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lunes, 5 de marzo de 2018

MARIANA: SANTA DE PLASTILINA Y MOMIA DE CARTÓN

MARIANA: SANTA DE PLASTILINA Y MOMIA DE CARTÓN

 


Hace unos meses publiqué un hermoso poema de mi amiga la brillante poetisa Odette Alonso como acompañamiento de una versión humorística de la Protesta de Baraguá, en la que culpaba de “mamitis crónica” a Antonio Maceo. 
Pronto comencé a recibir de algunos de mis lectores, la foto presunta del también presunto cuerpo incorrupto y momificado de Mariana Grajales, madre del Titán, con la noticia de su “probable” beatificación como santa. Y ha sido más de lo que puedo soportar. Debo decir a mis beatos lectores que Doña Mariana se pudrió como todo el mundo, y que de santa tenía lo que yo de cosmonauta.
Mis informantes, en su ignorancia, me remitían a un artículo apócrifo aparecido en Internet el 6 de octubre del 2011, que anunciaba con un triunfalismo ridículo y oscurantista, que “los restos de Mariana Grajales Coello fueron exhumados ayer del Cementerio Santa Ifigenia en Santiago de Cuba por decreto de la arquidiócesis de esta provincia después de dos años de trámites y gestiones entre el Vaticano y Raúl Castro”.
Para colmo me envían la supuesta foto de la momia de la señora. La foto de la momia es la del faraón Seti I, o Menmaatra Sethy, hijo de Ramsés I y Sitra, segundo faraón de la dinastía XIX que mandó en Egipto durante quince años, y que murió con 40.


Mariana-Seti es una barbaridad histórica y una falta de respeto a la inteligencia de la gente. Me habían mandado la instantánea de la momia del monarca egipcio mejor conservado de la historia, haciéndomela pasar por el cuerpo incorrupto de la madre de Maceo, y se habían quedado tan anchos.
Como las barbaridades históricas suelen ponerme de mal humor, me he tomado un Valium y he encontrado tranquilidad suficiente para explicarles, que la Grajales Coello, murió en Kingston el 27 de noviembre de 1893, y que su augusta humanidad fue repatriada a Cuba y sepultada en Santa Ifigenia el 24 de abril de 1923.
Es pues, falso que a los de 30 años de haber fallecido, su cuerpo se encontrara incorrupto. No hay -como dicen- evidencia alguna de que nadie le pidiera al entonces presidente de la república Alfredo Zayas, que intercediera con el Papa de turno para beatificarla, y por tanto, tampoco de que éste se negara, con la excusa de que 30 años sin pudrirse, no eran suficientes para considerar “milagro” que la madre de los Maceo se conservara igual que el día de sus 15.
Falso es también que la tierra del cementerio de Saint Andrews en Kingston tuviera características químicas que actuaran como conservante. Y más falso aún, que durante los posteriores 100 años en Santa Ifigenia, Mariana siguiera como acabada de salir de la peluquería de Toni Besteni.
No existe ni existió la tal Carmen Soler que diera la noticia en nombre de la Iglesia santiaguera, ni fue nunca una mujer portavoz de la Arquidiócesis de Santiago. Por tanto tampoco es verdad que, por conservarse divina durante 124 años, el caso de la Mari esté hoy aún en proceso de evaluación por el Vaticano, porque es mentira que un cuerpo incorrupto se considere un milagro por el solo hecho de haberse conservado.
Mariana Grajales Coello no será la primera santa cubana mal que les pese a muchos. Los cubanos tenemos solo dos santos: José López Piteira un señor de Jatibonico, y José Olayo Valdés, otro de Camagüey, hasta ahora los únicos cubanos reconocidos y beatificados por la Santa Madre Iglesia Católica.
Olayo cuidaba enfermos en el hospital de un convento camagüeyano del XVIII, y López Piteira fue un mártir de la Guerra Civil española. Los cuerpos de esos dos santos paisanos, no estaban incorruptos. Durante la beatificación de Olayo, lo que quedaba de él se colocó en una urna, y los restos de López Piteira, sencillamente se perdieron.
Los motivos de la beatificación de ambos se explican por sí solos; fue el martirio en el caso de López Piteira y la caridad heroica en el de Olayo Valdés. El único cubano en la cola para hacerse santo es hoy Félix Varela, cuyo proceso sí está iniciado por la Iglesia cubana y admitido por la Comisión Vaticana de Beatificación. Era blanco, por cierto.
El Vaticano siempre ha sido reacio a beatificar a los negros, menos aún a mujeres de esa raza. Aunque en algunos casos haya transigido. Se lo negaron a Sara la-Kali, “La Negra”, protectora de los gitanos y no tuvieron más remedio que aceptarlo en el caso de Bakhita, una monja africana raptada y vendida por mercaderes de esclavos en Cartum, entre alguna otra escasa excepción.

Hasta la catalana Virgen de Montserrat, la popular Moreneta, resulta que no era negra. La Abadía Benedictina se sentía tan incómoda con su color, que ordenó al Servicio de Restauración de Bienes Muebles de la Dirección General del Patrimonio Cultural de la Generalitat Catalana, que sometiera a la escultura que la representa, a un minucioso examen de sus capas de pintura, hasta que dieron con el esmalte original. Entonces respiraron tranquilos: era blanca.
Mariana Grajales Coello, fue de todo menos santa. Habría que preguntarle a su primer marido, Fructuoso Regüeiferos, qué tal le sentaría la noticia de la (falsa) beatificación de la mujer que lo abandonó, porque el hombre siempre se quejó de su carácter "difícil", y de su lenguaje "fuerte" según Jorge Mañach. Me habría gustado mucho entrevistar a Regüeiferos; sospecho que nos llevaríamos varias sorpresas sobre el carácter de la madre del Titán de Bronce.
No hay pues, ninguna noticia sobre la exhumación reciente de su cuerpo en Santa Ifigenia, no hay presuntas “gestiones” de la Iglesia Cubana ante Raúl Castro para exhumarla, y mucho menos se ha puesto en marcha su beatificación por la curia vaticana.
La incorrupción de un cadáver no implica su beatificación. Tampoco cuentan los años o siglos que haya estado muerto. 
Me indigna que siga considerándose un ejemplo de amor maternal, enviar a los hijos a morir por la Patria, como no es tampoco nada ejemplarizante el "amor paternal" de Carlos Manuel de Céspedes, al negarse a deponer las armas antes de salvar a su hijo prisionero de las tropas españolas. Ambas actitudes filiales son exactamente lo contrario al amor.
Me cuestiono incluso la presunta fe cristiana de Mariana, y aquella escena en la que hace jurar a sus hijos ante el crucifijo; creo que es un mito, en mi opinión. Pero ni eso bastaría para que tengamos hoy una Santa Mariana. Hacen falta milagros que no veo por ningún sitio.
Su propia biznieta, Panchita Viloa, al ser preguntada sobre el asunto, respondió con sencillez: "Mi bisabuela era una mujer normal, solo era valiente" 
Dijo Martí, cuando Mariana se lanzaba al campo de batalla bajo la balacera española, para rescatar a su hijo Antonio, herido por el fuego español: “Fáciles son los héroes con tales mujeres”. Yo añado que también es muy difícil vivir con ellas.

martes, 6 de febrero de 2018

LA MEJORANA (OFF THE RECORD)

LA MEJORANA (OFF THE RECORD)



5 de mayo de 1895
Ingenio “La Mejorana”, San Luis, Oriente.
12:35 Hora Zulú.
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- ¿Y entonces qué hacemos?
- No sé, compay, no sé...
- Habría que consensuar un acuerdo, Antonio…
- Ya, pero él está empecinao y no hay quien lo saque de eso…
- Es muy cabezón...
- ¡Eh! ¡Te oí Máximo! ¡Sin ofender, eh!
- Perdona Pepe, dije "cabezón" en el sentido de insistente, de…
- ¡Te estás metiendo con mi físico, Máximo!
- No Pepe no..
- ¡Estoy sentado, pero estamos en la misma habitación a un metro de distancia de ustedes!
- Ya...
- ¡Y lo estoy oyendo todo!
- Pero no te sulfures…
- ¡Es que ya me están encabronando, caballero!
- No chico...
- ¡Que si cabezón, que si frente de bomba, que si cabeza de banco! ¡Uno se cansa!
- Perdón Pepe, pero nosotros no te hemos puesto nombretes...
- Somos tus amigos.
- Fue la gente de Calixto.
- De ahí salió lo de frente de bomba.
- Lo de cabeza de banco lo inventaron en las tropas de Sanguily...
- También te dicen...
- ¡Bueno está bueno ya! ¿no?
- Sí, Pepe.
- ¡Quiero entrar en combate cuanto antes!
- No puedes.
- No queremos que vayas, por tu bien.
- ¿No comprenden que necesito la manigua, como agua pura de manantial para saciar mi sed de libertad?
- Pepe, no empieces por favor…
- ¡¿No entienden, aguerridos soldados de la Patria doliente, que yo estoy también presto a por ella, morir?!
- Ay mi madre.
- ¿No se dan cuenta de que ahora escucho de la Patria, el grito?
- Esto no puede estar pasando.
- Pepe, papo... no sabes disparar.
- No le das a un burro a tres pasos.
- Ni sabes montar bien a caballo…
- Ni bien ni mal. No sabes.
- Estoy aprendiendo con un pony de la familia Cisneros…
- Pepe…
- ¡Y estoy haciendo muchos progresos!
- Es que Pepe, un pony no…
- ¡Ya troto!
- No entiendes nada.
- Claro que lo entiendo, a montar a caballo se aprende, igual que a montar en bicicleta.
- ¿Qué?
- Se aprende en días. Ya lo dije yo mismo, “Quien bien aprende, de sus males se desprende”
- ¿Dónde has dicho eso?
- En una poesía.
- ¿En cuál? No recuerdo…
- No la he publicado. La estoy terminando.
- Ah.
- No la he pasado en limpio.
- Yo creo Pepe, que tú estás mejor en la ciudad, compay.
- Yo voy con mi niña hermos... digo, yo tendré cuidado caballero.
- Yo no te veo en el monte. ¡No te veo!
- Envidia.
- ¿Cómo?
- Tienen envidia de que yo, además de culto, inteligente y patriota en la ciudad, me revele como un paladín en la manigua. Es envidia. Se ve a la legua.
- Yo creo que estás sacando las cosas de quicio.
- Si quieres irte a Santiago, por ejemplo, allí podrías dedicarte a coordinar…
- ¡No me gusta Santiago! ¡Santiago no!
- ¿Qué te pasa con Santiago Pepe?
- ¡Me recuerda a la madre de este!
- ¿A Mami?
- Sí, a tu "mami"...
- ¡Mira a ver lo que vas a decir de mami que se me fue hace dos años Pepe, mira a ver!
- Me odiaba.
- ¡Algo le hiciste!
- Siempre la traté bien.
- ¡Porque le tenías miedo!
- Me aterraba.
- ¿Cómo podías temerle a un ser tan dulce como mami?
- No teníamos los mismos gustos literarios.
- Además, no te metas con Santiago, no lo conoces.
- Bueno la verdad es que no mucho...
- ¿No has estado en Carnavales?
- No.
- Se goza mucho.
- ¿Sí?
- Muchacho, los Maceo arrollamos por esa calle Reloj parriba...
- No me digas.
- Gozando. Y unas borracheras del carajo.
- ¿Qué pasa señores? ¿Me pierdo algo?
- Es que este no le caía bien a mami, Máximo.
- Qué mala suerte ¿no?
- A mami no le gustaba como escribe.
- Ahora lo veo claro.
- Decía que Los Zapaticos de Rosa es una mierda dulzona...
- ¡No es ninguna mierda! ¡Es una gran poesía!
- Ella decía que le faltaba patria, dolor y sangre.
- Doña Mariana era una crítica literaria muy dura…
- Ya sabes lo que te hizo a ti, Máximo..
- ¡Cómo no recordarlo!
- Bueno, hay que buscar otra ciudad pa este, compay.
- ¡Quiero incorporarme a la lucha armada, coño! ¿No lo entienden?
- Oye bajito, Pepe, bajito, háblame bajito compay…
- ¿Yo soy el jefe, o no?
- Sí, claro claro. Eres el jefe.
- ¿Y pa qué me cogieron de jefe, si no me iban a dejar entrar en combate?
- (…)
- (…)
- Tienes problemas de salud.
- Mentira…
- Verdad.
- Tienes los tobillos y la cintura en candela.
- ¿Qué pasa con mis tobillos?
- No embarajes Pepe.
- No embarajo.
- Se lo dijiste a Cisneros, que el roce del grillete en las canteras te dejó lesiones óseas…
- Que te duelen...
- Te afectan al caminar, se te nota.
- Cisneros es tremendo paquetero...
- Pepe...
- Un día le dijo a Sanguily que la hermana de Flor Crombet...
- ¡Pepe no nos cambies de conversación!
- (…)
- Quítate las medias Pepe.
- ¿Qué pasa?
- Quítatelas.
- ¿Quieren que me encuere aquí?
- Queremos ver tus tobillos.
- ¿Aquí?
- Sí, y ahora.
-¿Quieren que este momento sea recordado en los libros de Historia de Cuba como “Cuando Martí enseñó sus tobillos a Maceo y a Gómez en La Mejorana”? ¿Eso quieren?
- Vuelves a desvariar.
- Siempre estás con la cabeza en la imprenta.
- No todo en la vida es literatura, Pepe.
- Queremos que admitas que no puedes combatir.
- ¡Sí puedo combatir!
- No hay remedios en la manigua para tus dolores.
- ¡Me buscan hojas de zarza, o de tomate, para untarlas de sebo! ¡Artigas puede sacarle flecos a la jáquima que me traiga Bellito del monte, para darme friegas! Y mientras tenga dolores me quedo en casa y dejo el rancho barrido: hamacas, escribir; leer; lluvia; sueño inquieto...
- Estás delirando.
- ¡Soy un hombre sano y fuerte, de donde crece la palma!
- Padeces de sarcoidosis.
- Eso son bolas de la gente.
- Te provoca que no veas bien y que respires mal.
- Quién dijo…
- Y estás un poco pallá de los nervios.
- Te disparas fácil.
- ¿Ustedes son las Florencias Nighthingale del Ejército Libertador, por casualidad?
- Además, sabemos lo del huevo.
- ¿Qué huevo?
- No te hagas el bobo. Tu huevo.
- El derecho.
- (…)
- Te extirparon un sarcocele del huevo derecho, Pepe.
- ¿Pero esto es el examen médico del Servicio, o qué?
- Nos lo dijo Carmen Zayas.
- Qué golpe tan bajo Máximo…
- Te estoy protegiendo.
- ¡En ningún sitio está escrito que un hombre no puede dar la vida por su patria en combate, porque le falte un huevo!
- Eso también es verdad.
- Ya está, yo soy el jefe. Decido por mis cojones, es decir, por mi cojón, que entraré en combate con tus tropas, Máximo. En dos semanas.
- Bueno…
- Y vamos a terminar esto ya. Las cosas quedan así: Yo, como Delegado del Partido Revolucionario Cubano, me declaro responsable supremo de la Revolución y que hago lo que me salga a mí de mi huevo, como entrar en combate, o salir.
- Ok.
- Ok.
- Me encanta que hayamos adoptado el ”Ok”.
- Y a mí.
- Lo puse de moda yo a mi regreso del Imperio.
- A mí me encanta usarlo. A mami no le gustaba.
- Yo lo uso mucho en casa con Bernarda.
- ¿Qué tal está ella?
- Ahí, con sus achaques.
- Dile que Leonor quiere ir a verla, pero que no encuentra el día, que ya le avisará.
- Ok.
- En cuanto a ti, Máximo, vas a ser General en Jefe. Es mucho para un extranjero, a mi modo de ver, pero yo ya lo he escrito, “a todo buen extranjero, hay que darle un sonajero”.
- ¿Dónde escribiste eso?
- Te dije ya que estoy escribiendo…
- Ah sí, que no la has pasado en limpio, perdona perdona...
- Toño, tú serás el Lugarteniente General y Jefe de Oriente.
- ¿Tengo dos cargos?
- Sí.
- ¿Cobro por los dos?
- Hombre… la Revolución necesita de la frugalidad de sus líderes.
- Tengo que consultarlo con mami.
- ¿Pero Mariana no murió?
- Sí.
- ¿Y entonces?
- Yo hablo con su muerto.
- (...)
- (...)
- Le consulto todo, como cuando estaba viva..
- Ufff..
- Así que no te prometo nada.
- Antonio yo creo que esto ya se te está yendo de las manos…
- ¡Pepe, ella sabrá si este exceso de trabajo está bien remunerado, o no, y si es bueno para mí, o no!
- Antonio, con el perdón querido amigo, esa dependencia de tu madre después de muerta, no puede ser sana. En Dominicana nosotros…
- ¿Y a ti quién te metió en esto Máximo?
- Caballero no se embalen como Alberto el Militar.
- Antonio fuiste tú quien dijiste que tu mamá…
- ¡No me toques a mami Máximo que te mato!
- Perdona perdona.
- ¡Entre mami y yo no se mete nadie!
- ¡Dejen eso señores, que hay sol bueno y mar de espuma!
- Es que este hombre siempre se pone entre mami y yo.
- Yo solo decía que en Santo Domingo…
- ¡Está bueno ya, que voy llegar tarde a mis clases de equitación en casa de los Cisneros, coño!
- Ok ok...
- Y hay un solo pony, y somos 10.

jueves, 25 de enero de 2018

BARAGUÁ OFF THE RECORD (II)

BARAGUÁ OFF THE RECORD (II)


—¡Y entonces… cucha cucha Martínez, cucha esto!
—Lo escucho con atención, Mayor.
—Mira muchacho, mami hace así… se levanta del taburete… pone la caderita así echá palante como hace ella… se coge la saya con las dos manos, tipo mexicana, se le planta delante a Máximo, y le dice…  “¿Y a ti quién coño te invitó a esta guerra, tú, calvo?
— (TODOS LOS PRESENTES) ¡Juaaaaaaaaaaaajajajajaja!
—¡No me diga, Mayor!
—Aquello se vino abajo.
—¡Vaya espectáculo, rediez!
—¡Bueno bueno bueno, Calvar, Rabí,  Moncada, Salvador Cisneros, toda esa banda, partidos de la risa con mi vieja!
— (OFF JOSÉ LACRET) ¡Silverio del Prado se meó!
— (TODOS) ¡Juaaaaaaaaaaaajajajajaja!
—¡Pero qué graciosa es vuestra madre, Mayor!
—Mami es muy fuerte Martínez, nadie la calcula.
— (OFF JOSÉ MACEO) ¡Cuéntale lo de la escupía, mi helmano!
—Espérate helmano, aguanta. Cucha Martínez, que esto no acaba ahí.
—¿Ah no? ¡Ostia!
—Máximo se encabrona, y se le ocurre decirle a mami…
—Qué…
—Que no me iba a votar para presidente de la República en Armas.
—¡No!
—¿Cómo te quedas, Martínez?
—¡Me deja sin palabras Mayor! ¡Qué temerario el Mayor General Gómez!
—Con lo que nosotros hemos sido para ese hombre, Martínez…
—Me consta Mayor, me consta…
—Que sin ser cubano ni nada, le hemos dao una guerra pa que la goce, como le gusta a él gozar la guerra. Porque él es un gozador de la guerra del carajo, ¿sabes, Martínez?
—Ya.
—Está muy enganchado a esto del guerreo. Para él es como droga, ¿me sigues?
—Sí sí sí…
—Pero negarme a mí así, su voto, yo que lo consideraba mi hermano… ¡eso mami sí que no se lo podía permitir!
—Su madre es incontenible.
— Muchacho, se sacó el machete y le fue parriba.
—¡Virgen de la Almudena!
—Menos mal que Quintín, aquí presente, la contuvo.
—(OFF QUINTÍN BANDERAS) Trabajo que me costó.
—Y entonces mami escupió a Máximo. En toda la cara.
— (OFF JOSÉ MACEO) En las gafitas.
—Vaya por Dios…
—Si ves al pobre Máximo limpiando sus gafas, y mami gritando como una posesa mientras Quintín se la llevaba pa Santiago…
— (OFF QUINTIN BANDERAS) Trabajo que me costó.
—Sí que tiene valor doña Mariana…
—Es una cricúa.
—Digamos que… su valentía es encomiable.
—Yo siempre se lo digo; “Mami, pero qué cricúa tú eres, muchacha”.
—Se nota que os queréis.
—Yo la adoro. Sin mami no me hallo, la verdad.
—Eso lo honra, Mayor.
—Madre solo hay una, Martínez…
—Sí señor, sagrada y bendita la hizo Dios…
—Es que si me falta mami, dejo la guerra y lo dejo todo, fíjate como te digo.
—¡No me diga Mayor!
—Se me saltan las lágrimas, solo de pensar que mami me falte.
—Un caso de amor filial impensable en esta cruenta contienda.
— (…)
— (…)
—Martínez, quería pedirte disculpas por lo del atentado.
—Disculpas aceptadas Mayor. Fue solo un intento, todo está olvidado.
—Yo no olvido Martínez. Mami me dice siempre: “Nunca olvides, mijo, siempre guarda rencor”.
—Su madre es una inestimable fuente de buenos consejos.
—Por eso insisto en pedirte disculpas por lo que te hicieron mis muchachos…
—Si he de serle sincero, Mayor… me ha sorprendido que sus tropas intentaran atentar contra mi vida, solo llegar aquí.
—Sí sí, Martínez, tienes toda la razón. Se nos fue la musa.
—Siendo esta una tregua, como usted entenderá, uno no espera…
—Ya ya …
—Fue un recibimiento un poco…
—Hostil.
—Pues sí.
—Es que mis hombres no son así Martínez. ¡No sé qué nos pasó! 
— ¿Cómo?
—¡Ya los regañé a todos! “¡Nosotros no somos así, cojones, ¿estamos locos, o qué?!”, les dije.
—Mayor, yo le agradezco…
—¡Coño, mira que intento educarlos, Martínez! ¡Me desvivo por que coman bien, que se calcen, que descansen antes de entrar en combate, que si esto, que si lo otro, soy el mejor jefe que puedas encontrar en toda la República en Armas!
—Sí señor.
—¡Y solo les pido que sean un poco, solo un poco amigables con el enemigo!
—Ya…
—Antes de tú llegar les dije, “No formen nada caballero, que ese blanco es de salir, no le toquen ni un pelo de su cuerpo”.
—Han estado a punto de dispararme entre las cejas…
—Ya ya, pero pregúntale a esta gente si no lo dije. A Crombet, a Lacret, ¿Lo dije o no lo dije caballero? ¡Pregúntales!… ¡O a Quintín! ¡Quintín, ¿qué te dije yo?!
— (OFF QUINTÍN BANDERAS) Na, eso, que no formáramos nada.
—¿Ves?
—Ya si yo le creo, y estoy muy agradecido de…
—¡Se lo repetí una pila de veces: “Caballero, hay que respetar la treeeegua, hay que respetar la treeeeegua…!
—Claro claro…
—Pero les entró por un oído y les salió por el otro.
—Bueno yo ya lo he olvidado General…
—¡No sé qué les pasa a estos negros, que ven un pancho, y se les sube un fuego por las venas!
—Ya…
—¡Nadamás que quieren sangre española, sangre española, sangre española…!
—¡Alabado sea el Señor!
—Y enseguida quieren disparar.
—Olvidado todo General. Me lo tomaré como un mal entendido. Y los malos entendidos se olvidan. ¿No?
—No no, los malentendidos no se pueden olvidar, Martínez, lo siento, pero ahí discrepamos.
—¿Cómo?
—Mami siempre me dice, “Toño, —ella me dice Toño—, nunca olvides un malentendido. Todo lo que sea bronca, es bueno para el alma…”
—Qué profundas palabras las de su madre…
—Y sabias, Martínez, muy sabias…
—Seguramente…
—Mami es muy polémica.
—Se nota.
—¿Cómo te lo estás pasando Martínez?
—Yo estoy muy a gusto Mayor.
—Ya te dije, que ibas a sentirte como en tu casa. Quitando el intento de atentado, todo va muy bien.
—Yo estoy alucinando. Es como una montaña rusa de emociones…
—Yo estoy como si nos conociéramos de toda la vida…
—La entrevista está siendo un poco rara, pero muy entretenida.
—Tienes toda mi atención, Martínez. Pide por esa boca. ¿Necesitas algo?
—Quizás echo un poco de menos una silla…
—Después pasamos al interior de la casa, y puedes sentarte un rato en el taburete de mami.
—Gracias, es que si llueve, aquí en las hamacas…
—No te preocupes.
—Tengo un poco de sed…
—Mami dejó un poco de canchánchara fresquita. La beberemos.
—¡Se lo agradeceré, Mayor! Esta postura me está matando.
—Tengo una banqueta de bar por ahí...
—No, no, déjelo… no será necesario.
—No he podido conseguir una camarita para hacernos una foto.
—Yo he traído a dos dibujantes para que tomen nota de este momento.
—Es que vamos mal de fondos. Marta Abreu últimamente no suelta un quilo para los que estamos en el monte…
—Yo creía que Doña Marta era muy desprendida y dadivosa con las finanzas de vuestra lucha…
—Cuento, cuento Martínez, puro cuento. Esa gorda no suelta plata, ni dándole candela.
—No me diga, Mayor…
—Le dijo a mami que tenía muchos huérfanos y muchos enfermos que atender, y que estaba haciendo una escuela y no sé qué más. Se está haciendo la loca.
—Qué poca seriedad.
—Mami no la puede ver, ni a ella ni a las hermanas.
—Me lo imaginaba.
—Dice que son unas blancas burguesas, oportunistas de mierda.
—Vuestra madre es dura.
—Dice que Marta le tiene hecha la vida un yogur a la nuera… ¿sabes algo?
—¿Sobre Doña Marta o sobre Doña Catalina Lasa?
—¡De las dos, de las dos! Mami se volverá loca con el chisme.
—Bueno, yo solo sé lo que se rumorea en La Habana sobre ellas, lo del divorcio y eso.
—Dice mami que van a terminar matándose. Las villareñas son muy conflictivas.
—Si quiere usted, Mayor, a mi regreso a Europa puedo llevarle una carta a Doña Marta.
—Te lo agradeceré Martínez. Esa gorda se me está escondiendo. Mira que mami me lo dijo: “Es tremenda hija de puta, no confíes en ella, que los blancos no sirven”.
—Su madre es una gran consejera…
— (OFF FLOR CROMBET) ¡Toño, cuéntale lo de Pepe!
— (OFF SILVERIO DEL PRADO, FIGUEREDO, JOSÉ MACEO) ¡¡Dale Toño, cuenta lo de Pepe!!
—Aguanten caballero, aguanten… jejeje, ay mi madre…
—¿Qué es “lo de Pepe”, si se puede saber, Mayor?
—Una cosa que le pasó a mami con José Martí en Estados Unidos, y estos cabrones quieren que te la cuente. 
—¡Soy todo oídos, Mayor!
—Tú sabes que mami no puede ver a Martí, ¿no?
—Ya me dijo usted algo, sí…
—No le gusta nada nada, pero nada como escribe…
—¡Pobre hombre!
—Cucha lo que le hizo…

(CONTINUARÁ)