Mostrando entradas con la etiqueta Tiernas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tiernas. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de marzo de 2018

GREEN WC (Historias Tiernas de la Revolución)

GREEN WC (Historias Tiernas de la Revolución)


- Oye Fidel…
- Qué pasa ahora Ernesto... 
- Pibe, este... que necesito que me des el día libre. Mirá... sabés que nunca te pido nada que no sea armamento o munición, pero necesito 24 horas. Te explico; Korda quiere hacerme unas fotos para la revista Time. Como he quedado muy bien en la serie de exteriores de la Plaza, esas con la gorra y la melena, pues el pibe se ha enamorado de mi imagen, y de lo bien que doy en cámara. Dice que soy la cara masculina más hermosa de la Revolución. Y vos sabés bien que Korda será de todo, menos puto, que si no, vos sabés que yo no me desnudo, vos lo sabés. Pero vamos, que... ayer estuve en su casa otra vez. Y entre una cosa y otra, y el roncito y la boludez, me quitó la camisa y me hizo unas cuantas fotos más. (...) Ya sé, ya sé que de entrada suena raro, pero son cosas que nos pasan a los artistas; estamos a confort y ¡zaz!, de pronto nos quedamos en bolas sin saber bien por qué. Bueno... me hizo fotos como... como introspectivas, ¿me seguís?... desnudo de cintura para arriba, tomando mate. No pensés que son como las fotos del book de un taxi-boy, no, no confundás; esto es arte. Llamalas neorrealistas, llamalas homoeróticas, sabés que no me gusta etiquetar el arte... A ver... es complejo explicarlo... No son... como las fotos de un homosexual deprimente cualquiera de los que me gusta torturar, estas son... son fotos de un hombre con un misterio, con un coso existencial... ¿entendés? Primero semi incorporado en la cama, ¿sí?, como expectante... Después, el mata la boca, sugerente, ¿sí?, las raíces, el tango, todo muy cuidado. Y el pelo corto, -muy importante-, pelo corto, fuera melena, muy, muy, muy masculino... pero con un punto cool, una picardía muy homo. A ver, que no es homo homo. Diría, si me preguntás, que homoconceptual, si me pedís que te lo clasifique en una corriente estética contemporánea, ¿me seguís? Yo tumbado, relajado, provocador... ¿me escuchás? La cama o diván: el psicoanálisis, que viene a ser mi Patria. El torso desnudo, desafiando al asma...  mirá mirá, el vello de punta... Preciosas loco, unas fotos copadísimas, lukeado super casual, nada del combatiente agresivo; un dandy sexy de la Revolución, pelotudo. ¡Cósete el orto, Gardel! Y Korda no se anda con pavadas, que si no sirves, no sirves, es muy profesional; me lo dijo claro, sin chicaneos ni boludeces; me dijo "Erenestico, -el pibe me achica el nombre, fijate la confianza-, me dice, "vos sos una estrella, sos la gran esperanza estética de la Revolución". Y yo le digo, "no digás pavadas boludo", y me dice que con mi imagen desbancamos al puto Gardel y a la concha de su madre, y le damos un aire moderno al Movimiento. ¡Podría ser la puerta al cine, loco, ICAIC, Hollywood, Cinecittá...! ¡La Gran Industria! Se abre un mundo de oportunidades, para mí ¿entendés? Vos sabés que tengo fama de asesino; ¡pues chao chao! ¡Me limpiaría con celuloide, pibe! ¡Actor boludo, actor! Mis películas demostrarían al mundo lo hermoso que es todo lo que estamos construyendo, incluido yo. ¡Las mujeres se mueren por mí, ché, los putos también! ¡Estoy en racha boludo, es mi momento! ¿Me dejás?
- Ernesto... 
- Qué…
- Estoy cagando, por favor...

domingo, 19 de noviembre de 2017

UN DEDO PARA LULA

UN DEDO PARA LULA

- Fue en el año 64, Raúl.
- ¿Y cómo fue? Digo, si no te molesta recordarlo.
- ¡Qué va! Si me encanta contárselo a la gente.
- Lula, eres tan llano y accesible…
- Nos encantas.
- A mí incluso me gustas como hombre. Eres tan masculino...
- No sé qué decir.
- ¿Te puedo llamar Lulito?
- Rauuuuuul...
- Perdona, perdona Fide.
- ¿Y entonces, qué fue lo que te pasó?
- Yo trabajaba en el turno de noche Comandante…
- ¿Eras sereno?
- No, trabajaba en una fábrica de carrocerías de automóviles.
- Es un trabajo muy sufrido.
- ¿Y te pasó un carro por encima?
- No, no Comandante. Metí la mano izquierda en una prensa hidráulica.
- Estarías comiendo mierda, ¿no?
- Un poco, sí.
- Debió ser muy doloroso.
- Qué va. Estaba borracho perdido.
- ¿Estabas borracho en el trabajo?
- Es una antigua tradición carioca; nos emborrachamos para ir a trabajar.
- Qué curioso.
- Cada pueblo tiene sus costumbres.
- La nuestra es ponernos ciegos de wiski desde por la mañanita.
- Me encanta Brasil.
- ¿Y entonces?
- La prensa me cortó el dedo, pero no sentí nada.
- El alcohol es como la anestesia.
- Menos mal
- ¿Y cuándo te diste cuenta?
- Al día siguiente, cuando me fui a sacar un moco.
- ¡Mira tú!
- Yo siempre me he sacado los mocos con el dedo meñique de la mano izquierda.
- Ya.
- Queda más fino.
- La gente se los saca con el índice, pero queda muy vulgar.
- Es verdad. Yo también me los saco con el meñique.
- Pero en tu caso es porque eres gay, Raúl. Ustedes lo hacen todo con el meñique.
- No entremos en detalles. ¿Y qué pasó?
- Entonces vi que no tenía dedo meñique.
- Qué horror.
- Y nadie en Brasil tuvo el detalle de donarme un dedo meñique izquierdo.
- Miserables..,
- Con lo que tú has sido para los brasileños.
- ¡Un padre!
- La gente del cono sur es muy malagradecida.
- Y egoísta.
- Si me pasara a mí, tengo a 10 millones de cubanos dispuestos a darme todos sus dedos. Los veinte.
- Es que el pueblo cubano es distinto, Comandante.
- Somos muy desprendidos.
- Mucho.
- Nos encanta tenerte aquí, Lula.
- Eres un hombre íntegro, yo siempre se lo digo a este; le digo, “qué íntegro es Lula”…
- Y completo.
- Bueno, casi completo.
- Tanta gente mala que anda por ahí que no se merece ni un muñón…
- Una injusticia del destino.
- Pues Raúl… yo…
- Qué pasa
- Na, que he venido a verte porque creo que la solución a mi problema, está en tus manos.
- ¿En mis manos? ¡Yo no puedo darte un dedo, Lula! Olvida eso.Tengo los dedos contados.
- Y a mí no me miren que yo tampoco puedo; me saco los mocos constantemente con todos los dedos. Los necesito los diez.
- No Comandante, jamás le pediría un dedo.
- Ni yo te lo daría.
- Pero Raúl, tú tienes un nieto…
- Sí…
- Tu escolta personal...
- Ya.
- Ese que le dicen El Cangrejo…
- Se llama Raúl Guillermo.
- Ese.
- Tiene seis dedos en cada mano, según tengo entendido.
- (…)
- (…)
- (…)
- ¡No caballero no, eso no!
- ¡Cómo que no Raúl! ¿Tú qué propones Lula?
- Les cambio un dedo del Cangrejo por una casa con piscina en Río de Janeiro.
- Es que…
- Más todo el café brasileño que quieran, forever.
- No sé, así de pronto…
- Y un palco fijo VIP gratuito en el Sambódromo, todos los años.
- Pero…
- Y todos los discos de María Bethania.
- ¡Trato!
- ¡Pero Fidel…!
- ¡He dicho que trato Raúl!
- Yo creo que deberíamos pensarlo mejor…
- ¡No hay nada que pensar! Lula tiene nueve dedos y mi sobrino nieto tiene doce. ¡Las matemáticas nos están pidiendo a gritos que hagamos justicia!
- Pero es que mi nieto…
- ¡Tu nieto hará lo que la Revolución le mande!
- Pobrecito chico, está muy apegado a sus doce dedos…
- Es un despilfarro de dedos Raúl.
- Ya…
- Además, a ti también te conviene.
- ¿Por qué?
- Se burlan de ti cada vez que te escolta, y le ven las manos.
- Es verdad.
- Y entre nosotros, da una imagen un poco anormal de la Revolución.
- Bueno, todavía le quedarían 11. Tampoco se vería muy normal que digamos…
- Lula, escucha; te dejamos el otro dedo del Cangrejo por otra casa, si puede ser, en Brasilia.
- ¡Pero mi hermano…!
- ¡Cállate Raúl! ¿Qué me dices Lula?
- Yo es que sólo necesito uno.
- ¡Mierda! ¿Ni de repuesto lo quieres?
- No pienso volver a meter la mano en una prensa.
- Eso nunca puedes asegurarlo. Hay prensas en todas partes.
- No, de verdad Comandante, con uno me apaño.
- Mira que los dedos están muy escasos.
- Que no, de verdad, les agradezco el ofrecimiento…
- Lula, me los quitan de las manos… digo, se los quitan de las manos al Cangrejo.
- No no, yo con uno ya me doy por servido. El meñique de la mano izquierda.
- Después no digas que no fuimos generosos…
- Dios me libre Comandante. Nunca olvidaré este gesto.
- ¿Cerramos trato entonces?
- ¡Por supuesto! ¡Cerramos trato!
- ¡Choca esos cinco!
- Dirás esos cuatro.
- Eso.
- Qué grande eres, Fidel.
- Yo no tengo nada mío Lula. Doy hasta lo que no me pertenece.
- Nunca olvidaré esto. Cada vez que me saque un moco con el dedo de El Cangrejo, pensaré en la Revolución cubana.
- Cuba siempre está al lado de sus hermanos proletarios, Lula.
- Ustedes son un ejemplo para el mundo.
- Mañana mismo le cortamos el dedo a El Cangrejo y te lo pegamos a ti en el CIMEQ.
- ¡Muito bom!
- Aguanta aguanta Fidel… Habrá que preguntarle a Raulito, ¿no?
- No hay que preguntarle nada. Ya está decidido.
- ¡Es que los dedos son suyos mi hermano….!
- ¡Los dedos de Raulito y los de toda la familia Castro son un medio básico de la Revolución!
- Es que sé que se pondrá muy triste cuando sepa que ya no tendrá con qué aliviarse.
- ¿Aliviarse de qué?
- De la picazón, Lula.
- ¿La picazón?
- Es que siempre tiene oxiuros.
- Vaya…
- Le pica el ano sin parar.
- ¿Sí?
- Se rasca de forma rabiosa.
- No me digas…
- Y utiliza el dedo meñique de la mano izquierda para eso.
- No jodas…
- Algunos nos sacamos los mocos. Él se rasca el culo.
- ¡Qué asco!
- Cada persona es un mundo.
- Bueno Lula, esos son detalles sin importancia. Mañana a las ocho en el CIMEQ. Raúl, tú te encargas de traer a tu nieto.
- Bueno…
- Y tú Lula, vas arreglando los papeles de la casa y cuadrando lo del café, el palco VIP y los discos de María Bethania…
- No sé… ahora no sé Comandante.
- ¿Que no sabes qué?
- Que ahora no me hace mucha ilusión…
- ¿Cómo?
- Me da cosa meterme en la nariz el mismo dedo con el que El Cangrejo se rasca el ano.
- ¡Pero chico…!
- Déjalo Comandante. Prefiero quedarme con mis nueve dedos.
- ¡Lula no me hagas esto!
- Lo siento. No hay trato.

(SILENCIO ESPESO)

- Raúl…
- ¿Qué?
- Me cago en el coño de tu madre. Aunque sea la mía.

CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER VISITA A LOS HERMANOS CASTRO

CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER VISITA A LOS HERMANOS CASTRO


—Y cuando murió mi marido, que era divino, me dije: “Cristina, sos la viuda de América, América espera mucho de vos. Tenés que ser fuerte y levantar a La Argentina desde Ushuaia a la Quiaca, porque ese era su sueño”.
—Yo admiraba mucho a Perón, tu marido.
—Fidel, Perón no era su marido, era Kirchner
—¿Pero ella no es Evita?
—¡No, Comandante, soy Cristina!
—¿Qué Cristina?
—¡Cristina Kirchner, Comandante! ¡Cristina para los cubanos y cubanas y para los pobres y las pobras!
—Tienes un pelo bello, Cris.
—¿Viste, Raúl? ¿A que es un sueño?
—Me encanta ese tono. ¿Qué te das?
—Castaño L’Oreal 5, ¿te gusta?
—Me vuelve loco, tiene unos reflejos maravillosos
—Lo inventaron especialmente para mí.
—Qué lujo.
—Sólo puedo ponérmelo yo en toda Argentina. Dicté pena de muerte sobre cualquier persona o persono que se lo ponga en todo el territorio nacional.
—Eres divina.
—Lo sé. Pero fui pobre, no sé si vos lo sabés.
—Pues no.
—Lo que no he sido es diabética.
—Menos mal. La diabetes es terrible.
—Es una enfermedad de gente con alto poder adquisitivo.
—Ya.
—Por eso odio a los diabéticos y lucho contra ellos. Es ver un diabético y saltarle al cuello.
—Eres muy valiente.
—O sea que eres Cristina… ¿Cristina Obín o Cristina Palomino?
—Cristina Kirchner, Comandante, Kirchner. CFK.
—¿Y usted me conoce?
—¡Claro, Comandante!
—¿De qué? ¿Estuviste en la Sierra conmigo, Miguelina?
—No, Comandante, pero me leí todos sus discursos para hacer una Argentina cubana, una Argentina con leche para todos y para todas. Para los argentinos y las argentinas, para…
—¿Qué tal está Delia Garcés?
—Delia murió hace tiempo.
—No me digas. ¿Y Zully Moreno?
—También.
—Libertad no me ha dicho nada.
—Fidel, Libertad Lamarque también murió.
—Raúl, ¿por qué no se me informó oportunamente de la muerte de Delia, Zully y Libertad?
—No quisimos darte un disgusto. Sabemos lo que te gustaba Cine de Domingo.
—Error. Cada vez que se muere alguien, debo saberlo.
—Te avisaré de ahora en adelante.
—Entonces, compañera Carmelina, ¿usted está construyendo el socialismo en Argentina?
—Cristina, Comandante. Bueno… es un proyecto muy bello al que no he renunciado.
—En Argentina hay carne… me gusta ese país. Y tú mandas allí, ¿no?
—Me acaban de arrebatar el poder con malas artes, Comandante. Pero volveré pronto.
—Está claro que Argentina te adora, Cris.
—Argentina me quiere porque construyo para todos y para todas.
—Eres maravillosa…
—Soy la reencarnación de un arquitecto egipcio, porque amo construir.
—Me emocionas, Cristina.
—Emociono a todo el que me conoce.
—¿Sabes que lo de Macri nos ha entristecido muchísimo?
—Y a mí. Pero lo estoy jodiendo todo lo que puedo.
—Es lo justo
—No pienso dejarlo en paz.
—Lo que hiciste para sabotear la toma de posesión me encantó.
—¿Me viste? Estuve divina ¿no?
—Que si no entrego la banda, que si reviento la ceremonia… qué circo.
—¿Viste? Le deslucí todo el traspaso de poderes a Macri. Jaaajajajajaja
—Juaaaajajajajajajajaja
—¿De qué se ríen? ¡Acaba de morir Delia Garcés, no entiendo las risas!

(SILENCIO)

—Macri es un peligro para América, ¿No, Cris?
—Es la derecha más perversa. No se puede esperar nada bueno de él.
—Y es feo.
—Tiene los ojos claros. La gente con los ojos claros suelen ser malas personas.
—Y su vicepresidenta va en silla de ruedas. Muy antiestético.
—Eso está abocado al fracaso.
—Además, Macri tiene mucho que ocultar.
—¡No me digas!
—Es gay, como Nisman.
—¡No me digas!
—Como lo estás oyendo. Recuerda que en Argentina no hay nada que yo no sepa.
—Bueno… en confianza, Cris, yo también soy gay.
—Lo sabía.
—¿Ah sí?
—Lo sabe todo el planeta, pibe.
—Vaya…
—Pero vos sos un gay digno, un gay espléndido. ¡No tenés nada que temer!
—En eso tienes razón.
—Macri es gris. Del tipo de gay que da asco, ¿entendés?
—¿Quién es gay?
—Macri, mi hermano, Macri.
—¿Quién es Macri?
—Es el nuevo Presidente de mi país, Comandante.
—No le contestes, Cris, que si no, esto no tiene fin.
—Ok.
—Oye, lo de Nisman ha sido muy fuerte.
—Yo duermo tranquila porque fui más que escrupulosa con el caso Nisman.
—Pasaron 50 personas por el apartamento donde se encontró el cuerpo.
—Es muy normal en Argentina. Está en el protocolo policial cuando hay un asesinato.
—¿Ah sí?
—Deben ir algunas personas a tomar café a donde se encuentre el cadáver.
—Qué curioso.
—Pero fue un montaje para destruirme a mí. No soportan mi glamour.
—La derecha es muy envidiosa. Ahora se perpetuarán en el poder.
—No si yo estoy viva para impedirlo.
—¿Tienes algún plan para recuperar la Casa Rosada?
—Me estoy encargando personalmente de que Macri no duerma en paz ni una sola noche. 
—Una fuerte oposición en la Cámara... imagino.
—Qué va. No paro de llamarlo de madrugada.
—Ja ja ja... qué grande eres. Entonces lo agobias con cuestiones de estado a esas horas. Eso sí estresa...
—No boludo, no. Cuando lo coge, le digo maricón y cuelgo.
—(...)
—En tres meses lo enfermo de los nervios.
—Eres tan brillante…
—Lo sé.
—Raúl, ¿quién es esta mujer?
—Soy Cristina, Comandante. ¡Cris-ti-na!
—¿Qué Cristina?
—Déjalo, ahorita se queda dormido.
—Me duele en el alma verlo así. Era ta carismático...
—Así es. No como Macri, que ni gota de carisma.
—Para carismática yo.
—Y Moria Casán. Me encanta ese pájaro. Él y Susana Jiménez son los dos travestis argentinos que más me gustan.
—No son putos, Raúl, las dos son mujeres auténticas.
—¡No!
—Claro boludo.
—Pero, ¿mujeres, mujeres?
—Sí, sí.
—¿Y Mirtha Legrand también es una mujer?
—Por desgracia, sí.
—¡Increíble!
—Yo no la soporto.
—Así que usted es María Cristina…
—¿Qué le digo, Raúl?
—Déjalo, déjalo que hable.
—Aquí le dedicamos una canción. Dice: “María Cristina me quiere gobernar, y yo le sigo, le sigo la corriente, porque no quiero que…”
—No, Comandante, no soy esa Cristina ¡Soy Cristina Kirchner!
—¿Eres filipina?
—¡Qué horror! ¿Siempre está así, Raúl?
—Siempre, hija, me tiene enfermo.
—Se me saltan las lágrimas.
—Yo ya no tengo lágrimas para llorar…
—Por eso amo a Cuba como nadie. Yo tuve el coraje de meter a los chinos en Argentina gracias a él…
—¿Qué dice usted, Fernandina?
—¡Que yo metí a los chinos en Argentina gracias a vos, Comandante, que siempre ha estado con China!
—¿Qué chinos? ¿Hay chinos argentinos?
—Déjalo, Cristina, no compliques las cosas.
—Ok, ok.
—Cris, cuando quieras ya sabes que puedes venir a pasar las vacaciones en Varadero, totalmente gratis. Te invito yo.
—No sabés lo que te agradezco eso Raúl, tantos años de gobierno me dejaron muy tensa. Necesito un relax.
—Fidel también estará encantado de que vengas. ¿Verdad, mi hermano?
—¿De que venga quién?
—Ella, chico, Cristina Kirchner.
—¿Qué Cristina?
—Te considero Raúl.
—Esto es todos los días, mija. Todos los días.