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Foto de estudio a los 63 años de edad de José Francisco Martí Zayas-Bazán |
Por Carlos Ferrera Torres
“(…)
Ya sabe usted, señor Vasconcelos, cómo siente Pepito Martí, pues uso el
diminutivo con que me conocían y cariñosamente me llamaban mis compañeros de
armas en la manigua, y el apellido que creo haber sabido llevar con el decoro y
respeto que exige ese nombre que pesa tanto…”
José
Francisco Martí Zayas-Bazán
Cuando a principios del siglo XX, el hijo del Apóstol era olvidado y
ninguneado por el gobierno de Estrada Palma, y en lo personal, ignorado por el
propio presidente, una familia rica de provincias, muy cercana al jefe del
estado, se posicionaba en la capital de la Isla. Eran los Bances, un clan
poderoso de la burguesía rural de Oriente.
Don Victoriano Bances era un próspero banquero, gran amigo de la
familia del presidente de la primera República, y dueño de uno de los más ricos
patrimonios de Oriente. Aunque Victoriano era santiaguero, su hija María Teresa
Bances y Fernández-Criado, conocida como Teté Bances, nació en La Habana el 8
de febrero de 1890.
María Teresa fue criada entre oropeles, con institutrices francesas,
era refinada, culta y políglota, y desde joven viajaba a Europa con frecuencia.
También, como su padre, era muy cercana a la familia de Estrada Palma.
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Foto de una postal escrita y firmada por el entonces presidente Estrada Palma, dirigida a la familia Bances |
En París, Teté conoce a Pepito cuando éste se encontraba de viaje en
misión de Gobierno, se enamora de él y ambos deciden contraer matrimonio. El
padre de Teté manda entonces a construir para ella un hermoso palacete en Calle
Calzada entre y 2 y 4, en El Vedado, que le regala como parte de la dote de
bodas, y que Francisco convertirá en su hogar de casado. Hoy es el Centro de
Estudios Martianos de Cuba.
La boda de José Francisco Martí y Zayas-Bazán y María Teresa
Bances se celebró con gran magnificencia el 21 de febrero de 1916, pero este
idilio también será objeto de burdas mentiras y manipulaciones, porque ha sido
etiquetado una y otra vez como “matrimonio perfecto” y ejemplo de amor y paz
conyugal. Nada más lejos de la verdad.
El fallecimiento de Carmen Zayas-Bazán marcó el principio
del viacrucis que vivió su nuera al lado de su hijo.
MUERTE DE CARMEN ZAYAS-BAZÁN
E INFIERNO DE TETÉ BANCES
Carmen murió el 15 de enero de 1928 en su casona de la calle
8, entre 21 y 19, en El Vedado. En la fachada de esta vivienda se colocó una
lápida el día 25 de marzo de ese mismo año, en recuerdo a la mejor compañera
del Apóstol, por iniciativa de la institución Nacional de Patriotas, y de su presidente
Néstor Nodarse de Armas.
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Leonor Pérez, su hija Leonor Martí, su nieto Pepe Martí Zayas-Bazán y la madre de este, Carmen Zayas-Bazán |
El único recuerdo de esa unión tan dolorosamente vivida por
sus protagonistas y finalmente fracasada, fue el álbum de fotos de su boda en México,
que la viuda del prócer guardó con cuidado y cariño, y que pasó a manos de su
hijo José Francisco. Carmen se llevaba el álbum con ella en sus viajes, e
incluso se lo dio a firmar a Enrique José Varona en Nueva York en 1898 y a
Máximo Gómez el 21 de marzo de 1899 en La Habana.
No puedo afirmar con rotundidad que este documento, de valor
histórico incalculable, hoy no forme parte del fondo documental del Centro de
Estudios Martianos, pero tengo razones para sospechar que no está allí, que
comentaré más adelante.
La relación tormentosa de José Martí con Carmen Zayas-Bazán,
requiere un tratamiento meticuloso y monográfico para ser entendida –y tratada–
con justicia, en toda su dimensión sentimental y humana. Y hasta fechas
recientes, eso se había hecho poco y mal.
Por suerte, varias voces se han alzado después para
reivindicar a Carmen y colocarla en el lugar que merecía, sin miedo a que Martí
quedara mal parado en lo tocante a asuntos de amor y a historias familiares. No
había tal “perfección” en su vida privada, y ha sido estúpido por parte de
quienes le han dorado la píldora durante un siglo, que intentaran taparle esos
lunares, denostando a la mujer que más lo amó en su vida. Sin embargo, de él no
puede decirse lo mismo. “Es tan bella mi Carmen, es tan bella” es solo un
verso, parte de un poema que nos hemos empeñado en ver como el paradigma del
amor. No lo es, nunca lo fue.
El amor de Pepe por Carmen fue un “amor de poeta”, un
arranque circunstancial de afecto, que muy pronto demostró ser equivocado y que
estuvo obligado a consumar por muchas circunstancias, algunas de ellas ajenas a
sus sentimientos.
No estoy diciendo con esto que Martí no amara a Carmen; lo
hizo, pero solo por un tiempo, intermitentemente, y nunca con la pasión que
sintió por otras mujeres que pasaron por su vida. Martí se tomaba con total
entrega e interés todas sus obras públicas y privadas, y enfrentó el matrimonio
con el mismo entusiasmo con que aceptó que su sino, era luchar por Cuba. Pero
ni de lejos estaba igual de preparado para ambas encomiendas.
No me he extendido mucho en la naturaleza de este amor con
el detalle que merece. Ya lo ha hecho más y mejor, la brillante investigadora
cienfueguera Mirtha Luisa Acevedo y Fonseca, en su libro “Bautismo en Soledad”,
que reivindica a la mujer del líder como jamás nadie lo había hecho.
He intentado resumir aquí los elementos más importantes de
este idilio, para que puedan entenderse mejor sus consecuencias en la vida del
hijo de los dos. Lo merece un siglo de injustas injurias y crueles agravios
hacia Carmen, y de excusas machistas y paños calientes a Martí.
Carmen murió en soledad, solo acompañada de su hermana
Manuela y de los hijos de ésta. Manuela fue el único miembro de su familia
paterna que la apoyó incondicionalmente hasta el fin de sus días.
Su hijo se encontraba realizando tareas del gobierno en los
Estados Unidos y regresó para sus exequias, según se cuenta, muy triste y
abatido. Su carácter desde entonces cambió. Desapareció su proverbial
sociabilidad, su presencia casi constante en las fiestas de la jet y en el Club
Militar, donde solía asistir los fines de semana a jugar dominó. También dejó
de asistir a las tertulias políticas que se celebraban en casa de otras
familias de ex combatientes de la guerra, su salud comenzó a empeorar, y se
hicieron más frecuentes sus viajes al extranjero para visitar a sus médicos.
Paralelamente fue decayendo su prestigio social, y cada vez
recibía más críticas de los miembros del ejército, el Gobierno y la aristocracia
habanera. El vapuleo llegó a ser tan insoportable para su ego, que ya en mayo
de 1927 escribió una carta abierta a Ramón Vasconcelos, redactor de El País, protestando
por el artículo titulado “Valores actuales”, en que Vasconcelos lo enjuiciaba
duramente por su actitud deshonesta, contrarias a las ideas de su padre. Pueden
encontrar el contenido del documento en la red y valorar las palabras de José
Francisco.
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José Francisco y Teté Bances junto a Carlos Manuel de Céspedes y Quesada en la embajada cubana en Estados Unidos |
En 1928, tras la muerte de su madre, junto con Juan Gualberto
Gómez y un grupo de intelectuales, José Francisco se opuso a la prórroga de
poderes del dictador Gerardo Machado. Cuando cayó el tirano, hizo un intento de
volver a la política activa incorporándose al Partido del ABC, donde llegó a
ser vicepresidente.
Dice la historia oficial que lo hizo “con la creencia de que
esta organización haría culto a la dignidad del hombre y mejoraría la situación
del pueblo, pero no identificado con el rumbo gansteril de la organización,
José Francisco se retiró definitivamente de los asuntos públicos y se refugió
en su vida familiar y privada”.
Por supuesto que pongo en duda esa afirmación, teniendo en
cuenta que José Francisco se alejó del pueblo y de sus luchas de forma radical,
y porque vivió y pensó como un burgués hasta el día de su muerte. Desde
entonces se encerró en el palacete de su mujer en la calle Calzada, lleno de rencor
y amargura.
Y la principal perjudicada de su ostracismo y su mal
carácter, fue Teté.
LAS RAZONES DE RAFAELA
Casi todos los acontecimientos infaustos de mi vida, han venido
siempre acompañados de una experiencia positiva; y en ese sentido, mi suerte
siempre ha sido ambivalente.
En 1981, recién matriculado en la Facultad de Arquitectura
del ISPJAE en La Habana, mi madre ingresó bastante enferma, durante un mes, en
la clínica La Dependiente de esa ciudad. Y quiso el destino –felizmente para
mí– que su compañera de habitación, aquejada de idéntica dolencia, fuera una
mujer excepcional, a la que ya conocía sin haberlo visto nunca antes: la
escritora y docente cubana Rafaela Chacón Nardi.
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Rafaela Chacón Nardi |
Con Rafaela tuve el gusto de disfrutar de una corta pero
fructífera relación amistosa, y de entablar varias conversaciones interesantes
a lo largo de las dos semanas que compartió habitación con la mujer que me dio
la vida. Hablamos de muchísimas cosas –era también una gran filósofa y experta
en el arte de vivir– y por supuesto de historia y de literatura; sus dos
pasiones que, con el tiempo, también fueron las mías. Y siendo ella una martiana irreductible, me
contó muchas cosas que no sabía de la vida del Apóstol. Y también de la de su
hijo.
Me ha sido relativamente fácil escribir esta crónica, porque
la mayor parte de sus titulares me los dio Rafaela durante aquellas tardes de
charla en los portales del pabellón de hospitalización de La Dependiente. Era
un edificio neoclásico austero y hermoso, rodeado de vegetación, un entorno
fantástico para escuchar pasajes añejos de la historia de Cuba, directamente de
los labios de una de las más importantes escritoras cubanas contemporáneas.
Por Rafaela fue que comencé a desmitificar a José Francisco
Zayas-Bazán, a poner en un lugar más justo a su madre, y a mirar con ojos más
humano al Apóstol, al que hasta entonces consideraba un ser perfecto. Y gracias
a su aplastante honestidad narrativa, pude conocer también detalles íntimos del
matrimonio Martí Bances, hasta entonces desconocidos para mí.
Rafaela me contó que, como visitaba con frecuencia el Centro
de Estudios Martianos, que había sido la antigua residencia de Pepito y Teté,
una vez conoció en el barrio a una de sus ancianas vecinas, de nombre Marta González
Ortiz de Zárate.
Marta había nacido allí cuando el barrio también recién
nacía, y su casa natal colindaba al fondo con la casona de Teté Bances y José
Francisco Martí. Los conoció prácticamente desde que abrió los ojos y esa
cercanía le permitió enterarse de muchas cosas que ocurrían allí “de puertas
para adentro” y que después le transmitió a la Chacón. Yo las escuché de labios
de la propia Rafaela con los ojos como platos; la peor de ellas, los malos
tratos que Pepito infligía casi diariamente a su mujer.
Otra vez debe enmendársele la plana al discurso oficial.
Desde la muerte del hijo de Martí, sus biógrafos no han parado de pregonar la
supuesta “felicidad” de su matrimonio con Teté Bances, cuando en realidad la
pareja jamás fue feliz, sobre todo en lo que respecta a ella.
Rafaela me contó que Marta presenció desde su ventana
decenas de veces, cómo Teté era víctima del mal carácter de su marido, que no
vacilaba en usar cinturones y palos de escoba para pegarle a su mujer. “Gritaba
mucho, porque era sordo y hablaba muy alto”, me dijo la Chacón.
No puedo recordar en detalle todas las confidencias de la
escritora, pero sí que me las reveló visiblemente molesta con el hijo del
Apóstol. Solo recuerdo que una de estas palizas ocurrió un 31 de diciembre en
una cena organizada por el matrimonio para agasajar a invitados de ilustres, que
al final tuvieron que llamar a la policía y requerir de una ambulancia para
trasladar a Teté a un hospital. Así se las gastaba el Ismaelillo con la mujer
con la que se casó.
MUERTE DEL HIJO DEL APÓSTOL
Aquejado de una enfermedad pulmonar incurable, José
Francisco Martí Zayas-Bazán muere en su cama el 22 de octubre de 1945. Teté
Bances le guardará luto riguroso y lo llorará aun durante un tiempo, pero
también descansará por fin de él.
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Los funerales de José Francisco Martí en su casa de Calzada y 4. Foto tomada del libro Vida de Ismaelillo. |
José Francisco fue enterrado con los honores militares que
sus múltiples cargos y condecoraciones le otorgaban, y además condecorado post
mortem con el grado de Mayor General.
Lo velaron en la casa, y sus restos se trasladaron después
al Salón de los Pasos Perdidos, del Capitolio Nacional, para rendirle los
tributos acordes a su jerarquía militar. Se proclamó duelo oficial en todo el
país, y a sus exequias asistió una representación del Estado y los cuerpos
militares. Sin embargo, no fue su amigo Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, ni
ningún miembro de la familia de Máximo Gómez. Los alumnos de la Escuela Normal
de Maestros “José Martí” hicieron una guardia civil de honor toda la noche
anterior al entierro, y al sepelio asistió el entonces presidente de la
República, Doctor Ramón Grau San Martín. La despedida del duelo corrió a cargo
del también político y amigo de la familia, Doctor Joaquín Martínez Sáenz.
El cortejo fúnebre, escoltado por una guardia de honor del
Ejército, partió desde el Capitolio por las calles del Paseo de Martí (hoy Prado)
rumbo al Malecón, y luego por la calle 23 hasta el cementerio de Colón en
Zapata y 12. Lo acompañaron también representantes del Gobierno, funcionarios
públicos, y una multitud popular.
Así fue despedido en su última morada el hijo del Poeta.
TETÉ BANCES, LA VIUDA INFELIZ
En la histórica casona de la calle Calzada, Teté Bances poseía
una valiosa colección de centenares de objetos de gran valor artístico e
histórico, y que Francisco amplió esquilmando viejas mansiones de familias de
próceres, utilizando su apellido y su poder como militar de alto rango.
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Teté Bances, el General Enrique Loynaz del Castillo y Cosme de la Torriente |
José Francisco
Martí se llevó “prestados” recuerdos y documentos de Carlos Manuel de Céspedes,
de la casa de Almendares que ocupaba su hijo Carlos Manuel de Céspedes Quesada,
de la residencia de Máximo Gómez que habitaban sus herederos, y de las
viviendas de otros descendientes de héroes de la guerra. A todos pidió en
préstamo objetos y recuerdos personales de sus padres y familiares para
supuestas exposiciones, que jamás devolvió. Céspedes Quesada le retiró su
amistad por eso.
Al triunfo de la revolución, la casa de Tete Bances se convirtió
en el refugio de damas de la aristocracia habanera, asiduas a sus sonadas
tertulias. Y es que Teté renació y recuperó la sonrisa cuando murió Francisco,
el marido celoso, déspota y agresivo que le proporcionó tantos años de
sufrimiento.
A las reuniones de la casona de Calzada asistían Rosita
Blanco Herrera, condesa de la Mortera, Natasha Mella, -la hija del líder
comunista que siempre negó esa filiación de su padre-, María del Carmen
González-Carvajal y Álvarez-Cabañas, primera Marquesa de Avilés y Marquesa de
Pinar del Río, -su mejor amiga-, las hijas de Cisneros y de Gómez, las sobrinas
de Carlos J. Finlay, las Revilla de Camargo, las jóvenes hermanas Loynaz del
Castillo y muchas otras grandes damas. Retomaban así la relación amistosa con
la mujer que se había retirado de los eventos de sociedad, por el deseo de su
nefasto esposo.
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La Marquesa de Pinar del Rio Giovanni Boldini (1926). |
Se sabe que, en varias oportunidades, Fidel Castro insistió
en tener un encuentro con Teté Bances, al que siempre ella se negó. Hasta su
muerte se manifestó frontalmente opuesta a la revolución, aunque nunca se fue
de Cuba. Quizás por eso, durante algún momento del “proceso”, él dejó de
insistir. Se vengó ignorándola para siempre, pero le puso una posta de
vigilancia disimulada en un apartamento en la esquina de Calzada y 4, por razones
que enseguida explicaré.
Muy pocos cubanos de a pie sabían de la existencia de Teté
en esa vivienda que conservaba parte de la historia de Cuba y de nuestro
Apóstol. Con el tiempo, todas las amistades ricas de la Sra. Bances fueron
muriendo o abandonando el país. Su casa devino en almacén de tesoros artísticos
que le iban legando sus amigas, ya sea como donaciones o con la intención de
que ella se los guardara, para cuando se produjera el futuro y anhelado cambio,
que nunca llegó.
En la casa vivían junto a Teté varias personas, una
servidumbre que la acompañaba desde que era joven, y Congo, un negro esclavo de
cerca de 100 años, nacido en el seno de la familia y que se había convertido en
un pariente más.
José Francisco había heredado en depósito muchos documentos
de su padre, algunos vinculados al fusilamiento del general Roberto Bermúdez,
jefe de la vanguardia del Ejército Invasor y héroe de las Taironas, poemas no
publicados, cartas de su amigo Fermín Valdés, y su maestro Heredia y el
nombramiento del General Gerardo Machado, el militar más joven de la guerra, de
solo 24 años, a instancias de su padre, el Mayor Machado. Muchas historias
inconclusas podían salir a la luz pública, si caían en otras manos que no
fueran las de Castro. Por eso él vigilaba.
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Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, |
El día que murió Tete Bances, Fidel Castro dio la orden de
sellar la vivienda, y poner postas de vigilancia las 24 horas del día. Los
únicos autorizados a entrar en el inmueble fueron Alfredo Guevara, Eusebio Leal
y Armando Hart, este último sería el responsable de la casa, y de lo que había
en su interior.
La vieja casona acababa de convertirse en el Centro de
Estudios Martianos, previo saqueo de todo lo que no fuera “martiano” e incluso
cosas que sí lo eran. Desaparecieron vajillas, obras de arte, cajones de
documentos, mesas, lámparas, pianos, cuadros, y hasta manteles y cortinas.
Nadie sabe con certeza a dónde fueron a parar. ¿O sí?
Ahora se sabe que Alfredo Guevara poseía la colección de
arte cubano privada más completa de la Isla, solo superada por la de la difunta
Vilma Espín, que aun Raúl conserva en su casa en el edificio de 26 y Zapata.
También es de todos conocido que Eusebio Leal posee una galería de arte cubano
con muchas piezas y documentos únicos.
Y es público y notorio entre historiadores y "segurosos" cubanos, el relato que corre hace décadas en los mentideros de La Habana, de que en Punto Cero, residencia de la familia Castro Soto, existe una
caja fuerte en cuyo interior hay una urna de cristal blindado que contiene
varios poemas inéditos del Apóstol, un tintero de su propiedad y un par de las
estilográficas que utilizó en Tampa.
A Martí le habría parecido este, un final muy similar a
"Los Zapaticos de Rosa", pero estaría muy disgustado.
CONCLUSIONES
Mi intención al escribir esta crónica, ha sido solo abundar
en las múltiples mentiras tejidas en torno a la vida del hijo del más brillante
de nuestros patriotas, y también de él. Martí era un hombre inteligente,
íntegro y honesto, pero también pasional, enamoradizo e impulsivo. Y quizás
también por eso, errático e irresponsable en cuestiones de amor. ¿Por qué no
admitirlo, si eso lo humaniza?
Entiendo que no podré evitar que muchos de mis lectores
pongan en duda mis palabras; ha sido esa hasta hoy la actitud de quienes
ignoran la historia verdadera, o que, a sabiendas de ella, prefieren omitirla
antes de reconocerla. Pesa mucho la pleitesía ciega que se le rinde a Martí, -que
suele confundirse con respeto-, y el temor a admitir que su hijo no siguió su
ejemplo.
Soy y seré un martiano militante, defensor sin fisuras del
noble ideario del patriota y admirador ferviente del poeta. Nada tiene que ver esto con su vida privada, ni
con la de su hijo. Ambas merecen ser desempolvadas, en tanto han sido objeto de
omisiones benévolas y de excusas innecesarias para justificar los errores de ambos.
Tantas mentiras y paños calientes nos impidieron durante mucho tiempo, conocer
al hombre irrepetible -aunque imperfecto-, que habitaba bajo la piel del mito, y
al tipo despreciable y cínico que heredó su apellido.
No es culpable Martí de nada de lo que otros hombres no lo
hayan sido antes. Ni siquiera su hijo lo fue, aunque sea difícil encontrar a
alguien que haya matado a 3000 negros en un solo día; Hitler, Pol Pot o Atila
el Huno, ya habían sentado precedentes.
Tampoco ninguno de los dos es responsable de que sus
biografías fueran objeto de absurdas omisiones, y sus pequeñas y grandes
miserias, presas de un paternalismo lastimoso. Era innecesario en el caso del
padre, y es repugnante en lo que atañe al hijo.
No juzgo, culpo, ni demonizo al Poeta, simplemente cuento
como realmente era. Asumo que lo hago con su hijo, porque es mi única forma de
resarcirme de mi indignación por sus actos deleznables, y mi frustración porque
ha conseguido ser honrado por ellos. Me limito a ser justo con la Historia, y
también con sus propias memorias. Se me antoja más limpia en el Apóstol,
mientras más claros nos queden sus defectos. En cuanto a su despreciable
vástago, debe ser recordado como realmente fue, en toda su maldad.
Desde hace más de medio siglo, es imposible que un
columnista de cualquier medio oficial de la Isla, salte el cerco de la censura
con una reflexión política o histórica que se aleje del discurso permitido. El
manual de estilo de la prensa castrista, desautoriza siempre a la verdad, si
conspira contra ella. Ha de conservarse la imagen perfecta de los mártires que
Fidel Castro secuestró de la Historia de todos los cubanos, para colocarlos en
su altar comunista y prostituirlos para sus intereses.
Dar crédito a periodistas serviles como Luzón Pi, Iraida Calzadilla o Rolando Rodríguez, que mienten compulsivamente a sus lectores, es un síntoma de
lastimosa ignorancia, más digna de la compasión, que de la crítica. No culpo a
quienes se tragan el cebo envenenado, pero denuncio a quienes lo fabrican.
Asumamos pues, los pequeños y grandes fracasos de Martí como
padre, como esposo y como cabeza de familia, y encontraremos por fin al hombre
excelente, y no al santo que inventamos para nuestro ego nacional. Quizás así
nos será más fácil valorar sus grandes sacrificios y admirarlo más como
patriota y como hombre.
Saber dónde está la verdad, a veces no es difícil, pero
acceder a ella cuesta tiempo, y con frecuencia, también dinero. Muchos de los
datos que aquí expuse, proceden de documentos de colecciones privadas y
archivos cerrados al público, cuyas licencias de acceso no son baratas. Tampoco
lo son las publicaciones que ya no están en circulación. Soy consciente de que
no muchos cubanos de la Isla tienen los medios para enfrentar una investigación
tan condicionada por el dinero y complicada por la falta de libertad. Por eso
la he hecho yo.
Asumo entonces la veracidad de los hechos que narro, e insto
a quienes me leen a profundizar en ellos y a ponerlos en valor, leyendo la
bibliografía de referencia a que tengan acceso.
José Francisco Martí Zayas-Bazán no fue un digno seguidor
del ideal de su padre, porque manchó su legado y traicionó su memoria.
Y en justicia, así debe recordarlo la historia.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
José Martí; Obras Completas.
José Martí; Ismaelillo.
Mirtha Luisa Acevedo y Fonseca; Bautismo en Soledad.
Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallen; Historia de Familias Cubana,
1943.
Cintio Vitier; Vida y obra del Apóstol José Martí, Centro de Estudios
Martianos, 2006
Cintio Vitier; Gracias, Paula.
Leonardo Calvo Cárdenas; Elogio a la Ignominia.
Ciro Bianchi Ross; Martí Enamorado, Juventud Rebelde.
Luis García Pascual; Destinatario José Martí.
Tania Díaz Castro; Los hijos anónimos de la historia de Cuba, Cubanet.
Eduardo Zayas-Bazán Loret de Mola; Carmen Zayas-Bazán, una vida
trágica.
Iraida Calzadilla; Otro Pepe protagoniza esta historia, Blog Isla del
Sur.
Luis Álvarez Álvarez y Gustavo Sed Nieves; El Camagüey en Martí,
Editorial José Martí, 1997.
Jorge Mañach; Martí, el Apóstol. Biblioteca Básica de Cultura Cubana.
Rolando Rodríguez; La conspiración de los iguales.
Cristina Sánchez Herrera; José Francisco Martí Zayas Bazán, el hijo de
José Martí, un hombre digno. Contribuciones a las Ciencias Sociales, 2011
Horacio Ferrer; Con el rifle al hombro, Editorial de Ciencias Sociales,
La Habana, 2002.
Paula María Luzón Pi; Vida de Ismaelillo. Ediciones Boloña, La Habana,
2004.
Paula María Luzón Pi; A siete décadas de la muerte del hijo de Martí.
Juventud Rebelde.
Enrique Atiénzar Rivero; Andanzas y pasajes del hijo de Martí en
Camagüey. Cubadebate.
Wikipedia
Ecured
No dudo ni por un apice de todo lo que has escrito, ser un investigador serio, honesto con la Historia requiere no solo de muchas horas de desvelo y minuciosa investigacion, lo mas importante es tener los valores que deben de serle inherentes a la profesion. BRAVO CARLOS, una vez mas me quito el sombrero. Gracias por la labor que haces con nuestra historia, y con nosotros, los que te seguimos y leemos.
ResponderEliminarTe sé honesto. Es muy importante este trabajo que haces desde el blog. El historiador serio no debe regirse por política. Debe ser fiel a la verdad. Gracias siempre.
ResponderEliminarQue decirte que ya no sepas.
ResponderEliminarMi respeto crece a cada linea que de ti leo.
Estoy impresionada por el rigor demostrado en esta indagación histórica. Coincido plenamente en la apreciación de Martí, ya que es la mía de antes de leerte. Ahora bien, confieso que prácticamente me entero de la mayoría de las cosas con respecto al hijo. Duele admitirlo, pero no se puede perder de vista la verdad. Y me pregunto si la insuficiente divulgación sobre el problema de los negros no se deba ,precisamente, al papel de José Francisco en la masacre. También sumo puntos a la imagen de Carmen Zayas Bazán . GRACIAS
ResponderEliminarJustamente ese es el motivo Margarita
EliminarEsta crónica estará destinada a convertirse en un texto de obligado estudio y referencia para todos aquellos que emprendan una revisión rigurosa y veraz de la historia de Cuba. La posición y punto de vista de Ferrera para emprender la misma es coherente, honesta y hace honor a la verdad, como debe ser.
ResponderEliminarTe felicito por tu investigacion y por compartirlo con tus lectores. Se equivocan siempre los que endiosan a los proceres de Cuba y de cuaquier otro pais. Ellos fueron hombres de carne y huesos como nosotros y seguro que cometieron muchos errores como cualquier ser humano. Endiosarlos no debe ser tarea de ningun historiador. Por el contrario la tarea de los historiadores debe ser mostrarnoslos tales y como eran en cada aspecto de su vida. En cuanto al hijo de Marti, no me queda duda. La influencia de Marti en su vida fue muy poca, poco se puede influenciar de lejos. El honor y la honestidad no se heredan por el ADN. Eso hay que cultivarlo con el dia a dia y aun asi a veces no dan fruto. Gracias por compartir la realidad y arrojar luz a lo que se debe.
ResponderEliminarGracias a todos por la visita y la lectura, y por las palabras de apoyo.
ResponderEliminarComo se sabe, no hay nada en la historia que no responda a la dialéctica de su tiempo. Los significados que se asignan a los significantes varían con el tiempo y visto, con la óptica que nos ofrece el tiempo decursado, tenemos ahora una mejor opinión del hijo del "Hombre."
ResponderEliminarEstoy impresionada por toda la información del blog. Me he leído los capítulos del estudio martiano con ferviente devoción y curiosidad. Gracias por todo el trabajo que entregas abiertamente al mundo.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar(Mi nombre es Nelson Machín Viera. Soy torpe para andar con la computadora y no he podido responder sin que aparezca el nombre de una empresa que tuve).
ResponderEliminarLe he leído con detenimiento y me deja frío por el contenido y por la riqueza hallada en su forma de expresarse que dejan vuestro trabajo como blindado, realizado de una forma contra la cual sería difícil desenterrar otra para contradecir. Tengo un trabajo hecho al respecto -desde hace muchos años- que no abunda en lo contrario por carencia de tantos datos, pero donde pongo al muchacho como a otro bueno apto para morir de cara al sol, más, me honra decir que no puedo oponerme al suyo porque ahonda en partes que solo podían salir a la luz si alguien las sacaba y eso hizo usted, sobre todo, partiendo del encuentro que tiene en el hospital con la señora que le habla sobre la parte oscura. En mi caso me guié por un libro que ya no tengo, que sustraje de los antiguos maristas de Cienfuegos antes de que acabara en los baños, donde colocan al hijo de Martí como al héroe que imberbe se incorpora a la guerra y al militar que tiene que asumir -en cumplimiento de órdenes- la solución del conflicto creado por los independentistas de color que, es en realidad lo que consideraba que lo anula por completo en un país donde tal tema es espinoso como lo fue y será. En mi artículo, paso del hecho histórico a su final, como el de un tipo que se oculta para no vivir a costa de la obra de su padre, pero usted me deja de piedra y helado con su investigación y redacción, al punto que al final del mío cuando tenga el blog (si no me da por borrarlo) he de recomendar el suyo, y no para que lo comparen... sino, porque es justo que de la moneda se vea otra cara. Me es muy agradable leer cómo usted ve al padre, al Martí humano cuyos méritos le quedan en paralelo, pero que es también un ser de carne y huesos. Le diría mucho más y todo como elogio aun cuando quedo en el derecho de ponerme a pensar en tantas cosas que pudiera revolver en mis adentros, pero no para entrar en contradicciones porque eso no me es agradable por aquello que de los humanos se puede esperar porque a cualquiera de nosotros se nos sobran ejemplos cercanos para saber que -ciertamente- hay (o hubo) vecinos y familiares cuyos hogares convertían en infiernos y, que en la calle se comportaban como ángeles. De verdad que ha sido muy bueno su trabajo, y barato seguro que no salió. Expresarle con humildad las gracias, y sin dejar de reconocer que quedo sacudido por la fuerza de su pluma.
Amigo Nelson, primero debo disculparme por la tardanza en responder su extenso comentario, que agradezco infinitamente; no dispongo del tiempo que me gustaría para cuidar a mis seguidores en este blog, pero creo que su intervención merece al menos que se lo agradezca personalmente. Si regresa a este artículo y lee esta nota, te recomiendo que me siga en este blog o en mi muro de Facebook, en este enlace, https://www.facebook.com/Carlosferreratorres y quizás podamos abundar con más tiempo ambos sobre el tema. Gracias una vez más.
EliminarNelson por eso ayer cuando leí el post te lo envié...Se ve un trabajo muy serio en este blog y de lo que siempre hemos hablado... si el cubano leyera un poco más y viera toda esta historia que nunca nos han contado... me da gusto que te haya gustado y quiero aprovechar para agradecer al Tocayo Ferrera y decirle que es un placer pasar por acá...
Eliminarsaludos
Carlos Alberto.
Cierto Carlucho Alberto. Ayer supe sobre este texto, pero no imaginaba su peso ni sabía de dónde sacarlo y gracias a ti lo tuve en la madrugada. Si en Cuba se pusiera de moda la lectura en un año se arreglaba, porque solo las letras logran lo que jamás lograr una bala pudiera. Un saludo a los dos Carlos.
Eliminar¡Gracias Chef! Tienes toda la razón.
EliminarGRACIAS POR LLENAR EL VACIO DE LO QUE LA HISTORIA OFICIALISTA NOS INTENTA EMBUTIR, MIS RESPETOS, ETERNAMENTE AGRADECIDO
ResponderEliminarGracias a ti Miguel Angel
EliminarSolamente quiero hacer una precisión histórica referente al periodo en el que José Miguel Gómez fue presidente de la República, el autor refiere que fue en 1906. Tengo entendido que en ese año tuvo lugar la segunda intervención norteamericana que duraría hasta 1909, fecha en la que realmente toma posesión como máxima autoridad de la nación el mencionado José Miguel Gómez. Por favor corrijanme si estoy equivocada. Graciaa
ResponderEliminarGracias, ha sido un error mecanográfico que ye agradezco, hayas detectado. En efecto, Gómez fue elegido presidente en septiembre de 1908 y su mandato duró desde enero de 1909 hasta su renuncia, el 20 de mayo de 1913. Gracias.
EliminarTambién conocí a Rafaela, era visita de la casa de mi padre y tengo la misma opinión, una intelectual honesta. Por otro lado me gradué del ISPEJV en 1967, después me hice historiador y he trabajado febrilmente la vida de Martí.
ResponderEliminarEstamos de acuerdo, Martí no es la estatua de un parque, fue un ser humano con defectos y virtudes. Cometió errores, el mayor de su vida privada, casarse con Carmen Zayas Bazán [nunca he sido partidario de los “chismes” pero ese matrimonio “obligado por el deber” huele a queso].
No sé si usted sabe que ella se presentó varias veces en New York, después del divorcio, amargándole la vida a Martí de mala manera. Ella suponía que Martí tenía una relación con Carmen Millares, la madre de María Mantilla que debería ser María Martí [la patriota del silencio, como la llamara Nidia Sarabia] y le dio un tremendo escándalo a Martí, que lo obligo a mudarse: Porque su Carmen Zayas Bazán era una histérica. No me lo invento, hay testigos y documentos.
Cuando supo de la muerte en Dos Ríos del Apóstol, Carmen ZB corrió a New York con su hijo para cobrar la “herencia” que ella suponía dejaba su ex esposo por derechos de autor, y ya se sabe que es lo que quedaba.
Cuando el Ismaelillo que era un mozalbete criado en Camagüey, muy lejos de su padre, egoísta, malcriado y arrogante, emplazo al secretario de Martí, don Gonzalo de Quesada sobre las propiedades y el dinero que dejaba su padre, Quesada abrió su cartera y le entrego una leontina de oro que Martí le dio con el propósito de, si morían en el campo de batalla, se la entregara a su hijo [por cierto ya Martí sabia de la pata que cojeaba el niño] y, Quesada lo llevo a unos anaqueles donde estaban los miles de documento de la papelería martiana y le dijo: “Aquí está la herencia ¿la quiere?” y el chiquillo se fue rabiando.
No digo que ella fuera una mala mujer, el error fue de Martí al casarse con alguien que en nada se le parecía.
En cuanto a afirmaciones de que Martí era casquivano e irresponsable, bueno a lo mejor usted tiene la razón, pero yo he tenido diez veces más mujeres que él, y no me creo un Porfirio Rubirosa.
Para aquel tormento el divorcio era una solución dolorosa pero irremediable. Es verdad que ella no se casó nuevamente y que dijo amarlo por siempre, pero ¿Qué una mujer te ame, si tu no la amas, te obliga a permanecer al lado de ella?
Si el divorcio fue una canallada de Martí, muchos, incontables hemos sido canallas.
Ahora siempre me ha llamado la atención que Martí muriera con la foto de María Mantilla en el bolsillo de su corazón y que una de sus últimas cartas fuera dirigida a “Mi Carmita” como él le llamaba con infinito amor de hombre a Carmen Millares.
A lo mejor estoy equivocado pero esta es mi percepción del este espinoso asunto que ha unido en un mismo bando a todos los mojigatos de Cuba, burgueses y fidelistas ¿Qué raro, eh?
Porque eso de admitir que Martí tenía una relación “especial” con Carmen Millares y María Mantilla fuera su hija aun levanta ronchas
Mario, no sabe cuánto valoro su relato. Le agradezco muchísimo que se tomara tanto trabajo en escribirlo, si bien contiene algunos detalles menores, de los que tengo otras versiones, en lo fundamental es muy interesante y revelador. Gracias por la visita a este blog.
EliminarHace rato no disfrutaba tanto leer algo como esta crónica. Felicidades y soy fan desde ya.
ResponderEliminarGracias...
EliminarFelicidades por el excelente ensayo... que honra ver la verdad revelada por más doloroso que pueda resultar hacerlo. Soy tataranieto de Nicolás Azcárate y Escovedo y me enorgullece también verlo mencionado y particularmente ver por primera ves su imagen - que maravillosa sorpresa (mi abuela, Elena Azcárate y Guasp de Péris siempre hablaba de el con el mayor cariño, respeto y aprecio). Muchísimas gracias por rescatar nuestra historia.
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