domingo, 31 de diciembre de 2017

JUANA:   LA PASIÓN DEL VERSO   (Suite I)

JUANA: LA PASIÓN DEL VERSO (Suite I)




UN 20 PLANTAS EN MANGLAR, Y ASPIRINAS BAYER CON JOHNNY WALKER.

- ¿Qué volá asere? Llegas tarde.
- Son las ocho y cinco, Juana.
- Quedamos a las ocho ecobio, ¿cuál es tu cuento?
- Es que tengo una rodilla fastidiada…
- ¿No viniste en taxi? ¿O ibas corto de baro?
- Vine en taxi, pero no me dijiste que el ascensor estaba roto…
- ¿Y cuál es el lío? No me formes nada.
- Subí a oscuras por la escalera Juana, y me caí en el primer descanso, que le falta una losa…
- ¿Me estás despretigiando el gao, ya de entrada?
- No chica, pero como me preguntaste…
- Estaba preocupándome por ti, yénica.
- Gracias.
- Tengo aspirinas de las americanas; Brallel. Se pueden tomar con alcohol.
- Estoy bien, no te preocupes.
- ¡No estoy nada preocupada consorte; no te conozco!
- Ya… eso también es verdad…uff. No estoy muy acostumbrado a subir tantas escaleras.
- Ustedes los pájaros que se fueron, con el tiempo se vuelven más pájaros que los que se quedaron.
- Qué bonita reflexión Juana.
- Soy muy observadora, me fijo mucho.
- Tu edificio es un poco complicado sin ascensor…
- Mi edificio está en talla ¿qué te pasa con mi gao, monina?
- Es que el barrio está muy cambiado…
- ¿Y ahora qué te pasa con el barrio? ¡¿Eh pero en qué tú estás asere?!
- ¡No, yo no estoy en nada Juana! Yo también nací aquí cerca, en Oquendo y San Lázaro. Y aquí me crié…
- No habrás venido a contarme tu vida, supongo.
- No no. Vine a que me cuentes tú la tuya.
- Entonces no te me hagas el yuma y bájate del pony, ecobio. Dale pasa.

EL APARTAMENTO

- Hace tiempo que me apetecía conversar contigo.
- ¿Y por qué hablas con la zeta, asere?
- Llevo casi 26 años viviendo en España, Juana. A veces se me escapa una.
- Entonces no te haces el yuma, te haces el gallego. Más triste todavía.
- Vivo en Cataluña, Juana, Galicia es otra comunidad autónoma, más al este.
- Y te haces el sabihondo. ¡No eres fácil!
- ¡No chica no, soy muy normal!
- Normal normal no te veo.
- ¡Qué bonito apartamento Juana!
- ¿Viste que suin?
- Es un sueño.
- Lo permuté por el que me dieron cuando me cogió candela el cuartico de Neptuno.

FUEGO

- Qué tragedia tan grande aquella, chica…
- Después me dieron uno en la calle Perseverancia, en un segundo piso.
- El chiquitico... ese lo conocí.
- Se me llenaba de pájaros hasta el techo.
- Sí, me acuerdo muy bien.
- No cabía ni yo, pero imagínate, me había quedado sin nada; para mí ya era mucho tener un techo otra vez.
- Qué bueno Juana.
- Entré allí con la ropa que llevaba puesta y un pan con croqueta de El Lazo de Oro en la mano. Ni un mueble ni un nada. La Santana me regaló mi primera cama. Todavía la tengo desarmada en el closet, porque era de ella, no la vendo.
- ¿Lo perdiste todo en el incendio? ¿Cómo fue, Juana?
- Fue un cortocircuito. Se me quemó toda la coba de trabajar. Tú sabes que sin mis cobas y mis pelucas a mí me falta el aire.
- Ya.
- Dormí una semana en un banco de la terminal de trenes.
- Ay Juana, no me digas eso…
- Y entonces una amiga, que estaba con un pincho del ministerio, me vio, y habló con Jar.
- ¿Con Fela Jar?
- ¡No asere, con Armando Jar, el Ministro!
- Perdona.
- ¡Pareces nuevo!
- Sigue.
- Le dijo que a mí había que darme algo mejor; vaya que yo era Juana Bacallao, no cualquiera.
- Sí señor.
- Y entonces Jar me dio este apartamento, que me encanta.
- Mucho mejor.
- Es estar en el cielo sin morirme, monina. Mira qué vistas: Tienes todo Centro Habana y San Leopoldo por allá, y todo el Vedado y el Cerro por acá.
- Maravilloso.
- Mira qué bien se ve el derrumbe del Moscú…
- Se ve muy bien.
- Aquí encuentro la paz, ecobio... Aquel fuego que me tocó a mí, siendo una mujer tan buena y tan trabajadora... Baldeaba que para qué. Luego fue que me vino el arte y me vino todo, cuando Celestica fue a mi casa y me dijo, “Juana, al turismo le encanta el bembé”… y mira, empezamos a cantar para el turismo. Pero todo se derrumbó con el incendio.
- Celeste te quería mucho.
- Gran persona, a pesar de ser del campo...
- Pero Juana, todos sufrimos mucho por ti cuando pasaste por eso. Yo era chiquito y todavía me acuerdo.
- Sí sí sí, todos sufrieron mucho, pero fui yo la que dormí en un banco.
- La vida a veces nos trata mal, Juana. Nos lastima…
- A mí me despingó.
- Supongo…
- Pero mira, después me ha devuelto lo que me quitó con creches.
- Con creces Juanita, con creces.
- Tengo mucha suerte. Sin tener estudios.
- Yo fui hasta tu casa en bicicleta a ver el incendio.
- Para ti fue un circo, ¿no?
- No Juani, es que en el barrio se corrió la voz de que tu cuarto había cogido candela, y yo fui a ver…
- Ya eras chismoso desde fiñe…
- (...)
- Los Compadres cantaban “El Cuarto de Juana” en vez de El Cuarto de Tula. Se hizo jarana de mi desgracia. Llegué a tener mis palabras con Hierrezuelo.
- ¿Qué palabras?
- Les dije que eran dos negros hijos de puta. Yo soy muy clara, consorte.
- Ay Juana…
- El día que se me quemó el cuarto, mi vida dio un cambio total.
- Yo me acuerdo como si fuera ahora. Tu cuartico era interior y no se veía la candela, pero salía un humo muy negro de la escalera.
- ¡Ay, aquel humo, qué recuerdo más horrible!
- La gente decía que era por las cosas inflamables que tenías, que alimentaron el fuego, el canutillo, las plumas, la licra, la lentejuela… todo eso era muy combustible. Y claro, las botellas de alcohol…
- La gente fue muy cruel. Venir a hablarme de mis cobas en aquel momento, abusadores...
- A ti te llevaron con un ataque de nervios al bar Serrano, que estaba en la esquina.
- Ahí yo desayunaba, con Felicita la dueña. Del campo también... Dormí allí en un colchón que ella me puso la primera noche.
- Ibas sin peluca, con los moñitos deshechos, toda manchada de hollín y solo con una toalla alrededor del cuerpo.
- ¡Porque a mí el fuego me cogió bañándome asere! ¡Salí encuera!
- Dabas salticos sin parar, y gritabas “¡ay qué osobbo, ay qué osobbo!” Eras como una massai en trance. Fue desolador.
- Fuiste a burlarte de mí.
- No Juana, fui a solidarizarme contigo…
- ¿Y por qué te partes de la risa mientras me lo cuentas?
- Lo siento Juana. Intentaba desdramatizar…
- Pues no desdramatices tanto…
- (…)
- (…)
- Al día siguiente me quise matar, no sé si lo sabes.
- ¡No!
- Iba a cortarme las venas, pero dije “Juana, no, no te mates”.
- ¿Y qué pasó?
- ¿No me ves aquí?
- Sí sí.
- Eres un poco lento.
- Fuiste muy fuerte.
- Y lo soy.
- Pero se dijo que la culpa del incendio fue tuya.
- ¿Qué? ¿Por la ropa combustible?
- No, porque le dejaste encendida una vela a tus guerreros, y te fuiste borracha para el Capri.
- ¿Quién decía eso?
- Era un rumor general, no sabría decirte su origen.
- Cuánta maldad… ¡si fue un cortocircuito!
- ¿Ah sí? Nunca lo supe Juana. ¿Dónde me siento?
- Donde quieras asere, ya me jodiste la tarde...
- ¿Aquí?
- ¡No! ¡En las butacas no! Las acabo de traer de Italia y no se les puede quitar el nylon. Las tengo de adorno.
- Mejor en el sofá, a tu lado.
- ¿Quieres tomar algo?
- Bueno…
- Dímelo ahora, porque cuando me siente no me levanto más.
- ¡Sí Juana por favor! La escalera me ha dejado sin aliento.
- Óyeme consorte...
- ¿Sí?
- Oye bien lo que te voy a decir…
- Qué.
- Si vas a seguir protestando por la singada escalera, te vas.

LA MECÁNICA DEL AGUA

- Todo está bien Juana. Dame solo un buchito de agua.
- Conmigo no tienes que embarajar…
- ¿Por qué crees que te embarajo?
- Te estás haciendo el fino y el catalán con la copita de agua y la mariconá...
- No chica, es que no quería molestar.
- Y tienes una cara de curda que no puedes con ella.
- ¿Sí?
- ¿A quién quieres engañar?
- A nadie Juana…
- El agua es para bañarse, para las asistencias de brujería y para baldear. Punto. Para todo lo demás, el alcohol.
- Qué idea tan original del agua, Juana. Eres la poetisa del bizarrismo antillano.
- Me gusta eso. Apúntamelo anda.
- ¿Te gusta?
- Es que estoy escribiendo un libro de poemas...
- (...)
- Y como título me gusta: “Juana Bacallao: La Bizarrista del Poetismo Antillano”. Tiene como un suin de afuera.
- Gracias Juana. Te lo regalo.
- El qué.
- El título del libro
- ¿Qué libro?
- Ay me muero...
- Bueno, ¿bebes o no?
- ¡Sí dale, me apetece una copa!
- Solo tengo vasos de aluminio.
- Empiezan a… a estar de moda otra vez.
- Los pájaros me rompen los de cristal. Una se cansa.
- No importa Juana. Me encanta el aluminio.
- ¿Entonces te traigo “alcolite”?
- Si eres tan amable.
- ¿Qué te pongo?
- ¿Una cerveza?
- Eso es trago de nichardo pobre, yénica, no me bajes el nivel.
- Pues no sé… lo que tú quieras.
- ¿La bebida del enemigo?
- ¡Perfecto!

SINCERA, PERO BIPOLAR

- Güisqui solo, ecobio; te debo el hielo.
- Bueno…
- Se me olvidó llenar las gavetas. Ayer se fue la luz y se derritió el que tenía.
- Qué incordio chica, no se puede vivir así.
- La cortaron anoche, dos veces, y volvió a las once. Trabajo mucho, no puedo estar en todo.
- No pasa nada Juana, estoy acostumbrado a las cosas de aquí.
- ¿Qué “cosas de aquí”?
- Esas que acabas de decir…
- Yo no acabo de decir nada.
- Chica los trabajos que pasas para…
- ¡Yo no paso trabajo para nada consorte, cuál es tu invento!
- Ay Dios mío…
- ¿Qué te pasa hoy asere?
- Digo que cada vez que vengo aquí, todos estos problemas me parecen normales.
- ¿Problemas? ¡Oye, no!
- ¿No, qué?
- ¡Que veo por donde vienes otra vez, y no!
- ¿Qué?
- ¡Tú lo que quieres que yo diga, que en este país se sigue yendo la luz, y siguen cortando el agua, igualito que hace 50 años!
- ¡No, Juana!
- Y como comprenderás, eso no lo puedo decir.
- Uff…
- Nunca hablo de política.
- Te lo agradezco muchísimo.
- Voy a la cocina a buscarte el trago.
- Gracias Juana.
- No toques nada, que todo es de afuera, y se puede romper.
- Tranquila…
- Ni tampoco te lleves nada.
- No chica…
- Es que hay pájaros que roban…
- ¡Yo no sería capaz, Juana!
- Y yo tengo memoria fotográfica; enseguida me doy cuenta si falta un adorno.
- Descuida.

YONIGUARQUE, LA BEBIDA DEL ENEMIGO

- Tu Yoniguarque sin hielo, ecobio.
- Gracias Juana.
- Un poco caliente, pero entra. Hoy no hay ni 30 grados.
- Fresquito fresquito…
- Acuérdate, la de los santos primero. En aquel rincón, donde se ha pelado la pintura y saltó el granito del suelo.
- Qué fuerte Juana, son como las huellas de la rutina.
- ¿Qué rutina? ¿Me estás diciendo rutinera?
- No no, que me viene a la mente Vittorio de Sicca.
- No tengo mucha guara de italianos; no me ha hecho falta jinetear. ¿Cuál es tu duda?
- No chica, hablo del cine neorrealista italiano. En "Dos Mujeres", cuando aparece el plano de la cocina donde Sofía enciende el fuego, las huellas de los fósforos que frota cada día contra la pared…
- ¿De qué estás hablando, pájaro? ¿Dos mujeres que perdieron unos planos?
- No no.. que Sofía en la película...
- ¿Sofía? No será la bailarina del Copa que le pegó candela al marido... Porque si es esa, es mi ahijada de santo. No te permito que te pases con ella.
- No Juana, que tu rincón del ron para los santos es como la pared manchada de hollín de Sofía Loren, tiene las huellas de tu rutina.
- Para eso no tienes que leer las señales en el suelo de mi casa. Ya te lo digo yo.
- Déjalo déjalo..
- El Yoniguarque te sube más rápido que a mí, consorte.
- (...)
- Si lo que quieres decir es que yo le pegué candela a mi cuarto, ya puedes salir por donde entraste…
- ¡No chica, yo no te estoy acusando de nada!
- Ok, pero háblame bajito. No te alteres.

EFECTOS SECUNDARIOS

- ¿Tú no tomas, Juana?
- Antes sí, tomaba JB, pero dejé de comprarlo porque me puso compulsiva.
- ¿Sí? No me digas eso Juanita…
- Era una botella detrás de otra.
- ¿Y eso?
- Hay que resistirse mucho a un trago que ya trae tus iniciales en la etiqueta, broder...
- No había caído en eso…
- Te crees que todas las botellas del mundo son tuyas.
- Madre mía, Juana.
- Y entonces lo cambié por Yoniguarque.
- Mejor…
- Me sale más caro que el otro. Yo lo compro en 70 para las grandes ocasiones.
- Sí, es muy caro para ser un wisky que no es tan…
- ¿Qué no es tan qué, ecobio?
- Digo, que es un wisky así así.
- ¿Qué quieres decir con “así así”?
- (...)
- ¿Otra vez con las críticas? ¡A que te vas!
- ¡No, si el Johnny me gusta! ¿Qué te pasó con el alcohol por fin?
- Que lo dejé. Me sienta mal; me enciende por dentro.
- ¿Sí chica?
- Antes, cuando estaban Elena y Moraima, bebíamos hasta morir, pero estábamos divinas.
- ¡Qué tiempos!
- La Burke decía, “Y ahora vamos a brindar por fulano, que se murió”, y otra vez todas con el vaso hasta arriba, y a cuncún. ¡Unas curdas en el Capri! No parábamos.
- Qué anécdota tan alcohólica… ¿no?
- De esas tengo un chorro, pero no voy a contarte más.
- ¿Por qué, Juana?
- Es una época que odio recordar.

PRIMER DECLIVE

- Fue tu momento más oscuro, tocaste fondo por los 70s…
- Me enfermé de los nervios, me puse agresiva…
- Ay Juana no me digas…
- Me había pasado todo, incendio, soledad, alcohol…
- ¿Drogas?
- ¡Oye yo nunca me he drogado consorte!
- Juana no…
- ¡Yo siempre fui clásica, como la Burke y como La Mora, solo de alcohol!
- Juana yo no …
- ¡Si tú quieres drogarte pregunta en Punto Cero, que los hijos del que se fue le meten al perico!
- (…)
- (…)
- ¡Ahora no puedes negarme que lo dijiste!
- ¿Que dije qué?
- Que los hijos de Fidel Castro consumen cocaína. Lo has dicho claramente.
- ¿Yo? ¡Eres lo peor, pájaro!
- ¡Juana tú...!
- De mis labios eso no ha salido.
- ¡Pero Juana si acabas de decir que en Punto Cero…!
- Estabas hablando tú.
- No puedo más.
- ¡Tú estás para el daño o ya tienes al alemán instalao!
- Juana tú dijiste…
- Hazte un chequeo asere. Te veo mal.
- Ok. No quiero ponerme nervioso…
- Yo estoy divina, ¿cuál es el nervio?
- Me hablabas de tu época de las borracheras aquellas… ¿Qué te pasaba con tus músicos?

BAQUETAZOS QUE DA LA VIDA

- Que se me fueron las cosas de las manos. Me dio por meterles.
- ¿Cómo? Pero, ¿qué les hacías?
- Les metía, les metía con las baquetas del pailero.
- ¿Pero por qué?
- El JB me subía muy mal.
- Pero habría algún motivo…
- ¡Porque solo quieren “fasten” asere! ¡Viajar, viajar, viajar y traer pacotilla; viven pensando en eso!
- Coño eso es muy feo…
- ¡Son enfermos al avión y a las tiendas! No son artistas como yo, de verdad.
- ¡Qué poca profesionalidad!
- Quieren que los saques, pero no se aprenden las partituras, ni escribiéndoselas con un cuchillo en las palmas de las manos.
- Qué malagradecidos, chica.
- Siempre llegan tarde a los ensayos, no se preparan los temas… cosas de niche sin educación. Me tienen muy cansada.
- Los músicos siempre han sido conflictivos.
- Los negros. Con los blancos eso no pasa.
- ¿No?
- Tienen el oído más cuadrao, pero son puntuales.
- No sabía…
- Los nichardos son muy informales y unos confianzúos asere...
- ¿Sí?
- Te dejan embarcada por cualquier cosa…
- Ya.
- Y yo que con dos tragos me pongo agresiva, enseguida me vuelvo loca metiendo baquetazos.
- Entonces mejor que no bebas.
- No no, ya nadamás que bebo Sebenop y refrescos lais. Estoy muy tranquila. Además ya fui a Mayami. Ya puedo decir que lo hice todo.
- Es verdad.
- Pero en aquella época perdí el trabajo asere. Nadie me llamaba ya…
- Llegaron a decir que estabas acabada.
- Sí... ¡Y yo sé quién fue la que lo regó! Pero si te lo digo, tendría que matarte.
- No no, no me hace falta saberlo Juana…
- Tú la conocías…
- Mejor cambiamos de tema, ahora que me dices lo del “oído cuadrado”.
- ¿Qué pasa?
- De ti siempre se ha dicho lo mismo, que tienes el oído cuadrado. ¿Cómo llevas eso?
- (…)
- (…)
- ¿Dicen que yo tengo el oído cuadrado, consortín?
- Y que no sabes ni cantar ni bailar, que desafinas mucho, y que se te olvidan las letras de las canciones. O las confundes y te las inventas.
- (…)
- (…)
- El que escribió eso no tiene sentimientos.
- No hagas caso, la gente es muy envidiosa Juanita…
- Pero todo eso es verdad, Charli asere, es así…
- Ay Juana…
- No canto ni bailo ni hago nipinga…Todo es cierto yénica.
- ¡No te pongas triste Juana…!
- Es tremenda mariconá que lo digan, y el que lo dijo, un singao.
- Ya…
- ¿Quién lo dijo?
- Paquito D’Rivera.
- (…)
- (…)
- ¡Asere no me hables más de política coño!
- Pero Juana, tú me preguntaste…
- ¡Te lo he dicho una pila de veces, y tú sigues! ¡No eres fácil!
- ¡Pero si yo…!
- ¡Me estás picando para que yo hable de los artistas gusanos!
- No Juana…
- Me estoy dando cuenta…
- No chica…
- ¡Quieres que toque el tema candente!
- ¡Juana por favor!
- ¡Y que te cuente lo mala que está la cosa aquí! ¿No?
- ¡Juana yo no he querido…!
- ¿Quieres que te hable de Paquito, de Sandoval, de Oriente López, de Annia, de Mirta, y de toda la gusanera de la farándula que aquí sigue prohibida, no se sabe por qué?
- ¡Ay Juana chica no te pongas así que me asustas!
- Pues eso nunca lo diré.
- (...)
- (...)
- Qué hija de puta eres.
- Amo a Cuba. O sea, no te equivoques, consorte.
- Ay, quiero acabar...
- Bueno, ¿le metemos mano a eso, o qué?
- Déjame encender la grabadora.

CRÓNICA O ENTREVISTA, 
ESA ES LA CUESTIÓN

- Aguanta, aguanta, primero tengo que decirte algo.
- Qué…
- No me gusta nada que publiques esto como una entrevista.
- ¿Por qué?
- Queda mal con cojones.
- Es una entrevista normal, como la que he hecho a otras, Juana.
- ¿Y qué ves tú de normal en mí, ecobio? ¿En qué me parezco a las otras?
- No no no, tú eres diferente…
- ¡Soy distinta a todas mi ambia!
- Por eso yo creía que con una entrevista intimista…
- No, encuerarme no.
- Juana, no tienes que…
- ¡No, asere, entiendo que la gente sienta morbo por verme encuera, pero no!
- Pero si no….
- ¡Tú vienes de tu Europa, donde todo es muy alante y muy moderno, pero aquí es otra cosa! Hay una moral y unas formas, ecobio. No puedo encuerarme.
- “Intimista” no es que tengas que desnudarte, Juana. Al menos, no físicamente.
- Encuerarse es encuerarse, no intentes confundirme.
- No, chica mira, intimista es…
- ¡Que yo no salgo encuera consorte, me estás encabronando!
- Ok ok, no te pongas así, seguimos.
- ¿Por qué no puedes hacerme un escrito elegante de los tuyos?
- No te entiendo.
- Como el que le escribiste a Cuca, la hermana de Alicia Alonso, por ejemplo.
- Cuca está muerta, no podía entrevistarla. Por eso hice una crónica sobre ella.
- Alicia está viva y le has dedicado como cuatro o cinco…
- Ya. Es algo entre ella y yo.
- Y a Estrellita, la de Amigo, mi amiga Hortensia, a Martha Strada, a Rosa Fornés, hasta a Rebeca, que ya es el colmo. Y todas blancas. Yo lo veo claro, no sé tú.
- ¿Me sigues en Facebook?
- No me cambies de conversación. No sigo a nadie, la gente me sigue a mí.
- Lógico lógico…
- Pero los pájaros me cuentan todo lo que escribes.
- ¡Has leído mi blog! Gracias Juana, es un gran honor…
- No lo he leído nada: me lo leen todo. Y mi dinero me cuesta, deberías estarme agradecido.
- Pues cuéntame de Internet y Juana… ¿cómo se llevan?
- Empingao. Me encanta conectarme.
- Cuenta cuenta.
- Cucha…

(Continuará)

También puede leer:

Suite III 
Suite IV
Suite V 
Suite VI

miércoles, 20 de diciembre de 2017

MÁRTIRES DE HUMBOLDT 7, ¿UN CASO CRIMINAL DE CELOS POR DESPECHO? (PARTE III)

MÁRTIRES DE HUMBOLDT 7, ¿UN CASO CRIMINAL DE CELOS POR DESPECHO? (PARTE III)



LA CONSPIRACIÓN COMUNISTA

Advierto que este capítulo no es de lectura fácil, y quizás hasta resulte aburrido para algunos; no contiene demasiada carnaza, al menos no de la que seguramente esperan. Pero es un apunte histórico imprescindible en la comprensión de los hechos que estoy relatando, sobre todo para mis lectores cubanos más jóvenes que no vivieron la tragedia de Humboldt 7, ni sus consecuencias para el pueblo de Cuba después del triunfo de la revolución. 

Olviden momentáneamente todo lo que les he contado hasta aquí. Solo recuerden que, -obviando los nuevos detalles que he aportado hasta ahora- se trataba de la versión oficial que “editó” Fidel Castro para la opinión pública, cortando y pegando la historia verdadera, cómo y por donde quiso.
Resumir la historia, de algún modo es también falsearla, y esta tiene tantos detalles importantes, que es muy difícil concentrarla en pocas palabras. Por eso intentaré explicar para los profanos, -espero que con las palabras suficientes-, dónde y por qué nacieron los complicados móviles políticos y sentimentales que generaron los hechos en torno a la masacre de Humboldt 7, la apertura de la Causa 72/1964 y el posterior juicio y fusilamiento de Marquitos Rodríguez acusado de delación y Traición a la Patria.

Permítanme retroceder tres años antes de los sucesos de Humboldt 7, a 1954, cuando aún Marcos Armando Rodríguez Alfonso era un gris y feo adolescente con acné que ni siquiera fungía de conserje. No sé su edad exacta en este momento, nadie la sabe; no hay referencias oficiales de su nacimiento, pero se calcula que fue entre 1940 y 42, porque era menor de edad cuando ocurrieron los hechos en 1957.


Acababa de conseguir un empleo como asistente del conserje titular, limpiando las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Pero Marquitos tenía inquietudes políticas, y se le daba bien la retórica, así que muy pronto se “pegó” a los grupos de estudiantes que conspiraban contra el régimen batistiano y no faltaba a una sola de las manifestaciones que organizaban las distintas agrupaciones estudiantiles, entre ellas el Directorio Revolucionario.


Marcos Rodríguez (Foto: Deena Stryker, Duke University Colection) 
Sin embargo, nadie sabía entonces cómo ni por qué, Marcos estaba en el núcleo del Directorio Revolucionario, ni cómo llegó a ser considerado allí por los demás como uno de sus miembros de pleno derecho. Más aún, no se sabía cómo llegó a tener responsabilidades serias en las acciones bélicas. Nadie lo sabía, hasta hoy.

Fidel Castro en la Sierra Maestra 

Había infinidad de facciones estudiantiles y obreras que luchaban activamente contra Batista a inicios del año 1953, pero solo dos grupos aceptaron el liderazgo de Fidel Castro por control remoto desde la Sierra, sin poner demasiadas pegas a su mando: el Directorio Revolucionario (DR) y el Partido Socialista Popular (PSP o Partido Comunista), que acababa de ser otra vez ilegalizado por Batista. 


EL M-26J era un movimiento aún sin poso político, casi recién nacido, con un programa ideológico todavía en cocción, que iba sazonando Fidel a su gusto en la montaña, según fueran yendo las cosas en el llano. Castro capitalizó la lucha estudiantil y comunista para sí , aún no estando muy de acuerdo con sus líderes.


José A.Echeverría en el homenaje realizado por el DR a Antonio Guiteras el 8 de mayo de 1955 

Los chicos del Directorio eran mayormente religiosos y muchos de ellos, bastante racistas y clasistas, pero si bien unos provenían de rancias familias burguesas, otros eran hijos de obreros muy humildes.

Bandera del Directorio Estudiantil 13 de marzo, llamado antes de los hechos Directorio Revolucionario (DR) 

El PSP era la cuna del estalinismo más extremo. También era el feudo de comunistas históricos como Juan Marinello Vidaurreta, Carlos Rafael Rodríguez, Joaquín Ordoqui Mesa, Edith García Buchaca, Blas Roca Calderío (en la foto, en el balcón de la sede del PSP), y otros líderes rojos prominentes, muchos de familias bien.


Salvador Garcia Agüero y Juan Marinello 
El comunismo primigenio cubano se nutría desde el principio, de las mismas fuerzas que el stalinismo soviético; una combinación de “cuadros” que venían de familias burguesas adineradas con educación y preparación suficiente para elaborar su panfleto ideológico, y militantes de base sin demasiada conciencia política, emergidos del proletariado, y con ganas de “cambiar el mundo”. (En la foto hay una representación exacta de ambos estratos: Salvador García Agüero y Juan Marinello en un mitin del Partido).

Rápidamente el PSP cubano creó contactos directos con Stalin, que sobrevivieron a todos los gobiernos después del de Machado y hasta el triunfo de la Revolución, cuando fue disuelto. 

Como apuntaba en los capítulos anteriores, a esas tres organizaciones (DR, M-26-J y PSP) las unía el odio contra Batista, y poco más: Eran organizaciones con muy frágiles vínculos ideológicos entre sí. 

Los viejos comunistas históricos del PSP en cambio, se declaraban agnósticos, materialistas y seguidores de la línea soviética más dura propugnada por Stalin, aunque al mismo tiempo manejaban cuantiosas sumas de dinero de procedencia privada primero, y pública después, cuando fueron legalizados. 
Preocupados por la supervivencia de su organización decimonónica, y ante el empuje de las nuevas fuerzas, a las que menospreciaban en lo intelectual, los miembros del PSP solían espiar a las otras dos facciones. Y tenía muchos medios para hacerlo.

¿DE DÓNDE VENÍAN LOS COMUNISTAS?

Julio Antonio Mella 

Los estalinistas del PSC se consideraban únicos herederos del Primer Partido Comunista Cubano fundado por Mella en 1925, una formación que fue clandestina hasta 1938. En 1939 se transmutó en Unión Revolucionaria Comunista, y en 1944 se convirtió en el Partido Socialista Popular (PSP), vinculado a la CTC (Confederación de Trabajadores de Cuba, después con el triunfo, “Central”). Su Secretario General fue Blas Roca desde 1934 hasta el 1962. 

Algunos de estos comunistas tenían importantes vínculos políticos con el segundo gobierno de Batista, y enlaces personales o familiares muy fuertes con influyentes lobbies judíos de poder en los EEUU, -recordemos que muchos pertenecían a estirpes cubanas acomodadas-, razones por las que Fulgencio los mantendría hasta 1953 como partido legal, además de porque le apoyaron en las elecciones.

Muchos ocupaban importantes cargos institucionales en la administración, y tenían mano suficiente para mover hilos que les estaban vetados al Directorio y al M-26-J. Aunque parezca una locura, los comunistas gozaban de una gran influencia en la década anterior al triunfo de la revolución. Y sabían utilizarla. 


Blas Roca, secretario general del PCC en diciembre de 1936, arengaba a la burguesía criolla instándola a unirse al proletariado, en estos términos: 

“La misma burguesía nacional, entrando en contradicción con el capitalismo que la sofoca, acumula muchas las energías revolucionarias que no se deben dejar perder (…) Todos los estratos de nuestra población, desde el proletariado a la burguesía nacional pueden y deben formar un amplio frente popular contra el opresor”.


Marinello para Alcalde y Batista Presidente. 

Su propuesta se concretó en una petición de alianza con Grau San Martín, del Partido Auténtico, una formación de corte nacionalista burgués, pero Grau no aceptó la coalición. 





En 1935, los comunistas califican a Batista de “traidor nacional”, pero cuando Fulgencio permite a Juan Marinello organizar el PC bajo las nuevas siglas del Partido de Unión Revolucionaria, en 1938, y aprueba la edición y distribución del periódico stalinista “Hoy”, cambian de idea y consideran que Batista ya “no es el punto focal de la reacción, sino el defensor de la democracia”, en palabras del propio Marinello. 

En 1939 el partido comunista ya habla de Batista como “compañero del frente unido”. 
En la campaña electoral de 1940, Batista recibe apoyo franco de los stalinistas, y como pago al favor, incorpora en su gobierno a dos comunistas: Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez son nombrados sucesivamente ministros sin cartera de su gabinete. 

De izquierda a derecha, Ramón Nicolau, Flavio Bravo, Carlos Rafael Rodríguez, Juan Marinello, Blas Roca y Lázaro Peña 

Como estalinista, pero ahora parte del gabinete de coalición del Gobierno Provisional de Batista, Carlos Rafael Rodríguez aplaude la Constitución recién aprobada en el 40, considerándola una de las más democráticas del mundo, aunque veinte años después la considere inmoral. Debe atemperar su discurso comunista, porque su nombramiento significa más voto, más voz y más poder para el PSP. Así que Rodríguez casi se convierte en asesor de Batista
Y aquí el relato comienza a enlazarse con la historia que nos ocupa.

EL AMOR, SIEMPRE EL AMOR…

Carlos Rafael Rodríguez se había incorporado a la lucha política contra el régimen de Machado, como miembro del Partido Comunista de Cuba en 1932. 

Carlos Rafael Rodríguez 
En agosto del año siguiente y con solo 20 años de edad, ya era alcalde de Cienfuegos, y poco después editor del diario comunista “Hoy”, que entonces luchaba contra el gobierno de Carlos Mendieta. En 1939, a los 26 años, se recibe de abogado, y en el 40 integra el Comité Ejecutivo del Partido Comunista. Entonces conoce a una mujer que lo desarma con su labia docta y verborreica, y su inteligencia fuera de serie. Se llama Edith García Buchaca, y él se enamora de ella desde el primer minuto, y hasta los tuétanos.

EDITH GARCÍA BUCHACA aka “IDE”: 
LA ADÚLTERA ROJA

Edith García Buchaca 

Harold Cárdenas Lema describe en su artículo “Segundas muertes en Cuba” a Edith García Buchaca, como “la dirigente intelectual más prestigiosa del PSP cuando triunfó la Revolución”. Yo añadiré que fue también la más odiada entre los artistas de la Isla por aquellos días, y hasta hoy.

Junto a Vicentina Antuña, Edith García Buchaca era la otra gran desconocida en el mundo cultural, pero a diferencia de la Antuña, Edith ya era todo un personaje en el PSP de los 50s.

Edith era norteamericana de nacimiento, pero renunció a esa nacionalidad y se hizo comunista desde que era apenas una adolescente. Emigró a Cuba contra la voluntad de su familia y se integró rápidamente en la vida política de la Isla de finales de los años 30s. Tuvo una prolongada trayectoria como militante activa del PSP, en cuya cúpula se integró desde el primer momento. Se encargó además de la redacción de la página cultural del libelo comunista “Hoy” desde la década del 40.
“Ide”, como la llamaban sus amigos y familiares cercanos, tenía una excelente formación cultural y académica, pero era “cuadrada” y estalinista hasta los tuétanos. Representaba la línea más ortodoxa y ácida del marxismo cubano, y puso todo su empeño en encaminar nuestra cultura en esa dirección cuando triunfó la Revolución, primero como directora de la Biblioteca Nacional, y posteriormente como la primera secretaria del Consejo Nacional de Cultura que tuvo esa institución. Buchaca sería también la autora de un panfleto comunista titulado "Teoría de la superestructura" que le granjeó muchas críticas y antipatías por sus lineamientos "sovietizados" adaptados a Cuba por la autora.

La García Buchaca criticaba en su tesis, “el arte por el arte”, y exigía a los artistas que dotaran a sus creaciones de un carácter utilitario que pusiera de manifiesto “los vicios y defectos del pasado, y los beneficios y virtudes del futuro”. Era un saco de palabras y conceptos vacíos de contenido, como todos los comunistas, pero mandó en la cultura revolucionaria de forma intransigente, negando el valor de todo el arte cubano anterior a 1959.

La plana mayor de Cuba en 1961. Edith y Joaquin al fondo. 
Edith creería firmemente unos años más tarde, que la revolución ya había superado el pasado capitalista de la Isla, y que “no tenía sentido recrear un arte que respondía a una formación económico social totalmente superada”. Enarbolaba el modelo soviético del realismo socialista “no como una opción artística sino como una norma mecánica a reproducir”, dice Cárdenas Lema. Ella fue el triste exponente de un momento amargo de la cultura cubana, antesala del período que hoy conocemos como “Quinquenio Gris”.

Pero “Ide”, era también sarcástica, enigmática, reflexiva, lenguaraz, una conspiradora nata y dueña de poderosas armas de seducción femenina. Dicen que no hay que ser bella si se es inteligente, y Edith era inteligente, y mucho. Tenía todo lo que Carlos Rafael Rodríguez buscaba en una mujer. Por eso, loco de amor, Carlos le propuso matrimonio. Ella accedió, se casaron en poco tiempo y engendraron dos hijas: Annabelle y Dania.

Todo parecía ir sobre ruedas en la familia “feliz” que formó la pareja de intelectuales en la residencia que Fidel le dio a Carlos Rafael en Nuevo Vedado. Es la famosa “Casa de la Puerta Roja” de la que habla la periodista Tania Quintero en una entrevista frugal que hizo a la Edith ya anciana, casi moribunda.


Reunión de miembros de PSP: Severo Aguirre, los Ordoqui, los Escalante, Ramón Calcines, Ursinio Rojas, Salvador García y otros. 
Iban allí de visita muchos amigos del matrimonio que militaban en el PSP: Severo Aguirre, los Ordoqui, -hermanos y grandes afectos de la pareja-, los Escalante, Ramón Calcines, Ursinio Rojas, Salvador García Agüero, Isidoro Malmierca, los Marinello (Juan y Zoilo), Lázaro Peña, Blas Roca Calderío, Flavio Bravo, Juan Taquechel, Severo Aguirre y Agapito Figueroa -el verdadero Agapito-, entre otros comunistas célebres.

Lázaro Peña, Blas Roca y Juan Marinello. 
La gente de la calle no temía a los comunistas como hoy; eran vistos apenas como unos politiqueros más, y no se les consideraba peligrosos. Así que también era frecuente ver a Carlos Rafael y a la Buchaca, en compañía de un reducto menos conocido de la cúpula estalinista, pero más poderoso, violento y oscuro, dirigido por Fabio Grobart, Víctor Piña, Osvaldo Sánchez, y en la sombra, Joaquín Ordoqui. No olviden desde ahora esos cuatro nombres.

Fabio Grobart 
Tampoco olviden que ya desde entonces, a la casa de Nuevo Vedado no iban solo los grandes líderes comunistas, sino muchos “invitados” no famosos, estudiantes y obreros que simpatizaban con el stalinismo y se identificaban con la lucha contra Batista. 
Los líderes del PSP los reclutaban para las filas de sus “juventudes”, y a veces les encomendaban “misiones” de espionaje a otras facciones, aprovechando que en muchos casos no eran militantes conocidos, como lo eran ellos.
Debo remitirme otra vez a un testimonio fundamental de Eladio Rivas, sobrino político de Juan Pedro Carbó Serviá, víctima de Humboldt 7:

Jorge Valls 
"Marquitos y Jorge Valls vivían juntos en La Habana, pero Jorge siempre se quejaba de que, con lo peligrosa que era La Habana de noche, con la policía de Ventura siempre en los talones, y la filiación política de Marquitos, éste siempre cogía calle solo, y llegaba a las tantas de la madrugada.
Tenía a Jorge muy nervioso, porque Valls (en la foto) lo estimaba de verdad. Muchas veces se iba caminando por las noches hasta Nuevo Vedado, con su saco amarillo pollito y sus sandalias sin medias, muy “afocante”, decía mi mamá, que lo vio una vez vestido así mismo en una manifestación en la Colina. Pero nunca decía a donde iba, porque era muy callado y reservado para sus cosas. Como lo cogía la confronta, también volvía caminando. Después Marquitos dejó de salir de noche, pero se iba algunos fines de semana a Calabazar, donde le decía a Jorge que tenía una novia. Allí estuvo yendo hasta bien entrado 1954. Ninguno de los miembros del DR conocieron nunca a esa novia, y tampoco esperaban que existiera; sabían perfectamente que Marquitos les mentía, porque era homosexual. Más bien esperaban que lo de Calabazar fuera un novio. Solo Valls creía las cosas que decía Marquitos. Era muy mentiroso, y eso conspiró contra él cuando resultó que no mentía…”.
Y es justamente en 1954, que Marcos Rodríguez “consigue” una plaza como auxiliar de conserje en la Colina, e “ingresa” en el Directorio Revolucionario, sin tener siquiera edad legal para militar en ninguna formación política. Vayan sacando conclusiones.
Describo ahora la percepción que se tenía en el PSP de Fidel Castro, porque es importante:
La mayor mentira de Fidel Castro 
Aunque Fidel había declarado públicamente al ser entrevistado en la Sierra, que "el comunismo no tenía en Cuba ninguna posibilidad de éxito", pocos meses después del desembarco del Granma, ya el PSP tenía noticias de que un arrojado muchacho de Oriente, se había alzado en la Sierra y cada vez ganaba más adeptos para su causa, que al fin y al cabo era la del PSP: derrocar el régimen batistiano. Lo digo así, “un muchacho”, porque para la inmensa mayoría de aquellos veteranos estalinistas, Fidel era un perfecto desconocido.
Hay quien aún hoy defiende que Castro fue siempre marxista, pero sus propias palabras desacreditan esa tesis. Aunque en México fue detenido por orden de Batista, y también fue formalmente acusado de ser miembro del “partido comunista”, argumentó:
“¿Qué moral tiene, en cambio, el señor Batista para hablar de comunismo si fue candidato presidencial del Partido Comunista en las elecciones de 1940, si sus pasquines electorales se cobijaron bajo la hoz y el martillo, si por ahí andan las fotos junto a Blas Roca y Lázaro Peña, si media docena de sus actuales ministros y colaboradores de confianza fueron miembros destacados del Partido Comunista?”. Entre los barbudos, sólo el Ché había leído textos marxistas. Raúl Castro, el Comandante del Frente Oriental, tenía alguna idea lejana del marxismo por su adhesión a las juventudes comunistas y por un viaje que hizo por los Países del Este de Europa, pero ese era todo su bagaje ideológico.
¿Cómo pudo ser que el M-26-J, siendo un movimiento radical, belicista, e ideológicamente estéril, acabó liderando una revolución que expropió a la burguesía?
Los viejos comunistas vieron en Fidel y su ejército de barbudos, el brazo armado que habían estado necesitando para ganar su guerra, pero por el que nunca habían optado claramente, porque hasta ahora no les interesaba la lucha armada. Hasta entonces los lastraba el miedo a ser ilegalizados, y defendían la vía electoral pacífica para conseguir el poder. Pero Batista acababa de declararlos otra vez ilegales, así que miraron hacia la Sierra con fe.
Carlos Rafael había conocido a Fidel a través de un amigo en común en la librería habanera del PSP, muy poco antes del asalto fallido al cuartel Moncada en Santiago, que encabezó el de Birán “desde lejos” -recordemos que no estuvo físicamente allí jamás- el 26 de julio de 1953.
Nunca se dice, pero Rodríguez criticaría con saña a Castro y su ataque al Moncada poco después, considerándolo “un error político nefasto y una ridícula acción militar que nos expuso a todos”.

Terminaría aliándose con él cinco años y medio después de lo que cuento, pero no olviden esto: Carlos Rafael Rodríguez tenía fuertes influencias en el Gobierno de Batista cuando ocurrió la masacre de Humboldt 7, y también en el de Castro cuando se juzgaron los hechos en 1964. Y no fue esta una circunstancia menor.
                 
                          LA TRAICIÓN

Carlos Rafael Rodríguez estaba pasando por un infierno personal. 
Edith y Joaquín 
Su amada -que no amante- esposa, Edith García Buchaca, había dejado de quererlo repentinamente, si es que alguna vez lo quiso, y se había enamorado de otro hombre, que era, además, su mentor político y uno de sus mejores amigos. 
Desde hacía un par de años, Carlos Rafael aguantaba estoicamente en público, lo que comentaba toda la plana mayor del PSP en privado: Ide le estaba siendo infiel con Joaquín Ordoqui. El dolor y la vergüenza de Carlos, eran casi insoportables para él, y llegó a enfermar durante una temporada, necesitando asistencia psicológica. Nunca perdonó a su amigo, pero se derretía esperando el “regreso” de Edith, que nunca se produjo; a ella sí le perdonó la traición.

JOAQUIN, EL AMIGO DESLEAL

El gran amigo y "gurú político" de Carlos Rafael Rodríguez, Joaquín Ordoqui Mesa, había nacido en 1901 y desde muy joven militó en varias agrupaciones cubanas juveniles de corte comunista. Rodríguez había conocido a Ordoqui en el seno del PSP, donde ambos habían ingresado casi al mismo tiempo. Se conocían en profundidad. Durante la Guerra Civil Española, el Partido Comunista le asignó a Ordoqui la implementación de la ayuda cubana a los republicanos españoles.


Esa responsabilidad conllevaba ciertos contactos “soto vocce” con el Polit Buró soviético, que lo convirtieron en una pieza clave en las relaciones del PSP cubano con la URSS. Joaquín Ordoqui era pues, a principio de los 50s, un comunista prominente y el principal vínculo del PSP con Nikita Jrushchov

Nikita Jrushchov
Ordoqui se carteaba con el Polit Buró soviético más que con su propia familia, según Elena Brito, la cocinera y criada de la casa de Edith y Carlos Rafael durante casi 16 años. He podido entrevistar a la hija de Elena Brito:

"Joaquín siempre estuvo enamorado de la mujer de su mejor amigo, y de hecho, se decía por ahí que no fue ella, sino él mismo quien le dijo a Carlos que su “Ide” y él se habían enamorado, después de varios años de verse a escondidas”.

He sabido por otras fuentes que no estoy autorizado a desvelar, que Joaquín le hizo saber a Carlos Rafael que, “en honor a la amistad que los había unido, jamás ocuparía la vivienda familiar que él compartía con Edith, ni se inmiscuiría en la educación de Annabelle y Dania”. Por entonces se comentó que para Carlos fue humillante, porque parecía que su rival encima le “perdonaba la vida”, tratándose de su propia casa, sus propias hijas y su mujer.
La hija de Elena me puso en contacto con otras personas del servicio de los Rodríguez García, de aquella época, (o de sus descendientes), que me corroboran este punto, y que he podido confirmar finalmente hace pocos meses con los testimonios de un amigo de la casa y un miembro de la familia. Por aquellos días las broncas matrimoniales entre Carlos Rafael y Edith eran tan frecuentes y calientes, que el servicio -y hasta los vecinos-, escuchaban fácilmente todo lo que ocurría, sin demasiado esfuerzo, porque a menudo se levantaban la voz.

Durante años, la inteligente “Ide”, no mostró ninguna disposición de cortar esta beneficiosa relación con un ministro del Gobierno batistiano, aún sabiendo él que ella lo engañaba, porque podía conseguirle lo que quisiera con el propio Batista. Era comunista, pero no tonta.
Sin embargo la irrupción de Ordoqui en la vida del matrimonio lo cambia todo; Edith se traslada a vivir con Joaquín a una residencia que él tiene en la localidad habanera de Calabazar. También está a punto de tener con él su primer hijo varón: Joaquinito Ordoqui García, que nace el 27 de mayo de 1953.

Joaquín Ordoqui García
Tuve la suerte de conocer en persona a Joaquinito en Madrid con en el año 2002. Gran parte de las motivaciones que me han empujado a escribir y publicar el resultado de mi investigación, me las transmitió él, que fue generoso y pródigo en información sobre casi todo, a la vez que reservado y respetuoso con la que comprometía la memoria de sus padres, como es comprensible. Uno no escoge a los padres que quiere, pero él amaba a los suyos, aún sin compartir sus ideales. “Es durísimo ver como tanta gente odia lo que más tú quieres, tanto odio te va desgastando hasta matarte”, me dijo una vez. 
Joaquín Ordoqui García me dio vía libre: “No importa lo que descubras o te cuenten de mi familia, ve siempre tras la verdad, que tu trabajo merece ser auténtico porque persigue un fin noble”, me dijo un par de años antes de morir. Se fue demasiado pronto, por cierto, solo dos años después de vernos por última vez, el 13 de enero de 2004 a los 50 años de edad. Era aún un hombre joven y extraordinariamente talentoso. No lo culpo por no haberme desenredado la madeja; no le correspondía como hijo. Yo ya experimentaría el gusto de desenredarla por mis medios unos años más tarde.
Pero debo regresar al momento del nacimiento de Joaquín:
De pronto, todo se complica para el clan Ordoqui. Fidel avisa al Directorio Revolucionario de sus planes de atacar el Moncada el 26 de julio, pero lo hace tarde (solo 24 horas antes) y mal (a través de un mensaje cifrado al miembro del PSP Ursinio Rojas -que no era muy despierto- en la sección de anuncios de un periódico habanero, que Ursinio lee dos días más tarde -cuando ya los barbudos están presos-, y que encima no comprende).


El 26 de julio de 1953, Joaquín Ordoqui no está en La Habana junto a Edith, recién parida. Celebra por todo lo alto el cumpleaños de su amigo Blas Roca, muy lejos de allí, en la ciudad de Holguín. Allí lo detiene la policía batistiana junto a Lázaro Peña y a otros comunistas que estaban en el punto de mira de Fulgencio Batista, acusados de ser parte de la banda que atacó el Moncada en Santiago.
Ordoqui es encarcelado e incluido en la causa que se abre contra los barbudos, pero sale absuelto de todos los cargos. Ya libre, lo tiene claro: se exiliará, ahora que puede. Aún Edith no puede acompañarlo porque su hijo tiene pocos días de nacido, pero se reunirá con él muy pronto.
Así es como Joaquín Ordoqui Mesa, en 1953, pone rumbo a Europa como parte de un exilio programado, que coincidirá con los hechos que tienen lugar en Humboldt 7, ocurridos unos años más tarde, el 20 de mayo de 1957. Su viaje será un periplo largo por varias capitales del mundo: París, Praga, Moscú y Pekín, que culminará en la ciudad de México en 1958.
Carlos Manuel Pellecer 
En 1954, apenas un año tras su partida, Edith y su hijo Joaquinito se reúnen con Ordoqui en Checoslovaquia, y se instalan a vivir en Praga. Allí, entre otras personas que los frecuentan, reciben con inusitada regularidad la visita de un personaje para mí siniestro, que ya está muerto, pero que me ha sido muy útil en mi investigación. Había escrito un libro cuyo título era toda una revelación: “Útiles después de muertos”. ´ Y no fue el libro, sino él mismo quien me ayudó "post mortem".

Se trataba del veterano agente de la CIA de origen guatemalteco, Carlos Manuel Pellecer, del que ya hemos hablado. Pellecer era un ex miembro del Comité Central del Partido Comunista Guatemalteco, que frecuentó con “demasiada asiduidad” -según un informe posterior de la inteligencia cubana presentado en el juicio contra Marquitos-, al matrimonio Ordoqui García en su casa de Praga. Este hombre y sus visitas a los Ordoqui García fue la prueba más contundente que pudo encontrar más tarde Fidel para acusar al matrimonio de ser agentes de la CIA a sueldo de Langley. Porque Pellecer visitaba al matrimonio buscando un posible asilo en Cuba cuando empezó a rumorearse su pertenencia a la CIA.
El tiempo demostró que la CIA puso ese cebo envenenado a Castro. Pellecer era espía, pero el matrimonio no lo fue nunca, al menos de la CIA. Es más, probablemente pudieron haber sido espías dobles a sueldo del KGB, que era la organización de inteligencia que veía peligrar a sus contactos en la Isla, y a quien único el PSP se subordinaba gustosa y servilmente. Es una fuerte teoría que me ronda, pero que aún no he podido probar.
Pero Castro, ni siquiera después, cuando se aclaró el asunto, admitió jamás haber sido engañado por la CIA (habría sido demasiado para su ego), y seguiría adelante con el proceso contra el matrimonio, que al final los condenaría a ambos, aunque a ella solo como consecuencia de haber escogido entre su marido, o admitir la culpa.
Recientemente, a fecha de diciembre de 2019, el General Fabián Escalante publicó por primera vez la verdad sobre este particular en un libro que, evidentemente "se le coló" a la censura en La Feris del Libro de La Habana, cuyas consecuencias aun están por desencadenarse.
Pero en 1964, Castro al mismo tiempo que castigaba a Ordoqui y a Buchaca, enviaba un aviso a navegantes dirigido a sus "protectores": "Ya no son ellos quienes construirán el comunismo cubano, soy yo".

Edith escogió a Joaquín, y fue condenada a prisión domiciliaria en la casa conyugal de Calabazar, aunque correría una suerte bien diferente a la de él, que ingresaría en prisión y moriría más tarde, no de cáncer como se ha dicho, sino por una mala praxis médica. Para muchos fue un asesinato "hospitalario", porque le estuvieron tratando un cáncer como si fuera una tuberculosis, hasta que murió por el tratamiento fallido.
Ordoqui y Buchaca no admitieron nunca en el juicio haber visto en su vida a Marquitos, hasta que el antiguo conserje de la Colina “apareció por nuestra casa en México en 1958, en alguna reunión del Partido que celebrábamos allí” diría ella en el juicio después.
Esto era rotundamente incierto, pero nadie pudo probarlo durante 70 años. Hasta hoy.


KATIA Y SOKOLOV

Puedo afirmar sin ninguna duda, que durante toda la estancia del matrimonio de Edith García y Joaquín Ordoqui fuera de Cuba, entre 1953 y 1959, al menos Edith intercambió un gran volumen de correspondencia con muchas personas, -porque era una mujer a una pluma pegada-, y ese intercambio, con una de ellas, pudo haber significado su final político y una cárcel segura en Cuba después de 1959.

Edith -y aquí otra vez el testimonio de la hija de Elena es crucial-, se escribía sobre todo con seis personas de su círculo más estrecho, a saber: sus dos hijas mayores Annabelle y Dania, (cuando no estaban junto a ellos en período lectivo y permanecían en Cuba), Alfredo Guevara y Osmani Cienfuegos, (grandes amigos y correligionarios del PSP), el propio Carlos Rafael Rodríguez, y… Marcos Rodríguez.
La Buchaca se escribía con Marquitos a través de un complicado método postal para coordinar distintas labores de espionaje del PSP en Praga, a donde ella misma lo había enviado a esconderse. ¿Pero de quién? 
Edith y Joaquín habían establecido en Praga relaciones fuertes cuando vivieron allí, y conocían a mucha gente, pero también se carteaba con Marcos para coordinar los pasos del joven cara al futuro: ellos eran sus valedores. Ni Marcos ni Edith de los dos mandaba las cartas directamente al destino en que se encontraba el otro, ni usaban sus nombres verdaderos como remitentes. Ambos utilizaban seudónimos rusos; ella "Katia" y él "Sokolov", predecibles sobrenombres, tratándose de dos fanáticos pro soviéticos.
Edith y Marquitos mandaban sus cartas a la antigua casa de Carlos Rafael Rodríguez, en Nuevo Vedado, para desviar la atención de su último domicilio cubano en Calabazar, donde quedaron sus hijas. Esto jamás salió de los labios de Rodríguez, porque seguía amando a Edith, pero en la práctica, Carlos Rafael Rodríguez fue otro cómplice no castigado en la historia de Humboldt 7.
Elena Brito, cocinera y sirvienta de Carlos Rafael, estaba más que al corriente del fraude, porque era la encargada de recoger el correo y por tanto garantizar que no se perdiera ni una sola carta.

Debo apostillar aquí, que esta casa, que fue en la que finalmente murió Edith García, no fue, en ningún modo, como ella decía, un regalo de Castro para ella, sino para Carlos Rafael Rodríguez, que ELLA HEREDÓ DE ÉL, pero jamás se lo dijo a nadie. A ella le dieron otra en Playa que rechazó, y luego otra en Conill detrás de la gasolinera de 26, tras la muerte de Joaquín Ordoqui, o al menos eso es lo que tengo contrastado.
Pero volvamos a la cocinera Elena Brito. Su hija me cuenta:
“Mami tenía la orden de Carlos Rafael de guardar todos los días las cartas y paquetes que llegaban por correo. Recibía un montón de correspondencia de la URSS con el membrete del PPCC, y mi madre debía guardarlo en un escaparatico pequeño que él tenía en su cuarto, del que solo mami y él tenían llave. Ni siquiera Annabelle y Dania sus hijas podían abrir ahí. Él le dio esa responsabilidad a mami, porque hacía 15 años que cocinaba en esa casa y le tenía gran confianza. Solo le dijo: “Elena, esto como todo lo demás, debe quedarse entre usted y yo”.
“Todo lo demás”, era todo lo que mi madre había oído y visto en esa casa a lo largo de muchos años al servicio de esa familia. (…) Después, cada dos o tres semanas venía alguien de la Cancillería y se llevaba las cartas. Mi madre sabía que iban directas a México, a la embajada cubana donde las recibía Teresa Proenza, amiga de la casa a la que mami también llegó a conocer cuando viajaba a Cuba y pasaba a ver a Carlos, que el pobre estaba muy triste. Las cartas que venían escritas a máquina por fuera con el nombre de "Katia" en el remitente, eran las que “Ide” respondía a las personas que le habían escrito. Me dijo mami que leyó muchísimas veces en los sobres “De Katia para Sokolov” y “De Sokolov para Katia”, y el sello de “VALIJA DIPLOMÁTICA” estampado en los sobres”.


Hoy yo mataría por una sola de esas cartas, pero ambas partes se cuidaron mucho de destruirlas después de leerlas. Esa previsión le sirvió a la Buchaca para salvar su vida, y eventualmente la de Ordoqui, pero no la de su presunto protegido. Marquitos, alias Sokolov, fue el único chivo expiatorio que pagó caro un crimen, que ahora puedo decir sin dudar QUE NO COMETIÓ.
¿Por qué estoy tan seguro de la inocencia de este hombre acomplejado, mentiroso, ladino y débil, que engañó a casi todo el mundo y nunca fue de frente?
Vuelvo a separarme de lo que considero los hechos reales, y traigo a colación la versión que Osvaldo Fructuoso Rodríguez, hijo de Fructuoso Rodríguez el mártir, tiene de este momento de la historia. Dice el hijo pródigo:
“Joaquín Ordoqui, uno de los principales dirigentes del Partido Socialista Popular (PSP), y su mujer Edith García Buchaca, vivían exiliados en México y recibían un sueldo de la CIA que oscilaba entre $2,000 y $3,000 mensuales. Teté Casuso y Teresa Proenza, cubanas radicadas en México y con amplias relaciones en el mundo diplomático, les hacían llegar el dinero. El propósito era que los Ordoqui informaran de las interioridades del PSP y de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores (la central sindical mexicana, controlada por el PRI). El elevado tren de vida de Ordoqui le permitía mantener dos y tres amantes a la vez en la capital mexicana. Los Ordoqui recibieron a Marcos Rodríguez y le ofrecieron cobijo, alimento y amistad. Marcos vivió y compartió estrechamente con el matrimonio (…) Edith García Buchaca, logró que al triunfo de la revolución, en 1959, se le nombrara como Presidenta del Consejo Nacional de Cultura.
Fidel Castro y Alfredo Guevara 
Desde esta posición, a su vez, ella concedió una beca para completar estudios culturales en Praga a Marcos Rodríguez. El funcionario encargado de gestionar la beca fue Alfredo Guevara Valdés, fundador del Instituto de Cine (ICAIC)”.
Qué bonito y FICTICIO cuento de hadas. Osvaldito asumió como suya la certeza de su madre, de que Marcos era el delator, que a su vez había sido envenenada por la “historia oficial” que Fidel le inoculó en vena a través de Camilo Cienfuegos, punto de apoyo de Martha Jiménez para echar a andar su maquinaria de “justicia”.
Lo que no sabe Osvaldo Fructuoso es que, más que con Camilo, que era el oficial “oficial” que “atendía” el caso de Marta, había otro oficial “extraoficial” que la ponía sobre aviso de todos los pormenores del caso, y que fue quien colocó en sus manos las "pruebas definitivas" contra Marcos: 
Faure Choumont Mediavilla, número 1 del Directorio después de la masacre, y decisivo y maléfico personaje de la Cuba revolucionaria del que nos ocuparemos ampliamente en el próximo capítulo.
Muchas veces se ha hablado de la sospecha que rondaba siempre a Faure (en la foto, de uniforme)acerca de su culpabilidad en el caso de Marcos Rodríguez. Ha sido todo un tema a lo largo de medio siglo, pero nunca NADIE pudo presentar pruebas que lo inculparan, ni relató hechos que lo involucraran directamente en la traición a sus compañeros del DR. Yo lo haré en esta serie.
El relato de Osvaldo es una verdad a medias a veces, y una mentira en su esencia, porque parte de un supuesto completamente falso Marquitos NO DELATÓ NUNCA A SUS COMPAÑEROS. Los Ordoqui en efecto, recibían dinero de la cancillería batistiana mientras vivieron fuera de Cuba, no solo en México, sino también en Europa y Asia, pero en ambos sitios también percibían un salario, en un caso como agregados culturales de las embajadas y en otros como militantes del PSP “en misión al extranjero”. Es parcialmente cierto que ambos fueron destinados a “trabajar” en la capital azteca para “informar” al PSP sobre asuntos internos del PRI que interesaban a los estalinistas cubanos, y que recibían un pago por ello a través de “Las Teresas”. Pero la cifra era sensiblemente menor, y ellos no estaban pagados como agentes de la CIA, porque definitivamente, nunca lo fueron.
“Finalmente, -me afirma Eladio Rivas, que estuvo presente en el juicio acompañando a su tía abuela, la madre de Carbó Serviá-, que es cierto que más de una representante femenina de la central sindical mexicana, pasó por la cama de Ordoqui. Pero hasta ahí, porque el resto del discurso de Osvaldo es falso”. Todo lo anterior era irrelevante. Lo realmente importante era demostrar la fecha que marcó el primer vínculo de Marquitos con el matrimonio de dirigentes del PSP.
Sobre eso, a pesar de que Osvaldo “cree” que ocurrió desde mucho antes de los hechos, sin tener pruebas, y que así y todo el fiscal “dio por hecho”, nunca se tuvo una evidencia concluyente ni una fecha tentativa. Yo he conseguido averiguar ambas, pero los hechos ocurrieron de otra forma.
Sigo con el relato de Osvaldito:
Marta Jiménez 
“Un poco antes de esas gestiones, en la primera semana del triunfo revolucionario, mi madre, Marta Jiménez, le pidió a Camilo entrevistarse con Alfaro, uno de los asesinos de mi padre y que acababa de ser capturado por las patrullas rebeldes. En esa entrevista, mamá le mostró más de 100 fotos de carné de diversas personas, entre las cuales estaba una foto de Marquitos. Alfaro lo identificó sin titubear como el delator. De inmediato mamá le pidió a Camilo que suspendiera el juicio a Alfaro y se detuviera a Marcos Rodríguez”.
Estoy seguro que ni el propio Osvaldo sabe verdaderamente de dónde sacó su madre la información de que Alfaro (el cabo batistiano Ignacio Alfaro, participante en la matanza de Humboldt 7) "sabía" que Marquitos había delatado a sus amigos.
De hecho se empezó a decir que había 5 hombres (y no 4) en el lugar de los hechos, y que uno de ellos era él, que saltó por el balcón y huyó de la zona. La información la llegó a publicar un periódico.
El caso estaba en instrucción bajo secreto de sumario, y era la causa más secreta, misteriosa e importante para Castro desde el procesamiento y condena a los pilotos del ejército batistiano en 1961. Marta no tenía por qué saber los detalles de la instrucción, que ni siquiera le ofrecía el propio Camilo Cienfuegos.
El falso rumor de que aquella tarde había 5 hombres en Humboldt 7, y que uno de ellos era Marcos Rodríguez, lo puso en marcha y propagó, otra vez, Faure Choumont Mediavilla. Faure utilizó como difusora de la idea, a Marta Jiménez, sin embargo, ni ella entonces, ni su hijo hoy, aceptaron que fue manipulada por Choumont y por Fidel. Sucedió que Marta, se alió en un principio con la madre de Joe Westbrook, para luchar juntas por que se hiciera justicia con sus seres queridos.
Osvaldo Fructuoso no menciona ni una palabra sobre esta alianza, quizás porque la desconoce, pero muy probablemente, porque deja en un lugar no muy amable a su madre.
Eladio me cuenta cómo Marta visitó a la madre de Westbrook y a la de Carbó Serviá -su tía abuela-, para convencerlas de hacer un frente común en el juicio: “También llamó a la familia de Machadito, pero ellos no quisieron saber nada cuando le hablaron de homosexualidad, eran mulatos manzanilleros muy cerreros y machistas.
Joe Westbrook 
Mi tía abuela también se negó; quería olvidarse de todo porque sufría muchísimo la muerte de mi tío Juan Pedro, pero la madre de Westbroock dijo que sí. Marta le dijo ella tenía información sensible sobre el caso que les permitiría ganarlo, y le reveló que se la proporcionaba Faure Choumont, pero que parte de ella estaba relacionada con la tendencia sexual de Marquitos, un flanco débil del “prófugo” que serviría para condenarlo. Según Marta, iba a ser inevitable hablar del presunto “affaire” entre Westbroock y Marquitos, y del supuesto triángulo amoroso con Machadito, "para dejar las cosas claras”.

"Machadito" 
Marta lo sabía todo, así que supongo que Fructuoso en vida no fue tan discreto con su mujer como lo fue con sus amigos. Pero ella no lo dijo todo, ni en el juicio, ni a su propio hijo al crecer. Y lo sabía todo porque Choumont la ponía rigurosamente al día de los “pasos” de la investigación. Eran “pasos” diseñados al milímetro por Fidel Castro, y una parte muy importante de su plan.
Por supuesto la madre de Westbroock estaba insultada con Marta, “que había sido capaz de ensuciar la memoria de su hijo con tal de enjuiciar a Marquitos”. Se lo dijo muy alterada a mi tía abuela, que se lo contó a su vez a la familia de Machado. Ninguna de las madres de “mártires homosexuales” quedó convencida de la implicación de sus hijos en la historia pasional, y la de Westbroock dejó de hacer frente común con Marta. De hecho jamás se volvieron a tratar, incluso en el juicio, donde estaban sentadas muy cerca una de otra, pero jamás se miraron a los ojos, eso lo vi yo”, me cuenta Rivas.

Osmany Cienfuegos Gorriarán 
Pero seguimos con el testimonio del hijo del mártir, porque hay más y mejores cosas por descubrir:
Camilo cursó la orden de detención y Marquitos fue arrestado. Pero por muy poco tiempo. No habían transcurrido más de seis horas cuando Osmany Cienfuegos, antiguo miembro del PSP y hermano de Camilo, liberaba al delator. Pero aún con mucha más celeridad se dio la orden de fusilar a Alfaro, sin avisar a ningún miembro del Directorio Revolucionario ''13 de Marzo'', y en contra de la orden emitida por Camilo en Columbia, la cual Fidel Castro había aprobado”.
Osvaldo Fructuoso está totalmente perdido. Tiene la tragedia, los hechos consumados y los actores, pero no da pie con bola con la dramaturgia. Debe ser ahora el momento de contarles el resto de la verdad sobre la fuga de Marcos Rodríguez, de forma cronológica. 

LA HUÍDA DE MARCOS RODRÍGUEZ

Dejamos la historia reposar los días posteriores a la masacre, y resumamos rápidamente qué pasó a partir de entonces:
Recordemos que según el propio Marcos en el juicio posterior, había pedido ayuda a Blanca Mercedes Mesa, compañera (y amiga suya íntima) del Directorio Estudiantil, con la que se citó en la cafetería América en la calle Galiano, para decirle que alguien lo perseguía y que necesitaba protección, pero no le dijo quién.

Blanca Mercedes supuso que era Ventura con la policía, y no hizo preguntas, pero reconocería después ante el tribunal, que Marcos estaba verdaderamente asustado. Por eso lo escondió en casa de una prima suya en la calle Ursinias.
Pocos días después, Marcos abandona ese apartamento, por “diferencias” con la prima de Blanca Mercedes, y se atreve a ir a la casa que compartía con Jorge Valls. Pero durante su estancia en Ursinias, ya hecho antes un montón de llamadas telefónicas a las personas apropiadas, y recibido instrucciones muy precisas. Tiene una solución inimaginable a su problema: se marchará de Cuba por la puerta grande.
Para ello, se “asila” en la embajada brasileña en La Habana. No es una acción voluntaria ni a ciegas. Así se lo ha ordenado quien lo protege. Allí es recibido por el embajador carioca y su mujer, casi como si fuera un hijo. A la embajada alguien ha enviado a un fotógrafo que le hace rápidamente varias fotos y se las lleva; son para confeccionarle un pasaporte. En pocos días recibe allí mismo un flamante visado para viajar a Costa Rica, con el correspondiente billete de avión. Es solo ida. De allí volará a Europa, donde permanecerá en Checoslovaquia en calidad de agregado cultural de la embajada cubana en Praga, y asalariado con cargo a la cancillería de Batista.
A mediados de 1958, y apenas unos meses antes del triunfo, ocurren dos hechos simultáneos de gran importancia en la historia: Carlos Rafael Rodríguez abandona el llano y se apunta tardíamente a la columna de barbudos de Fidel Castro en la Sierra Maestra, y Marta Jiménez recibe una prueba de manos de Faure, que le da una pista sobre dónde buscar (y encontrar) al que cree delator de su marido; su asesino a fin de cuentas, para ella.
Ambos hechos ocurridos casi al mismo tiempo, impulsan los acontecimientos en la misma dirección. Debo enmendarle aquí la plana al escritor y combatiente revolucionario "arrepentido", ex miembro del PSP Esteban Fernández, que ha publicado en internet una crónica titulada "El Partido Socialista Popular", en la que narra de forma desenfadada "el alzamiento" de Carlos Rafael en la Sierra, como si fuera la consecuencia frívola de una conversación entre amiguetes. Dice Esteban, a raíz de enterarse junto a otros miembros del PSP, que Castro estaba dando guerra en la montaña:
"¿Qué tú crees de este tipo?” se preguntaban unos a otros. Alguien dijo: “Este es el tipo que atacó al Moncada mientras nosotros celebrábamos el cumpleaños del compañero Blas Roca”… Algunos ya lo conocían de atrás, como Alfredo Guevara, de la época del bonche universitario. Y todos estuvieron de acuerdo en que “se trata de una persona inexperta, ambiciosa, capaz de cualquier cosa, un joven, idealista, carismático, y que pudiera ser como un muñeco de plastilina en nuestras manos. 
Se preguntaban: “¿Quién entre nosotros tiene el poder de convencimiento, la labia, para hablar con él?” Y al fin, se pusieron de acuerdo en que Carlos Rafael Rodríguez era el emisario ideal para tal empresa… (...) Jamás pensaron que la tarea iba a ser tan fácil. Cuando Carlos Rafael bajó de la montaña hasta brindaron con champán".
Carlos Rafael Rodríguez
Falso de cabo a rabo. Para empezar, Carlos Rafael ya conocía a Fidel, como he descrito antes, porque había coincidido con él varias veces en la librería del PSP. La realidad es que Carlos Rafael se une al M-26 casi al final de 1958, en parte para poner fin al largo viacrucis sentimental que todavía lo ataba a la madre de sus hijas, e intentar olvidarla de una vez. Pero el peso de su decisión era un motivo meramente político y muy serio: paradójicamente, también marchaba a la Sierra para ejecutar un fino movimiento estratégico que le permitiera colocarse cerca del hombre que se perfilaba como vencedor de la guerra, desde una posición privilegiada. Se lo había encargado el PSP, o sea, LA PROPIA EDITH, ahora exiliada y en la sombra. Edith fue la instigadora de esta acción de Carlos Rafael Rodríguez desde México, aprovechándose del fuerte enganche sentimental que aún el padre de sus hijas tenía con ella.
Elena Brito la cocinera de Carlos y Edith, recibió en 7 años una sola carta de “Katia”, pero escrita a mano y firmada con su verdadero nombre: Edith. 
En ella le agradecía su fidelidad “durante todos estos años”, y le recordaba sibilinamente que nadie debía saber jamás nada sobre “la pareja de soviéticos a los que has atendido tan bien todo este tiempo”. Dice su hija que Elena guardó esta carta hasta que salió por televisión el enjuiciamiento de Marquitos:
“Ella se levantó de la butaca, donde estaba viendo la televisión, fue a buscar la carta y la quemó en la cocina, muerta de miedo. Nunca más nos permitió hablar de aquella carta mientras vivió".
Elena recibía esta carta unos días antes de tomar la decisión de dejar de trabajar en la casa familiar, cuando Carlos Rafael se alzó en la Sierra. No quiso seguir al servicio de la familia, porque no tenía buena sintonía con las hijas del matrimonio, que eras quienes quedaban en casa.
En este punto quiero ser objetivo y separarme de las versiones que los familiares y amigos cercanos a la pareja Ordoqui García, tienen de los hechos.
Según un familiar muy cercano a Joaquín Ordoqui -con quien mantengo una amistosa relación-, Joaquín no conoció a Marquitos hasta que ambos se encontraron en México en el 58, mucho después de lo ocurrido en Humboldt.
Entiendo que a estas alturas del relato y con todo lo que ha llovido, las razones de mi fuente les suenen extrañas e increíbles. Para mí también lo son. Pero a pesar de eso, suscribo y aseguro que creo de forma rotunda en la honestidad de mi informante. Pero solo en su honestidad, y no tanto en la verosimilitud de su relato. Me explico:
Poseo largas grabaciones hechas a otros “actores” de este sainete, que me prueban con algunos hechos incontestables, que al menos Edith García Buchaca conocía a Marcos Rodríguez antes de que se produjera la supuesta delación.
Mi fuente me asegura que en su presencia, Joaquín le dijo a Marcos, ya listo para partir a Checoslovaquia: “Espero que no te marches sin dejar solucionado este asunto, te acusan de algo muy grave, no puedes dejar esto así e irte sin más. Necesito que seas sincero…”.
Marcos respondió fríamente que él no tenía absolutamente nada que ocultar, y que se iba muy tranquilo. Pero Ordoqui estaba visiblemente molesto. Era una conversación privada en casa del viejo comunista, en la que solo participaban ellos tres. Tiene sentido que mi fuente hoy pensara que en ese instante, Ordoqui no tenía que interpretar un “numerito” ante sus ojos. ¿O sí?
Nunca podemos estar seguros de lo que puede ser capaz de hacer por nosotros alguien que nos ama. Incluso puede mentirnos para preservarnos del dolor o para velar por nuestra seguridad.
No tengo por qué no creerle a mi fuente a pies juntillas, pero tampoco tengo por qué dar por cierta su propia certeza, que a su vez nace de la confianza, a veces ciega que surge entre gente que se ama de forma incondicional o irracional. Hasta en un amor sincero, condicionado por una situación tan delicada como la que nos ocupa, donde se puede perder hasta la vida, a veces no podemos permitirnos el lujo de decir la verdad, por estrechos que sean los vínculos familiares. Creo haber sido claro enviando mi mensaje (no tan cifrado), a quien debe recibirlo y rumiarlo.
Aún así hay una tercera vía, todavía inexplorada por mí, que se adiciona a las posibilidades de que ambos intelectuales mintieran sobre sus contactos con Marcos, o no mintiera ninguno: que solo Edith estuviera mintiendo, incluso a su marido.
Jorge Valls
Hay a estas alturas del relato, un testimonio de alguien cuya credibilidad siempre estuvo fuera de toda duda, excepto en lo referente a la sexualidad de Marquitos, que claramente desconocía: Su mejor amigo y roommate el ex miembro del PSP y luego preso de Castro, Jorge Valls.
Debo apuntar aquí, en justicia, que aunque reservo los créditos de mis fuentes para el final de esta serie, he de mencionar el nombre de Enrique del Risco como uno de los investigadores más serios y prolijos de los hechos (también autor literario notable), cuyas pesquisas son las más ajustadas a mi investigación, a pesar de que discrepamos en detalles importantes, como la presunta culpabilidad de Marquitos. Del Risco pudo entrevistar a Jorge Valls en vida, y supongo que tenga alguna cosa más que decir tras mi publicación.
Continuaré el próximo capítulo con la aportación de Valls al asunto, las pruebas definitivas de quién fue el verdadero delator, y la inesperada e importante ayuda que recibió Marquitos de dos personas homosexuales como él, a las que no conocía, pero que ocupaban puestos de mucho poder: los miembros del PSP Osmany Cienfuegos y Alfredo Guevara.
Ambos fueron, sin él saberlo, parte importantísima de su operativo de fuga. Porque ambos eran amigos íntimos de su protectora en la sombra: Edith García Buchaca.
Cuando sepamos cómo consiguieron ayudar a Marcos a escapar de Cuba, entonces estaremos preparados para saber cómo Castro lo hizo regresar, para echar a andar un plan tenebroso muy bien estudiado. 

Se llamó Causa 72/1964.


(Continuará)

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