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jueves, 20 de septiembre de 2018

miércoles, 19 de septiembre de 2018

CUANDO AGAPITO SE COLGÓ DE LA CORTINA

CUANDO AGAPITO SE COLGÓ DE LA CORTINA

Por Carlos Ferrera

Cuchen, porque esta es quizás la noticia más loca que les contaré en mucho tiempo. 
Hace unos pocos años, un amigo catalán, fanático de Xavier Cugat, me enseñó las fotocopias de un libro de varios tomos que él guarda como oro. Se titula «The Motion Picture Guide», de Jay Robert Nash, y fue publicado en Nueva York en 1995.
Mi amigo me llamó la atención sobre una referencia del autor, al paso de Xavier Cugat por Hollywood, y un pasaje donde aparece un fragmento de algunas declaraciones del famoso director de orquesta sobre Fidel Castro. Me quedé lívido al leerlas.
Ya sabemos que las imágenes de archivo de Fidel han servido para documentar cine de Hollywood de alto nivel:  Alfred Hitchcock las usó en «Topaz», para ambientar su historia durante la Guerra Fría, Robert De Niro tiró de ellas en «El buen pastor», Julian Schnabel en «Antes que anochezca», y Woody Allen satirizó su universo revolucionario en «Bananas», parodiándolo como líder guerrillero y prestándose él mismo a pronunciar un discurso desternillante con una barba postiza.
Oliver Stone también las usó en «JFK» y más tarde puso a Castro en persona a protagonizarse a sí mismo en las controvertidas «Comandante» de 2002, y «Buscando a Fidel» de 2003.
Después hay una decena de películas donde aparece Castro interpretado por distintos actores, siempre como personaje secundario, y por lo general acompañando de su compinche de tropelías, El Ché, que le gana en número de veces en apariciones en la gran pantalla, algo que seguramente el sátrapa nunca pudo asumir en vida. Es quizás por eso, que fue «Comandante» de Stone, el secreto deseo finalmente cumplido del dictador, que al fin pudo ser protagonista absoluto de un largometraje. 
En el diario mexicano La Jornada, Oliver Stone –empatías ideológicas aparte– se refiere a las notables cualidades interpretativas del líder cubano: “Es un actor fácil de dirigir que jamás dice ‘stop’, corten o necesito una pausa”.
Porque Fidel Castro, antes de decidirse a amargarnos la vida convirtiéndose en dictador, QUISO SER ACTOR, y no en Cuba, sino en Hollywood. 


UNA CARRERA OCULTA

Entiendo que ahora mismo todos piensen que he vuelto a emborracharme, pero les aseguro que es rigurosamente cierto. Vamos a hacer un poco de Historia:
Las veleidades de Castro por “acercarse” a los Estados Unidos, un país al que admiraba, venían de unos años antes, en 1940, cuando le escribió aquella carta en inglés al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt a la edad de 14 años, mientras estudiaba en el Colegio de Dolores, en Santiago de Cuba. No es el tema de esta crónica pero me encanta recordar este fragmento inolvidable:

"Si le parece bien, envíeme un billete verde estadounidense de diez dólares en la carta porque nunca vi un billete verde estadounidense de diez dólares y me gustaría tener uno. Mi dirección es Colegio de Dolores, Santiago de Cuba, Oriente Cuba. Y si quiere hierro para hacer sus barcos, yo le puedo enseñar donde están las minas de hierro más grande de la tierra. Están aquí en Mayarí, Oriente, Cuba".

Carta de Fidel a Roosevelt
Desternillante. Pero avancemos. Recordemos que dos años después de escribir esa carta, Fidel llegó a La Habana desde Birán en 1942, para ingresar en el Colegio de Belén de la capital, y estuvo allí hasta 1945. Pero resulta que en 1944, le entró el nervio por triunfar en el cine, una querencia que concuerda a la perfección con su temperamento ególatra, exhibicionista y autosuficiente. 
Por eso en el verano de 1944 viajó a Estados Unidos para presentarse a un casting de la Metro. Intentaba que lo aceptaran en el elenco de una de esas películas que se filmaban en USA, pero que, por su temática tropical, requerían de extras y personajes caribeños.
Fidel a los 20 años, cuando hizo su entrada en Hollywood
En todas las biografías oficiales de Fidel se dice que su primer viaje fuera de Cuba había sido en 1948. Fue aquel viaje patrocinado por el general Juan Domingo Perón a Caracas y a Panamá como delegado de la FEU en la Conferencia Interamericana de Estudiantes, que se realizaría en Bogotá, en oposición a la IX Conferencia Panamericana. Allí se citaría con el candidato a presidente Jorge Eliécer Gaitán la misma tarde en que éste fue asesinado, durante el tristemente conocido «Bogotazo».
Fidel y Ramiro en  el Bogotazo
Pero no es verdad que fuera ésta su primera salida de Cuba. Fidel fue dos veces a los Estados Unidos, una aun siendo estudiante de Belén en 1944, y otra ya como estudiante universitario de Derecho en 1946 por un motivo bastante frívolo y poco recomendable para añadir a la biografía de quien sería después un líder político de su talla. De hecho, jamás se han mencionado estos viajes en su historia oficial.
Incluso si atendemos a sus biógrafos afines, se ha publicado y reconocido muchas veces que, desde septiembre de 1945, -fecha en la que se matriculó en la Facultad de Derecho-, hasta el 48 (y cito a Ecured) “su vida académica estuvo caracterizada por su ausencia casi total de las aulas”. 
Sabemos ya que esta fue su etapa de pistolero y pandillero, y que tenía muchísimo tiempo libre. Llama la atención esa extraña “compulsión por estudiar” que lo llevó después a matricularse en tres carreras al mismo tiempo (Derecho, Derecho Diplomático y Ciencias Sociales) con la intención de obtener una beca para estudiar en Europa o Estados Unidos. Pero en realidad, fueron tres años lejos de los libros, y de los que se habla poco o nada en los relatos comunistas acerca de su vida. Y esta debe ser la causa.
Buscando un escalón para iniciar una carrera en la gran pantalla, el futuro dictador frecuentó varios castings a lo largo de este período, hasta que fue aceptado –al menos– en tres películas de MGM, -porque Fox, a donde también fue, no le dio bola-, eso sí, con apariciones muy discretas en pantalla.
En 1944, con 20 años, Fidel viaja a Estados Unidos para hacer un personaje menor en el largometraje “Escuela de sirenas” (“Bathing beauty”), una superproducción en Technicolor de Metro Goldwin Mayer, dirigida por George Sidney y protagonizada por Esther Williams, que tuvo allí su primer papel estelar.
La música del filme corrió a cargo de Xavier Cugat, que conoció al líder político directamente en esa oportunidad, sin saber en lo que se convertiría años después. Pero el músico lo recordó el tiempo suficiente como para contarlo después en el libro de Jay Robert Nash. 
El filme fue el tercer éxito de taquilla del estudio, (tras el “Ben-Hur” en 1925 y “Lo que el viento se llevó” en 1939), e inauguró un gran subgénero de cine musical, cuyo escenario era la piscina.
En “Escuela de Sirenas” Fidel interpretaba a un estudiante cubano veinteañero que se preparaba para un concurso de preguntas y respuestas, pero lamentablemente –para él, y para nosotros–  la única escena en la que aparecía en pantalla, se eliminó en el montaje final.
Sin embargo, aun el aspirante a actor devenido asesino, no sabía que su “personajito” sería víctima de las tijeras de Sidney, así que lo imagino regresando eufórico a la isla, vanagloriándose de haber conocido en persona a Esther Williams y a Xavier Cugat. 
Volvió a La Habana y finalizó el bachillerato en junio de 1945, junto al que sería su cuñado, Rafael Díaz-Balart, su mejor amigo de entonces y después enemigo acérrimo. Tengo seguidores de la familia Díaz-Balart, y me encantaría conocer más detalles sobre este segmento de la vida del dictador. ¿Será posible?
Pero continuemos, porque el comandante quería más.
Fidel ingresa en la Universidad de La Habana el 4 de septiembre de 1945, y como dije antes, lejos del arbitrio paterno y libre como el viento, se tiró tres años sin aparecer apenas en el campus universitario. ​Dicen los relatores amables de su vida, que “fue durante este período que tuvo acceso a algunas obras literarias que le permitieron alcanzar una cierta madurez política”. Puede ser, pero esa avidez lectora la combinó con su cada vez mayor aspiración a brillar en el cine americano, muy crecido ya por su primera incursión en Hollywood.
Al mismo tiempo da sus primeros pasos en la política, y su condición de gángster universitario le posibilita ser electo delegado de curso, “llegando a recibir amenazas de muerte al enfrentarse a un candidato de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) apoyado por el Gobierno de Ramón Grau San Martín”, dice la historia oficial.
En realidad, fue al revés. Fidel en ese período medró entre los estudiantes, pistola en mano junto a otros pandilleros como Fructuoso Rodríguez y Juan Pedro Carbó Serviá, y apenas tres años más tarde fue acusado de ser uno de los autores intelectuales del asesinato frente al cine Resumen (hoy Cinecito) del expresidente de la FEU y Director Nacional de Deportes, Manolo Castro, quien militaba en el Movimiento Socialista Revolucionario (MRS), rival de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), a la cual pertenecía Fidel. 
Manolo fue una de sus primeras víctimas documentadas como pandillero, junto a Oscar Fernández Caralt, sargento de la policía universitaria.
Pero volvamos a 1946. En primavera, Agapito suelta la pistola y vuelve a hacer las maletas para irse al norte revuelto, y allí otra vez hace castings y consigue presencia en dos filmes. 
El primero de ellos fue “Que siga la boda” (“Easy to wed”), otro largo de MGM, dirigido por una terna de grandes realizadores: Edward Buzzell, el gran Buster Keaton, y –otra vez–  George Sidney. 
En “Que siga la boda” se reencontró con Esther Williams y se codeó con Van Johnson y Lucille Ball; aparece en una escena durante la que admira el bañador de Esther, sentado junto a la imprescindible piscina de todas las películas de la diva. Pero por desgracia, Fidel volvió a ser víctima de las tijeras de Sidney, que cortó otra vez su breve aparición.
Pero tuvo suerte, porque acto seguido y sin tener que regresar a Cuba, lo contrataron para una aparición en “Holiday in Mexico” (“Vacaciones en México”o “Festival en México”) hasta hoy, que se sepa, su cameo más importante. 
Era otra producción de la Metro dirigida también por George Sidney (¿tendría palanca Fidel con este director?) donde se le puede ver detrás del protagonista, con camisa de chorreras, interpretando a uno de los bailarines que se mueven al ritmo de la música de la orquesta del gran Xavier Cugat, que otra vez puso la banda sonora. Y por suerte, de esta aparición cinematográfica sí que hay constancia visual. 
Fotograma de "Vacaciones en México". Fidel Castro detrás, circulado en rojo
La cinta fue prohibida en Cuba durante casi 40 años, y las autoridades del ICAIC decían desconocer la información cada vez que se les preguntaba sobre el tema.
Según la revista Variety, el personaje de Castro tenía una línea de texto en la película; decía, en inglés: "Sí yanqui, La Habana tiene a las mujeres más bonitas y de sangre más caliente del mundo; te gustará esto". Sin embargo, su escena con texto también fue recortada posteriormente por los editores. Me imagino el encabronamiento de Agapito, con su ego destrozado.
Otro fotograma del filme, los invito a identificar a Castro.
Fidel regresó a Cuba –quién sabe pensando en cuántas maravillas le depararía Hollywood en el futuro–, y un par de meses más tarde se hizo con la presidencia del Comité Pro Democracia Dominicana de la FEU. Fue cuando instigó las acciones para intentar destituir al dictador dominicano Rafael Trujillo. En esos días tuvo lugar aquella anécdota que nunca se cuenta en profundidad; la Invasión de Cayo Confites y el momento en que es interceptado en alta mar, en la bahía de Nipe, mientras intentaba llegar a República Dominicana, es obligado a tirarse al mar, y casi se ahoga braceando antes de llegar al holguinero Cayo Saetía.
Pero el hijo revoltoso de Ángel y Lina no se dio por vencido en sus intentos de trascender en el celuloide, y en 1948, ya en La Habana, participa como extra en un par de escenas rodadas allí de la película “We were strangers” (“Rompiendo las cadenas” o “Éramos desconocidos”, estrenada en 1949), dirigida por John Huston y protagonizada por Jennifer Jones, John Garfield y Pedro Armendáriz. 
Lo cuenta el crítico y escritor argentino Diego Curubeto, que narra con detalles la aparición de Castro en esta pretendida –y pretenciosa– crónica real de un grupo de insurgentes que intentaban derrocar al dictador Gerardo Machado y Morales.
Y hay más. Existen referencias de que Castro participó en al menos dos producciones mexicanas, un dato que confirma Juan Carlos Garrido, director del Sindicato de Trabajadores Técnicos y Manuales de la Producción Cinematográfica de México. Eran, según Garrido, largometrajes de Juan Orol, promotor del llamado “cine de rumberas” de la época de oro de la cinematografía azteca. No he conseguido identificar las películas en cuestión, pero estoy convencido de que en algún momento saldrán a la luz, porque ya hay muchos especialistas mexicanos y cubanos entregados a su búsqueda. De momento, sería “We were strangers” el último paso que se permitió el futuro mandatario por el celuloide hollywoodense más frívolo, al menos, documentado.
Así fue la corta y pachanguera filmografía de la rutilante carrera en el cine de nuestro Torturador en Jefe, que después de eso, seguramente decepcionado, se centró en preparar su nefasto plan para hacernos la vida imposible a 10 millones de cubanos una década más tarde.
Fidel no regresaría a Estados Unidos dos años después de su última aventura fílmica allí. Inmediatamente después del rodaje de “We are strangers” en 1948, contrajo matrimonio con Mirta Díaz-Balart, y se fueron juntos a pasar la luna de miel al país del que después el hijo ilustre de Birán se declararía enemigo.

FIDEL, AVA, MARITA, Y LAS ESTRELLAS ROJAS

Ya en plena revolución, Fidel fue llamado “el cineasta menos conocido del mundo” por su amigo, aplaudidor, escritor y Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, que disfrutó de un largo y fructífero comadreo con el líder cubano.
Aunque nunca dijo una palabra sobre sus pinitos ante las cámaras, Agapito hablaba abiertamente de su devoción por el Séptimo Arte, con quien se sintiera a confort. Y como se frustró en sus ambiciones artísticas y tuvo que cambiar los platós por la lucha armada, cuando se adueñó de Cuba, desde su posición de poder y aprovechando las simpatías que inspiraba en muchos artistas y directores norteamericanos de izquierda, se las arregló para que las estrellas fueran a verlo a la Isla.
Se confesaba admirador ferviente de la actriz francesa Brigitte Bardot, de Sean Penn, Jack Nicholson y Kevin Kostner, -a los que invitó personalmente a la Isla-, y de su amigo Gerard Depardieu, a quien llevó repetidas veces a Punto Cero para que le cocinara langosta a la francesa en su cocina.
Fidel decía conocer todos los largometrajes de Charles Chaplin, y haber visto “tres o cuatro veces” todas las películas del cómico mexicano Mario Moreno, “Cantinflas”. También admitía adorar la poderosa imagen de la italiana Sofía Loren, y no paró hasta conocer en persona a Gina Lollobrígida y a Jane Fonda, actrices con las que se le han especulado sendos romances.

Fidel y Gina
A Stone le confesó durante el rodaje de "Comandante” que no pudo ver mucho cine después de la caída de la Unión Soviética, en 1991, “por falta de tiempo”, pero que se bebió, “Gladiator” y “Titanic” en formato de videocasete, sentado en su sillón de mimbre de Punto Cero.
Fidel Castro y Oliver Stone durante el rodaje de "Comandante"
En 2002 el director Steven Spielberg aceptó una propuesta de Castro para visitarlo, camuflada bajo una supuesta invitación del ICAIC, para asistir al Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, que presentaba el trabajo del realizador.
Jack Nicholson también visitó la isla en 1998 y fue seguido por la inteligencia cubana. Cuenta Delfín Fernández, un agente de la DGI que desertó en 1999, que fue designado como “escucha” de las habitaciones de Jack Nicholson y Leonardo DiCaprio durante las visitas de ambos a La Habana. Lo mismo le ocurrió a Almodovar y a Bibi Andersen cuando aparecieron por allí.
Kevin Costner viajó a Cuba en 2001 para ver su película "13 Days" en una proyección privada para Castro: "Fue una experiencia única en la vida estar sentado a pocos metros de él y verlo revivir una experiencia que vivió como un joven", declaró entonces. 
Fidel Castro y Kevin Costner
También Jack Lemmon fue alabado por Castro cuando el actor falleció en 2001 “por ser un amigo de Cuba", mientras Oliver Stone era ampliamente criticado en USA por su documental "Comandante", que le permitió al dictador contar su historia a su manera. Stone calificó a Castro como "muy desinteresado y moral, y uno de los hombres más sabios del mundo".
Robert Redford se encontró con Fidel Castro más de una vez. En 2005 estuvo en Cuba para una proyección privada de "The Motorcycle Diaries" para la viuda e hijos el Ché, y contó su encuentro con el dictador en el Hotel Nacional: “Él vino a mí, parecía gozar de buena salud, buen humor, buen espíritu", dijo. Redford vio por última vez a Castro en 1988 y lo acompañó a bucear a Cayo Piedra. A su regreso a USA, fue interrogado por funcionarios estadounidenses sobre su viaje.
Fidel Castro con Robert Redford
Otras figuras de Hollywood han sido seducidas por los cantos de sirena del viejo. Chevy Chase ha dicho que "a veces el socialismo funciona, y Cuba podría demostrar eso". También el veterano activista de izquierda Harry Belafonte ha respaldado las políticas de Castro con sus declaraciones: "Si crees en la libertad, si crees en la justicia, si crees en la democracia, ¡no tienes más remedio que apoyar a Fidel Castro!". "Los dos tenemos barba", dijo una vez el oscarizado Francis Ford Coppola, y añadió: "Ambos tenemos el poder y queremos usarlo para buenos propósitos". 
Otras celebridades que se rindieron a sus pies fueron Danny Glover, Ed Asner y Woody Harrelson, y me viene a la mente una anécdota curiosa relacionada con otra grande del cine, que implica a Castro, y que tuvo lugar en 1960.
Ava Gardner
Por pura casualidad, Ava Gardner –otra estrella que Castro adoraba–, y la amante alemana del dictador, Marita Lorenz, -por entonces su invitada y ya embarazada de su hijo Andrés- coincidieron en el ascensor del Hotel Riviera de La Habana. 
Cuenta Diane Ducret en el libro “Mujeres de dictadores”, que, conociendo ya previamente la identidad de la teutona, Ava estalló de ira y –cito a Ducret–, “tambaleándose sobre Marita, le soltó una frase que parecía sacada de alguna de sus películas: “Así que tú eres la perra que está con Fidel y te lo quieres quedar para ti sola…” y remató la faena con una bofetada mientras las puertas se abrían para dejar anonadada a Marita en el hall del hotel. 
Marita Lorenz
Eran los primeros años de la revolución, y la Gardner se pasaba manifiesto comunista por el forro, paseándose desnuda por la piscina que Ernst Hemingway tenía en la capital, sabedora que los ojos del régimen estaban puestos en ella. Y eso, al parecer, encendía la bestia que llevaba dentro”, afirma Ducret.
La importancia del cine en la vida de Fidel Castro se explica, porque, apartando sus ambiciones artísticas, el dictador entendió y se aprovechó rápidamente de su potencial propagandístico. “Igual que Hollywood impuso al mundo en sus películas, el “american way of life”, Fidel justificó su dictadura -al menos de cara a un sector ideológico progresista- impulsando el rodaje de filmes y documentales que contaran la maravillas del proceso revolucionario, creando la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y el Festival Internacional de Cine de La Habana, para gloria del celuloide patrio, al que acudieron estrellas de todo el planeta.
Lamentablemente, y como hizo con otras tantas parcelas de la vida cultural cubana, Castro convirtió el cine en otra de sus batallas políticas, y legitimó la censura como arma para “defender” a la revolución. 
En 1961, en su tristemente conocido discurso “Palabras a los Intelectuales” compulsó el “derecho” de su Gobierno a “regular, revisar y fiscalizar” películas por su “influencia en el pueblo” como una “responsabilidad ineludible en la lucha revolucionaria”.
Con sus aventuras fílmicas ocultas y su inclinación inconfesable hacia los platós cinematográficos, Castro cayó en la misma frivolidad que sus némesis estadounidenses, John F. Kennedy, un compulsivo adorador de las estrellas de cine, y Ronald Reagan, un actor reciclado en presidente. 
 
EL DESCUBRIDOR DEL SECRETO

Fue Julio Lista, un aficionado uruguayo del cine norteamericano, quien descubrió en 1998 el nombre de Fidel en el libro ‘The Best of MGM‘ (The Golden Years 1928-1959), de J.R. Parish & G.W. Mank.
Lista le pasó la información en 1999 al crítico de cine, también uruguayo, Álvaro Sanjurjo, que, puesto a investigar, a su vez encontró la pista de Xavier Cugat, en «The Motion Picture Guide».
Sanjurjo –como yo, después– se quedó ojiplático al ver que Cugat hablaba de su encuentro con Castro en Hollywood con gran certeza, describiéndolo como «el típico latinamerican boy» y contando de forma muy prolija y detallada sus encuentros con él en plató. Según San Jurjo, Cugat y los “bailarines” que hacían de extras, se relacionaron bastante durante el rodaje de “Vacaciones en México” y Fidel habló con el músico español en varias ocasiones.


HECHOS COMPROBADOS

En el verano de 1999, y con el propósito de documentar correctamente el hallazgo de Lista, Álvaro San Jurjo se tiró varias semanas en los archivos de MGM, rastreando fichas técnicas del cine hollywoodense de la década de 1940 y revisando los listados de los extras de las películas en cuestión. 
Finalmente encontró el nombre del Monstruo de Birán en las tres convocatorias de rodaje de los filmes antes mencionados: Fidel Alejandro Castro. Tres años antes, al cumplir los 17, Agapito se había cambiado su segundo nombre, Hipólito, que odiaba, por el de Alejandro, el de su personaje histórico fetiche.   
No me había decidido a publicar esta crónica –a pesar de que su contenido rueda hace muchos años por la red–, hasta verla debidamente contrastada en la IMDb (Internet Movie Data Base) la biblia documental del cine mundial, que, –como la “testiga” de Jehová que hizo Chus Lampreave en “Mujeres al borde de un ataque de nervios” –, tiene prohibido mentir.
Todo lo que aparece en la IMDb es rigurosamente cierto, así que, los incrédulos que a estas alturas del relato, todavía duden de mis palabras, pueden encontrar aquí los detalles técnicos de esas apariciones de Fidel en el cine. La red está repleta de referencias a este tema, fácilmente googleable, por eso les dejaré solo este comentario del bloguero y cinéfilo mexicano Markovich con relación al tema.
Y finalmente les muestro el fragmento de la escena de “Vacaciones en México” donde sale Agapito, para que vean de refilón a ese saco de piltrafa moviéndose al compás de la música de Cugat, sin barba y como comparsa del protagonista. Lo encontrarán fugazmente a partir del minuto 2.
 Fragmento de "Vacaciones en México" en el que aparece Fidel Castro.
Quizás si hubiera tenido un poco más de recorrido en la gran pantalla, habría tenido suerte y nos hubiéramos ahorrado medio siglo de terror. Pero Hollywood nos lo devolvió igualito que se lo mandamos, y quizás peor, porque debe haber regresado frustrado y resentido. George Sidney debió tener un pálpito.
Y todavía la gente tiene la mala folla de criticarme a mí por haber sido comparsero de la FEU.
Qué valor.  


martes, 18 de septiembre de 2018

LOS HIJOS BASTARDOS DE FIDEL CASTRO

LOS HIJOS BASTARDOS DE FIDEL CASTRO



Sabía que después de que Fidel Castro se convirtiera en medio kilo de carbono en polvo, comenzaría el desfile de secretos revelados de sus innumerables tropelías, más de las muchas que ya le conocimos en vida los cubanos de a pie. Uno de ellos parece estar desempolvándose en el momento que escribo esta crónica, y amenaza con hacerse público en un futuro no lejano. 
En los últimos meses, además de las especulaciones sobre sus negocios secretos, sus no tan secretas alianzas con el narcotráfico, sus inconfesables vicios privados, y el llevado y traído asunto del reparto de su herencia millonaria entre sus herederos “oficiales”, se ha añadido un asunto candente que circula en los altos mentideros de la Isla, y también en Miami.

EL BASTARDO INVISIBLE

Parece ser que después de 48 largos años (desde 1970) alguien, o algo, ha abierto un baúl de truenos que había permanecido cerrado y en silencio riguroso durante todo este tiempo: la existencia de otro hijo del sátrapa, cuyo nombre, –como el de su madre–, han sido hasta ahora desconocidos para casi todo el mundo, excepto para un reducido número de personas muy cercanas al pequeño círculo de confianza del líder.

La cuestión toma tintes de melodrama, toda vez que, al parecer, el bastardo misterioso ha decidido entrar en el juego del reparto de los bienes que dejó el dictador al resto de su prole oficial; casi 1000 millones de dólares entre pitos y flautas, según la revista Forbes en 2006, y más del doble de esa cifra, según cuentas extraoficiales de instituciones bancarias internacionales en 2017.
Aunque la fortuna de Agapito jamás podrá ser cuantificada con objetividad, porque su patrimonio se esconde tras multitud de testaferros y empresas-pantalla por toda la geografía del planeta, por lo visto, la cifra le ha resultado muy llamativa al retoño ninguneado, que ha decidido revindicar también su vínculo de sangre con el tirano para acceder a su parte del pastel. Para eso, –siempre atendiendo rumores–, ha tirado de contencioso legal, con pruebas de ADN incluidas. Se avecina tormenta.

En este punto, cualquiera de los que me leen razonaría con toda lógica, “¿Qué importa lo que pida, si quienes tienen el dinero son los mismos que gobiernan Cuba?”. 
Parece ilógico, pero no lo es. 
Dalia y sus cinco príncipes no están en una situación cómoda para enfrentar una demanda por la herencia, a día de hoy. De hecho, están en la peor situación. 
Raúl Castro no es garante (nunca lo fue) de su estatus, y Díaz-Canel cumple a rajatabla con sus órdenes poniéndole todos los escollos posibles; la familia de Fidel Castro dejó de ser la dueña de Cuba desde 2010, cuando Agapito colgó los guantes. El poder de sus herederos se ha reducido a la mínima expresión en 2016, tras su muerte, que ha ensanchado la grieta entre el clan Castro Espín y el Castro Soto, y más aún, después del suicidio de Fidelito, que volvió a destapar viejos rencores entre ellos. 
Dalia Soto del Valle y sus cinco hijos en el sepelio de Fidel Castro
Raúl reclama Punto Cero como “medio básico de la revolución”. Ha impuesto a su cuñada y a sus sobrinos una pronta “reubicación” de la residencia familiar, y le ha “retirado las llaves” de otras muchas viviendas que Fidel tenía para su esparcimiento y el de su familia. Hace pocos meses se ordenó desmantelar la antigua casa de Celia Sánchez que durante un tiempo fue usufructo de los hijos de Dalia (allí tenían un gimnasio), y se ha licenciado al 70% del personal encargado de la seguridad de sus parientes, personal de seguridad, celadores y guardaespaldas que a día de hoy, se han unido en una especie de "empresa" para buscarse la vida como custodios y escoltas privados. 
Por otra parte, las relaciones entre los hijos de Raúl y los de Dalia son casi inexistentes; no hay interés alguno por parte del ex presidente, en ayudar a su cuñada y a sus sobrinos a mantener su imperio. Más bien, todo lo contrario.
Tengo en mi poder datos adicionales que apuntan a un posible acuerdo entre el hijo misterioso y Raúl Castro, pero no he podido contrastarlos. Algunas fuentes bastante fiables de la Isla me indican que el personaje vive fuera de Cuba desde antes de que Fidel muriera, –quizás en México o Estados Unidos–, a donde habría viajado en su juventud con su madre, ahora ya occisa. Otras, en cambio, me afirman que el hombre tiene residencia oficial en La Habana, y que es “atendido” allí por personal de la Seguridad del Estado, como presumiblemente ha sido desde que vino al mundo.
El asunto lo desveló hace tiempo la investigadora y periodista norteamericana Ann Louise Bardach en su libro «Without Fidel», aunque ella misma admitía entonces, que no tenía mucha información que añadir a la existencia del vástago del líder.

Ya veremos en los próximos meses, cuáles de estos rumores tienen fundamento, y de tenerlos, qué consecuencias acarrean para el clan de los cinco varones Castro Soto, principales perjudicados en el reparto del pastel, si hay que sacarle una cuña más. 

LOS OTROS 

La noticia me ha hecho recordar la existencia de los otros cinco hijos “secretos” de Agapito, sobre los que se conoce algo más, y que completan los 15 que dejó en este mundo. 
Además de la cuadriga que integran el malogrado Fidelito, –hijo de Mirtha Díaz-Balart–, segundo en nacer tras el primogénito Jorge Ángel Castro Laborde, –hijo de María Laborde y hoy a caballo entre Cuba y España–, de Francisca Pupo, –fruto de sus amores con una tendera santiaguera, y hoy residente en los Estados Unidos–, y de la celebérrima Alina Fernández –hija de Natalia Revuelta, también allí–, se ha especulado y se especula sobre los otros seis hijos no reconocidos del dictador, incluyendo al desconocido misterioso que acaba de entrar en escena.
A excepción de este último, el resto tiene algo en común: se les conoce personalmente en mayor o menor medida, pero no ha podido probarse nunca el vínculo de sangre con su padre, seguramente por la naturaleza extraña de sus nacimientos y la identidad e historia de sus madres respectivas.
No quiero extenderme en las relaciones sentimentales de Fidel porque no terminaría nunca; rondan el centenar y algunas ni siquiera llegaron a trascender al conocimiento popular. Así que hablaré solo de las que nunca se mencionan cuando se toca el tema de sus hijos no reconocidos, exceptuando a Alina Fernández y a Francisca Pupo, que tampoco llevan sus apellidos.

ANDRÉS VÁZQUEZ, “EL ALEMÁN”


Así es conocido en la corte roja castrista, -sin que hasta hoy la opinión pública haya podido ponerle cara-, al hijo que tuvo Fidel con la espía alemana Marita Lorenz. 
Fue una historia rocambolesca y tan cinematográfica, que Sony no pudo escapar a la tentación de rodar una película sobre ella, y produjo el largometraje «Red Sparrow», para que Jennifer Lawrence encarnara a “La Alemanita”.
Marita en una playa cubana en 1960
Aunque la relación de Marita con Fidel hay que cogerla con pinzas, -porque el tiempo ha demostrado que la mujer fabula con el mismo entusiasmo que espiaba-, un informe secreto del FBI, que data del 21 de mayo de 1960, y que se desclasificó en 1988, confirma que "Miss Lorenz fue considerada como una de las novias de Fidel Castro y que quedó embarazada de él, dando a luz a un niño en 1960 en circunstancias extrañas”. El hijo de Marita se ubica cuarto en la línea de descendientes del dictador, tras Alina Fernández, hija de Natalia Revuelta, nacida en 1956.
Ya he contado el romance de Marita Lorenz con Fidel Castro en detalle aquí hace algunos años, así que ahora me limitaré a hacer referencia a lo que atañe estrictamente al hijo que ambos tuvieron. 

Resumiendo, después de un encuentro aparentemente casual en el puerto de La Habana, en un barco cuyo capitán era el padre de Marita, y un idilio calenturiento y prolongado en el Hotel Habana Riviera, Fidel dejó a Marita embarazada. Ella tenía 19 años, y él 33. Para recordar los detalles, me cito a mí mismo:
“Un día Marita se despierta mareada y sedienta en un cuarto oscuro. No está en su habitación del hotel Riviera. Un supuesto comando de la CIA la ha drogado y secuestrado en plena Habana. Los “agentes” le hacen saber que ha abortado al hijo de Fidel. Sólo dos décadas después es que se enterará de que aquello era mentira, y que ese bebé ha sobrevivido, cuando Fidel le presente a Andrés, su hijo de 20 años. Está claro que aquel comando no era de la CIA, sino del G2.
Castro pierde interés y rompe su relación con Marita, que tiene que regresar a Estados Unidos triste y frustrada, con un hijo y un amor perdidos a la vez. Dice Marita que a su regreso era una joven rota física y emocionalmente. Pero sobre todo llena de odio, despecho y rencor hacia el hombre más importante de Cuba, al que, no obstante, sigue amando.
Años más tarde Marita presencia el estreno en Estados Unidos del documental “Querido Fidel” y manifiesta con pesar a la prensa norteamericana: “Fue muy difícil ver esas imágenes en pantalla, porque aún quiero a Fidel, aún lo extraño... fue mi primer amor. No pude contener las lágrimas. Todo de mí le perteneció a él en Cuba. Por otro lado, odio la forma en que Estados Unidos lo ve en su gobierno de Cuba, pero tengo esperanza de que esto cambie. Tengo los momentos de nuestra relación como grandes recuerdos".

A su regreso a USA, para la CIA, Marita se ha convertido en un arma valiosa en la lucha contra el castrismo, y contra Castro mismo. Se la rifan los cubanos anticastristas, los mafiosos a los que Agapito cerró el grifo en La Habana, y el propio Gobierno de los Estados Unidos. ¿Quién tenía un acceso tan personal a Fidel como ella?
Así que es reclutada por el agente de la CIA Frank Sturgis, y es entrenada en la estación JMWAVE de la CIA para un objetivo de alto interés al que ella accede, dice que simplemente por despecho: asesinar a Fidel.
Marita recibe entrenamiento especial del jefe de la Brigada Anticomunista Internacional, Gerry Patrick Hemming y es enviada entonces a Cuba, con dos cápsulas de veneno escondidas en su maleta, e instrucciones de manifestarse amigable y sin rencores con Castro, cuando se produjera ese encuentro. (…) Fidel, convencido de que ella aun lo ama, y con ganas de volver a revivir aquel idilio tórrido, queda con ella en una de sus casas del reparto Kohly.
Marita Lorenz con Fidel Castro
Estando ya en presencia del hombre de su vida, después de varias copas y ante el nerviosismo que Marita ha sido incapaz de disimular, Fidel la mira a los ojos y le pregunta con tranquilidad: "Marita… ¿has venido a matarme?". Ella casi enseguida le responde, "Sí". Entonces Castro se saca su revolver de la funda que lleva en la cintura, la coge por el cañón, le tiende a Marita el lado de la culata y le dice: "Pues no perdamos más tiempo y haz lo que viniste a hacer; mátame". Marita tiembla como una hoja y musita: "No puedo". Ella hoy está segura de que Castro conocía entonces su misión, pero no impidió su encuentro. “Nadie puede matarme”, le dijo él, volviendo a guardar la pistola en la funda.
Ese encuentro descrito mil veces por la propia Marita, ha sido puesto en duda y cuestionado por la oficialidad cubana, dada la natural tendencia a fabular y mentir de los espías, y el particular carácter fantasioso y ávido de protagonismo que siempre caracterizó a la agente alemana. Pero Marita, que aún vive, insiste en que así fue.
Contra todo pronóstico, Fidel le permitió salir de aquella habitación de la casa de Kohly, y además concertó un encuentro entre ella y su hijo Andrés en las horas posteriores. Después le permitió regresar a los Estados Unidos, perdonándole su intento de asesinato. Marita siempre ha interpretado ese gesto como un último gesto de amor del líder cubano hacia ella”. Fin de la cita.
Desde que escribí aquella crónica hasta hoy, he puesto todo el interés posible en conocer más detalles sobre la tragedia de Marita al ser separada de su hijo y sobre el paradero de éste. Gracias a varios colaboradores en Estados Unidos y en La Habana, y a una entrevista que concedió la alemana al diario español ABC, he podido añadir algunos datos a este asunto. 
En octubre de 1959, Marita se bebió un vaso de leche que ordenó traer a su habitación del hotel Riviera, y cayó sin sentido al suelo delante del camarero. Había sido envenenada. Según ella, nunca supo por quién, ni por qué. Fidel no estaba, pero uno de sus colaboradores la llevó a urgencias y después organizó su repatriación en un avión a New York. No recuerda nada más, todo lo que sabe es que se despertó en una habitación del Hospital Roosevelt, en Manhattan, en un estado de semiinconsciencia. El ginecólogo de New York le confirmó que había tenido un parto provocado y que lo del aborto había sido una mentira, su embarazo estaba casi a término y su hijo nació mientras ella estaba en coma.
Marita junto a la hija que tuvo con el dictador venezolano Marcos Pérez Giménez
Marita no vio a su hijo hasta el año 1981, cuando se le permitió ir a Cuba por última vez, tras 20 largos años de separación. Al ser preguntada sobre esta visita por el reportero de ABC, declaró: “Fidel aceptó recibirme, pero se le notaba que no estaba a gusto conmigo. Le supliqué que me presentase a nuestro hijo. Entonces abrió la puerta y apareció un joven. Se parecía a su padre. Sus manos y su rostro eran idénticos. Le di los regalos que le había llevado. Me dijo que estudiaba medicina. Mientras, yo no paraba de llorar”.
El encuentro duró 20 minutos, apenas suficientes para que Marita se enterara de que su hijo cursaba el segundo año de Medicina, que su nombre era Andrés Vázquez y que toda su infancia y juventud había vivido con unos padres de adopción que les facilitó su padre biológico.
Marita cuenta: “Al principio le escribía cartas que pienso que ha leído. Por mi parte, recibí un sobre con remite en la dirección que me había dado, pero cuando lo abrí, vi que estaba vacío”. 
Marita Lorenz en 2016
De aquel encuentro quedó una fotografía que Marita perdió en una mudanza años más tarde.
Hoy Marita tiene casi 80 años, y su hijo Andrés, si vive, tendrá casi los mismos que la revolución, rondará los 68. Con toda seguridad tendrá muchas cosas que contar sobre su verdadero progenitor. Marita no pudo criarlo ni de verlo crecer, y tampoco pudo acercarse más a su padre. 
Otra amante de Fidel, en cambio, ha conseguido fácilmente ambas cosas; la madre de otro de sus bastardos.

ABEL RODRÍGUEZ VERA

Fidel siempre tuvo predilección por las mujeres inteligentes, preferiblemente cercanas a su ideología, y con las que pudiera mantener un intercambio intelectual a su nivel. Varias de sus amantes cumplieron ese requisito, Celia Sánchez, Natalia Revuelta y las periodistas norteamericanas Lisa Howard y Barbara Walters entre ellas.
Pero la mujer “inteligente” que estuvo más tiempo físico a su lado, y con la que estableció una relación profesional e íntima que también terminó en embarazo, fue su traductora e intérprete oficial Juanita Vera.
Juanita nació en La Habana el 24 de noviembre de 1953, se declara “hija de la Revolución” y está convencida que le debe todo a ella y a Castro. 
Era menor que los dos hijos mayores del líder y se graduó como traductora e intérprete en Lengua Inglesa en la Escuela de Filología de la Universidad de La Habana en 1980. Durante un tiempo trabajó como traductora en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), y actualmente –de forma oficial–, es funcionaria y especialista del Departamento de Estados Unidos del MINREX. 
Pero en realidad Juanita Vera es coronel de Inteligencia de la DGI, y fue la lengua y los oídos de Fidel durante casi cuatro décadas en todos sus viajes internacionales a países de habla inglesa y en todos sus contactos oficiales en la Isla con autoridades de países angloparlantes. Después del retiro del comandante, continuó desempeñando la misma función con Raúl Castro, y creo haberla visto un par de veces acompañando al actual presidente Miguel Díaz-Canel. Juanita es un tesoro viviente de los secretos de la dictadura cubana. 
Juanita Vera con Fidel Castro
Hoy Juanita Vera está casada con el doctor en Ciencias Físicas Matemáticas Gerardo Rodríguez Fuentes, investigador titular de la Universidad de La Habana, y segundo secretario del Partido en ese claustro. Gerardo se presenta como “padre” de sus dos hijos, Abel, de 25 años e ingeniero de Sistemas Automatizados de Dirección, y Nerea Amalia, de 18, graduada en la Escuela Nacional de Instructores de Arte.
Juanita Vera, Fidel Castro y Abel el hijo de ambos.
Pero todo el mundo sabe que Abel no es hijo de Gerardo, sino de Fidel Castro.

El ex escolta de Fidel, Juan Reinaldo Sánchez, autor del libro “La vida oculta de Fidel Castro”, exiliado en Miami desde 2008 y fallecido en Miami en 2015, fue durante 17 años el responsable de llevar la famosa «libreta gris» del Comandante, un cuaderno (decenas de ellos, en la práctica) que hay orden de destruir en caso de que caiga el régimen. 
En ellos, Juan Reinaldo apuntaba los detalles de todo lo relacionado con la agenda “no oficial” del Comandante, según él, “desde la hora en que Castro se levantaba, qué desayunaba, el itinerario seguido, con quién se reunía y los asuntos tratados, hasta las cosas más nimias, como la añada de la botella de vino que acababa de descorchar o la pesca conseguida en su paradisíaca isla de Cayo Piedra”.
Juanita Vera y Raúl Castro 
Y en la «libreta gris» quedaron reflejados con puño y letra de Juan Reinaldo Sánchez las aventuras sexuales de Agapito. El escolta anotaba los encuentros extraconyugales de Castro en la «casa de Carbonell», en la zona residencial de Siboney, el escenario de sus encuentros extramaritales, que coordinaba su edecán y también confidente, José “Pepín” Naranjo. 
Cuenta Juan Reinaldo que «apuntaba la hora de llegada y de salida, y entre paréntesis, solo dos palabras: “Operación Cartucho”. Aunque Fidel no era el típico mujeriego cubano, que cambia constantemente de amante, podía tener dos o tres a la vez que le duraban años». 
Relata el ex escolta que, a finales de los años 70, coincidieron en el tiempo –y protagonizaron varios altercados de celos entre ellas– «la tajante y autoritaria» Dalia, Celia Sánchez, una azafata llamada Gladys Duarte, que “acompañaba” a Fidel en sus viajes internacionales, y Pilar, conocida como "Pili", la intérprete de francés preferida del Comandante. Pero Castro quiso tanto a Celia que no se casó con Dalia hasta que ella murió en 1980. Entonces cambió a Gladys por su traductora Juanita Vera, que enseguida se convirtió en su amante, y le exigió que sacara a “Pili” también de la escena, cosa que Fidel hizo inmediatamente. 
Con Juanita, Juan Reinaldo estableció una relación muy cercana de amistad, y ella un día le confesó que Fidel era el padre de su hijo Abel.
Raúl Castro y Juanita Vera en visita oficial a Sudáfrica 
Fidel convivía con Dalia Soto del Valle desde 1961, algo que según muchos de sus biógrafos deterioró paulatinamente el estado anímico y físico de Celia Sánchez, que terminó muriendo de cáncer en 1980. Pero durante ese período de tiempo, el dictador no se cortó un pelo en continuar manteniendo relaciones con otras mujeres, y el nombre de Juanita Vera era el que más se repetía en la libreta gris.
La obsesión de Fidel por Juanita llegó a ser tan fuerte que en 1984, le montó una terrible escena de celos al saber que ella tenía otro amante, además de su marido. La cosa acabó, según Juan Reinaldo- “con el amante en paradero desconocido y la reconciliación de ambos”. En ese momento su hijo Abel tenía 4 años y había sido “reconocido” por el marido de Juanita como propio, “a instancias” de Castro.
Contaba también el guardaespaldas arrepentido que, durante la única visita de Fidel a Corea del Norte, le tocó a él montar guardia en la puerta de su habitación, y le avisaron que Juanita lo visitaría esa noche. “Al cabo de un rato (ella) llamó a la puerta de la suite, donde pasó dos o tres horas antes de volver a sus aposentos”. Luego, en 1992 en España, Fidel ordenó que las habitaciones de ambos fueran aledañas y se comunicaran entre sí por el interior.
Hoy Juanita tiene 65 años y su hijo Abel, 28. Tras 40 años como coronela de la DGI, ha enviado a varias generaciones de disidentes del régimen a la cárcel, y ha sido premiada por sus servicios con regio apartamento que le regaló Fidel en Calle E # 406 en el Vedado, justo al lado del de Eusebio Leal Spengler, que vive en E # 408. 
Muy cerca de allí, en la Calle F esquina a Línea, Fidel tenía otro apartamento que más tarde le serviría de picadero eventual a algunos de sus hijos, y que él mismo utilizó a principios de la revolución para verse en secreto con otra mujer que también le dio descendencia. No le importó que ella fuera la esposa de uno de sus mejores amigos, una práctica deshonesta que repitió en su vida hasta tres veces, que se sepa. 
Su amante tenía nombre de actriz de cine mexicano, y así también llamó a la hija que le trajo al mundo. 

LUPE MARÍA NÚÑEZ VELIZ, 
“LUPE II”

Cuando Fidel compareció ante la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 1960, fue acompañado de uno de sus más fieles colaboradores y su amigo de mayor confianza después de Ramiro Valdés y de su médico personal –y asesor espiritual– René Vallejo: el geólogo y comandante guerrillero Antonio Núñez Jiménez. 
Fidel Castro y Antonio Núñez Jiménez con el reverendo protestante W. A. Raifford, jefe de la tribu Pájaros Blancos. USA
En aquel viaje, Fidel había conocido –y se había ventilado– fugazmente a Jenny Isard, una chica británica de 23 años con la que se tropezó en el aeropuerto de Nueva York. Según el periodista alemán Bernd Ruland, que siguió durante 30 años la pista a todos sus romances, este idilio fue “una relación pasajera en una época en la que el jefe revolucionario disparaba sin desenfundar, rápido y con las botas puestas, sin mayores trascendencias".
Después hay un evento del que apenas se habla; también según Ruland, en 1962 Fidel se casó y se divorció en secreto en transcurso de 18 meses con Isabel Coto, una joven de Santiago de Cuba. Rompió el compromiso "para volver a ser libre un año y medio después, y reencontrarse con Lupe Véliz, una mujer a la que había conocido antes del triunfo de la revolución y con la que había tenido varios encuentros fugaces”.
Lupe Véliz
Pero ya Lupe tenía dueño: su amigo, su sombra, su lugarteniente y su hombre de confianza, el geólogo Antonio Núñez Jiménez, el Jacques Yves Cousteau de la revolución, también conocido como “Ñico Cuevitas”.
Vale recordar aquí que Antonio era el segundo marido "importante" que tuvo Lupe. El primero había sido José Luis Padrón (a.k.a. "Padroncito") hoy General de Brigada y que fue fundador de MC y su primer jefe. Padroncito fue después Primer Ministro de Turismo y fue el encargado de dirigir las operaciones del éxodo del Mariel y pieza fundamental en las conversaciones para dar luz roja a las visitas de la Comunidad. Entre Juan Carlos (Moncada) y él, han escrito a 4 manos un libro notable; "Los últimos días de Batista", que niega taxativamente una larga lista de hechos y situaciones que hasta hoy abandera la propaganda oficial de la revolución; por ejemplo, cuenta como el Ejército Rebelde compró el famoso tren blindado por 50 mil pesos de la época.
Pero volvamos a Lupe y Antonio. Antonio era un guajirito de Alquízar, apegado a la tierra y a la naturaleza, devenido después científico, revolucionario y político, y gran amigo de Agapito. Norberto Fuentes lo describe “con ese graciosillo sombrerito y la cazadora gris de amplios bolsillones laterales con que solía aparecer retratado en las páginas interiores del panfleto Granma”.
Antonio Núñez Jiménez en una de sus excursiones científicas por la Isla
Sigo con la descripción de Fuentes sobre el clan Núñez, porque es cuanto menos curiosa:
“Durante sus larguísimos y agotadores tours de temerario explorador por los Polos y el Amazonas, su dulce esposa Lupe Véliz reposaba allá en La Habana, cigarrillo en boca a lo María Félix, junto al amante omnipotente y poderoso. Y dos de sus hijas, disciplinadas seguidoras de los sabios consejos de su madre, se casaban con futuros millonarios socialistas, combinación letal no siempre bien vista”.
En efecto, Fidel y Lupe se dieron banquete como amantes durante muchos años, y no a espaldas de Núñez, sino con su venia.
Y una de estas hijas a las que se refiere Fuentes, lleva el ADN del dictador en vez del de geólogo: Lupe María Núñez Véliz, conocida como Lupe II, para diferenciarla de su madre. 
Cuando Fidel volvió a las andadas con Lupe Véliz, lo hizo a sabiendas de que se metía en una relación estable entre el objeto de sus deseos, y su amigo. Sabía que estaba traicionando la confianza y la fidelidad de Antonio, que por cierto, era perfectamente consciente de la traición, pero que tuvo que tragarse el orgullo de cornudo. ¿Por qué Núñez Jiménez no se separó de su mujer? La sombra de Fidel era larga, y sus órdenes, inapelables: debía aceptar los cuernos y criar a aquella niña como si fuera suya. No había alternativa. 
Antonio Núñez Jiménez
Lupe Véliz, entonces una mujer alta, escultural y bella, parece haberse enamorado más del comandante, que él de ella. Ocupaba entonces un alto cargo en la Federación de Mujeres Cubanas que dirigía Vilma Espín, -que también estaba al corriente-, y durante mucho tiempo su relación con Agapito fue vox populi en los mentideros del poder, porque ella misma se encargó de filtrar el idilio, quizás para alardear de él ante otras “damas” de la alcurnia comunista. Probablemente fue ese el detonante que hizo que Fidel rompiera la relación con ella.
Cuenta Fuentes:
"Años después, “una tarde de 1987, Fidel llamó a uno de los chóferes asignados a Gabriel García Márquez como servidumbre de la Casa de Protocolo número 6, que cuenta con mucama, cocinera, ayudante, camarera y dos chóferes. 
El viejo Raúl Candebat, un mulato largo, de pómulos lombrosianos y guayabera del diplomercado una talla corta para su estatura, y que manejaba uno de los Mercedes de “El Gabo", le tenía el brazo echado al Comandante sobre los hombros, mientras este le cuchicheaba cosas mientras caminaban por la rotonda de baldosas rojas, a la entrada de la mansión. Candebat era médico pero servía para todo, también para espiar. Y tenía tarea. 
El jefe le encomendaba seguirle los pasos a Lupe Véliz, una gordita entrada en años, que había sido su amante aún siendo mujer de su ayudante y hombre de máxima confianza, el capitán Antonio Núñez Jiménez. Candebat debía llevar una cuenta acuciosa de las incursiones de Lupe en la cocina de Gabo y los platos que se servía. Candenbat me lo contó. Se trataba de proteger a Gabo de las inconveniencias de una funcionaria de alto rango como Lupe, que estaba a cargo de la oficina de Relaciones Internacionales del Ministerio de Cultura. Para orgullo del mulato Candebat, "el comandante estaba en todas." 
El Dr. Raúl Candebat Candebat (El Mulato Candebat)
Cuando, de rebote, se lo conté a Carlos Aldana, el secretario ideológico del Partido, él me restituyó la imagen del Fidel conspirador y no del personaje "cazuelero" (un chismoso, a la cubana). Usaba a Candebat para levantar una barrera de desconfianza alrededor de Lupe y las otras de su escuadrón volante, que revoleteaban sobre el lugar. La presa quedaba sola en sus manos”.
El asunto del espionaje interno de Fidel a sus propios colaboradores da para varios monográficos, así que no profundizaré en él ahora, pero queda claro que, si Fidel vigilaba a Lupe Véliz después de años de haber terminado su idilio con ella, no es raro aventurar que también vigilara a la hija que habían tenido ambos. 
Raúl Candebat, hoy un augusto y serio médico al que Raúl condecora de vez en cuando con cualquier excusa, fue durante años el encargado de ser la sombra de la familia Núñez Jiménez, de la veleidosa Lupe, y de su hija Lupita, que salió muy conflictiva y belicosa.
Vale recordar –y cito otra vez a Norberto Fuentes– que mientras la hija auténtica de Núñez Jiménez, Maria Teresa Núñez Véliz, “luego de una amarga experiencia sentimental con un “seguroso” del departamento MC, tuvo la buena fortuna de tropezarse en el camino con Constantino Páez Roselló, cubano avecindado en Suiza dispuesto a vender su alma al diablo, su hermana (o media hermana) Lupe María Núñez Véliz, por su parte, se comprometió con el chileno guardaespaldas de Salvador Allende y monedero de Castro, Max Marambio, a.k.a. “El Guatón”, tristemente célebre y conocido por todos”.
Max Marambio, ex esposo de Lupe M. Núñez Véliz
Max Marambio es otro inciso jugoso a desarrollar en crónica aparte, pero pasaremos ahora por encima de su biografía. En 2006 el matrimonio de Lupe II con Marambio llegó a su fin por los múltiples cuernos que él le puso a ella. Lupe II encontró un consuelo breve en brazos del productor cinematográfico español Antonio Pozueco, pero la pareja tampoco duró mucho, Lupe II se divorció de Pozueco y lo demandó por la custodia del hijo menor de ambos, que finalmente no consiguió. Ese es otro nieto de Fidel que logró escapar de su influjo, y hoy vive en España con su padre.
El ex Mayor de la Inteligencia cubana Roberto Hernández Del Llano, declaró que “Lupe Véliz, amante conocida del dictador Castro, dio un empujón a sus yernos en las simpatías personales del gran líder”. Lupe Véliz murió hace algunos años, y sus cenizas descansan junto a las de Núñez Jiménez, en el jardín de la Basílica Menor de San Francisco de Asís, al lado de la Avenida del Puerto.
Aunque no les dio su apellido, Fidel nunca dejó de vigilar de cerca a los hijos que iba haciendo y dejando en manos de sus padres adoptivos, y en la mayoría de los casos, les facilitó una vida cómoda y sin problemas económicos. Afirma Bernd Ruland -y confirma Hernández del Llano- que Castro repitió al menos dos veces más, que se sepa, esta práctica de embarazar a las mujeres de sus colaboradores. 
La siguiente víctima fue Abraham Maciques, y la depositaria de su pasión reproductora, su mujer, Roxana Rodríguez.

“FITO” MACIQUES RODRÍGUEZ 

Quiero iniciar mi acercamiento a este hijo bastardo de Fidel, con unas palabras del hombre que se encargó de su crianza, y que ha sido el depositario de todos los secretos bancarios del dictador, su conseguidor durante 40 años, administrador de todos sus negocios rentables y del Palacio de Las Convenciones, y uno de sus testaferros históricos; el ex Presidente de Cubanacan S.A. y Director General del grupo empresarial PALCO, Abraham Maciques:
Abraham Maciques
"Recibo el aviso que se estaba produciendo un desembarco en Playa Larga, gracias a un teléfono magneto instalado en el punto de observación allí que, con solo levantar el auricular, se comunicaba directamente con el cuartel de Jagüey Grande y mi casa. Tan pronto conocimos lo que se estaba produciendo, le digo a Roxana, mi compañera en la vida: “Localiza a Celia y dile por dónde se está produciendo el ataque. Yo voy para Jagüey”. Roxana llama, le sale un oficial de guardia y ella se identifica y le dice: “Quiero hablar con Celia porque están desembarcando aquí, están atacando en Playa Larga”. “¿Pero usted está segura?”, le pregunta el oficial. “Si no estuviera segura, no lo llamaba”. A los dos minutos, Celia escuchaba ya el relato de Roxana. Le dijo que sabían algo de lo ocurrido, pero no exactamente por dónde. Que enseguida iba a hablar con Fidel…”.
Maciques está relatando cómo fue que Fidel Castro se enteró del ataque a Playa Larga por su intermedio, y cómo su mujer, Roxana, que entonces ya era su compañera sentimental, hablaba directamente con Celia, amante y mano derecha del Comandante. 
He escogido este segmento de su relato del asalto a Playa Larga, porque en él, Maciques menciona a las cuatro personas implicadas en lo que sería más tarde uno de los escándalos sexuales más sonados de la revolución: Roxana Rodríguez, Celia Sánchez, Fidel Castro y él mismo.
Los cubanos de a pie ni siquiera llegamos a sospechar cómo la dictadura castrista ha mezclado la política con el sexo, el dinero, los intereses personales, los sentimientos y las apetencias de poder. Es un cóctel letal cuyas consecuencias casi siempre han sido nefastas para alguien, y en el caso de estos cuatro personajes, ha servido para hacer infeliz a un quinto elemento: “Fito” Maciques Rodríguez.
Abraham y Roxana tenían una confianza casi familiar con Fidel desde antes del triunfo de la revolución. Y quizás, justamente por esa cercanía, y porque a Castro lo calentaban las mujeres inteligentes, casadas y de formas rotundas, el Comandante metió a Roxana en su libreta gris y le hizo una barriga. 
Desconozco el nombre de pila de Fito Maciques, pero no debe ser un secreto, y agradeceré que quien lo sepa me lo haga saber. 
Se sabe poco de este hombre. Fito “pasa” como hijo de Abraham, aunque a estas alturas ya todo el mundo sabe que su padre es Agapito. Es un tipo retraído y solitario, "posiblemente debido a tener conocimiento de su origen", dice Ann Louise Bardach en su libro. Pero para toda la plana mayor de la dictadura, es sabido desde siempre que el estatus económico y político de Maciques ha sido el "pago" de Fidel por cuidar de su hijo.
Según Hernández del Llano, la fortuna de Castro (aun después de muerto) no la cuidan sus herederos, sino que la administran y protegen tres hombres ajenos a la familia del líder: el cubano nacionalizado suizo Constantino Paez Roselló, encargado de las transacciones del Banco de Crédito Suizo (Credit Suisse) y del UBS en Cuba; el chileno Max Marambio “El Guatón”, ex marido de su hija Lupe II, guardia personal de Salvador Allende y ex presidente de la Corporación CIMEX, y Abraham Maciques Maciques, jefe de los dos anteriores, y quien tiene hoy en sus manos el control de todo el dinero y los negocios de Fidel. Maciques funge como albacea de la fortuna, pero esto no significa que esté dispuesto a traspasar su gestión a Dalia y sus hijos. De hecho, a fecha de hoy eso no ha ocurrido.
Vuelve a salir aquí el fantasma de Lupe Véliz, que en vida fue el enlace de Fidel Castro con dos de estos individuos, porque como dije antes, fue suegra de ambos: Paez Roselló y Marambio.
El ex mayor José Reinaldo Hernández reveló que en 2006, antes de dejar el poder, Fidel Castro tuvo un último gesto con su bastardo “Fito” regalándole una casa en el casco histórico de La Habana Vieja, que hoy ocupa. No es un detalle menor, porque durante muchos años los cinco hijos del matrimonio oficial de Fidel con Dalia Soto del Valle, "han estado obligados a vivir dentro de Punto Cero, porque Fidel no les permitía vivir fuera". 
De hecho, hay otras 200 residencias de lujo en los alrededores de Punto Cero que han permanecido deshabitadas durante casi 30 años por órdenes del propio Castro. Solo algunas de ellas se han utilizado eventualmente para alojar a amigos de Fidel, como el brasileño Fray Beto, Margot Honecker en sus viajes de turismo de salud tras la caída del muro de Berlín, o El Gabo y Mirtha Díaz Balart cuando visitaba Cuba para ver a su hijo Fidelito, que han sido inquilinos de la archifamosa Casa No. 6 de Punto Cero, entre muchos otros.
Abraham Maciques 
Maciques continúa ocupando un puesto prominente de la economía alternativa en Cuba; sigue vinculado a todos los negocios del “capitalismo” de estado cubano, y aunque ha sido demovido de varios cargos como el de gestor de Cubanacán o del Palacio de las Convenciones, continúa teniendo poder, mientras otros dirigentes de su generación ascienden y se desploman a su alrededor. Norberto Fuentes describe muy bien su estatus de hombre corcho:
“Las organizaciones cambian de nombre, se reestructuran, desaparecen, él mismo cambia de título... pero ha seguido ahí, en esa área neurálgica donde el acceso a la buena vida, las divisas, la corrupción y los sobornos es tan fácil. Tipo hábil y poderoso, sin duda alguna. Sus hijos, bien posicionados, mantienen perfil bajo y viven a todo tren, pero ninguno es tan formidable como el padre. Y me sospecho que, cuando los dinosaurios vayan abajo, Abraham Maciques todavía estará ahí, con los hilos de los negocios y las cuentas jugosas en sus dedos, el interlocutor de los que ya están y de los que vienen”.
La mujer de Maciques y madre de Fito, Roxana Rodríguez, falleció en 2011 y se llevó con ella todos los secretos de su idilio con el amigo de su marido, y de las circunstancias en que fue engendrado Fito. Su viudo, el sibilino Abraham también lo hará seguramente cuando deje este mundo.
¿Hablará alguna vez Fito de ellos, en calidad de única víctima de sus padres biológicos y de su padre de crianza, o permanecerá en silencio como otra de sus medias hermanas bastardas, que también fue engendrada por Castro y la mujer de otro de sus colaboradores?

¿TANIA CROMBET RAMOS?

Jaime Alberto Crombet Hernández-Baquero fue un pez gordo del “establishment” castrista, casi hasta el día de su muerte. Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde 1975, y fungió como vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la Isla. 

Jaime Crombet
En su juventud, Jaime fue presidente de la Federación Estudiantil Universitaria y Primer Secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas de la Universidad de La Habana y de esa misma provincia en 1964. También fue Secretario del Comité Nacional de Ia UJC, Jefe de la Columna Juvenil del Centenario, Segundo Secretario del Comité Provincial del PCC en Camagüey, Jefe Político del Frente Norte en la República Popular de Angola, Primer Secretario del Comité Provincial del PCC en Ciudad de La Habana, Embajador de Cuba en Angola, Primer Secretario del Comité Provincial del PCC en Pinar del Río, Secretario del Comité Central del PCC, vicepresidente del Consejo de Ministros y Coronel de la Reserva de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.
Jaime Crombet, resumiendo, es posiblemente el dirigente de la revolución que ha ocupado más cargos y de naturaleza más diversa en la historia reciente de la dictadura cubana, y no es casual. Siempre fue un hombre de confianza de Fidel. Hasta que dejó de serlo. 
Fidel Castro y  Jaime Crombet en recorrido por la provincia afectada por el ciclón Alberto, el 9-6-1982.
Crombet tuvo oficialmente tres hijas con su mujer Ofelia Ramos; Celia, Ofelia y Tania Crombet, esta última casada con el ex-ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, que como todos sabemos, salió por el techo de la casa real, y desde entonces ha sido condenado al ostracismo por “haberse propasado en sus obligaciones, obcecado por las mieles del poder” en palabras de Raúl Castro. 
Las tres hijas de Crombet estudiaron Medicina en la facultad "Enrique Cabrera" (Hospital Nacional en Altahabana) cuyo Decano era el Dr. Sandalio Durán, nefrólogo del Hospital Infantil "William Soler". Este médico tenía un hermano chivato de la Seguridad del Estado en el Reparto Fontanar que –según me cuentan–, tenía la misión de vigilar los pasos de la hija de Fidel Castro en esa institución.
Todas las biografías oficialistas de Jaime Crombet publicadas en medios adscritos al régimen castrista, mencionan a sus hijas, pero jamás a su mujer ni a su madre. ¿Por qué? 
Tania Crombet Ramos, presunta hija bastarda de Fidel Castro
La razón es el ya público vínculo sexual de Fidel con Ofelia, que terminó –como en el caso de Roxana y de Lupe Véliz–, en un bombo y un bebé. 
Ofelia Ramos no tuvo nunca buena prensa en la corte roja, y se granjeó multitud de enemigas, mujeres en su mayoría: Celia Sánchez, Vilma Espín, la propia Lupe Véliz y Melba Hernández entre otras, pedían su cabeza constantemente. 
No puedo asegurar a ciencia cierta cuál de las tres hijas de Ofelia es la hija de Castro, a pesar de que mis pesquisas y los rumores en los mentideros de la Isla, apuntan a que es Tania Crombet Ramos, la mujer de Felipe Roque. Tania fue Jefa del Departamento de Inmuno Farmacología del Centro de Inmunología Molecular, y colabora en publicaciones de Estados Unidos como la Journal of Clinical Oncology. 
Pero tampoco importa mucho la identidad de esta ilustre bastarda. Bástenos saber que su madre y mujer de Jaime, a diferencia de Roxana y Lupe, fue sacada del tablero de juego de la revolución casi desde que dio a luz a la hija del monstruo.
El 23 de julio de 2012, Jaime Crombet fue demovido de su cargo como vicepresidente del Poder Popular después de 20 años ejerciendo esa responsabilidad. Se dijo oficialmente que su retiro obedecía a razones de salud. Pero nanai.
Si los otros amigos del Comandante, víctimas de su “picha alegre”, entraron por el aro y no le ocasionaron demasiados problemas al líder, el clan Crombet no se comportó a la altura de los deseos del dictador. 
La madre del propio Jaime, Manuelita Hernández-Baquero, fue una feroz oponente de la revolución y víctima de Fidel Castro, que la metió en la cárcel con la aprobación de su propio hijo. Manuelita fue una de las primeras presas políticas del castrismo, y algunos de sus parientes del clan Hernández-Baquero han sido objeto de la misma persecución. 
Por si fuera poco, Ofelia Crombet, otra hija de Jaime, hace tiempo que le vendió el cajetín a la revolución, y se fue a vivir a Miami a mediados de los años 90s, al poco tiempo de que su cuñado y marido de su hermana Tania, Felipe Roque, fuera ascendido a Ministro de Relaciones Exteriores. 
Con Ofelia se reunió en 2009 su sobrina Iraida Pérez Crombet, la hija de Felipe y Tania, cuando su padre explotó como Cafunga. Llegó allí después de haber desertado en Venezuela pasando antes por Maracaibo, donde funciona una comisión de ayuda a los desplazados y refugiados, y donde al parecer, no encontró ayuda. De allí se fue a Maturín, capital del oriental estado Monagas, donde estuvo diez días, auxiliada por grupos cristianos que le dieron protección, hasta que logró salir por Guyana (o Trinidad) rumbo a Miami, para reunirse con su tía.
Un video oficial que aborda los motivos de la sustitución del vicepresidente Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, se presentó a un grupo selecto de la élite gubernamental cubana, según El Nuevo Herald. 
Felipe Perez Roque y Carlos Lage
Dice el tabloide que hay dos versiones: una corta de casi tres horas y otra larga de siete, y que –cito–, “ambas contienen imágenes y declaraciones comprometedoras de Lage y Pérez Roque sobre Fidel, Raúl y José Ramón Machado Ventura –al que llaman "el hombre del bisoñé'–, chistes de Felipe sobre la enfermedad y los años en el poder de Fidel Castro, y cuestionamientos sobre la capacidad de Raúl para dirigir el país. Y además –atención– también sobre Ofelia y sus escarceos de cama con Agapito, a sabiendas de su marido Jaime, su suegro”.


El ex canciller Felipe Pérez Roque, esposo de Tania Crombet 

Raúl Castro relata en el video, que invitó a Jaime Crombet a escuchar lo que decía su yerno sobre Ofelia, Fidel y “la dirigencia histórica del país'', y acto seguido lo tronó. Jaime falleció en La Habana el 24 de mayo de 2013, a los 72 años, tras una enfermedad prolongada, sin haber obtenido el perdón de sus jefes.
Pero apartando estos sinsabores que le ha dado el clan Crombet a Fidel Castro, los hijos bastardos del asesino no le ocasionaron demasiados problemas al crecer; más bien se los ha dado él a ellos. Como le pasó a Ciro.

CIRO 

En los años sesenta, Fidel tuvo una relación fugaz con una mujer desconocida hasta hoy, de la que nació otro hijo, y al que insistió en llamarle Alejandro, nombre con el que siempre estuvo obsesionado, porque era el de Alejandro Magno, de quien se sentía casi la reencarnación. 
Al crecer, el pobre Alejandro tuvo que cambiarse el nombre por el de Ciro, porque Dalia acababa de parir a su primogénito, y reclamó la denominación del patriarca para él. El propio Fidel Castro originalmente, se llamaba Fidel Hipólito Castro Ruz, y a los 18 años, se lo cambió por Fidel Alejandro, a causa de sus paranoias con el mítico personaje histórico.
Ciro ha sido hasta hoy, un hombre discreto, tanto que de él apenas se sabe el nombre y poco más. Sobre la identidad de su madre se especula desde hace muchos años. Hay quien dice que es hijo de la mujer de uno de los primeros guardaespaldas de Agapito, cuando bajó de la Sierra, y otros aseguran que su madre pertenecía al personal diplomático del MINREX, y que lo abandonó para desertar del régimen. Ruedan por ahí al menos cinco o seis teorías más sobre la identidad de la madre de Ciro, pero nunca ha podido confirmarse ninguna. Yo tengo el pálpito de que muy pronto volveremos a saber de ambos.

MARXISMO DE MANUAL 

Marx y Engels sentaron las bases científicas de lo que debería ser el comportamiento sexual de un comunista. 
Cuando Marx dejó embarazada a su criada Helene Demuth, le pidió a Federico Engels que asumiera esa paternidad para guardar las apariencias frente a su esposa, Jenny Marx, y no deteriorar su imagen social ni política. Engels lo hizo con mucho gusto, y la hija de Helene no se enteró de quién era su padre hasta muy avanzada edad. 
Fidel parece haber copiado al carbón esta práctica, y quizás por eso fomentó a lo largo de medio siglo de desgobierno, miles de rumores sobre posibles paternidades ocultas, algunas de ellas vinculadas a varios amigos cercanos. La rumorología sobre este asunto es tan extensa que no puedo incluirla toda en esta crónica.

LA RUMOROLOGÍA 

Radio bemba achaca esa propensión del dictador a meterla en todas partes, a su afición desde su etapa de universitario, a devorar ostiones y sopa de cabeza de cherna, y comer chocolate en todas sus variedades. Esta compulsión por los alimentos afrodisíacos no es rara ni difícil de entender, pero otra cosa es seguirle la pista a sus conquistas de cama.
Una de sus amantes, la mexicana de origen español Isabel Custodio lo definió como «El hombre de manos suaves y dedos finos y largos», y lo calificó de “locuaz, rudo y de verbo encendido”, aunque Marita Lorenz ha dicho que a la hora de la verdad, “lo hacía rápido y mal”.
Según Juan Gasparini, autor de «Las mujeres de los dictadores» se suele olvidar su affair con la atractiva Lucila Velázquez –amiga de Hilda, la mujer de Ernesto Guevara–, con quien tuvo esporádicos encuentros, y la casi adolescente mexicana Lilia Amor, de extraordinaria belleza.
Probablemente Fidel se hubiera casado con Lilia, porque se enamoró de ella casi de forma enfermiza, y hasta le propuso matrimonio. Ella llegó a pedirle permiso a sus padres para hacerlo, pero a él lo mataban los celos –le prohibía usar bikini– y después de un mes, cuando ella rompió para casarse con su novio anterior, Fidel le dijo despectivamente: «Cásate con él, que debe ser más adecuado».

Si en el exilio, Fidel fue proclive a las relaciones sexuales frecuentes, después del triunfo revolucionario en el 59, no sólo él, sino todos los «barbudos» que bajaron de la Sierra se convirtieron en sex symbols y eran acosados por las jóvenes cubanas con fines de cama. Esos primeros años de revolución fueron una verdadera orgía sexual para los barbudos. 
Se rumorea que además, Fidel fue padre de una niña ya avanzados los años 60, que nació y vive en una ciudad del interior de la Isla (¿Camagüey?). La foto que adjunto suele ponerse como ejemplo de la existencia de la criatura, pero nadie ha podido comprobar su identidad.
Probable hija bastarda de Fidel Castro
Hay también teorías difíciles de creer –pero no imposibles de ser ciertas– que le achacan la paternidad de la ex-vocera de la Fundación Nacional Cubana Americana, Ninoska Lucrecia Pérez Castellón, cuya madre fue condiscípula y novia de Castro en la Universidad de La Habana, y que pudo haberse quedado embarazada de él a finales de 1949. Pero creo que esto es ya delirar. 
Ninoska Lucrecia Pérez Castellón
También las malas lenguas aseguran que su primogénito Alex Castro, hijo de Dalia Soto del Valle, es en realidad hijo de José Abrantes, -novio de Dalia en su juventud- y que existe una tal María Victoria, a.k.a. «Coco», fruto de la relación secreta de Castro con la coronela Marta Artecona, cuya otra hija, María Teresa, habría sido engendrada por Ramiro Valdés.
María Teresa está casada con Casariego, ex miembro del MINIT, antes oficial de Tropas Especiales, y –según me informan–, vive con su marido casi escondida en un efficiency en Miami, para pasar inadvertida y ocultar que es mantenida desde Cuba por su legítimo padre, Ramiro Valdés. Se dice que en el barrio son conocidos por el sobrenombre de "Los San Lázaro de Miami.
Otras versiones van más allá, y aseguran que la Coronela Marta Artecona, exiliada y fallecida en Kendall, Miami, tuvo cuatro hijos: Raúl, María Teresa, Piki y María Victoria (en la foto), y que no una, sino dos de sus hijas, son también hijas de Agapito. 
María Victoria Belius Artecona, posible hija bastarda de Fidel Castro
La mayor, llamada María Eugenia, conocida como “Piki”, profesora de Matemática en el MDCC, está casada con unos de los gerentes del Dorado Furniture.
La Coronela Marta Artecona (a.k.a “Aida” en el MININT) fue una de las jefas del inquietante y temido Departamento 4 la DGCI, que se encuentra en el edificio de la Calle 19 y O, frente al Hotel Nacional de Cuba. Marta vivía frente por frente a la Sección de Intereses norteamericanos en La Habana, y por “desacuerdos con los mandos” pidió el retiro y puso una “paladar” de comidas en su casa, que se convirtió en el lugar predilecto del personal americano de la sede diplomática para almorzar y comer. Eso motivó que el lugar se convirtiera en centro de espionaje de la técnica operativa de la DGI y DGCI, donde se obtenían grabaciones de audio y video de todo lo que se hablara allí.
Marta Artecona falleció a los 82 años en Miami, víctima de un cáncer terminal en un hospital de Kendall luego de batallar por los últimos seis meses contra la enfermedad, según dijo una fuente familiar. Durante su permanencia en el MININT estuvo estrechamente vinculada al comandante Ramiro Valdés y a José Abrantes. Tras su retiro, ayudó a sus cuatro hijos a reencauzar sus vidas y logró sacarlos del país. Después reclamó su ciudadanía americana, porque su padre nació y vivió en Estados Unidos, y se fue a vivir a Miami.
Artecona se llevó a la tumba importantes secretos, entre ellos el de la paternidad de Fidel, de dos de sus hijas. Una de ellas está casada con Gustavo López Callejas, hermano del coronel Luis Alberto López Callejas, esposo de Deborah Castro Espín y yerno de Raúl Castro. Al morir, Artecona estaba reuniendo información para escribir un libro de memorias, y tenía en su poder decenas de documentos inéditos relacionados con Fidel Castro.
Finalmente, el rumor más extendido: que Agapito toda la vida sufrió de impotencia, (de ahí su obsesión por consumir alimentos afrodisíacos) y que, por esa razón, su última mujer Dalia Soto del Valle, ha estado muchos años acostándose con uno de sus guardaespaldas.
Todas estas son especulaciones sin fundamento, pero algo trae el río cuando suena tanto. Con toda seguridad, en el futuro saldrán más bastardos del rey, reclamando su cachito de ADN imperial. Y nos enteraremos de más basura que sigue hoy escondida bajo la alfombra.

Es una ley del marxismo.