Mostrando entradas con la etiqueta yénica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta yénica. Mostrar todas las entradas
martes, 2 de enero de 2018
lunes, 1 de enero de 2018
LA POETISA DEL BIZARRISMO ANTILLANO
Escribí un encuentro ficticio con Juana Bacallao. Lo hice en lenguaje soez, porque ella es soez, y prescindir de su verbo bizarro y excesivo habría sido falsear su esencia de "outsider". Por eso advierto de que si a alguien por alguna razón escandalizan las palabras fuertes o chabacanas, debe olvidar que ha leído esto, y abstenerse de leer lo que sigue. Igualmente desaconsejo la atención de niños o cosas con sentimientos muy a flor de piel, que sepan leer.
Tampoco recomiendo esta entrada a racistas congénitos, autorracistas, o empalagosos de lo políticamente correcto: ME RÍO DE LOS NEGROS, llevando yo la misma sangre; lo admito sin medias tintas y me hago cargo. Me burlo de mí, y de ti si eres negro. Era imprescindible si quería mostrar a la Juana que se burlaba de sus propios negros y de los negros ajenos, de su raza denostada, y de los numerosos lugares comunes de la negritud, que ella hizo universales. En Juana el gueto es casi una forma de vida. Su forma.
No existe gesto de orgullo étnico mayor.
Juana con y sin peluca, es más que un recurso teatral milenario, catarsis dramática por excelencia de la desnudez escénica. En Juana es una declaración de intenciones, un grito racial y antirracista, una reivindicación silente de lo negro; la más contundente y rápida que he visto en mi vida; apenas 3 segundos de performance.
Dicen también, que ha sido ladina y escurridiza con la política, complaciente con el castrismo, aprovechada, cambiacasaca, lamebotas y fidelista, porque siempre fue benevolente con la bestia. Dicen.
Quizás sea verdad. ¿Y qué importa? Yo apenas la encuentro culpable de ser una negra burra, que cogió más sol que una teja, y no le dio la gana de empezar a pasar hambre a los 60 años, sola en un país del que jamás aprendería ni la lengua. “¿Qué iba a hacer yo en la Yuma, fea y vieja ya, sin familia, que hablo un inglés malo y no hago nada bien?" dijo un día en petit comité. Santa Juana; palabras irrefutables.
Seguimos, lamentablemente con el mismo pensamiento obtuso de los inmigrantes cubanos sesenteros: "El que no se va es porque apoya aquello", un reduccionismo absurdo que en el caso de Juana es un dislate como un piano, porque Juana siempre se apoyó solo a sí misma. Otra cosa son las conveniencias y su obstinado instinto de supervivencia.En "Mayami" Juana no se hubiera muerto, pero quizás, y con buena suerte, habría seguido limpiando escaleras, mejor pagadas, eso sí: “No habría cumplido mi sueño. Tampoco he matado a nadie por quedarme”.
Juana reina dentro y fuera de Cuba, a pesar de no haber salido de allí. Sus contemporáneas ya murieron artística y/o físicamente hace décadas en ambas orillas; Celia la última. Jamás han vuelto a la pista las que sobreviven. La Bacallao no solo sobrevive, sino que se reinventó en algo mejor y más rentable para sí misma y para "su público".
La “moral revolucionaria” de Juana ha estado siempre a la altura de su intelecto escaso, o sea bajo mínimos. Nunca he escuchado loas a la revolución más fingidas, amor hacia Fidel más barato, ni palabras revolucionarias más absurdas y dichas "por cumplir" que las que ha dicho Juana. Pero así es su instinto primitivo, “estar viva” primero, no importa dónde ni cómo, ni haciendo qué. Después ya veremos.
He respetado eventos biográficos, fechas, nombres propios y anécdotas reales, pero siempre dentro de la ficción. Tampoco es esta la Juana Bacallao nonagenaria real de hoy, a quien ya le fallan la lengua y la cabeza. Su otrora famosa labia ácida e impúdica, ahora delira, balbuceando frases hechas y deshechas por la demencia senil; absurdos pensamientos inconclusos que llaman más a la compasión que a la risa.
Juana Bacallao, aún estando, ya no está.
Pero es mucho más de lo que habría podido imaginar cuando Fidel la puso entre la espada y la pared. Ella eligió la espada, y con el tiempo, él dejó de apuntarle con ella. Juana es pues, puro instinto de conservación con patas, el sentido común más reflexivo con apariencia bizarra y bruta, SOBREVIVIR ES SU CREDO. ¡Qué absurdo intentar encajar a Juana en la política!
Por eso mi Juana tiene 93 años, es bipolar, y le he dejado intacta su locura senil. También la traigo con la verborrea barriobajera que tenía a los 50, que nunca fue docta ni sofisticada, pero sí rápida, incorrecta y pornográfica como ninguna.
La Juana simiesca y humildísima que se sube al escenario, defiende machete en boca y en zona blanca VIP, su recuperada dignidad de mujer negra, inculta e iletrada. Lo hace con muy escasa munición de palabras, siempre malsonantes y obscenas. Con ellas Juana cocina, no se sabe bien cómo, un arte pedestre rústico, deliciosamente absurdo y tronchante, pero con una autenticidad demoledora.
Quien piense pues, que con mi crónica ofendo a Juana Bacallao, la artista, es porque nunca ha llegado a conocer realmente a Nerys Martínez la limpiadora.
Quien piense pues, que con mi crónica ofendo a Juana Bacallao, la artista, es porque nunca ha llegado a conocer realmente a Nerys Martínez la limpiadora.
JUANA: LA PASIÓN DEL VERSO (Suite II)
Por Carlos Ferrera
GABINETE DE PRENSA
- ¿Te conectas mucho?
- Soy enferma al Candi Cruz.
- ¿Y cómo lo haces? ¿Vas a un punto público Wifi?
- Soy enferma al Candi Cruz.
- ¿Y cómo lo haces? ¿Vas a un punto público Wifi?
- ¡Qué va asere! ¿Punto público de qué? ¡Deja la confianza! Me gasto muchos baros en interné para que me llegue al gao. Y más baros todavía en la gente que me
lee las cosas; ¡comen como si fueran niguas, consorte!
- Ay chica…
- Qué hambre vieja tienen todos esos pájaros…
- Bueno, tú les das vida.
- Pero ellos están acabando con la mía.
- Ellos te adoran. Y tú los necesitas.
- No queda más remedio asere, o te conectas o te quedas
atrás.
- Así mismito.
- La vida es un columpio… tienes que recibir para dar. Todo es una constante envolvencia...
- Así mismito.
- La vida es un columpio… tienes que recibir para dar. Todo es una constante envolvencia...
- Sí señor.
- (...)
- O sea, que tienes tu propio gabinete de prensa que controla todo lo que se publica sobre ti, y se encarga de planificar tu trabajo y tus entrevistas...
- (...)
- O sea, que tienes tu propio gabinete de prensa que controla todo lo que se publica sobre ti, y se encarga de planificar tu trabajo y tus entrevistas...
- ¡No no, yo no tengo ningún gabinete de nada, no confundas
a la gente!
- Ay chica yo entendí que…
- ¡Pues entendiste mal! ¡No inventes, que después me obligan
a pagar una licencia por tener un gabinete de prensa que no tengo!
- Pero tendrás un equipo, una oficina, un “team”...
- ¡Consorte que no tengo ni cojones! ¡Ni un tin ni un tan!
- Perdona Juana, lo acabo de comprender…
- ¡Es un pájaro del Diezmero, compromiso de un amigo mío,
que cuando yo le aviso, viene a conectarme la compiura!
DIEZMERO'S BIRD, MÁRTIR
- ¿La compiura?
- Marcas tendencia, Juana.
- Soy buena marcando. No me quiero la vida.
- Bueno, y entonces ¿cómo haces con este muchacho informático?
- ¡No es informático cojones, ES UN PÁJARO DEL DIEZMERO! ¡Ya
no sé cómo coño te lo voy a decir! ¡Me van a poner una multa por tu gracia
asere!
- Ay se me fue Juanita, perdón perdón.
- Él viene tempranito, yo me siento en el sofá y él me corta los cayos y me hace
la pedicur y la manicur.
- Ah también es tu esteticién…
- (…)
- Perdona perdona, no hay que hablar de cargos...
- Te estás buscando que te bote de aquí...
- ¡No no no Juana, no te digo nada más! Sigue.
- Te estás buscando que te bote de aquí...
- ¡No no no Juana, no te digo nada más! Sigue.
- Mientras me corta los cayos, me lee el correo y las cosas de tu muro, y va mirando en la cocina lo que está cocinándome...
- Es como la diosa Shiva…
- Bueno, él tiene su pluma. Pero es muy educao.
- Se ve.
- Y le encanta la playa y estar pajareando en Mi Cayito con su bandera y su mariconancia, por eso yo lo retengo aquí. No quiero que me lo maleen.
- Eres como una madre.
- ¡No no asere, no jodas! Yo no quise tener hijos. No se le hace eso a ningún niño.
- Bueno ¿y este muchacho entonces?
- ¿El pájaro del Diezmero? Me lee tus
cosas de arte y eso, que están empingadas. Las de política no.
- ¿No te gustan mis análisis políticos, Juana?
- Yo de política no hablo, gracias a que no leo. Se lo tengo
dicho al pájaro del Diezmero.
- Qué bien.
- Entonces me deja conectado el Candi Cruz en el celular,
y me pone una película en la compiura, doblada, porque yo no puedo leer…
- Y se va.
- No no…me limpia la casa, lava la ropa sucia, me trae los
mandaos, y me deja hecha la jama. Entonces es que se pira.
- ¡Ese muchacho es una joya, Juana!
- Y se va porque tiene que estar a las once en la parada,
que lo coge la confronta del Diezmero, que si no, se quedaba a peinarme las
pelucas.
- Cuánta entrega, Juana.
- ¿Te parece eso un gabinete de prensa?
- Pues no, la verdad.
- Es un maricón servicial, nadamás.
- Ahora que me lo explicas así, lo entiendo.
- La gente inventa mucho.
- Oye, ¿y si lo llamamos para que venga y se haga una foto
contigo para la crónica? Es de alguna manera tu asistente…
- ¡Chico que no le pongas cargos a la gente coño, que
después me acusan de que no les hago contrato! ¡Me estás poniendo nerviosa
yénica!
- ¡Perdona, perdona! No me acordaba...
- ¡Es el pájaro que me lee los mensajes y ya está!
- Lo siento...
- ¿No me crees?
- Juana yo…
- ¡Búscamelo ahí en el celular!
- ¿Con qué nombre está en tu agenda?
- Pájaro del Diezmero. Te lo llevo diciendo toda la tarde.
Busca por la P.
- (…)
- (…)
- Ya lo encontré.
- No no, cualquiera no, uno que es un pajarito volando.
- ¿Este?
- Ese. Ahora él ve el pajarito, y viene.
- ¡Qué buena comunicación tienen, Juana!
- Es el código que tengo con todos los pájaros que me
atienden, así no tengo que escribir.
- ¡Eres tan práctica! Oye, espera, recibiste un mensaje.
- Es él, siempre me manda de respuesta una flor. Es un
pájaro muy sensible…
- Sí, mira, es Pájaro del Diezmero, te envía otro emoticón.
- Una flor.
- No Juana.
- ¿Qué es asere?
- Es un mono con gafas.
- (…)
- ¿Qué es eso en tu código, Juanita?
- (…)
- (…)
- Que maricón más malagradecido asere…
- Pobrecito, estaría cansado ya Juana…
- ¡Pero no tiene que insultar! ¡Chico perdona, pero los pájaros son muy traicioneros!
- Algunos, sí. Bueno, ya te buscarás otro. Supongo que se mueran por peinarte las pelucas.
- A ver si en tu muro me consigues alguno, yénica. ¡Pero que
viva aquí cerca, broder, no en casa del carajo; un pájaro de Cayo Hueso! Si tú estuvieras aquí...
- ¡Dios no lo quiera Juana! ¡Digo, ojalá pudiera! Pero me es imposible. Yo te busco uno.
- ¿Es mucho pedir, asere? Lo quiero ya.
- ¡Dios no lo quiera Juana! ¡Digo, ojalá pudiera! Pero me es imposible. Yo te busco uno.
- ¿Es mucho pedir, asere? Lo quiero ya.
- Lo preguntaré.
- Mantenme informada. Voy por la segunda pantalla del Candi
Cruz, no puedo dejarlo ahora....
- Ok.
- ¡Qué disgusto, consorte!
- Olvida eso y mira al futuro.
- Pero me duele. Yo le he matao mucha hambre a ese maricón. No me lo merezco.
- Oye Juana... nunca escribes nada en mi muro, y creo que es el momento de que me digas por qué.
- Pero me duele. Yo le he matao mucha hambre a ese maricón. No me lo merezco.
- Oye Juana... nunca escribes nada en mi muro, y creo que es el momento de que me digas por qué.
- Porque no te gustan los niches.
- ¿Qué?
- A ti los negros no te caemos bien, monina.
- ¡Sería muy comemierda, Juana! Mi madre era de tu color, y yo soy mulato..
- Eso se ve, deja el aguaje, se te nota, no me lo tienes que decir.
- Mis artículos no
son racistas.
- No escribes para las negras.
- ¡Claro que sí escribo Juana! Escribí sobre Zelda la
costurera de Hollywood, sobre Lupita Ndongo, La Grajales, sobre los
Maceo… he escrito mucho para los negros y sobre ellos, no seas injusta.
- Ya, pero nos dejas fuera a los nichardos de aquí...
- No Juanita, también hice crónicas para Andrea Baró, Chano
Pozo, La Lupe, La Musmé...
- Todos, más muertos que malanga.
- (...)
- Todos, más muertos que malanga.
- (...)
- Y la Musmé no cuenta. Era un chino feo disfrazao.
- Pero era bella de china, Juana, no lo puedes negar…
- Eso sí, era muy bonita de china…
- (…)
- ¡No como La China Castro, que parece un cáncamo, y ya luce
más vieja que yo, jejeje!
- (…)
- (…)
- (…)
- (…)
- ¿De qué china me estás hablando ahora, Juana?
- ¿Qué?
- Me decías algo de una china.
- ¿Yo?
- Ahora mismo.
- No.
- Sí.
- Hablábamos del chino travesti, asere, de La Musmé.
- No no, tú dijiste algo de La China.
- Que no viejo.
- ¡Pero si acabas decir que Raúl Castro está muy fea…!
- ¡Estás pal daño consorte! ¿En qué me quieres involucral?
- ¡En nada Juana! Lo siento…
- ¡Yo no he mencionado a nuestro presidente, no pongas cosas
en mi boca que yo no he dicho!
- Ya ya... hablábamos de Internet, ya me acuerdo.
- Es que se te va el santo al cielo monina.
INTERNÉ
INTERNÉ
- ¿Cómo es que te conectas, e interactúas y eso?
- Yo tengo conexión puesta por el Ministerio porque soy
Juana Bacallao. Los demás no sé.
- Aquí es muy caro y complicado ¿no?
- Pájaro, no me lleves otra vez por ahí…
- ¿Qué?
- Estás loquito por que yo diga que estamos desconectados
del mundo…
- No Juana no…
- Que nos sacan una pila de CUC por una mierda de interné, que es
lenta con cojones, que se desconecta cada dos por tres... ¡Te veo en la cara
que te mueres por que te lo diga!
- ¡Juana, me estás malinterpretando!
- Y como comprenderás, eso nunca te lo voy a decir.
- Uf… esto no es justo.
- ¿Quién te dijo que la vida era justa, ecobio? ¡Deja el tragiquismo ya...!
- ¿Quién te dijo que la vida era justa, ecobio? ¡Deja el tragiquismo ya...!
(Continuará)
También puede leer:
JUANA: LA PASIÓN DEL VERSO (SUITE III)
Por Carlos Ferrera
MI LADO DERECHO
- Quedaste muy natural. El rímel corrido y una pestaña postiza
desprendida… la cara mojada y descompuesta por el dolor. ¡Qué foto Juana, qué
foto!
- Esto yo no lo hago con cualquiera, espero que te quede
claro, yénica...
- Tú no sabes lo que esto significa para mí.
- ¿Más entradas en tu muro?
- No chica. Por el valor sentimental...
- Ya.
- Vamos a ir avanzando ¿Cómo fueron tus inicios?
- ¡Pregúntame primero de mi infancia, consorte!
- Ahora no lo tenía previsto…
- Pues prevístelo.
- Juana, yo quiero que primero hables de…
- Sin mi infancia esta entrevista es una mierda, ecobio.
- Yo tenía un orden de preguntas…
- Pues desordénate. ¿Cuál es el problema?
- Es que es tan fuerte, que podría llorar.
- ¿Sí?
- Sácame fotos llorando mientras hablo de mi infancia...
- Sí, estaré atento.
- Ponte ahora por la derecha, para que cambie un poco el
mensaje.
- ¿No eres simétrica?
- Me sale un lagrimón muy natural del ojo derecho. El izquierdo es más de temblarle el párpado.
- Yo ya estoy preparado.
- ¡No te podrás quejar asere, te lo estoy dando todo hecho!
- Gracias Juana. Te escucho…
- Yo crecí huérfana. Pero huérfana huérfana.
- O sea, de los dos padres.
- Anjá.
- ¿Quiénes eran ellos, Juana?
- Mi papá era estibador en los muelles, y mi mamá era ama de
casa, aunque era muy luchadora, inventaba como nadie para darnos un plato de
jama..
- Madre solo hay una.
- Madre solo hay una.
- Tuvimos un carrito callejero para vender gandinga y esas
cosas.
- Mira tú...
- No tuve hermanos, ni tíos, ni primos, solo conocí a mi
abuela y se me partió enseguida.
- Vaya por Dios.
- Estaba solita en alma.
- Qué triste Juanita chica…
- Y entonces con seis años, se me fueron los dos viejos, uno
detrás del otro.
- Ay por Dios, qué pena Juana…
- Y cuando los puros se van, se te acaba todo. Aquí siempre
lloro…
- ¿Hay lágrima?
- Sí, espérate…
- (…)
- ¡Dale, foto!
(FLASH)
- Se te cayó el vaso de las manos pájaro. Menos mal que es de aluminio.
- Es que me he quedado un poco...
- Es que me he quedado un poco...
- Parece que hayas visto un muerto.
- Esta foto la borro, es muy dura.
- ¿Cómo salí?
- Olvídala. Sigue sigue…
- Pues eso, ecobio, que nadie quiso cargar conmigo.
- Qué indolente es la gente.
- Unos singaos.
- (…)
- Yo no podía pagar la pensión, era muy fiñe.
- ¡Qué tristeza Juana!
- Me quedé en la calle…
- ¡Qué horrible Juanita, mamita!
- Entonces llegaron las monjas.
- ¿Qué monjas?
- La Oblatas. Las del Colegio.
- Menos mal. Te salvaron.
- Eran unas hijas de puta.
- ¡Qué mala suerte chica! ¿No?
- No sabes lo que llegué a sufrir yo con las Oblatas de los
cojones.
- Me lo imagino.
- Yo era una negrita enana, gorda, fea, y analfabeta, pero muy cabezona, así que cogía cintazos de gratis.
- Yo era una negrita enana, gorda, fea, y analfabeta, pero muy cabezona, así que cogía cintazos de gratis.
- Gratis.
- Eso mismo acabo de decir: de gratis.
- Bueno sí. Pero cuánto dolor, ¿no?
- Lo pasé muy mal en aquel colegio, desde los seis años hasta
los trece. Por suerte en el 61 se fueron las 50 monjas oblatas que quedaban para casa del carajo. O sea, para Bóltimor.
- Tienes razón, Juana; se fueron a la Casa Madre de las Oblatas, que está allí en
la ciudad de Baltimore. ¿No fuiste nunca feliz con ellas, Juana, ni un solo
día?
- ¡Asere no estás atendiendo!
- Sí sí, Juana, te estoy atendiendo.
- ¿Cómo iba a ser feliz, pájaro?
- Igual pudiste un día sentir felicidad…
- ¡Me pasé 7 años encerrada allí como una Cenicienta negra, trabajando y recibiendo insultos y golpes!… Mira mira, me
acuerdo y me emociono, voy a llorar. ¡Foto, foto!
(FLASH)
LA COLOCACIÓN
- Quedaste super natural, se nota que sufres por un
recuerdo.
- Ya te lo dije asere, que el lagrimón de ese lado me queda niquelao.
- Bueno sigue, ¿qué edad tenías cuando te escapaste de las Oblatas?
- 13 añitos. Fue en el 38.
- Criaturita…
- Pero ya con estaba desarrollada. A mí las tetas me
salieron enseguida. Ya se veía lo que yo iba a ser…
- ¡Artista!
- No asere; una negra fea.
- Ah…
- Yo al arte no le metí de frente hasta que me descubrió al
maestro Obdulio Morales. Mientras tanto era una negrita que limpiaba escaleras.
- Qué tristeza…
- Cuando le decía a alguien que mi sueño era ser artista, se partían.
- ¿Cómo fue que te encontraste a Obdulio, Juana?
- En Lealtad y Perseverancia, en una de mis colocaciones. En
aquella casa también conocí a Cholito el actor, que era amigo de los dueños. Fue al
primer artista que vi en persona.
- ¡Qué curioso!
- Sí pero no me echó una mano. Otro hijo de puta.
- Vaya…
- Obdulio sí me ayudó. Yo nunca había cantado en público, pero el
maestro ya era una estrella desde 1926, cuando se empató con Julio Chapotín y
su orquesta. Reventó el Payret con una obra de negros: Batamú.
- ¡Batamú! ¡Fue antológica, Juana! Por primera vez salía la
percusión afrocubana a escena en una obra teatral, los tambores, toques, cantos
y todo el ceremonial yoruba. Batamú marcó una era para el teatro negro cubano.
- ¿Me dejas terminar, Eusebio?
- Lo siento…
- Deja de andar la Habana a costilla mía asere…
- Perdona Juana, te escucho…
- Pues mira tú cómo son las cosas de la vida: En 1938, ya
Obdulio tocaba el piano en casi todas las emisoras de radio de La Habana, y
había fundado el Coro Folclórico de Cuba.
- A veces acompañaba al piano a Candita Batista o a Alfredito León.
- ¡No no, "a veces no"; era su acompañante siempre! Y acompañaba a mi amiga Xiomara Alfaro, y hasta a Celia Cruz, ¿qué te
crees tú, monina? Ya él era grande, deja la gracia con Obdulio.
- Discúlpame. ¿Y entonces?
- Él pasaba todos los días por Laguna y Perseverancia,
porque jamaba en una fonda que había allí. Yo también jamaba alguna
vez ahí, si me sobraban unos baros. ¿Me sigues?
- Atentamente.
- Y ahora te encuentras por ahí escrito, que Obdulio Morales
me descubrió un día de pronto en la calle Reina por casualidad. ¡Mentira!
- Se escribe mucha basura Juana..
- Yo soy una cara que nunca se olvida asere.
- Sí sí, tú te le quedas a uno en la retina para siempre.
- Obdulio estaba cansadísimo de verme. Estuvo 16 años
pasando por delante de mí y nunca me dijo ni cojones. Déjame contarte una cosa que casi nunca cuento.
- Dale.
CAMILO
CAMILO
- ¿Egaña? Pero si no había nacido, Juana.
- No, chama…
- Camilo Vives tampoco me cuadra por edad… Y Hernández, no
sé, me asombraría. Pero como toda esta gente se opera y nunca le dice nada a
uno…
- ¡No asere, Camilo Cienfuegos!
- (…)
- (…)
- (…)
- ¿Pasa algo?
- No no…
- Es que has puesto una cara…
- ¿A Camilo, Juana?
- Sí asere.
- ¿Camilo, el Héroe de Yaguajay?
- ¡Sí pájaro!
- ¿Conociste a Camilo Cienfuegos Gorriarán?
- ¿Oye, te subió el Yoniguarque o qué?
- Es que no imaginé nunca que ustedes dos hubieran
coincidido en el mismo sitio.
- Eres muy difícil consorte, te lo tengo que decir.
- No Juana…
- Te sale el racismo por los poros.
- Juana, no te estoy discriminando.
- ¿Y por qué no puedo haber conocido a Camilo, a ver?
- Por supuesto, no hay ninguna razón Juana…
- ¡Él aprendía el oficio de sastre en una
sastrería al lado de una escalera que limpiaba yo!
- ¿Cuántos años tenían?
- Yo tendría unos 25 y él unos 18.
- Qué cosas tiene la vida, ¿no?
- A mí me gusta cantar cuando baldeo. Es cuando más me luzco. “La gloria eres tú” a cubazos de agua, es maravillosa de cantar…
- ¡Nunca lo hubiera imaginado!
- Y a veces Camilo salía a estirar las piernas y a fumarse un
cigarro, porque estaba todo el día dándole al pedal de maquinita Singer. Cosía
bello, también te lo tengo que decir. Hacía muy bien la ropa de jeva. Yo
pensaba que era cherna.
- ¡Qué interesante Juanita!
- Pero yo sé que lo de descansar era una excusa, porque él
salía para oírme cantar.
- Qué lindo, tú.
- Y para verme y tener algo conmigo...
- (...)
- (...)
- Y para verme y tener algo conmigo...
- (...)
- (...)
- ¿Cómo era Camilo, Juana?
- Igualito que en la foto que te di. No le había salido ni la barba. Era un flaco to despingao, pero a mí me encantaba ese blanco. ¡Ño! ¡Me enfermaba toda!
- Igualito que en la foto que te di. No le había salido ni la barba. Era un flaco to despingao, pero a mí me encantaba ese blanco. ¡Ño! ¡Me enfermaba toda!
- Me estás dejando a cuadros. ¡Juana Bacallao y Camilo
Cienfuegos!
- Oye esteniño ¿qué te pasa?
- ¿Por qué?
- ¿Te da envidia mi romance con Camilo, ecobio?
- Qué va Juana...
- ¿O es que no me crees?
- Te creo te creo… ¿Y cómo terminó aquello?
- Qué va Juana...
- ¿O es que no me crees?
- Te creo te creo… ¿Y cómo terminó aquello?
- Se notaba que él estaba en algo, porque trabajaba mucho.
Hasta lo contrataban como tendero los fines de semana en la tienda de ropa que había enfrente.
- No le tenía miedo al trabajo...
- Después fue que supe que estaba reuniendo el baro para partir para el Yuma.
- Cierto... hasta pidió dinero prestado.
- Entonces lo dejé de ver hasta que Cara e Coco y sus esbirros entraron en La
Habana. Y estaba en el tanque aquel asere, con su sombrero, su barba y su aguaje... y me gustaba todavía más.
- No le tenía miedo al trabajo...
- Después fue que supe que estaba reuniendo el baro para partir para el Yuma.
- Cierto... hasta pidió dinero prestado.
- Entonces lo dejé de ver hasta que Cara e Coco y sus esbirros entraron en La
Habana. Y estaba en el tanque aquel asere, con su sombrero, su barba y su aguaje... y me gustaba todavía más.
- (…)
- (…)
- (…)
- ¿Qué pasa consorte? No me gusta que me miren fijo.
- Lo volviste a decir.
- Qué.
- Lo de los esbirros.
- ¿Yo?
- Sí. Dijiste que “Cara e Coco y sus esbirros”.
- Na. ¿Sí?
- Lo oí perfectamente Juana.
- Pues no sé… no había vuelto a decir eso.
- Hay muchas versiones de esa historia… me encantaría que
contaras la verdad a mis seguidores.
- Te dije que la gente es muy envidiosa, monina. Inventan por
inventar. De mí se dijo que era un mono. Hasta llegaron a clasificarme en
una especie.
- ¡Qué poco respeto!
- ¿Quieres que te cuente la historia de los esbirros de
verdad? ¡Pero la auténtica!
- ¡Dale!
- Ahora mismo, asere, que estoy inspirada.
(Nota: Las fotos del Colegio de las Oblatas referidas, no pertenecen al Colegio de la Habana, sino al de Camagüey)








