo.
Marcos Rodríguez

Es imprescindible analizar con detalle lo que ocurrió en esos día de la todavía hoy “supuesta” delación de Marquitos a Ventura, un siniestro y celebérrimo personaje con ganada fama de torturador experto y asesino despiadado, mal que nos pese reconocerlo. Como digo siempre, la credibilidad que avala a los que odiamos la tiranía de Castro, pasa por contar toda la verdad, aunque parte de ella no nos guste demasiado.
Dice la historia “revolucionaria” que Marquitos, un personaje anodino que nunca antes había tenido contacto alguno con la policía ni con el gobierno batistiano, hizo una llamada telefónica voluntaria, pidiendo un encuentro con Ventura, pero con la condición de que ésta tuviera lugar fuera de la Quinta Estación de policía que Ventura dirigía. Quería contarle dónde estaban escondidos cuatro de los participantes en los sucesos del 13 de marzo del 57. Siempre según el sumario oficial, la delación se consumó en una casa de seguridad que tenía Esteban Ventura en Carlos III y Espada.
El jefe de Policía Esteban Ventura Novo
Sin embargo debo mencionar aquí, para no pecar de parcial, que según Ventura en su autobiografía y otros jefes policiales involucrados en la sangrienta anécdota, el responsable de la delación fue su beneficiario directo, Faure Chomón Mediavilla, que a partir de la masacre se convertiría en el jefe máximo del Directorio Revolucionario. Ventura afirmó que Chomón fue quien personalmente acudió a la Quinta Estación de Policía a delatar a sus compañeros, afirmación que, como he dicho, está escrita en sus memorias publicadas en enero de 1961 y reiterada luego en varias entrevistas.
Pero dada la escasa credibilidad que tenía Ventura por su comprensible animadversión al régimen de Castro, y su más que probable intención de ocultar la verdad, iré primero por el camino que abrió la versión oficial, que fue en definitiva la que terminó acusando, juzgando y fusilando a Marcos Rodríguez.
Tengan en cuenta, sin embargo, que Ventura no tenía ningún motivo para proteger a Marquitos, a quien no conocía y menospreciaba por su inclinación sexual, y sí le daba rédito político inculpar a Chomón, un modo de desmoralizar a la revolución en la persona de uno de sus líderes más importantes.
En cualquier caso y siguiendo el discurso “revolucionario”, dicen que aunque al principio desconfió de su propuesta, Ventura comprobó que Marcos Rodríguez hablaba en serio. Ante el jefe policial, Marquitos se identificó como estudiante universitario y supuesto ex compañero de los combatientes del Directorio Revolucionario. También se cuenta que se autopropuso como agente clandestino doble. Justificaba su traición alegando un repentino cambio en su ideología, y una supuesta “comprensión” de la inutilidad de la lucha estudiantil.
Dicen que en realidad todo se reducía a la envidia, el odio y el resentimiento de Marquitos contra sus antiguos compañeros de armas, por motivos que ahora contaré, pero es una teoría que ha ido perdiendo consistencia con el tiempo, y cuya aceptación por parte de Marcos en el juicio, no significa nada. Marcos fue inducido y obligado a declarar en contra de sí mismo.
Sin embargo, sí he podido contrastar que, por aquellos días previos a la tragedia, Marquitos estaba emocionalmente abatido. Si delató o no al cuarteto de Humboldt, es algo de lo que hasta ahora no existía una prueba fidedigna, pero la realidad es que en el momento de los hechos, Marquitos era presa de unos celos casi patológicos, porque Joe cortó su relación con él para -en la creencia del propio Marquitos-, comenzar otra con el tercer miembro de este triángulo amoroso mortal: José Machado Rodríguez “Machadito”, otro de los mártires de Humbold 7.
Comprendo que el párrafo anterior cause sorpresa e incredulidad y quizás rechazo en alguno de mis lectores. Lo asumo. Es una verdad demasiado fuerte y descarnada como para aceptarla sin anestesia como parte de un drama histórico de machos con pistola. Lo tenemos grabado a fuego en nuestra memoria histórica, si mácula moral ni ruidos de connotación sexual alguna, prácticamente desde que aprendimos a leer. Pero YO SÉ, que lo que he investigado es cierto en rigor.
Me avalan testimonios contrastados por personas directamente implicadas en los hechos, algunas que hoy pasan de los 80 y ya no tienen motivos para mentir, y todas conscientes y sabedoras de la homosexualidad oculta de las tres personas que he mencionado.

EL PRINCIPIO

Marcos Rodríguez había conocido a José Westbrook en la Biblioteca de la Universidad de La Habana dos años antes, en 1955, cuando él no había cumplido aun los 16 años y Joe apenas tenía 18.
Por esos días, Joe había sido nombrado flamante miembro del ejecutivo nacional del Directorio Revolucionario (DR), que presidía José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez Pérez, como secretario general y vice, Faure Chomón, el jefe de acción, y René Anillo, encargado del frente estudiantil. Joe ocupaba el puesto de enlace con la segunda enseñanza.
Joe Westbrook, al centro con la corbata sobre los hombros, en sus tiempos de dirigente estudiantil en el Instituto de La Habana 
Me cuenta Eladio Rivas, sobrino político de Juan Pedro Carbó Serviá, muerto en esa contienda, y de quien tengo autorización para revelar su identidad y los pormenores de su testimonio, que aun siendo Marcos un jovencito feo y contrahecho, Joe se enamoró de su embrujo poético, la dulzura de sus maneras, y sobre todo de su apego y conocimiento de la obra lírica martiana, de la que Westbrook era un fanático irredento. Pero esta relación estaba condenada al anonimato más absoluto, una condición que le había puesto Joe a Marquitos desde el principio, por razones más que obvias.
Marcos por su parte cayó rendido a los pies del hombre que significaba todo lo que él hubiera querido ser; un líder carismático viril, valiente y con un irresistible punto intelectual.
Me dice Eladio, que cuando Joe Westbrook se fue a México a reunirse con Fidel para firmar en tierra azteca el documento que se conocería como “Carta de México” el 29 de agosto de 1956, Marquitos lloró desconsoladamente su partida delante de todos los miembros del Directorio. Y ese fue el principio del final de su relación con él.
De izquierda a derecha Fructuoso Rodriguez, Joe Westbrook, Faure Chomon y Juan Nuity en Ciudad Mexico 1956 
Joe se cuidaba mucho de evidenciar su homosexualidad en público. Tenía novia, no era afectado en su gestualidad ni en sus maneras, e incluso se permitía chascarrillos homófobos delante de sus compañeros para despejar cualquier duda sobre su inclinación “non sancta”. De hecho había sugerido a Marquitos que también se echara novia, aprovechando que era muy bien recibido por las mujeres, por el halo poético y dulce que destilaba su interesante personalidad intelectual.
Incluso lo instó a cortejar a Dora Romeo, una amiga de la hermana de Jorge Valls Arango, a su vez amigo íntimo de Marcos, con quien entonces éste vivía en La Habana, y que fue la única persona que defendió su inocencia cuando las cosas se complicaron para él. Pero aunque Marcos intentó obedecer a Joe, su fuerte naturaleza sexual lo condenaba, y fue incapaz de llegar a mayores con Dora.
Este testimonio de Eladio me cuadra perfectamente con otro del propio Jorge Valls en entrevista hecha en Miami muchos años después, a pesar de negar la homosexualidad de su amigo:
“Marcos estuvo enamorado de una amiga de mi hermana aunque nunca llegó a nada con ella. No era homosexual. Prácticamente vivía en casa. Yo sabía de su vida y él de la mía. Después llegó la leyenda de embarrarlo, de convertirlo en homosexual...”
Es evidente que a las palabras de Jorge las lastraban la simpatía, la amistad y ese absolutismo moral conmiserativo al que me he referido al principio de esta crónica. La homosexualidad de Marquitos era visible desde Marte, y no necesito pruebas para asegurar que era más que improbable que Valls "supiera toda su vida" como afirma. Lo sabemos bien quienes alguna vez hemos disimulado nuestra sexualidad ante nuestros amigos más cercanos e incluso ante nuestros padres.
Pero sigamos, porque las cosas se complican.
A su regreso de México, Joe deja a Marquitos, aduciendo una repentina toma de conciencia de su verdadera naturaleza sexual. Era heterosexual y esto solo había sido un desliz motivado por la confusión que causaron en él las maneras cariñosas y oníricas de su joven amigo. Y hasta aquí las clases.
Marcos entra en crisis. Le insiste a Joe, pero Joe lo rechaza, ya de malos modos. Aunque apenas ha cumplido 17 años, para Marcos la vida ya no tiene sentido sin Joe.
Entonces lo vigila y lo sigue a escondidas una noche cuando cree que va a visitar a su novia. Se equivoca. Joe no va al Vedado donde vive con sus padres la muchacha que él piensa que le ha robado el amor de Joe. Joe se va al puerto y toma una lancha.
Confundido y temeroso de ser descubierto, Marquitos regresa a su casa con su amigo Jorge Valls. No sabe que Joe se ha ido a Guanabacoa, donde vive escondido ya en la clandestinidad, en una cuartería de la calle Palo Blanco, el revolucionario mulato José Machado.
MACHADITO, EL LADRÓN DE AMOR

Solo tres personas estaban al corriente del refugio secreto del manzanillero José Machado además de Westbrook, desde que éste había pasado a la clandestinidad: José Antonio Echeverría, su mejor amigo Juan Pedro Carbó Serviá y Fructuoso Rodríguez.
Marcos Rodríguez tuvo conocimiento de él por Carbó Serviá, cuando fue necesario enviarle alimentos y una pistola a Machadito poco días antes del asalto al Palacio Presidencial.
Manzanita, Fructuoso y el propio Serviá estaban inmersos en otras encomiendas necesarias en los preparativos del asalto. Se había decidido días antes, que el valioso Westbrook no debía exponerse a ser apresado antes de la acción programada para el 13 de marzo, y se trasladara a pernoctar “acuartelado” junto Machado en su cuartico de Guanabacoa.
De allí debían salir ambos en la madrugada del 13 hacia una vivienda cercana al Palacio Presidencial, cuyo asalto debían comenzar a las 3:15 de la tarde integrando el grupo que comandaría Gutiérrez Menoyo, NO Faure Chomón, como el propio Faure se ha encargado de instalar después en los libros de historia de la revolución. Faure fue solo un "tercero al mando" de uno de los pequeños grupos de los 150 atacantes, y esa es otra de las historias falsas que habrá que desempolvar alguna vez.
Los detalles que me narra Eladio Rivas son muy reveladores, y los transcribo tal y como me los dijo en conversación telefónica que tengo grabada:
Calle Palo Blanco en Guanabacoa, La Habana
“Marquitos llega al cuartico de Palo Blanco con Maceo, y le abre Machado en calzoncillos. Marquitos entra y encuentra a Joe poniéndose los pantalones y aun sin camisa. Estaba claro que ambos habían estado acostados en la pequeña cama personal de Machado, aun destendida. Había música en la radio. Marcos estaba incómodo y nervioso, saludó a Joe con pocas ganas, intercambió algunas palabras con Machado deseándoles suerte en la acción armada, dejó la comida, el arma y una cajita de municiones sobre una mesa y se fue. Pero no se fue. Cuando Machadito cerró la puerta y también una reja que había con un candado, Marquitos dio la vuelta a la cuartería por un patio trasero y puso una piedra en el suelo para subirse y mirar por una ventana estrecha que había casi pegada al techo. Y entonces vio que Machado se había quitado los calzoncillos, se había quedado encueros y estaba cargando la pistola con las balas y sopesándola con la mano, mientras Joe volvía a quitarse los pantalones y se tumbaba en la cama totalmente desnudo... Machadito trajo la pistola y se la dio a Joe para que la viera, pero éste la dejó a un lado y atrajo hacia sí al mulato..”.
Me dice Rivas que los detalles los supo su tío Juan Pedro por el propio Marquitos, varios días después, cuando le rindió cuentas de su misión de avituallamiento:
“Se lo contó fríamente, sin ninguna emoción y con una evidente intención de joder a Joe y a Machado. Pero tío nunca dijo nada a nadie del Directorio; se lo contó solo a mi mamá, por la que años después lo he sabido yo. Pocos días más tarde ocurrió el asalto a Palacio, y más tarde la muerte de mi tío junto a Westbrook, Machado y Fructuoso. Yo le tengo y le tendré un gran agradecimiento a Pepe (Jose Machado) porque en el asalto a Palacio, mi tío Juan Pedro quedó rezagado en la huida y Pepe regresó a buscarlo. Por eso lo hirieron en un muslo y estuvo escondido toda esa madrugada en un solar yermo perdiendo sangre y sin atención médica, hasta que pudo trasladarse con los otros al apartamento de Humboldt. Allí los mataron a los cuatro”.
He encontrado por ahí algún que otro rumor publicado que confirma la relación de Joe Westbrook con José Machado, pero Eladio cree que en realidad no era una relación sentimental estable sino un “alivio”, una especie de “descanso del guerrero” circunstancial. Joe y Machado estaban allí juntos por orden de Manzanita, y probablemente nunca hubieran intimado de no haber sido por la casualidad. No fue una relación amorosa duradera en el tiempo, pero estoy seguro de que Marquitos se lo tomó como tal”.
Tras el ataque a Palacio, Joe Westbrook pasó varios días escondido en casa de su novia oficial, Dysis Guira, hasta que la noche del 19 de abril, su futura suegra, Ciana Valdés-Roig  le exigió que se marchara, sin tener en cuenta la situación en que se encontraba. Llegó al edificio de Humboldt 7, en El Vedado, alrededor de la 1:00 p.m. donde ya se encontraba su amante Machadito junto a Juan Pedro y Fructuoso.
Algo se ha contado ya extraoficialmente sobre este asunto de modo tangencial, pero hasta donde me consta, nunca se han dado los detalles que hoy yo estoy revelando aquí, pésele a Fidel y a los amigos y familiares de los implicados que aun viven.
También debo decir que Marquitos nunca antes había tenido un comportamiento tan pasional en su vida privada, y que se arrepintió casi inmediatamente de su arranque. Pero ya era demasiado tarde. No obstante, se imponen dos preguntas clave:
¿Quién era Marquitos Rodríguez en realidad? ¿Fueron los celos el motivo de su delación?
Marcos Rodríguez
Aunque los estudiantes del Directorio implicados en aquellas acciones, eran vistos como “tipos duros y machotes”, Marquitos era todo lo contrario. Era un muchacho flaco y desgarbado, de impronta delicada, extremadamente amanerado y con aires lánguidos de intelectual. No muy agraciado en lo físico, Marcos Rodríguez usaba invariablemente sandalias sin medias y siempre llevaba un libro como complemento a su imagen “soft”, porque también era amante de la Filosofía.
Marcos Rodríguez durante el juicio por el caso Humboldt 7
(Foto: Deena Stryker, Duke University Colection)
Era además “muy querido” -que no deseado-, por el sexo femenino, y de hecho durante los meses posteriores a las muertes de sus compañeros de armas, muchas de sus amistades mujeres le apoyaron, entre ellas alguna especialmente cercana a alguien que aprecio, y que también me ha aportado en fechas recientes, varios datos para redondear este relato. Por su avanzada edad y su vínculo directo con protagonistas de esta historia, no debo ni puedo identificar en esta crónica.
He comprobado a posteriori en alguna publicación digital -puesto que antes de Internet, no era tan fácil contrastar con otra fuente la historia de Eladio Rivas-, que Marquitos es descrito repetidamente en la red como “un tipo débil de carácter, de apariencia amanerada y modales afectados”.
En realidad Marquitos no era en un principio estudiante de nada, ni miembro activo del DR, como cuenta la historia revolucionaria oficial, y sí lo eran el resto de sus “amigos”, a los que presuntamente delató.
Marcos Rodríguez era un simple mozo de limpieza en la Universidad de La Habana, miembro del PSP, (¿quién lo reclutó para esa formación?) cuya dirección le había conseguido ese trabajo en la Colina Universitaria. Tengan en cuenta que PSP y el DR, no eran precisamente organizaciones “amigas”.
Blas Roca en la sede habanera del PSP en el Paseo del Prado
Marquitos conocía de cerca todo lo feo y execrable del viejo Partido Comunista (PSP), su espionaje transversal y su infiltración en las demás organizaciones revolucionarias de la época. Por eso al final le aplicaron la vieja máxima pirata: "Dead men tell no tale": (Los muertos no cuentan cuentos) y terminó en un paredón de fusilamiento de Agapito.
Todos los que tenemos ya una edad, sabemos que el Partido Socialista Popular de Blas Roca (PSP) espiaba al Directorio Revolucionario de Jose Antonio Echeverria, "Manzanita", y que ambas organizaciones se pedían la cabeza mutuamente.
Manifestación del Directorio Estudiantil liderada por José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez en la Colina
Mientras el Directorio lo integraban en gran parte anticomunistas convencidos, el PSP nadaba entre dos aguas evitando enseñar su lado claramente rojo. Además el PSP estaba internamente fracturado en sí mismo en varias facciones, con ideas diametralmente opuestas sobre el tipo de lucha que debía librarse contra Batista.
Tanta desunión de la resistencia revolucionaria urbana, fue oportunamente aprovechada por Castro desde su mando en la Sierra, que incluso se permitió a disentir y criticar las acciones del Directorio en Radio Reloj y Palacio, calificándolas de inadecuadas y sanguinarias. La historia posterior demostró que ni se le acercaban a él en lo que a terrorismo y masacres se refiere.
Los jóvenes del Directorio eran en su mayoría católicos. Rechazaban a los comunistas dentro de sus organizaciones, razón de más para que no miraran con muy buenos ojos a Marquitos, que por ser comunista no era considerado un miembro de pleno derecho en ella.
El Directorio era, además, igual de machista que la sociedad cubana de entonces. Marquitos era muy afeminado y entre sus compañeros no había dudas sobre su homosexualidad. El grupo lo trataba de ‘mariconcito’, se burlaba de él, era objeto de chistes malsonantes y muchas veces le daban nalgadas y lo trataban en femenino. Era en consecuencia el hazmerreír del grupo, que lo repudiaba doblemente por homosexual y comunista. Además, el DR era un movimiento estudiantil, y un mozo de limpieza no era precisamente bienvenido allí.
Otras fuentes me sugieren que Marquitos había delatado al grupo de Humbolt 7 como venganza personal por la manera en que lo trataban y lo despreciaban, pero si bien esto ocurría realmente, no creo que haya sido la “venganza social” la causa de su supuesto chivatazo. Lo fue un conjunto de motivos bastante complejos de explicar, así que lean con cuidado y atiendan los detalles.

LOS HECHOS

Según la historia oficial, el Coronel Ventura grabó en su memoria la dirección que le proporcionó Marcos Rodríguez: Humboldt 7, apartamento 202, (después se supo que era el 201), y los nombres de quienes se encontraban escondidos en ese lugar: Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado, todos con expediente abierto en anteriores casos policiales, entre ellos el caso del asesinato del Coronel Blanco Ríos en el Montmartre, perpetrado por Carbó Serviá y Cubela.
Vista aérea del Edificio de Himboldt 7
Ventura valoró la cuestión y dio órdenes concretas: Rodear la manzana del inmueble, allanar el apartamento y matar a todos los implicados, sin más. A las 5:50 de la tarde del sábado santo del 20 de abril de 1957, el comando de Ventura entró en el edificio, y 30 soldados entraron en tropel armados de ametralladoras Thompson con la orden de no hacer preguntas ni prisioneros, solo eliminar a los prófugos de los cuales ya tenían fotos.
Policías interrogando a la dueña del apartamento en que intentaron ocultarse los miembros del Directorio asesinados
Al percatarse del movimiento policial en la calle, Westbrook, el ex amante de Marcos Rodríguez y el más joven de los cuatro prófugos, baja del segundo piso al primero y llama a un apartamento rogándole a la inquilina lo deje esconderse allí. La señora accede, pero cuando la policía sube revisando uno a uno los apartamentos, tocan al timbre del domicilio donde se esconde Westbrook.
El hijo del portero observa la sangre de Juan Pedro Carbó Serviá derramada en la escalera
El joven cambia de idea y abre la puerta a la policía para entregarse y evitarle represalias a la señora, a quien intenta calmar diciéndole que no se preocupe. Apenas da un paso fuera, es acribillado a balazos por la espalda en el pasillo, mientras la dueña de la casa grita presa del terror.


Cadáver de Joe Wesbrook
Años más tarde, la revolución premiaría la memoria de Westbrook por su amor a las prédicas de José Martí y su “conducta revolucionaria” con el ridículo título póstumo de "El Apóstol Adolescente", dado que había muerto con apenas 20 años.
Fructuoso, Juan Pedro y Machado, alertados en el piso de arriba por los disparos, huyen por el extractor de aire de la cocina del apartamento, que daba a la casa de los bajos, ante la mirada asustada de la dueña de la casa. "No se alarme, señora, que somos buenos", le dijo Fructuoso, según contaría una vez aquella mujer a la prensa. Los tres salen corriendo hacia la puerta de la calle para dispersarse en direcciones diferentes.
Juan Pedro corre hacia el elevador, pero apenas llega lo ametrallan a bocajarro; Machadito y Fructuoso se lanzan por una ventana y caen en un pasillo de una agencia de automóviles, cerrada con una reja al final cuyo candado les cierra el paso. Fructuoso yace inconsciente en el suelo, mientras Machadito intenta levantarse sin conseguirlo, porque se ha fracturado ambos tobillos en la caída.
Uno de los empleados del lugar les hace señas y va a buscar la llave de la verja, pero tres policías se le adelantan y los fulminan a tiros a través de las rejas, apagando la voz de Machadito que les pide: "¡No nos maten, vamos desarmados!". Ruego inútil.
Cadáver de Fructuoso Rodríguez
Después los tres cadáveres son arrastrados por los pelos hacia la acera, sobre los charcos de sangre en la escalera del edificio. Los guardias disparan algunas ráfagas más a las fachadas de los edificios contiguos, como respuesta a los gritos de “¡asesinos!” de los vecinos desde los balcones. Habían transcurrido solo tres horas de la supuesta delación de Marquitos. Cuando me fui de Cuba, aun existían las huellas de aquellos impactos de bala en las fachadas.
Dos años más tarde, muchos de estos policías, abandonados en su fuga por Ventura, fueron apresados por Castro, que dio paredón sin juicio tanto a los responsables directos de las muertes como a los que no lo eran. Ventura nunca llegaría a cumplir su sueño de ser general. Escapó junto a Batista el 31 de diciembre de 1958 y se estableció en Miami, sin que tuviera efecto la extradición solicitada por las autoridades cubanas a los EE.UU, donde murió de viejo a los 87 años en 1990.
Pero, ¿qué fue lo que sucedió en realidad con Marquitos después de los sucesos de la calle Humboldt y más tarde, cuando triunfó la revolución?
Su historia posterior resulta tan alucinante e increíble, que prefiero poner aquí un punto y aparte momentáneo, para contarla después de tomar aliento. Merece ser masticada y digerida con calma y mucha atención, porque podría ser parte del guión de la mejor película de espionaje facturada de Hollywood.