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martes, 13 de marzo de 2018

MÁRTIRES DE HUMBOLDT 7: ¿UN CASO CRIMINAL DE CELOS POR DESPECHO? (I)

MÁRTIRES DE HUMBOLDT 7: ¿UN CASO CRIMINAL DE CELOS POR DESPECHO? (I)

Tarja conmemorativa en el edificio de Humboldt 7


No es -aunque lo parezca-, un titular carnicero para atraer la curiosidad calenturienta de quienes me visitan por morbo, aunque reconozco que si lo hubiera titulado “Condicionantes sociopolíticas en el caso de los Mártires de Humboldt 7”, esta entrada habría sido soberanamente ignorada por la mayoría de ustedes.

Pero lo importante es no mentir, y en el siglo XXI, mi estatus de inmigrante cubano raso -no político- habitante de un país libre, y con una condición sexual asumida y reconocida públicamente, me autorizan a hablar con total libertad de algo que se ha escondido durante décadas, ya sea por prurito moral, conveniencias, o connivencias políticas en ambas orillas. A mí ya nada de eso me condiciona.
El ser humano tiende siempre a endiosar o denostar a sus semejantes de forma parcial y subjetiva, movido por causas políticas, morales o simples simpatías. Lo hacemos constantemente, de modo absoluto, sin tener en cuenta que somos animales imperfectos y polivalentes en nuestra más pura definición antropológica.
Si se nos considera “buenos”, hemos de serlo en todo: inteligentes, amigos perfectos, moralmente impolutos y brillantes en nuestras acciones. Y si somos "malos", también seremos tontos, pobres de espíritu, poco amigos y deleznables en nuestro proceder. Y esa idea imposible y parcial contamina cualquier juicio cuando se trata de calificar a otras personas y asumir sus realidades existenciales y humanas.
Se puede ser homosexual y valiente, del mismo modo que heterosexual y pendejo. Ser mujeriego no implica ser asesino, y ser sanguinario no es óbice para amar a las flores.
Los protagonistas de esta historia han sido ejemplos claros de esta ley no escrita del comportamiento humano. En mi investigación, he tropezado varias veces con ese escollo cuando indagué sobre la veracidad de los hechos que cuento, y sus actores. Las frases “seguramente era capaz de mentir, porque era mala persona” o “él era bueno, no podía ser maricón”, las he encontrado una y otra vez cuando he preguntado sobre alguien, tanto en Cuba como fuera de allí.
En realidad mi crónica plantea un conflicto tan cierto y verdadero como que el sol sale todos los días. Ha estado a la sombra desde los días de la muerte de “Manzanita”, y ha sido encubierto por Fidel Castro y su combo durante más de medio siglo. Con esta serie, pretendo poner los focos sobre el asunto, que tiene plumas y balas en igual medida.
La complejidad y extensión de la leyenda de astracán verdeolivo tejida en torno a este segmento de nuestra historia, me ha obligado dividirla en partes para no aburrir. Intentaré pues, facilitar la comprensión de lo ocurrido para desentrañar una de las más misteriosas y escondidas páginas rosa del masculino bregar de nuestra idiosincrasia. A los que pasan de la media rueda, mucho de lo que cuento no les resultará del todo ajeno.
LA HISTORIA OFICIAL
La interrogante que planteo en el titular, sobrevuela desde hace 60 años los hechos posteriores al intento de asalto al Palacio Presidencial y la toma simultánea de Radio Reloj el 13 de marzo de 1957 en La Habana. Fueron éstas, acciones planeadas y ejecutadas por el Directorio Revolucionario (DR), que pretendía “ajusticiar” a Batista y después convocar al pueblo en la Universidad de La Habana, para entregarle armas y derrocar al régimen.
Aprovecho para tachar aquí otro renglón falso de la historia políticamente correcta, pero sibilinamente impresa:
La idea de atacar el Palacio no fue de José Antonio Echeverría, ni de Faure Chomón ni de Gutiérrez Menoyo. Fue de Menelao Mora, que era un tipo callado y hermético si bien también inteligente y osado, y que, consciente de la fractura interna que había en el Directorio, no confiaba en Chomón ni en Gutiérrez, e ideó, organizó y planificó hasta el último detalle el “ajusticiamiento” de Batista casi en solitario. Quizás por eso su recuerdo murió allí junto a él para la Revolución, por sus malas relaciones con el resto del grupo. Consideraba que sería una acción suicida, y así fue, al menos para él.
Todos sabemos cómo terminó aquello; la cosa se fue al traste, algunos atacantes murieron, otros resultaron heridos o fueron apresados, y el resto se dispersó por la ciudad para esconderse hasta que pasara el temporal.
Entre estos últimos, estaban cuatro implicados en la operación: José Machado Rodríguez “Machadito”, Juan Pedro Carbó Serviá, Fructuoso Rodríguez Pérez y José “Joe” Westbrook Rosales.
Los cuatro se ocultaron en un edificio cerca del Malecón, en el número 7 de la calle Humboldt, un enclave muy cercano a mi casa, que visité casi diariamente durante muchos años de mi vida, y que conozco como la palma de mi mano, porque allí vivía y vive aun un viejo amigo de la infancia. Los sobrevivientes de aquella operación se ocultaron en el apartamento 201, que también tuve la oportunidad de conocer y husmear hasta la cocina.
Machadito, con camisa estampada y chaqueta gris, a la derecha de Manzanita, y Joe Westbrook a su izquierda
A partir de aquí, abundan las cábalas populares, las mentiras institucionales y las manipulaciones de Fidel Castro, que cambió a su conveniencia el color y la forma de los hechos, para trasladarlos a los libros de texto “revolucionarios”, que la mayoría de nosotros seguramente ha leído.
La historia oficial cuenta que Marcos Armando Rodríguez Alfonso, “Marquitos”, conocido erróneamente como activista del Directorio Revolucionario y devenido después “miserable traidor” para el combo verdeolivo, denunció el paradero de los cuatro miembros de la facción escondidos en Humboldt 7, al capitán de la policía de Batista, Esteban Ventura Novo.
Marcos Rodríguez

Es imprescindible analizar con detalle lo que ocurrió en esos día de la todavía hoy “supuesta” delación de Marquitos a Ventura, un siniestro y celebérrimo personaje con ganada fama de torturador experto y asesino despiadado, mal que nos pese reconocerlo. Como digo siempre, la credibilidad que avala a los que odiamos la tiranía de Castro, pasa por contar toda la verdad, aunque parte de ella no nos guste demasiado.
Dice la historia “revolucionaria” que Marquitos, un personaje anodino que nunca antes había tenido contacto alguno con la policía ni con el gobierno batistiano, hizo una llamada telefónica voluntaria, pidiendo un encuentro con Ventura, pero con la condición de que ésta tuviera lugar fuera de la Quinta Estación de policía que Ventura dirigía. Quería contarle dónde estaban escondidos cuatro de los participantes en los sucesos del 13 de marzo del 57. Siempre según el sumario oficial, la delación se consumó en una casa de seguridad que tenía Esteban Ventura en Carlos III y Espada.
El jefe de Policía Esteban Ventura Novo
Sin embargo debo mencionar aquí, para no pecar de parcial, que según Ventura en su autobiografía y otros jefes policiales involucrados en la sangrienta anécdota, el responsable de la delación fue su beneficiario directo, Faure Chomón Mediavilla, que a partir de la masacre se convertiría en el jefe máximo del Directorio Revolucionario. Ventura afirmó que Chomón fue quien personalmente acudió a la Quinta Estación de Policía a delatar a sus compañeros, afirmación que, como he dicho, está escrita en sus memorias publicadas en enero de 1961 y reiterada luego en varias entrevistas.
Pero dada la escasa credibilidad que tenía Ventura por su comprensible animadversión al régimen de Castro, y su más que probable intención de ocultar la verdad, iré primero por el camino que abrió la versión oficial, que fue en definitiva la que terminó acusando, juzgando y fusilando a Marcos Rodríguez.
Tengan en cuenta, sin embargo, que Ventura no tenía ningún motivo para proteger a Marquitos, a quien no conocía y menospreciaba por su inclinación sexual, y sí le daba rédito político inculpar a Chomón, un modo de desmoralizar a la revolución en la persona de uno de sus líderes más importantes.
En cualquier caso y siguiendo el discurso “revolucionario”, dicen que aunque al principio desconfió de su propuesta, Ventura comprobó que Marcos Rodríguez hablaba en serio. Ante el jefe policial, Marquitos se identificó como estudiante universitario y supuesto ex compañero de los combatientes del Directorio Revolucionario. También se cuenta que se autopropuso como agente clandestino doble. Justificaba su traición alegando un repentino cambio en su ideología, y una supuesta “comprensión” de la inutilidad de la lucha estudiantil.
Dicen que en realidad todo se reducía a la envidia, el odio y el resentimiento de Marquitos contra sus antiguos compañeros de armas, por motivos que ahora contaré, pero es una teoría que ha ido perdiendo consistencia con el tiempo, y cuya aceptación por parte de Marcos en el juicio, no significa nada. Marcos fue inducido y obligado a declarar en contra de sí mismo.
Sin embargo, sí he podido contrastar que, por aquellos días previos a la tragedia, Marquitos estaba emocionalmente abatido. Si delató o no al cuarteto de Humboldt, es algo de lo que hasta ahora no existía una prueba fidedigna, pero la realidad es que en el momento de los hechos, Marquitos era presa de unos celos casi patológicos, porque Joe cortó su relación con él para -en la creencia del propio Marquitos-, comenzar otra con el tercer miembro de este triángulo amoroso mortal: José Machado Rodríguez “Machadito”, otro de los mártires de Humbold 7.
Comprendo que el párrafo anterior cause sorpresa e incredulidad y quizás rechazo en alguno de mis lectores. Lo asumo. Es una verdad demasiado fuerte y descarnada como para aceptarla sin anestesia como parte de un drama histórico de machos con pistola. Lo tenemos grabado a fuego en nuestra memoria histórica, si mácula moral ni ruidos de connotación sexual alguna, prácticamente desde que aprendimos a leer. Pero YO SÉ, que lo que he investigado es cierto en rigor.
Me avalan testimonios contrastados por personas directamente implicadas en los hechos, algunas que hoy pasan de los 80 y ya no tienen motivos para mentir, y todas conscientes y sabedoras de la homosexualidad oculta de las tres personas que he mencionado.

EL PRINCIPIO

Marcos Rodríguez había conocido a José Westbrook en la Biblioteca de la Universidad de La Habana dos años antes, en 1955, cuando él no había cumplido aun los 16 años y Joe apenas tenía 18.
Por esos días, Joe había sido nombrado flamante miembro del ejecutivo nacional del Directorio Revolucionario (DR), que presidía José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez Pérez, como secretario general y vice, Faure Chomón, el jefe de acción, y René Anillo, encargado del frente estudiantil. Joe ocupaba el puesto de enlace con la segunda enseñanza.
Joe Westbrook, al centro con la corbata sobre los hombros, en sus tiempos de dirigente estudiantil en el Instituto de La Habana 
Me cuenta Eladio Rivas, sobrino político de Juan Pedro Carbó Serviá, muerto en esa contienda, y de quien tengo autorización para revelar su identidad y los pormenores de su testimonio, que aun siendo Marcos un jovencito feo y contrahecho, Joe se enamoró de su embrujo poético, la dulzura de sus maneras, y sobre todo de su apego y conocimiento de la obra lírica martiana, de la que Westbrook era un fanático irredento. Pero esta relación estaba condenada al anonimato más absoluto, una condición que le había puesto Joe a Marquitos desde el principio, por razones más que obvias.
Marcos por su parte cayó rendido a los pies del hombre que significaba todo lo que él hubiera querido ser; un líder carismático viril, valiente y con un irresistible punto intelectual.
Me dice Eladio, que cuando Joe Westbrook se fue a México a reunirse con Fidel para firmar en tierra azteca el documento que se conocería como “Carta de México” el 29 de agosto de 1956, Marquitos lloró desconsoladamente su partida delante de todos los miembros del Directorio. Y ese fue el principio del final de su relación con él.
De izquierda a derecha Fructuoso Rodriguez, Joe Westbrook, Faure Chomon y Juan Nuity en Ciudad Mexico 1956 
Joe se cuidaba mucho de evidenciar su homosexualidad en público. Tenía novia, no era afectado en su gestualidad ni en sus maneras, e incluso se permitía chascarrillos homófobos delante de sus compañeros para despejar cualquier duda sobre su inclinación “non sancta”. De hecho había sugerido a Marquitos que también se echara novia, aprovechando que era muy bien recibido por las mujeres, por el halo poético y dulce que destilaba su interesante personalidad intelectual.
Incluso lo instó a cortejar a Dora Romeo, una amiga de la hermana de Jorge Valls Arango, a su vez amigo íntimo de Marcos, con quien entonces éste vivía en La Habana, y que fue la única persona que defendió su inocencia cuando las cosas se complicaron para él. Pero aunque Marcos intentó obedecer a Joe, su fuerte naturaleza sexual lo condenaba, y fue incapaz de llegar a mayores con Dora.
Este testimonio de Eladio me cuadra perfectamente con otro del propio Jorge Valls en entrevista hecha en Miami muchos años después, a pesar de negar la homosexualidad de su amigo:
“Marcos estuvo enamorado de una amiga de mi hermana aunque nunca llegó a nada con ella. No era homosexual. Prácticamente vivía en casa. Yo sabía de su vida y él de la mía. Después llegó la leyenda de embarrarlo, de convertirlo en homosexual...”
Es evidente que a las palabras de Jorge las lastraban la simpatía, la amistad y ese absolutismo moral conmiserativo al que me he referido al principio de esta crónica. La homosexualidad de Marquitos era visible desde Marte, y no necesito pruebas para asegurar que era más que improbable que Valls "supiera toda su vida" como afirma. Lo sabemos bien quienes alguna vez hemos disimulado nuestra sexualidad ante nuestros amigos más cercanos e incluso ante nuestros padres.
Pero sigamos, porque las cosas se complican.
A su regreso de México, Joe deja a Marquitos, aduciendo una repentina toma de conciencia de su verdadera naturaleza sexual. Era heterosexual y esto solo había sido un desliz motivado por la confusión que causaron en él las maneras cariñosas y oníricas de su joven amigo. Y hasta aquí las clases.
Marcos entra en crisis. Le insiste a Joe, pero Joe lo rechaza, ya de malos modos. Aunque apenas ha cumplido 17 años, para Marcos la vida ya no tiene sentido sin Joe.
Entonces lo vigila y lo sigue a escondidas una noche cuando cree que va a visitar a su novia. Se equivoca. Joe no va al Vedado donde vive con sus padres la muchacha que él piensa que le ha robado el amor de Joe. Joe se va al puerto y toma una lancha.
Confundido y temeroso de ser descubierto, Marquitos regresa a su casa con su amigo Jorge Valls. No sabe que Joe se ha ido a Guanabacoa, donde vive escondido ya en la clandestinidad, en una cuartería de la calle Palo Blanco, el revolucionario mulato José Machado.
MACHADITO, EL LADRÓN DE AMOR

Solo tres personas estaban al corriente del refugio secreto del manzanillero José Machado además de Westbrook, desde que éste había pasado a la clandestinidad: José Antonio Echeverría, su mejor amigo Juan Pedro Carbó Serviá y Fructuoso Rodríguez.
Marcos Rodríguez tuvo conocimiento de él por Carbó Serviá, cuando fue necesario enviarle alimentos y una pistola a Machadito poco días antes del asalto al Palacio Presidencial.
Manzanita, Fructuoso y el propio Serviá estaban inmersos en otras encomiendas necesarias en los preparativos del asalto. Se había decidido días antes, que el valioso Westbrook no debía exponerse a ser apresado antes de la acción programada para el 13 de marzo, y se trasladara a pernoctar “acuartelado” junto Machado en su cuartico de Guanabacoa.
De allí debían salir ambos en la madrugada del 13 hacia una vivienda cercana al Palacio Presidencial, cuyo asalto debían comenzar a las 3:15 de la tarde integrando el grupo que comandaría Gutiérrez Menoyo, NO Faure Chomón, como el propio Faure se ha encargado de instalar después en los libros de historia de la revolución. Faure fue solo un "tercero al mando" de uno de los pequeños grupos de los 150 atacantes, y esa es otra de las historias falsas que habrá que desempolvar alguna vez.
Los detalles que me narra Eladio Rivas son muy reveladores, y los transcribo tal y como me los dijo en conversación telefónica que tengo grabada:
Calle Palo Blanco en Guanabacoa, La Habana
“Marquitos llega al cuartico de Palo Blanco con Maceo, y le abre Machado en calzoncillos. Marquitos entra y encuentra a Joe poniéndose los pantalones y aun sin camisa. Estaba claro que ambos habían estado acostados en la pequeña cama personal de Machado, aun destendida. Había música en la radio. Marcos estaba incómodo y nervioso, saludó a Joe con pocas ganas, intercambió algunas palabras con Machado deseándoles suerte en la acción armada, dejó la comida, el arma y una cajita de municiones sobre una mesa y se fue. Pero no se fue. Cuando Machadito cerró la puerta y también una reja que había con un candado, Marquitos dio la vuelta a la cuartería por un patio trasero y puso una piedra en el suelo para subirse y mirar por una ventana estrecha que había casi pegada al techo. Y entonces vio que Machado se había quitado los calzoncillos, se había quedado encueros y estaba cargando la pistola con las balas y sopesándola con la mano, mientras Joe volvía a quitarse los pantalones y se tumbaba en la cama totalmente desnudo... Machadito trajo la pistola y se la dio a Joe para que la viera, pero éste la dejó a un lado y atrajo hacia sí al mulato..”.
Me dice Rivas que los detalles los supo su tío Juan Pedro por el propio Marquitos, varios días después, cuando le rindió cuentas de su misión de avituallamiento:
“Se lo contó fríamente, sin ninguna emoción y con una evidente intención de joder a Joe y a Machado. Pero tío nunca dijo nada a nadie del Directorio; se lo contó solo a mi mamá, por la que años después lo he sabido yo. Pocos días más tarde ocurrió el asalto a Palacio, y más tarde la muerte de mi tío junto a Westbrook, Machado y Fructuoso. Yo le tengo y le tendré un gran agradecimiento a Pepe (Jose Machado) porque en el asalto a Palacio, mi tío Juan Pedro quedó rezagado en la huida y Pepe regresó a buscarlo. Por eso lo hirieron en un muslo y estuvo escondido toda esa madrugada en un solar yermo perdiendo sangre y sin atención médica, hasta que pudo trasladarse con los otros al apartamento de Humboldt. Allí los mataron a los cuatro”.
He encontrado por ahí algún que otro rumor publicado que confirma la relación de Joe Westbrook con José Machado, pero Eladio cree que en realidad no era una relación sentimental estable sino un “alivio”, una especie de “descanso del guerrero” circunstancial. Joe y Machado estaban allí juntos por orden de Manzanita, y probablemente nunca hubieran intimado de no haber sido por la casualidad. No fue una relación amorosa duradera en el tiempo, pero estoy seguro de que Marquitos se lo tomó como tal”.
Tras el ataque a Palacio, Joe Westbrook pasó varios días escondido en casa de su novia oficial, Dysis Guira, hasta que la noche del 19 de abril, su futura suegra, Ciana Valdés-Roig  le exigió que se marchara, sin tener en cuenta la situación en que se encontraba. Llegó al edificio de Humboldt 7, en El Vedado, alrededor de la 1:00 p.m. donde ya se encontraba su amante Machadito junto a Juan Pedro y Fructuoso.
Algo se ha contado ya extraoficialmente sobre este asunto de modo tangencial, pero hasta donde me consta, nunca se han dado los detalles que hoy yo estoy revelando aquí, pésele a Fidel y a los amigos y familiares de los implicados que aun viven.
También debo decir que Marquitos nunca antes había tenido un comportamiento tan pasional en su vida privada, y que se arrepintió casi inmediatamente de su arranque. Pero ya era demasiado tarde. No obstante, se imponen dos preguntas clave:
¿Quién era Marquitos Rodríguez en realidad? ¿Fueron los celos el motivo de su delación?
Marcos Rodríguez
Aunque los estudiantes del Directorio implicados en aquellas acciones, eran vistos como “tipos duros y machotes”, Marquitos era todo lo contrario. Era un muchacho flaco y desgarbado, de impronta delicada, extremadamente amanerado y con aires lánguidos de intelectual. No muy agraciado en lo físico, Marcos Rodríguez usaba invariablemente sandalias sin medias y siempre llevaba un libro como complemento a su imagen “soft”, porque también era amante de la Filosofía.
Marcos Rodríguez durante el juicio por el caso Humboldt 7
(Foto: Deena Stryker, Duke University Colection)
Era además “muy querido” -que no deseado-, por el sexo femenino, y de hecho durante los meses posteriores a las muertes de sus compañeros de armas, muchas de sus amistades mujeres le apoyaron, entre ellas alguna especialmente cercana a alguien que aprecio, y que también me ha aportado en fechas recientes, varios datos para redondear este relato. Por su avanzada edad y su vínculo directo con protagonistas de esta historia, no debo ni puedo identificar en esta crónica.
He comprobado a posteriori en alguna publicación digital -puesto que antes de Internet, no era tan fácil contrastar con otra fuente la historia de Eladio Rivas-, que Marquitos es descrito repetidamente en la red como “un tipo débil de carácter, de apariencia amanerada y modales afectados”.
En realidad Marquitos no era en un principio estudiante de nada, ni miembro activo del DR, como cuenta la historia revolucionaria oficial, y sí lo eran el resto de sus “amigos”, a los que presuntamente delató.
Marcos Rodríguez era un simple mozo de limpieza en la Universidad de La Habana, miembro del PSP, (¿quién lo reclutó para esa formación?) cuya dirección le había conseguido ese trabajo en la Colina Universitaria. Tengan en cuenta que PSP y el DR, no eran precisamente organizaciones “amigas”.
Blas Roca en la sede habanera del PSP en el Paseo del Prado
Marquitos conocía de cerca todo lo feo y execrable del viejo Partido Comunista (PSP), su espionaje transversal y su infiltración en las demás organizaciones revolucionarias de la época. Por eso al final le aplicaron la vieja máxima pirata: "Dead men tell no tale": (Los muertos no cuentan cuentos) y terminó en un paredón de fusilamiento de Agapito.
Todos los que tenemos ya una edad, sabemos que el Partido Socialista Popular de Blas Roca (PSP) espiaba al Directorio Revolucionario de Jose Antonio Echeverria, "Manzanita", y que ambas organizaciones se pedían la cabeza mutuamente.
Manifestación del Directorio Estudiantil liderada por José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez en la Colina
Mientras el Directorio lo integraban en gran parte anticomunistas convencidos, el PSP nadaba entre dos aguas evitando enseñar su lado claramente rojo. Además el PSP estaba internamente fracturado en sí mismo en varias facciones, con ideas diametralmente opuestas sobre el tipo de lucha que debía librarse contra Batista.
Tanta desunión de la resistencia revolucionaria urbana, fue oportunamente aprovechada por Castro desde su mando en la Sierra, que incluso se permitió a disentir y criticar las acciones del Directorio en Radio Reloj y Palacio, calificándolas de inadecuadas y sanguinarias. La historia posterior demostró que ni se le acercaban a él en lo que a terrorismo y masacres se refiere.
Los jóvenes del Directorio eran en su mayoría católicos. Rechazaban a los comunistas dentro de sus organizaciones, razón de más para que no miraran con muy buenos ojos a Marquitos, que por ser comunista no era considerado un miembro de pleno derecho en ella.
El Directorio era, además, igual de machista que la sociedad cubana de entonces. Marquitos era muy afeminado y entre sus compañeros no había dudas sobre su homosexualidad. El grupo lo trataba de ‘mariconcito’, se burlaba de él, era objeto de chistes malsonantes y muchas veces le daban nalgadas y lo trataban en femenino. Era en consecuencia el hazmerreír del grupo, que lo repudiaba doblemente por homosexual y comunista. Además, el DR era un movimiento estudiantil, y un mozo de limpieza no era precisamente bienvenido allí.
Otras fuentes me sugieren que Marquitos había delatado al grupo de Humbolt 7 como venganza personal por la manera en que lo trataban y lo despreciaban, pero si bien esto ocurría realmente, no creo que haya sido la “venganza social” la causa de su supuesto chivatazo. Lo fue un conjunto de motivos bastante complejos de explicar, así que lean con cuidado y atiendan los detalles.

LOS HECHOS

Según la historia oficial, el Coronel Ventura grabó en su memoria la dirección que le proporcionó Marcos Rodríguez: Humboldt 7, apartamento 202, (después se supo que era el 201), y los nombres de quienes se encontraban escondidos en ese lugar: Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado, todos con expediente abierto en anteriores casos policiales, entre ellos el caso del asesinato del Coronel Blanco Ríos en el Montmartre, perpetrado por Carbó Serviá y Cubela.
Vista aérea del Edificio de Himboldt 7
Ventura valoró la cuestión y dio órdenes concretas: Rodear la manzana del inmueble, allanar el apartamento y matar a todos los implicados, sin más. A las 5:50 de la tarde del sábado santo del 20 de abril de 1957, el comando de Ventura entró en el edificio, y 30 soldados entraron en tropel armados de ametralladoras Thompson con la orden de no hacer preguntas ni prisioneros, solo eliminar a los prófugos de los cuales ya tenían fotos.
Policías interrogando a la dueña del apartamento en que intentaron ocultarse los miembros del Directorio asesinados
Al percatarse del movimiento policial en la calle, Westbrook, el ex amante de Marcos Rodríguez y el más joven de los cuatro prófugos, baja del segundo piso al primero y llama a un apartamento rogándole a la inquilina lo deje esconderse allí. La señora accede, pero cuando la policía sube revisando uno a uno los apartamentos, tocan al timbre del domicilio donde se esconde Westbrook.
El hijo del portero observa la sangre de Juan Pedro Carbó Serviá derramada en la escalera
El joven cambia de idea y abre la puerta a la policía para entregarse y evitarle represalias a la señora, a quien intenta calmar diciéndole que no se preocupe. Apenas da un paso fuera, es acribillado a balazos por la espalda en el pasillo, mientras la dueña de la casa grita presa del terror.


Cadáver de Joe Wesbrook
Años más tarde, la revolución premiaría la memoria de Westbrook por su amor a las prédicas de José Martí y su “conducta revolucionaria” con el ridículo título póstumo de "El Apóstol Adolescente", dado que había muerto con apenas 20 años.
Fructuoso, Juan Pedro y Machado, alertados en el piso de arriba por los disparos, huyen por el extractor de aire de la cocina del apartamento, que daba a la casa de los bajos, ante la mirada asustada de la dueña de la casa. "No se alarme, señora, que somos buenos", le dijo Fructuoso, según contaría una vez aquella mujer a la prensa. Los tres salen corriendo hacia la puerta de la calle para dispersarse en direcciones diferentes.
Juan Pedro corre hacia el elevador, pero apenas llega lo ametrallan a bocajarro; Machadito y Fructuoso se lanzan por una ventana y caen en un pasillo de una agencia de automóviles, cerrada con una reja al final cuyo candado les cierra el paso. Fructuoso yace inconsciente en el suelo, mientras Machadito intenta levantarse sin conseguirlo, porque se ha fracturado ambos tobillos en la caída.
Uno de los empleados del lugar les hace señas y va a buscar la llave de la verja, pero tres policías se le adelantan y los fulminan a tiros a través de las rejas, apagando la voz de Machadito que les pide: "¡No nos maten, vamos desarmados!". Ruego inútil.
Cadáver de Fructuoso Rodríguez
Después los tres cadáveres son arrastrados por los pelos hacia la acera, sobre los charcos de sangre en la escalera del edificio. Los guardias disparan algunas ráfagas más a las fachadas de los edificios contiguos, como respuesta a los gritos de “¡asesinos!” de los vecinos desde los balcones. Habían transcurrido solo tres horas de la supuesta delación de Marquitos. Cuando me fui de Cuba, aun existían las huellas de aquellos impactos de bala en las fachadas.
Dos años más tarde, muchos de estos policías, abandonados en su fuga por Ventura, fueron apresados por Castro, que dio paredón sin juicio tanto a los responsables directos de las muertes como a los que no lo eran. Ventura nunca llegaría a cumplir su sueño de ser general. Escapó junto a Batista el 31 de diciembre de 1958 y se estableció en Miami, sin que tuviera efecto la extradición solicitada por las autoridades cubanas a los EE.UU, donde murió de viejo a los 87 años en 1990.
Pero, ¿qué fue lo que sucedió en realidad con Marquitos después de los sucesos de la calle Humboldt y más tarde, cuando triunfó la revolución?
Su historia posterior resulta tan alucinante e increíble, que prefiero poner aquí un punto y aparte momentáneo, para contarla después de tomar aliento. Merece ser masticada y digerida con calma y mucha atención, porque podría ser parte del guión de la mejor película de espionaje facturada de Hollywood.



miércoles, 20 de diciembre de 2017

MÁRTIRES DE HUMBOLDT 7, ¿UN CASO CRIMINAL DE CELOS POR DESPECHO? (PARTE III)

MÁRTIRES DE HUMBOLDT 7, ¿UN CASO CRIMINAL DE CELOS POR DESPECHO? (PARTE III)



LA CONSPIRACIÓN COMUNISTA

Advierto que este capítulo no es de lectura fácil, y quizás hasta resulte aburrido para algunos; no contiene demasiada carnaza, al menos no de la que seguramente esperan. Pero es un apunte histórico imprescindible en la comprensión de los hechos que estoy relatando, sobre todo para mis lectores cubanos más jóvenes que no vivieron la tragedia de Humboldt 7, ni sus consecuencias para el pueblo de Cuba después del triunfo de la revolución. 

Olviden momentáneamente todo lo que les he contado hasta aquí. Solo recuerden que, -obviando los nuevos detalles que he aportado hasta ahora- se trataba de la versión oficial que “editó” Fidel Castro para la opinión pública, cortando y pegando la historia verdadera, cómo y por donde quiso.
Resumir la historia, de algún modo es también falsearla, y esta tiene tantos detalles importantes, que es muy difícil concentrarla en pocas palabras. Por eso intentaré explicar para los profanos, -espero que con las palabras suficientes-, dónde y por qué nacieron los complicados móviles políticos y sentimentales que generaron los hechos en torno a la masacre de Humboldt 7, la apertura de la Causa 72/1964 y el posterior juicio y fusilamiento de Marquitos Rodríguez acusado de delación y Traición a la Patria.

Permítanme retroceder tres años antes de los sucesos de Humboldt 7, a 1954, cuando aún Marcos Armando Rodríguez Alfonso era un gris y feo adolescente con acné que ni siquiera fungía de conserje. No sé su edad exacta en este momento, nadie la sabe; no hay referencias oficiales de su nacimiento, pero se calcula que fue entre 1940 y 42, porque era menor de edad cuando ocurrieron los hechos en 1957.


Acababa de conseguir un empleo como asistente del conserje titular, limpiando las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Pero Marquitos tenía inquietudes políticas, y se le daba bien la retórica, así que muy pronto se “pegó” a los grupos de estudiantes que conspiraban contra el régimen batistiano y no faltaba a una sola de las manifestaciones que organizaban las distintas agrupaciones estudiantiles, entre ellas el Directorio Revolucionario.


Marcos Rodríguez (Foto: Deena Stryker, Duke University Colection) 
Sin embargo, nadie sabía entonces cómo ni por qué, Marcos estaba en el núcleo del Directorio Revolucionario, ni cómo llegó a ser considerado allí por los demás como uno de sus miembros de pleno derecho. Más aún, no se sabía cómo llegó a tener responsabilidades serias en las acciones bélicas. Nadie lo sabía, hasta hoy.

Fidel Castro en la Sierra Maestra 

Había infinidad de facciones estudiantiles y obreras que luchaban activamente contra Batista a inicios del año 1953, pero solo dos grupos aceptaron el liderazgo de Fidel Castro por control remoto desde la Sierra, sin poner demasiadas pegas a su mando: el Directorio Revolucionario (DR) y el Partido Socialista Popular (PSP o Partido Comunista), que acababa de ser otra vez ilegalizado por Batista. 


EL M-26J era un movimiento aún sin poso político, casi recién nacido, con un programa ideológico todavía en cocción, que iba sazonando Fidel a su gusto en la montaña, según fueran yendo las cosas en el llano. Castro capitalizó la lucha estudiantil y comunista para sí , aún no estando muy de acuerdo con sus líderes.


José A.Echeverría en el homenaje realizado por el DR a Antonio Guiteras el 8 de mayo de 1955 

Los chicos del Directorio eran mayormente religiosos y muchos de ellos, bastante racistas y clasistas, pero si bien unos provenían de rancias familias burguesas, otros eran hijos de obreros muy humildes.

Bandera del Directorio Estudiantil 13 de marzo, llamado antes de los hechos Directorio Revolucionario (DR) 

El PSP era la cuna del estalinismo más extremo. También era el feudo de comunistas históricos como Juan Marinello Vidaurreta, Carlos Rafael Rodríguez, Joaquín Ordoqui Mesa, Edith García Buchaca, Blas Roca Calderío (en la foto, en el balcón de la sede del PSP), y otros líderes rojos prominentes, muchos de familias bien.


Salvador Garcia Agüero y Juan Marinello 
El comunismo primigenio cubano se nutría desde el principio, de las mismas fuerzas que el stalinismo soviético; una combinación de “cuadros” que venían de familias burguesas adineradas con educación y preparación suficiente para elaborar su panfleto ideológico, y militantes de base sin demasiada conciencia política, emergidos del proletariado, y con ganas de “cambiar el mundo”. (En la foto hay una representación exacta de ambos estratos: Salvador García Agüero y Juan Marinello en un mitin del Partido).

Rápidamente el PSP cubano creó contactos directos con Stalin, que sobrevivieron a todos los gobiernos después del de Machado y hasta el triunfo de la Revolución, cuando fue disuelto. 

Como apuntaba en los capítulos anteriores, a esas tres organizaciones (DR, M-26-J y PSP) las unía el odio contra Batista, y poco más: Eran organizaciones con muy frágiles vínculos ideológicos entre sí. 

Los viejos comunistas históricos del PSP en cambio, se declaraban agnósticos, materialistas y seguidores de la línea soviética más dura propugnada por Stalin, aunque al mismo tiempo manejaban cuantiosas sumas de dinero de procedencia privada primero, y pública después, cuando fueron legalizados. 
Preocupados por la supervivencia de su organización decimonónica, y ante el empuje de las nuevas fuerzas, a las que menospreciaban en lo intelectual, los miembros del PSP solían espiar a las otras dos facciones. Y tenía muchos medios para hacerlo.

¿DE DÓNDE VENÍAN LOS COMUNISTAS?

Julio Antonio Mella 

Los estalinistas del PSC se consideraban únicos herederos del Primer Partido Comunista Cubano fundado por Mella en 1925, una formación que fue clandestina hasta 1938. En 1939 se transmutó en Unión Revolucionaria Comunista, y en 1944 se convirtió en el Partido Socialista Popular (PSP), vinculado a la CTC (Confederación de Trabajadores de Cuba, después con el triunfo, “Central”). Su Secretario General fue Blas Roca desde 1934 hasta el 1962. 

Algunos de estos comunistas tenían importantes vínculos políticos con el segundo gobierno de Batista, y enlaces personales o familiares muy fuertes con influyentes lobbies judíos de poder en los EEUU, -recordemos que muchos pertenecían a estirpes cubanas acomodadas-, razones por las que Fulgencio los mantendría hasta 1953 como partido legal, además de porque le apoyaron en las elecciones.

Muchos ocupaban importantes cargos institucionales en la administración, y tenían mano suficiente para mover hilos que les estaban vetados al Directorio y al M-26-J. Aunque parezca una locura, los comunistas gozaban de una gran influencia en la década anterior al triunfo de la revolución. Y sabían utilizarla. 


Blas Roca, secretario general del PCC en diciembre de 1936, arengaba a la burguesía criolla instándola a unirse al proletariado, en estos términos: 

“La misma burguesía nacional, entrando en contradicción con el capitalismo que la sofoca, acumula muchas las energías revolucionarias que no se deben dejar perder (…) Todos los estratos de nuestra población, desde el proletariado a la burguesía nacional pueden y deben formar un amplio frente popular contra el opresor”.


Marinello para Alcalde y Batista Presidente. 

Su propuesta se concretó en una petición de alianza con Grau San Martín, del Partido Auténtico, una formación de corte nacionalista burgués, pero Grau no aceptó la coalición. 





En 1935, los comunistas califican a Batista de “traidor nacional”, pero cuando Fulgencio permite a Juan Marinello organizar el PC bajo las nuevas siglas del Partido de Unión Revolucionaria, en 1938, y aprueba la edición y distribución del periódico stalinista “Hoy”, cambian de idea y consideran que Batista ya “no es el punto focal de la reacción, sino el defensor de la democracia”, en palabras del propio Marinello. 

En 1939 el partido comunista ya habla de Batista como “compañero del frente unido”. 
En la campaña electoral de 1940, Batista recibe apoyo franco de los stalinistas, y como pago al favor, incorpora en su gobierno a dos comunistas: Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez son nombrados sucesivamente ministros sin cartera de su gabinete. 

De izquierda a derecha, Ramón Nicolau, Flavio Bravo, Carlos Rafael Rodríguez, Juan Marinello, Blas Roca y Lázaro Peña 

Como estalinista, pero ahora parte del gabinete de coalición del Gobierno Provisional de Batista, Carlos Rafael Rodríguez aplaude la Constitución recién aprobada en el 40, considerándola una de las más democráticas del mundo, aunque veinte años después la considere inmoral. Debe atemperar su discurso comunista, porque su nombramiento significa más voto, más voz y más poder para el PSP. Así que Rodríguez casi se convierte en asesor de Batista
Y aquí el relato comienza a enlazarse con la historia que nos ocupa.

EL AMOR, SIEMPRE EL AMOR…

Carlos Rafael Rodríguez se había incorporado a la lucha política contra el régimen de Machado, como miembro del Partido Comunista de Cuba en 1932. 

Carlos Rafael Rodríguez 
En agosto del año siguiente y con solo 20 años de edad, ya era alcalde de Cienfuegos, y poco después editor del diario comunista “Hoy”, que entonces luchaba contra el gobierno de Carlos Mendieta. En 1939, a los 26 años, se recibe de abogado, y en el 40 integra el Comité Ejecutivo del Partido Comunista. Entonces conoce a una mujer que lo desarma con su labia docta y verborreica, y su inteligencia fuera de serie. Se llama Edith García Buchaca, y él se enamora de ella desde el primer minuto, y hasta los tuétanos.

EDITH GARCÍA BUCHACA aka “IDE”: 
LA ADÚLTERA ROJA

Edith García Buchaca 

Harold Cárdenas Lema describe en su artículo “Segundas muertes en Cuba” a Edith García Buchaca, como “la dirigente intelectual más prestigiosa del PSP cuando triunfó la Revolución”. Yo añadiré que fue también la más odiada entre los artistas de la Isla por aquellos días, y hasta hoy.

Junto a Vicentina Antuña, Edith García Buchaca era la otra gran desconocida en el mundo cultural, pero a diferencia de la Antuña, Edith ya era todo un personaje en el PSP de los 50s.

Edith era norteamericana de nacimiento, pero renunció a esa nacionalidad y se hizo comunista desde que era apenas una adolescente. Emigró a Cuba contra la voluntad de su familia y se integró rápidamente en la vida política de la Isla de finales de los años 30s. Tuvo una prolongada trayectoria como militante activa del PSP, en cuya cúpula se integró desde el primer momento. Se encargó además de la redacción de la página cultural del libelo comunista “Hoy” desde la década del 40.
“Ide”, como la llamaban sus amigos y familiares cercanos, tenía una excelente formación cultural y académica, pero era “cuadrada” y estalinista hasta los tuétanos. Representaba la línea más ortodoxa y ácida del marxismo cubano, y puso todo su empeño en encaminar nuestra cultura en esa dirección cuando triunfó la Revolución, primero como directora de la Biblioteca Nacional, y posteriormente como la primera secretaria del Consejo Nacional de Cultura que tuvo esa institución. Buchaca sería también la autora de un panfleto comunista titulado "Teoría de la superestructura" que le granjeó muchas críticas y antipatías por sus lineamientos "sovietizados" adaptados a Cuba por la autora.

La García Buchaca criticaba en su tesis, “el arte por el arte”, y exigía a los artistas que dotaran a sus creaciones de un carácter utilitario que pusiera de manifiesto “los vicios y defectos del pasado, y los beneficios y virtudes del futuro”. Era un saco de palabras y conceptos vacíos de contenido, como todos los comunistas, pero mandó en la cultura revolucionaria de forma intransigente, negando el valor de todo el arte cubano anterior a 1959.

La plana mayor de Cuba en 1961. Edith y Joaquin al fondo. 
Edith creería firmemente unos años más tarde, que la revolución ya había superado el pasado capitalista de la Isla, y que “no tenía sentido recrear un arte que respondía a una formación económico social totalmente superada”. Enarbolaba el modelo soviético del realismo socialista “no como una opción artística sino como una norma mecánica a reproducir”, dice Cárdenas Lema. Ella fue el triste exponente de un momento amargo de la cultura cubana, antesala del período que hoy conocemos como “Quinquenio Gris”.

Pero “Ide”, era también sarcástica, enigmática, reflexiva, lenguaraz, una conspiradora nata y dueña de poderosas armas de seducción femenina. Dicen que no hay que ser bella si se es inteligente, y Edith era inteligente, y mucho. Tenía todo lo que Carlos Rafael Rodríguez buscaba en una mujer. Por eso, loco de amor, Carlos le propuso matrimonio. Ella accedió, se casaron en poco tiempo y engendraron dos hijas: Annabelle y Dania.

Todo parecía ir sobre ruedas en la familia “feliz” que formó la pareja de intelectuales en la residencia que Fidel le dio a Carlos Rafael en Nuevo Vedado. Es la famosa “Casa de la Puerta Roja” de la que habla la periodista Tania Quintero en una entrevista frugal que hizo a la Edith ya anciana, casi moribunda.


Reunión de miembros de PSP: Severo Aguirre, los Ordoqui, los Escalante, Ramón Calcines, Ursinio Rojas, Salvador García y otros. 
Iban allí de visita muchos amigos del matrimonio que militaban en el PSP: Severo Aguirre, los Ordoqui, -hermanos y grandes afectos de la pareja-, los Escalante, Ramón Calcines, Ursinio Rojas, Salvador García Agüero, Isidoro Malmierca, los Marinello (Juan y Zoilo), Lázaro Peña, Blas Roca Calderío, Flavio Bravo, Juan Taquechel, Severo Aguirre y Agapito Figueroa -el verdadero Agapito-, entre otros comunistas célebres.

Lázaro Peña, Blas Roca y Juan Marinello. 
La gente de la calle no temía a los comunistas como hoy; eran vistos apenas como unos politiqueros más, y no se les consideraba peligrosos. Así que también era frecuente ver a Carlos Rafael y a la Buchaca, en compañía de un reducto menos conocido de la cúpula estalinista, pero más poderoso, violento y oscuro, dirigido por Fabio Grobart, Víctor Piña, Osvaldo Sánchez, y en la sombra, Joaquín Ordoqui. No olviden desde ahora esos cuatro nombres.

Fabio Grobart 
Tampoco olviden que ya desde entonces, a la casa de Nuevo Vedado no iban solo los grandes líderes comunistas, sino muchos “invitados” no famosos, estudiantes y obreros que simpatizaban con el stalinismo y se identificaban con la lucha contra Batista. 
Los líderes del PSP los reclutaban para las filas de sus “juventudes”, y a veces les encomendaban “misiones” de espionaje a otras facciones, aprovechando que en muchos casos no eran militantes conocidos, como lo eran ellos.
Debo remitirme otra vez a un testimonio fundamental de Eladio Rivas, sobrino político de Juan Pedro Carbó Serviá, víctima de Humboldt 7:

Jorge Valls 
"Marquitos y Jorge Valls vivían juntos en La Habana, pero Jorge siempre se quejaba de que, con lo peligrosa que era La Habana de noche, con la policía de Ventura siempre en los talones, y la filiación política de Marquitos, éste siempre cogía calle solo, y llegaba a las tantas de la madrugada.
Tenía a Jorge muy nervioso, porque Valls (en la foto) lo estimaba de verdad. Muchas veces se iba caminando por las noches hasta Nuevo Vedado, con su saco amarillo pollito y sus sandalias sin medias, muy “afocante”, decía mi mamá, que lo vio una vez vestido así mismo en una manifestación en la Colina. Pero nunca decía a donde iba, porque era muy callado y reservado para sus cosas. Como lo cogía la confronta, también volvía caminando. Después Marquitos dejó de salir de noche, pero se iba algunos fines de semana a Calabazar, donde le decía a Jorge que tenía una novia. Allí estuvo yendo hasta bien entrado 1954. Ninguno de los miembros del DR conocieron nunca a esa novia, y tampoco esperaban que existiera; sabían perfectamente que Marquitos les mentía, porque era homosexual. Más bien esperaban que lo de Calabazar fuera un novio. Solo Valls creía las cosas que decía Marquitos. Era muy mentiroso, y eso conspiró contra él cuando resultó que no mentía…”.
Y es justamente en 1954, que Marcos Rodríguez “consigue” una plaza como auxiliar de conserje en la Colina, e “ingresa” en el Directorio Revolucionario, sin tener siquiera edad legal para militar en ninguna formación política. Vayan sacando conclusiones.
Describo ahora la percepción que se tenía en el PSP de Fidel Castro, porque es importante:
La mayor mentira de Fidel Castro 
Aunque Fidel había declarado públicamente al ser entrevistado en la Sierra, que "el comunismo no tenía en Cuba ninguna posibilidad de éxito", pocos meses después del desembarco del Granma, ya el PSP tenía noticias de que un arrojado muchacho de Oriente, se había alzado en la Sierra y cada vez ganaba más adeptos para su causa, que al fin y al cabo era la del PSP: derrocar el régimen batistiano. Lo digo así, “un muchacho”, porque para la inmensa mayoría de aquellos veteranos estalinistas, Fidel era un perfecto desconocido.
Hay quien aún hoy defiende que Castro fue siempre marxista, pero sus propias palabras desacreditan esa tesis. Aunque en México fue detenido por orden de Batista, y también fue formalmente acusado de ser miembro del “partido comunista”, argumentó:
“¿Qué moral tiene, en cambio, el señor Batista para hablar de comunismo si fue candidato presidencial del Partido Comunista en las elecciones de 1940, si sus pasquines electorales se cobijaron bajo la hoz y el martillo, si por ahí andan las fotos junto a Blas Roca y Lázaro Peña, si media docena de sus actuales ministros y colaboradores de confianza fueron miembros destacados del Partido Comunista?”. Entre los barbudos, sólo el Ché había leído textos marxistas. Raúl Castro, el Comandante del Frente Oriental, tenía alguna idea lejana del marxismo por su adhesión a las juventudes comunistas y por un viaje que hizo por los Países del Este de Europa, pero ese era todo su bagaje ideológico.
¿Cómo pudo ser que el M-26-J, siendo un movimiento radical, belicista, e ideológicamente estéril, acabó liderando una revolución que expropió a la burguesía?
Los viejos comunistas vieron en Fidel y su ejército de barbudos, el brazo armado que habían estado necesitando para ganar su guerra, pero por el que nunca habían optado claramente, porque hasta ahora no les interesaba la lucha armada. Hasta entonces los lastraba el miedo a ser ilegalizados, y defendían la vía electoral pacífica para conseguir el poder. Pero Batista acababa de declararlos otra vez ilegales, así que miraron hacia la Sierra con fe.
Carlos Rafael había conocido a Fidel a través de un amigo en común en la librería habanera del PSP, muy poco antes del asalto fallido al cuartel Moncada en Santiago, que encabezó el de Birán “desde lejos” -recordemos que no estuvo físicamente allí jamás- el 26 de julio de 1953.
Nunca se dice, pero Rodríguez criticaría con saña a Castro y su ataque al Moncada poco después, considerándolo “un error político nefasto y una ridícula acción militar que nos expuso a todos”.

Terminaría aliándose con él cinco años y medio después de lo que cuento, pero no olviden esto: Carlos Rafael Rodríguez tenía fuertes influencias en el Gobierno de Batista cuando ocurrió la masacre de Humboldt 7, y también en el de Castro cuando se juzgaron los hechos en 1964. Y no fue esta una circunstancia menor.
                 
                          LA TRAICIÓN

Carlos Rafael Rodríguez estaba pasando por un infierno personal. 
Edith y Joaquín 
Su amada -que no amante- esposa, Edith García Buchaca, había dejado de quererlo repentinamente, si es que alguna vez lo quiso, y se había enamorado de otro hombre, que era, además, su mentor político y uno de sus mejores amigos. 
Desde hacía un par de años, Carlos Rafael aguantaba estoicamente en público, lo que comentaba toda la plana mayor del PSP en privado: Ide le estaba siendo infiel con Joaquín Ordoqui. El dolor y la vergüenza de Carlos, eran casi insoportables para él, y llegó a enfermar durante una temporada, necesitando asistencia psicológica. Nunca perdonó a su amigo, pero se derretía esperando el “regreso” de Edith, que nunca se produjo; a ella sí le perdonó la traición.

JOAQUIN, EL AMIGO DESLEAL

El gran amigo y "gurú político" de Carlos Rafael Rodríguez, Joaquín Ordoqui Mesa, había nacido en 1901 y desde muy joven militó en varias agrupaciones cubanas juveniles de corte comunista. Rodríguez había conocido a Ordoqui en el seno del PSP, donde ambos habían ingresado casi al mismo tiempo. Se conocían en profundidad. Durante la Guerra Civil Española, el Partido Comunista le asignó a Ordoqui la implementación de la ayuda cubana a los republicanos españoles.


Esa responsabilidad conllevaba ciertos contactos “soto vocce” con el Polit Buró soviético, que lo convirtieron en una pieza clave en las relaciones del PSP cubano con la URSS. Joaquín Ordoqui era pues, a principio de los 50s, un comunista prominente y el principal vínculo del PSP con Nikita Jrushchov

Nikita Jrushchov
Ordoqui se carteaba con el Polit Buró soviético más que con su propia familia, según Elena Brito, la cocinera y criada de la casa de Edith y Carlos Rafael durante casi 16 años. He podido entrevistar a la hija de Elena Brito:

"Joaquín siempre estuvo enamorado de la mujer de su mejor amigo, y de hecho, se decía por ahí que no fue ella, sino él mismo quien le dijo a Carlos que su “Ide” y él se habían enamorado, después de varios años de verse a escondidas”.

He sabido por otras fuentes que no estoy autorizado a desvelar, que Joaquín le hizo saber a Carlos Rafael que, “en honor a la amistad que los había unido, jamás ocuparía la vivienda familiar que él compartía con Edith, ni se inmiscuiría en la educación de Annabelle y Dania”. Por entonces se comentó que para Carlos fue humillante, porque parecía que su rival encima le “perdonaba la vida”, tratándose de su propia casa, sus propias hijas y su mujer.
La hija de Elena me puso en contacto con otras personas del servicio de los Rodríguez García, de aquella época, (o de sus descendientes), que me corroboran este punto, y que he podido confirmar finalmente hace pocos meses con los testimonios de un amigo de la casa y un miembro de la familia. Por aquellos días las broncas matrimoniales entre Carlos Rafael y Edith eran tan frecuentes y calientes, que el servicio -y hasta los vecinos-, escuchaban fácilmente todo lo que ocurría, sin demasiado esfuerzo, porque a menudo se levantaban la voz.

Durante años, la inteligente “Ide”, no mostró ninguna disposición de cortar esta beneficiosa relación con un ministro del Gobierno batistiano, aún sabiendo él que ella lo engañaba, porque podía conseguirle lo que quisiera con el propio Batista. Era comunista, pero no tonta.
Sin embargo la irrupción de Ordoqui en la vida del matrimonio lo cambia todo; Edith se traslada a vivir con Joaquín a una residencia que él tiene en la localidad habanera de Calabazar. También está a punto de tener con él su primer hijo varón: Joaquinito Ordoqui García, que nace el 27 de mayo de 1953.

Joaquín Ordoqui García
Tuve la suerte de conocer en persona a Joaquinito en Madrid con en el año 2002. Gran parte de las motivaciones que me han empujado a escribir y publicar el resultado de mi investigación, me las transmitió él, que fue generoso y pródigo en información sobre casi todo, a la vez que reservado y respetuoso con la que comprometía la memoria de sus padres, como es comprensible. Uno no escoge a los padres que quiere, pero él amaba a los suyos, aún sin compartir sus ideales. “Es durísimo ver como tanta gente odia lo que más tú quieres, tanto odio te va desgastando hasta matarte”, me dijo una vez. 
Joaquín Ordoqui García me dio vía libre: “No importa lo que descubras o te cuenten de mi familia, ve siempre tras la verdad, que tu trabajo merece ser auténtico porque persigue un fin noble”, me dijo un par de años antes de morir. Se fue demasiado pronto, por cierto, solo dos años después de vernos por última vez, el 13 de enero de 2004 a los 50 años de edad. Era aún un hombre joven y extraordinariamente talentoso. No lo culpo por no haberme desenredado la madeja; no le correspondía como hijo. Yo ya experimentaría el gusto de desenredarla por mis medios unos años más tarde.
Pero debo regresar al momento del nacimiento de Joaquín:
De pronto, todo se complica para el clan Ordoqui. Fidel avisa al Directorio Revolucionario de sus planes de atacar el Moncada el 26 de julio, pero lo hace tarde (solo 24 horas antes) y mal (a través de un mensaje cifrado al miembro del PSP Ursinio Rojas -que no era muy despierto- en la sección de anuncios de un periódico habanero, que Ursinio lee dos días más tarde -cuando ya los barbudos están presos-, y que encima no comprende).


El 26 de julio de 1953, Joaquín Ordoqui no está en La Habana junto a Edith, recién parida. Celebra por todo lo alto el cumpleaños de su amigo Blas Roca, muy lejos de allí, en la ciudad de Holguín. Allí lo detiene la policía batistiana junto a Lázaro Peña y a otros comunistas que estaban en el punto de mira de Fulgencio Batista, acusados de ser parte de la banda que atacó el Moncada en Santiago.
Ordoqui es encarcelado e incluido en la causa que se abre contra los barbudos, pero sale absuelto de todos los cargos. Ya libre, lo tiene claro: se exiliará, ahora que puede. Aún Edith no puede acompañarlo porque su hijo tiene pocos días de nacido, pero se reunirá con él muy pronto.
Así es como Joaquín Ordoqui Mesa, en 1953, pone rumbo a Europa como parte de un exilio programado, que coincidirá con los hechos que tienen lugar en Humboldt 7, ocurridos unos años más tarde, el 20 de mayo de 1957. Su viaje será un periplo largo por varias capitales del mundo: París, Praga, Moscú y Pekín, que culminará en la ciudad de México en 1958.
Carlos Manuel Pellecer 
En 1954, apenas un año tras su partida, Edith y su hijo Joaquinito se reúnen con Ordoqui en Checoslovaquia, y se instalan a vivir en Praga. Allí, entre otras personas que los frecuentan, reciben con inusitada regularidad la visita de un personaje para mí siniestro, que ya está muerto, pero que me ha sido muy útil en mi investigación. Había escrito un libro cuyo título era toda una revelación: “Útiles después de muertos”. ´ Y no fue el libro, sino él mismo quien me ayudó "post mortem".

Se trataba del veterano agente de la CIA de origen guatemalteco, Carlos Manuel Pellecer, del que ya hemos hablado. Pellecer era un ex miembro del Comité Central del Partido Comunista Guatemalteco, que frecuentó con “demasiada asiduidad” -según un informe posterior de la inteligencia cubana presentado en el juicio contra Marquitos-, al matrimonio Ordoqui García en su casa de Praga. Este hombre y sus visitas a los Ordoqui García fue la prueba más contundente que pudo encontrar más tarde Fidel para acusar al matrimonio de ser agentes de la CIA a sueldo de Langley. Porque Pellecer visitaba al matrimonio buscando un posible asilo en Cuba cuando empezó a rumorearse su pertenencia a la CIA.
El tiempo demostró que la CIA puso ese cebo envenenado a Castro. Pellecer era espía, pero el matrimonio no lo fue nunca, al menos de la CIA. Es más, probablemente pudieron haber sido espías dobles a sueldo del KGB, que era la organización de inteligencia que veía peligrar a sus contactos en la Isla, y a quien único el PSP se subordinaba gustosa y servilmente. Es una fuerte teoría que me ronda, pero que aún no he podido probar.
Pero Castro, ni siquiera después, cuando se aclaró el asunto, admitió jamás haber sido engañado por la CIA (habría sido demasiado para su ego), y seguiría adelante con el proceso contra el matrimonio, que al final los condenaría a ambos, aunque a ella solo como consecuencia de haber escogido entre su marido, o admitir la culpa.
Recientemente, a fecha de diciembre de 2019, el General Fabián Escalante publicó por primera vez la verdad sobre este particular en un libro que, evidentemente "se le coló" a la censura en La Feris del Libro de La Habana, cuyas consecuencias aun están por desencadenarse.
Pero en 1964, Castro al mismo tiempo que castigaba a Ordoqui y a Buchaca, enviaba un aviso a navegantes dirigido a sus "protectores": "Ya no son ellos quienes construirán el comunismo cubano, soy yo".

Edith escogió a Joaquín, y fue condenada a prisión domiciliaria en la casa conyugal de Calabazar, aunque correría una suerte bien diferente a la de él, que ingresaría en prisión y moriría más tarde, no de cáncer como se ha dicho, sino por una mala praxis médica. Para muchos fue un asesinato "hospitalario", porque le estuvieron tratando un cáncer como si fuera una tuberculosis, hasta que murió por el tratamiento fallido.
Ordoqui y Buchaca no admitieron nunca en el juicio haber visto en su vida a Marquitos, hasta que el antiguo conserje de la Colina “apareció por nuestra casa en México en 1958, en alguna reunión del Partido que celebrábamos allí” diría ella en el juicio después.
Esto era rotundamente incierto, pero nadie pudo probarlo durante 70 años. Hasta hoy.


KATIA Y SOKOLOV

Puedo afirmar sin ninguna duda, que durante toda la estancia del matrimonio de Edith García y Joaquín Ordoqui fuera de Cuba, entre 1953 y 1959, al menos Edith intercambió un gran volumen de correspondencia con muchas personas, -porque era una mujer a una pluma pegada-, y ese intercambio, con una de ellas, pudo haber significado su final político y una cárcel segura en Cuba después de 1959.

Edith -y aquí otra vez el testimonio de la hija de Elena es crucial-, se escribía sobre todo con seis personas de su círculo más estrecho, a saber: sus dos hijas mayores Annabelle y Dania, (cuando no estaban junto a ellos en período lectivo y permanecían en Cuba), Alfredo Guevara y Osmani Cienfuegos, (grandes amigos y correligionarios del PSP), el propio Carlos Rafael Rodríguez, y… Marcos Rodríguez.
La Buchaca se escribía con Marquitos a través de un complicado método postal para coordinar distintas labores de espionaje del PSP en Praga, a donde ella misma lo había enviado a esconderse. ¿Pero de quién? 
Edith y Joaquín habían establecido en Praga relaciones fuertes cuando vivieron allí, y conocían a mucha gente, pero también se carteaba con Marcos para coordinar los pasos del joven cara al futuro: ellos eran sus valedores. Ni Marcos ni Edith de los dos mandaba las cartas directamente al destino en que se encontraba el otro, ni usaban sus nombres verdaderos como remitentes. Ambos utilizaban seudónimos rusos; ella "Katia" y él "Sokolov", predecibles sobrenombres, tratándose de dos fanáticos pro soviéticos.
Edith y Marquitos mandaban sus cartas a la antigua casa de Carlos Rafael Rodríguez, en Nuevo Vedado, para desviar la atención de su último domicilio cubano en Calabazar, donde quedaron sus hijas. Esto jamás salió de los labios de Rodríguez, porque seguía amando a Edith, pero en la práctica, Carlos Rafael Rodríguez fue otro cómplice no castigado en la historia de Humboldt 7.
Elena Brito, cocinera y sirvienta de Carlos Rafael, estaba más que al corriente del fraude, porque era la encargada de recoger el correo y por tanto garantizar que no se perdiera ni una sola carta.

Debo apostillar aquí, que esta casa, que fue en la que finalmente murió Edith García, no fue, en ningún modo, como ella decía, un regalo de Castro para ella, sino para Carlos Rafael Rodríguez, que ELLA HEREDÓ DE ÉL, pero jamás se lo dijo a nadie. A ella le dieron otra en Playa que rechazó, y luego otra en Conill detrás de la gasolinera de 26, tras la muerte de Joaquín Ordoqui, o al menos eso es lo que tengo contrastado.
Pero volvamos a la cocinera Elena Brito. Su hija me cuenta:
“Mami tenía la orden de Carlos Rafael de guardar todos los días las cartas y paquetes que llegaban por correo. Recibía un montón de correspondencia de la URSS con el membrete del PPCC, y mi madre debía guardarlo en un escaparatico pequeño que él tenía en su cuarto, del que solo mami y él tenían llave. Ni siquiera Annabelle y Dania sus hijas podían abrir ahí. Él le dio esa responsabilidad a mami, porque hacía 15 años que cocinaba en esa casa y le tenía gran confianza. Solo le dijo: “Elena, esto como todo lo demás, debe quedarse entre usted y yo”.
“Todo lo demás”, era todo lo que mi madre había oído y visto en esa casa a lo largo de muchos años al servicio de esa familia. (…) Después, cada dos o tres semanas venía alguien de la Cancillería y se llevaba las cartas. Mi madre sabía que iban directas a México, a la embajada cubana donde las recibía Teresa Proenza, amiga de la casa a la que mami también llegó a conocer cuando viajaba a Cuba y pasaba a ver a Carlos, que el pobre estaba muy triste. Las cartas que venían escritas a máquina por fuera con el nombre de "Katia" en el remitente, eran las que “Ide” respondía a las personas que le habían escrito. Me dijo mami que leyó muchísimas veces en los sobres “De Katia para Sokolov” y “De Sokolov para Katia”, y el sello de “VALIJA DIPLOMÁTICA” estampado en los sobres”.


Hoy yo mataría por una sola de esas cartas, pero ambas partes se cuidaron mucho de destruirlas después de leerlas. Esa previsión le sirvió a la Buchaca para salvar su vida, y eventualmente la de Ordoqui, pero no la de su presunto protegido. Marquitos, alias Sokolov, fue el único chivo expiatorio que pagó caro un crimen, que ahora puedo decir sin dudar QUE NO COMETIÓ.
¿Por qué estoy tan seguro de la inocencia de este hombre acomplejado, mentiroso, ladino y débil, que engañó a casi todo el mundo y nunca fue de frente?
Vuelvo a separarme de lo que considero los hechos reales, y traigo a colación la versión que Osvaldo Fructuoso Rodríguez, hijo de Fructuoso Rodríguez el mártir, tiene de este momento de la historia. Dice el hijo pródigo:
“Joaquín Ordoqui, uno de los principales dirigentes del Partido Socialista Popular (PSP), y su mujer Edith García Buchaca, vivían exiliados en México y recibían un sueldo de la CIA que oscilaba entre $2,000 y $3,000 mensuales. Teté Casuso y Teresa Proenza, cubanas radicadas en México y con amplias relaciones en el mundo diplomático, les hacían llegar el dinero. El propósito era que los Ordoqui informaran de las interioridades del PSP y de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores (la central sindical mexicana, controlada por el PRI). El elevado tren de vida de Ordoqui le permitía mantener dos y tres amantes a la vez en la capital mexicana. Los Ordoqui recibieron a Marcos Rodríguez y le ofrecieron cobijo, alimento y amistad. Marcos vivió y compartió estrechamente con el matrimonio (…) Edith García Buchaca, logró que al triunfo de la revolución, en 1959, se le nombrara como Presidenta del Consejo Nacional de Cultura.
Fidel Castro y Alfredo Guevara 
Desde esta posición, a su vez, ella concedió una beca para completar estudios culturales en Praga a Marcos Rodríguez. El funcionario encargado de gestionar la beca fue Alfredo Guevara Valdés, fundador del Instituto de Cine (ICAIC)”.
Qué bonito y FICTICIO cuento de hadas. Osvaldito asumió como suya la certeza de su madre, de que Marcos era el delator, que a su vez había sido envenenada por la “historia oficial” que Fidel le inoculó en vena a través de Camilo Cienfuegos, punto de apoyo de Martha Jiménez para echar a andar su maquinaria de “justicia”.
Lo que no sabe Osvaldo Fructuoso es que, más que con Camilo, que era el oficial “oficial” que “atendía” el caso de Marta, había otro oficial “extraoficial” que la ponía sobre aviso de todos los pormenores del caso, y que fue quien colocó en sus manos las "pruebas definitivas" contra Marcos: 
Faure Choumont Mediavilla, número 1 del Directorio después de la masacre, y decisivo y maléfico personaje de la Cuba revolucionaria del que nos ocuparemos ampliamente en el próximo capítulo.
Muchas veces se ha hablado de la sospecha que rondaba siempre a Faure (en la foto, de uniforme)acerca de su culpabilidad en el caso de Marcos Rodríguez. Ha sido todo un tema a lo largo de medio siglo, pero nunca NADIE pudo presentar pruebas que lo inculparan, ni relató hechos que lo involucraran directamente en la traición a sus compañeros del DR. Yo lo haré en esta serie.
El relato de Osvaldo es una verdad a medias a veces, y una mentira en su esencia, porque parte de un supuesto completamente falso Marquitos NO DELATÓ NUNCA A SUS COMPAÑEROS. Los Ordoqui en efecto, recibían dinero de la cancillería batistiana mientras vivieron fuera de Cuba, no solo en México, sino también en Europa y Asia, pero en ambos sitios también percibían un salario, en un caso como agregados culturales de las embajadas y en otros como militantes del PSP “en misión al extranjero”. Es parcialmente cierto que ambos fueron destinados a “trabajar” en la capital azteca para “informar” al PSP sobre asuntos internos del PRI que interesaban a los estalinistas cubanos, y que recibían un pago por ello a través de “Las Teresas”. Pero la cifra era sensiblemente menor, y ellos no estaban pagados como agentes de la CIA, porque definitivamente, nunca lo fueron.
“Finalmente, -me afirma Eladio Rivas, que estuvo presente en el juicio acompañando a su tía abuela, la madre de Carbó Serviá-, que es cierto que más de una representante femenina de la central sindical mexicana, pasó por la cama de Ordoqui. Pero hasta ahí, porque el resto del discurso de Osvaldo es falso”. Todo lo anterior era irrelevante. Lo realmente importante era demostrar la fecha que marcó el primer vínculo de Marquitos con el matrimonio de dirigentes del PSP.
Sobre eso, a pesar de que Osvaldo “cree” que ocurrió desde mucho antes de los hechos, sin tener pruebas, y que así y todo el fiscal “dio por hecho”, nunca se tuvo una evidencia concluyente ni una fecha tentativa. Yo he conseguido averiguar ambas, pero los hechos ocurrieron de otra forma.
Sigo con el relato de Osvaldito:
Marta Jiménez 
“Un poco antes de esas gestiones, en la primera semana del triunfo revolucionario, mi madre, Marta Jiménez, le pidió a Camilo entrevistarse con Alfaro, uno de los asesinos de mi padre y que acababa de ser capturado por las patrullas rebeldes. En esa entrevista, mamá le mostró más de 100 fotos de carné de diversas personas, entre las cuales estaba una foto de Marquitos. Alfaro lo identificó sin titubear como el delator. De inmediato mamá le pidió a Camilo que suspendiera el juicio a Alfaro y se detuviera a Marcos Rodríguez”.
Estoy seguro que ni el propio Osvaldo sabe verdaderamente de dónde sacó su madre la información de que Alfaro (el cabo batistiano Ignacio Alfaro, participante en la matanza de Humboldt 7) "sabía" que Marquitos había delatado a sus amigos.
De hecho se empezó a decir que había 5 hombres (y no 4) en el lugar de los hechos, y que uno de ellos era él, que saltó por el balcón y huyó de la zona. La información la llegó a publicar un periódico.
El caso estaba en instrucción bajo secreto de sumario, y era la causa más secreta, misteriosa e importante para Castro desde el procesamiento y condena a los pilotos del ejército batistiano en 1961. Marta no tenía por qué saber los detalles de la instrucción, que ni siquiera le ofrecía el propio Camilo Cienfuegos.
El falso rumor de que aquella tarde había 5 hombres en Humboldt 7, y que uno de ellos era Marcos Rodríguez, lo puso en marcha y propagó, otra vez, Faure Choumont Mediavilla. Faure utilizó como difusora de la idea, a Marta Jiménez, sin embargo, ni ella entonces, ni su hijo hoy, aceptaron que fue manipulada por Choumont y por Fidel. Sucedió que Marta, se alió en un principio con la madre de Joe Westbrook, para luchar juntas por que se hiciera justicia con sus seres queridos.
Osvaldo Fructuoso no menciona ni una palabra sobre esta alianza, quizás porque la desconoce, pero muy probablemente, porque deja en un lugar no muy amable a su madre.
Eladio me cuenta cómo Marta visitó a la madre de Westbrook y a la de Carbó Serviá -su tía abuela-, para convencerlas de hacer un frente común en el juicio: “También llamó a la familia de Machadito, pero ellos no quisieron saber nada cuando le hablaron de homosexualidad, eran mulatos manzanilleros muy cerreros y machistas.
Joe Westbrook 
Mi tía abuela también se negó; quería olvidarse de todo porque sufría muchísimo la muerte de mi tío Juan Pedro, pero la madre de Westbroock dijo que sí. Marta le dijo ella tenía información sensible sobre el caso que les permitiría ganarlo, y le reveló que se la proporcionaba Faure Choumont, pero que parte de ella estaba relacionada con la tendencia sexual de Marquitos, un flanco débil del “prófugo” que serviría para condenarlo. Según Marta, iba a ser inevitable hablar del presunto “affaire” entre Westbroock y Marquitos, y del supuesto triángulo amoroso con Machadito, "para dejar las cosas claras”.

"Machadito" 
Marta lo sabía todo, así que supongo que Fructuoso en vida no fue tan discreto con su mujer como lo fue con sus amigos. Pero ella no lo dijo todo, ni en el juicio, ni a su propio hijo al crecer. Y lo sabía todo porque Choumont la ponía rigurosamente al día de los “pasos” de la investigación. Eran “pasos” diseñados al milímetro por Fidel Castro, y una parte muy importante de su plan.
Por supuesto la madre de Westbroock estaba insultada con Marta, “que había sido capaz de ensuciar la memoria de su hijo con tal de enjuiciar a Marquitos”. Se lo dijo muy alterada a mi tía abuela, que se lo contó a su vez a la familia de Machado. Ninguna de las madres de “mártires homosexuales” quedó convencida de la implicación de sus hijos en la historia pasional, y la de Westbroock dejó de hacer frente común con Marta. De hecho jamás se volvieron a tratar, incluso en el juicio, donde estaban sentadas muy cerca una de otra, pero jamás se miraron a los ojos, eso lo vi yo”, me cuenta Rivas.

Osmany Cienfuegos Gorriarán 
Pero seguimos con el testimonio del hijo del mártir, porque hay más y mejores cosas por descubrir:
Camilo cursó la orden de detención y Marquitos fue arrestado. Pero por muy poco tiempo. No habían transcurrido más de seis horas cuando Osmany Cienfuegos, antiguo miembro del PSP y hermano de Camilo, liberaba al delator. Pero aún con mucha más celeridad se dio la orden de fusilar a Alfaro, sin avisar a ningún miembro del Directorio Revolucionario ''13 de Marzo'', y en contra de la orden emitida por Camilo en Columbia, la cual Fidel Castro había aprobado”.
Osvaldo Fructuoso está totalmente perdido. Tiene la tragedia, los hechos consumados y los actores, pero no da pie con bola con la dramaturgia. Debe ser ahora el momento de contarles el resto de la verdad sobre la fuga de Marcos Rodríguez, de forma cronológica. 

LA HUÍDA DE MARCOS RODRÍGUEZ

Dejamos la historia reposar los días posteriores a la masacre, y resumamos rápidamente qué pasó a partir de entonces:
Recordemos que según el propio Marcos en el juicio posterior, había pedido ayuda a Blanca Mercedes Mesa, compañera (y amiga suya íntima) del Directorio Estudiantil, con la que se citó en la cafetería América en la calle Galiano, para decirle que alguien lo perseguía y que necesitaba protección, pero no le dijo quién.

Blanca Mercedes supuso que era Ventura con la policía, y no hizo preguntas, pero reconocería después ante el tribunal, que Marcos estaba verdaderamente asustado. Por eso lo escondió en casa de una prima suya en la calle Ursinias.
Pocos días después, Marcos abandona ese apartamento, por “diferencias” con la prima de Blanca Mercedes, y se atreve a ir a la casa que compartía con Jorge Valls. Pero durante su estancia en Ursinias, ya hecho antes un montón de llamadas telefónicas a las personas apropiadas, y recibido instrucciones muy precisas. Tiene una solución inimaginable a su problema: se marchará de Cuba por la puerta grande.
Para ello, se “asila” en la embajada brasileña en La Habana. No es una acción voluntaria ni a ciegas. Así se lo ha ordenado quien lo protege. Allí es recibido por el embajador carioca y su mujer, casi como si fuera un hijo. A la embajada alguien ha enviado a un fotógrafo que le hace rápidamente varias fotos y se las lleva; son para confeccionarle un pasaporte. En pocos días recibe allí mismo un flamante visado para viajar a Costa Rica, con el correspondiente billete de avión. Es solo ida. De allí volará a Europa, donde permanecerá en Checoslovaquia en calidad de agregado cultural de la embajada cubana en Praga, y asalariado con cargo a la cancillería de Batista.
A mediados de 1958, y apenas unos meses antes del triunfo, ocurren dos hechos simultáneos de gran importancia en la historia: Carlos Rafael Rodríguez abandona el llano y se apunta tardíamente a la columna de barbudos de Fidel Castro en la Sierra Maestra, y Marta Jiménez recibe una prueba de manos de Faure, que le da una pista sobre dónde buscar (y encontrar) al que cree delator de su marido; su asesino a fin de cuentas, para ella.
Ambos hechos ocurridos casi al mismo tiempo, impulsan los acontecimientos en la misma dirección. Debo enmendarle aquí la plana al escritor y combatiente revolucionario "arrepentido", ex miembro del PSP Esteban Fernández, que ha publicado en internet una crónica titulada "El Partido Socialista Popular", en la que narra de forma desenfadada "el alzamiento" de Carlos Rafael en la Sierra, como si fuera la consecuencia frívola de una conversación entre amiguetes. Dice Esteban, a raíz de enterarse junto a otros miembros del PSP, que Castro estaba dando guerra en la montaña:
"¿Qué tú crees de este tipo?” se preguntaban unos a otros. Alguien dijo: “Este es el tipo que atacó al Moncada mientras nosotros celebrábamos el cumpleaños del compañero Blas Roca”… Algunos ya lo conocían de atrás, como Alfredo Guevara, de la época del bonche universitario. Y todos estuvieron de acuerdo en que “se trata de una persona inexperta, ambiciosa, capaz de cualquier cosa, un joven, idealista, carismático, y que pudiera ser como un muñeco de plastilina en nuestras manos. 
Se preguntaban: “¿Quién entre nosotros tiene el poder de convencimiento, la labia, para hablar con él?” Y al fin, se pusieron de acuerdo en que Carlos Rafael Rodríguez era el emisario ideal para tal empresa… (...) Jamás pensaron que la tarea iba a ser tan fácil. Cuando Carlos Rafael bajó de la montaña hasta brindaron con champán".
Carlos Rafael Rodríguez
Falso de cabo a rabo. Para empezar, Carlos Rafael ya conocía a Fidel, como he descrito antes, porque había coincidido con él varias veces en la librería del PSP. La realidad es que Carlos Rafael se une al M-26 casi al final de 1958, en parte para poner fin al largo viacrucis sentimental que todavía lo ataba a la madre de sus hijas, e intentar olvidarla de una vez. Pero el peso de su decisión era un motivo meramente político y muy serio: paradójicamente, también marchaba a la Sierra para ejecutar un fino movimiento estratégico que le permitiera colocarse cerca del hombre que se perfilaba como vencedor de la guerra, desde una posición privilegiada. Se lo había encargado el PSP, o sea, LA PROPIA EDITH, ahora exiliada y en la sombra. Edith fue la instigadora de esta acción de Carlos Rafael Rodríguez desde México, aprovechándose del fuerte enganche sentimental que aún el padre de sus hijas tenía con ella.
Elena Brito la cocinera de Carlos y Edith, recibió en 7 años una sola carta de “Katia”, pero escrita a mano y firmada con su verdadero nombre: Edith. 
En ella le agradecía su fidelidad “durante todos estos años”, y le recordaba sibilinamente que nadie debía saber jamás nada sobre “la pareja de soviéticos a los que has atendido tan bien todo este tiempo”. Dice su hija que Elena guardó esta carta hasta que salió por televisión el enjuiciamiento de Marquitos:
“Ella se levantó de la butaca, donde estaba viendo la televisión, fue a buscar la carta y la quemó en la cocina, muerta de miedo. Nunca más nos permitió hablar de aquella carta mientras vivió".
Elena recibía esta carta unos días antes de tomar la decisión de dejar de trabajar en la casa familiar, cuando Carlos Rafael se alzó en la Sierra. No quiso seguir al servicio de la familia, porque no tenía buena sintonía con las hijas del matrimonio, que eras quienes quedaban en casa.
En este punto quiero ser objetivo y separarme de las versiones que los familiares y amigos cercanos a la pareja Ordoqui García, tienen de los hechos.
Según un familiar muy cercano a Joaquín Ordoqui -con quien mantengo una amistosa relación-, Joaquín no conoció a Marquitos hasta que ambos se encontraron en México en el 58, mucho después de lo ocurrido en Humboldt.
Entiendo que a estas alturas del relato y con todo lo que ha llovido, las razones de mi fuente les suenen extrañas e increíbles. Para mí también lo son. Pero a pesar de eso, suscribo y aseguro que creo de forma rotunda en la honestidad de mi informante. Pero solo en su honestidad, y no tanto en la verosimilitud de su relato. Me explico:
Poseo largas grabaciones hechas a otros “actores” de este sainete, que me prueban con algunos hechos incontestables, que al menos Edith García Buchaca conocía a Marcos Rodríguez antes de que se produjera la supuesta delación.
Mi fuente me asegura que en su presencia, Joaquín le dijo a Marcos, ya listo para partir a Checoslovaquia: “Espero que no te marches sin dejar solucionado este asunto, te acusan de algo muy grave, no puedes dejar esto así e irte sin más. Necesito que seas sincero…”.
Marcos respondió fríamente que él no tenía absolutamente nada que ocultar, y que se iba muy tranquilo. Pero Ordoqui estaba visiblemente molesto. Era una conversación privada en casa del viejo comunista, en la que solo participaban ellos tres. Tiene sentido que mi fuente hoy pensara que en ese instante, Ordoqui no tenía que interpretar un “numerito” ante sus ojos. ¿O sí?
Nunca podemos estar seguros de lo que puede ser capaz de hacer por nosotros alguien que nos ama. Incluso puede mentirnos para preservarnos del dolor o para velar por nuestra seguridad.
No tengo por qué no creerle a mi fuente a pies juntillas, pero tampoco tengo por qué dar por cierta su propia certeza, que a su vez nace de la confianza, a veces ciega que surge entre gente que se ama de forma incondicional o irracional. Hasta en un amor sincero, condicionado por una situación tan delicada como la que nos ocupa, donde se puede perder hasta la vida, a veces no podemos permitirnos el lujo de decir la verdad, por estrechos que sean los vínculos familiares. Creo haber sido claro enviando mi mensaje (no tan cifrado), a quien debe recibirlo y rumiarlo.
Aún así hay una tercera vía, todavía inexplorada por mí, que se adiciona a las posibilidades de que ambos intelectuales mintieran sobre sus contactos con Marcos, o no mintiera ninguno: que solo Edith estuviera mintiendo, incluso a su marido.
Jorge Valls
Hay a estas alturas del relato, un testimonio de alguien cuya credibilidad siempre estuvo fuera de toda duda, excepto en lo referente a la sexualidad de Marquitos, que claramente desconocía: Su mejor amigo y roommate el ex miembro del PSP y luego preso de Castro, Jorge Valls.
Debo apuntar aquí, en justicia, que aunque reservo los créditos de mis fuentes para el final de esta serie, he de mencionar el nombre de Enrique del Risco como uno de los investigadores más serios y prolijos de los hechos (también autor literario notable), cuyas pesquisas son las más ajustadas a mi investigación, a pesar de que discrepamos en detalles importantes, como la presunta culpabilidad de Marquitos. Del Risco pudo entrevistar a Jorge Valls en vida, y supongo que tenga alguna cosa más que decir tras mi publicación.
Continuaré el próximo capítulo con la aportación de Valls al asunto, las pruebas definitivas de quién fue el verdadero delator, y la inesperada e importante ayuda que recibió Marquitos de dos personas homosexuales como él, a las que no conocía, pero que ocupaban puestos de mucho poder: los miembros del PSP Osmany Cienfuegos y Alfredo Guevara.
Ambos fueron, sin él saberlo, parte importantísima de su operativo de fuga. Porque ambos eran amigos íntimos de su protectora en la sombra: Edith García Buchaca.
Cuando sepamos cómo consiguieron ayudar a Marcos a escapar de Cuba, entonces estaremos preparados para saber cómo Castro lo hizo regresar, para echar a andar un plan tenebroso muy bien estudiado. 

Se llamó Causa 72/1964.


(Continuará)

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