Por Carlos Ferrera
A propósito de la visita de Charles
Se me ocurre hoy, chapotear en torno a una noticia que me ha generado un
poco de suspicacia y mucho de indignación: la visita de los príncipes herederos
del Reino Unido a La Habana.
Alucino un poco con las conclusiones sesgadas del gobierno cubano, después
de concluido el paseo real británico por el Lagarto Verde. La prensa oficialista
ha vendido al mundo la visita como la panacea, y en su línea de siempre, envía de
paso a los oídos mansos y desinformados de los cubanos de la Isla, un mensaje
falso como un billete de 9 libras.
Sus Altezas Reales Británicas, Charles y Camilla, fueron recibidas en Rancho
Boyeros por Ana Teresita González, vicecanciller de Macondo Town. Es un viaje histórico
que a nadie le ha importado mucho en el Reino Unido, pero que Cuba se lo ha tomado
casi como si fuera miembro de pleno derecho de la Commonwealth.
Hace más de 70 años que La Habana no recibía a un miembro de la familia real
británica, así que el acontecimiento reviste, al menos, cierta relevancia
histórica. Pero nada más.
No estaba “el Presi” al pie de la escalerilla para recibir a los príncipes
más longevos del mundo, ni su regordeta Primera Lady, porque no obliga el
protocolo. No se trata de los reyes; son apenas herederos del trono venidos a
menos, y es ya casi seguro que jamás reinarán, como no lo hagan desde una cama
fowler.
Por eso el MINREX envió a una segunda al mando a decirles, “Welcome
Your Majesty, Cuba is your house”, y santas pascuas. Casi que mejor, porque el
inglés de Canelo todavía está muy green. Ana Teresita tampoco es la cima del
glamour, pero es rubia Revlon, más alta que Lis y su inglés de la Lincoln le
alcanza para comunicarse con los gerontopríncipes.
Avancemos.
Dicen los libelos de la prensa cubana que, “la visita oficial del
Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornualles, anuncia un cambio importante en
la larga política del gobierno de Su Majestad hacia la Isla”. ¿Perdón? ¿Un “cambio
importante”? ¿La “larga política”? ¿De qué demonios hablan? O sea, ¿de qué
fucking “relación” are they talking about?
La “Majestad” a la que alude el titular, es por supuesto la madre de
Carlitos, Elizabeth II, que está hasta la corona de su hijo desde hace 40 años,
y hace tiempo ha dejado claro que no quiere que acerque sus posaderas al trono
de Windsor.
Parece una crueldad a simple vista, -y lo es- porque Carlos se ha hecho
viejo, tumbado junto al escabel donde su madre pone sus regios juanetes,
esperando a que le llegue el día de reinar. Es el príncipe con más experiencia
en el cargo del mundo, y eso parece otorgarle ciertos derechos.
Pues no.
Isabel ha estado clara; su hijo es un desastre como príncipe, e iba a
ser un desastre como Rey. Por eso está
dispuesta a “volarle el turno”, y ya anda preparando a su nieto mayor para que
ocupe su puesto. Está harta de su familia de frikis, que no le dado un minuto
de paz desde hace más de medio siglo.
Su tío, el cuestionado Eduardo VIII -entonces heredero de la Corona y
el primer visitante real que tuvo Cuba, por allá por 1948-, abdicó del trono en
favor de su hermano George, padre de Isabel, por culpa de una furcia americana
y de su nulo interés por los asuntos de Estado, y de cualquier asunto.
Eduardo VIII era un millonario bello e inútil, que solo reinó 325 días y
le dejó (en la mano) el tercer trono de la Casa Windsor a su hermano menor George,
que se quedó en shock, porque le cayó del cielo. George se había casado
con Isabel Bowes-Lyon en 1923, convirtiéndola así en Isabel I, y de esa unión
nació la actual reina de Inglaterra, madre de este príncipe anciano que ha
vuelto a poner lo inglés de moda en La Habana, 70 años después.
En 1947, Isabel II contrajo matrimonio con el príncipe Felipe de Grecia
y Dinamarca, con quien tuvo cuatro hijos; Carlos, Ana, Andrés y Eduardo.
Felipe
quedó para siempre en una posición gris como consorte, y de él solo conocemos
sus partes pudendas, porque suele sentarse con las piernas abiertas en los actos públicos, cuando
viste falda escocesa. No existe. Es Isabel quien ha cortado el bacalao desde
entonces.
Los 90s fueron “annus horribilis”
para la reina, dicho por ella misma. Carlos y Andrés se habían casado
respectivamente con Diana de Gales y Sarah Ferguson, -“Fergie” para los
íntimos-, e Isabel salía con cara de “esto va a ser tremenda mierda” en las fotos
de las dos bodas.
Se le criticó por eso, pero otra
vez estaba clara: Fergie y los dos príncipes, arrastraron durante años a la
familia por el barro con escándalos de todo pelaje, mientras Diana se entregó
al papel de chica engañada y sufrida, que le daba pena hasta a la Madre Teresa,
tan hecha a ver desgracias. Para casi todos los ingleses de entonces, Carlos
era el demonio, y su madre, pues eso; la madre del demonio.
Pero para Isabel no paró de
llover. Se divorció su hija Ana, contra su voluntad, murió su mejor amiga y un
incendio achicharró parte de su castillo. En 1996 Carlos y Diana se divorciaron
de malas maneras, y también a las greñas lo hicieron Andrés y Fergie.
La temprana
y extraña muerte de Diana en un túnel parisino en 1997, contribuyó a empañar
aún más el aura ya oscura de la reina y de su hijo, y el clan Windsor fue repudiado
por la prensa y por su pueblo, a causa de su postura fría ante el triste suceso.
El Castillo de Windsor, era Mordor.
Desde entonces, para Isabel todo ha sido un camino de espinas. Carlos continuó
su affair con la impopular Camilla, a la que en realidad siempre había tenido
como amante. Ella lo había esperado pacientemente 30 años, soportando que el
mundo entero la pusiera de vuelta y media, acusándola de robamaridos, interesada
y fea. Isabel la considera abiertamente una bruja, y no ha dejado de odiarla ni
un segundo.
Pero la anciana reina sigue capeando temporales; su nieto Harry, Duque
de Sussex, al que ya hemos visto desnudo y vestido (de nazi), le subió al tío
Eduardo VIII la parada, casándose con una negra plebeya. Aún Isabel estaba
diciendo “shit”, cuando su primo tercero, Lord Ivar Mountbatten, casado y con
tres hijas, anunció la primera boda gay de la casa Windsor con el amor de su
vida, James Coyle. No hay corazón de reina que aguante.
Por suerte para Isabel, su nieto mayor, Guillermo, duque de Cambridge, se
ha unido heterosexualmente en una hermosa boda “normal” con una chica bien, ha
formado una familia bien, y su abuela espera que esté más apto que su padre
para reinar.
Charles no es técnicamente un representante del
gobierno británico, ni su voz cuenta un comino a la hora de templar esas
“renovadas relaciones comerciales” con Cuba, de las que hoy se habla tanto en
La Habana. Mucho menos puede influir en los “negocios” que hipotéticamente se
producirían a raíz de su visita.
Ni siquiera su madre, dueña de la mayor fortuna real del mundo, ha vuelto
a tener influencia en el rumbo del Estado, que hace mucho dejó de estar en
manos de un Windsor. La del Reino Unido es la monarquía más fuerte del planeta
gracias a su poder económico y su arraigo popular, pero en la práctica es también
una institución medieval caduca, que hace años ni pinta ni da color en las
decisiones del gobierno. La actual realeza inglesa se entera por la prensa de
cómo se harán las cosas en el Reino, como el resto de los ingleses de a pie.
Mandan los laboristas y los tories en el Parlamento; los reales cumplen
solo un rol protocolar, si bien comparten alguna responsabilidad de Estado,
porque aún son dueños de gran parte del patrimonio histórico y cultural
británico, dentro y fuera de su territorio. En muchos casos también son
importantes mediadores en los sectores económicos y el tejido empresarial. Los
reyes suelen ser buenos “influencers” y mejores negociantes, y eso era Isabel,
pero no es el caso de Carlitos. Parece de perogrullo escribirlo, pero en Cuba
nadie se lo ha recordado al pueblo llano.
Por eso me sorprende y me indigna el triunfalismo ponderado y falso de
la dictadura sobre este asunto, ahora que –Brexit mediante– y a trompicones,
Inglaterra intenta salir de la Unión Europea, aunque sea por el techo, y busca
nuevos socios comerciales. Es irrisorio que Cuba se vea como candidata en esa
lista de pretendientes, justo ahora que tiene menos cosas que nunca que ofrecer
a ninguna nación del mundo, a cambio de que la saquen de la crisis.
No ayuda su alineación con Maduro apoyando el desastre que Fidel exportó
a Venezuela en tiempos de Chávez, y que hoy está a punto de convertirse en un
conflicto de consecuencias impredecibles, del que Cuba es también responsable. Cuba
es el peor socio comercial que existe ahora mismo en el planeta, después de
Venezuela y Haití, e imaginarla firmando un acuerdo con Reino Unido, es el
absurdo llevado a límites paranoicos.
Pero los cubanos de la Isla se lo creen, porque de Carlitos saben,
malamente, que fue el marido de la mujer que se mató en un túnel, y poco más.
La desinformación sigue siendo el activo más preciado del castrocomunismo.
UN CROQUIS RÁPIDO DEL PRÍNCIPE DE GALES
Confieso que le tengo manía y sería muy parcial, por eso prefiero citar
palabras más autorizadas antes de describirlo con las mías. Lo hace mejor mi
tocayo, colega y columnista de El Mundo, Carlos Fresneda, comentando el libro 'El
Príncipe Rebelde: el poder, la pasión y el desafío', del periodista británico
Tom Bower:
“El Príncipe Carlos es un hombre petulante, extravagante y entrometido,
resentido con sus padres por su terrible infancia en un internado escocés,
incapaz de apreciar el tormento que para sus hijos supuso su relación con
Camilla tras la muerte de Diana y con hábitos extravagantes frente a la
austeridad de su madre, como fletar un camión de mudanza para llevarse su
dormitorio privado durante la estancia en casa de unos amigos”.
Fresneda cuenta que Charles nunca ha perdonado a sus padres haberlo
enviado de niño al remoto internado escocés de Gordonstoh, una
"tortura" de la que culpa sobre todo a su padre. Según Bower, Carlos
siempre vio al Príncipe de Edimburgo, como un manipulador emocional. “La
presencia insidiosa de Camilla tras la muerte de Lady Di creó una distancia con
sus hijos, que la consideraban como un recuerdo permanente del tormento sufrido
por Diana. William y Harry entraban por la puerta de servicio para evitar
cruzarse con ella cuando su padre la invitaba a su mansión londinense”.
Charles odia a su consuegra Carole Middleton, la madre de Kate, solo “porque
pasa más tiempo que él con sus nietos”. Los británicos prefieran a los Duques
de Cambridge como herederos de la Corona, por encima de él y de Camilla, y al
menos un país de la Commonwealth se opone a que sea coronado Rey.
Fresneda apunta al texto de Bowle que, “el anciano príncipe está
profundamente desconectado de la gente común y lleva una vida llena de lujos y
extravagancias, pese a la imagen austera y "sostenible" que se
esfuerza en proyectar. En cierta ocasión, despachó un camión entero de mudanza
-incluyendo su cama ortopédica, su taza del váter y los rollos de papel
higiénico Klennex- a la casa de unos amigos que le invitaron a pasar unos días,
con cargo a la Corona”
Apunto yo, que, Carlitos, como lo fue su abuela Isabel I, es un borrachín
empedernido que se lleva su comida, y su Martini "precombinado", a
las fiestas a las que lo invitan. Solo permite que se lo sirva uno de sus
escoltas, su coctelero real, uno del más de un centenar que conforman su corte
privada, incluidos cuatro que solamente se dedican a que todo esté en orden en
su guardarropa, y a cambiarlo de atuendo cinco veces al día.
No soy antimonárquico. Creo que los reyes deben permanecer con sus
cortes, sus rituales y sus milenarios abolengos, como en una vitrina. Son una
parte viva de la historia y la cultura de los países que han tenido monarquías,
y han de conservarse igual que un libro incunable, pero sin tocarle el bolsillo
a la plebe que los reverencia. Pero Carlos tiene poco valor histórico, y va
flojo de papeles en valores humanos.
Mientras tanto, la Cancillería británica ha visto que llovía, y quitó
la tendedera. Dicen que la visita de la pareja real “forma parte de una gira
caribeña que carece de contenido político, aunque busca desplegar la diplomacia
constructiva británica profundizando en la relación bilateral sin dejar de lado
los disensos”. Muela inglesa.
También Andrew Lewer, un parlamentario del Partido Conservador en el
poder, ha querido salvarle el trasero al vejete: “La familia real no toma estas
decisiones. Es la Oficina de Relaciones Exteriores, a la familia real no se le
debe culpar por esto. –pero añadió– Nuestros amigos en Estados Unidos, los muchos
cubanos en Florida, se sentirán perplejos al ver a la familia real británica
que realiza una gira en un momento en que estos actos despreciables están
teniendo lugar”, refiriéndose a la tragedia venezolana.
El exgobernador de Florida y actual senador Rick Scott le hizo llegar una
protesta airada a la primera ministra británica Theresa May: “¿Por qué querría
el gobierno británico reconocer a Juan Guaidó como nuevo presidente de
Venezuela cuando todos sabemos que el régimen de Castro es el que apuntala a Maduro,
el dictador de Venezuela y al mismo tiempo, ¿el príncipe, que tiene una
increíble influencia mundial, va a apuntalar al régimen?” Teresa debe haber llorado
en silencio. No se acaba el puñetero breixit...
No me da que Díaz Canel le llegue a sacar a Charles, ni un solo penique
en el futuro. Más bien el noble inglés le quedará a deber a los cubanos –a los
de la calle– toda la pasta que se ha gastado “el Presi” en agasajarlo a él.
Tampoco Isabel moverá un dedo, porque no quiere, porque Cuba se la trae
floja y porque pronto se irá. Malamente podrá ubicarla en un mapa, si se le
pregunta, y seguro necesitará una pista. No estamos en su pensamiento.
Y el desamor es mutuo. Tampoco pensamos en ella; algunos de nosotros ni
siquiera la conocen. En La Habana también decayó el entusiasmo británico cuando
los ingleses nos cambiaron fríamente por la Florida en 1763. Nos duró poco aquel
idilio a la cañona, que prometía; volvimos a la potajera española condenados a
no hablar en inglés fluido por el resto de nuestras vidas.
Fueron once fugaces
meses de secuestro dulce, sufrimos las consecuencias del conflicto un par de
meses más; hubo depresión, hambruna y el malestar popular esperable ante la
presencia de un ejército invasor. Pero, ya superado el trauma, Cuba recibió de
los ingleses más ventajas que dolores. Nosotros también nos relajamos, y todo comenzó
a fluir…
De eso no se habla nunca en las escuelas de la Isla, pero es otra
historia anglocubana a desempolvar; la de La Hora de Los Mameyes…
Y serà que tu nos desempolvaràs alguillo antes de que anochezca o nos pille la demencia senil definitiva Carlitìn?!
ResponderEliminarp/s Esta ausencia tuya pesa màs que todos los huevos africanos y mundiales!!! Besos
Nadie como tú para sacar al sol los trapos sucios de la realeza británica y las ilusiones perdidas de Lis isleños cubanos que se mantienen es que soñar no cuesta nada!!
ResponderEliminarFelicidades otra vez Carli !!!
Me tome buen tiempo en volver a visitar tu blog. Eres GENIAL. Deberian Los Facebookseanos acudir a esta fuente. Solo venimos tus fieles lectores. Un abrazo!
ResponderEliminarEn vísperas de la visita ,y sin que ni la reina me la comentara, me dio por leer, ver y rever muchas historias reales y dramatizadas sobre Isabel, su reinado y sus antecedentes y aconteceres posteriores... y luego zas! los dos reales personajes pasean de la mano del inefable Eusebio por los lugares que ya sabemos de memoria... Muy bueno tu trabajo! Te esperamos . No te comas na del suelo y no exhibas partes pudendas de negroides ni para dar una lección de antropología...
ResponderEliminarCarlitos, ella no es Alteza Real ni princesa y mucho menos heredera.
ResponderEliminarVamos a ver, Carlitos, no te pongas bravo. Interrumpi la lectura por segunda vez porque Elizabeth Bowes-Lyon ni fue Isabel I. Isabel I fue la reina del período isabelino en la época de Shakespeare. 1533 – 1603, mijo, no aprietes tanto.
ResponderEliminarOdio hacer esto pero no puedo continuar la lectura. Dices mal porque nunca un monarca de la casa Windsor ha tenido poder político alguno. Esta casa se creó apenas en 1917 con Jorge V en sucesión de la casa de Hanover. Qué te paso que no contrastaste ni verificaste tus datos? Bad, bad boy.
ResponderEliminarNingún problema Betty. Lamento que la lectura te haya resultado tan insoportable, por un dato histórico erróneo. No tengo el listón a esa altura, ni creo que lo ponga nunca; no es mi objetivo provocar estampidas cuando publico mi trabajo. Tenía entendido que la Casa Windsor existe desde que se llamaba Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha en 1826, y que Jorge V solo la renombró en 1917, creía hasta hoy, que eran la misma sangre, y a los tres reyes de esa familia me refiero. De todas formas aprecio las correcciones de quienes me leen y están mejor enterados, lejos de considerarlas una impertinencia. Creí expresarme bien al explicar lo que llamo "poder real", y sin dudas, los Windsor lo han tenido, pero asumo que no llegaste a esa parte. Escribo sobre lo que se me ocurre sin estar obligado a saberlo todo, sobre todo lo que escribo. No no especialista en Monarquías, y escribo de ellas lo que sé, no pretendo dar lecciones a la gente. Tampoco sé qué tipo de artículo esperabas encontrar, este desde luego, no es nada pretencioso, en lo histórico. De todas formas agradezco tu clase de historia gratis, en dos renglones, incluso y a pesar de tus palabras, Betty. Siento tu mala experiencia :(
EliminarVálido. Pero no es uno sino muchos errores. No lo tomes a mal. Lo hago en aras de la claridad y el rigor. Que tengas buen finde y nos sigas deleitando con tus textos maravillosos.
EliminarPues entonces seamos consecuentes; abandonar la lectura en el segundo párrafo "en aras de la calidad y el rigor" no es ni edificante ni educativo. Hasta los más exigentes maestros permiten a sus alumnos equivocarse. Me sigues debiendo la aclaración a la acotación que me haces arriba (¿qué pasa con ese árbol genealógico de los Windsor?) y añades ahora "más errores" que no me explicas. Lo siento Betty, no podemos avanzar si no me los mencionas. Y te juro por lo más sagrado que te digo esto con mis mejores intenciones de aprender.
Eliminarme ha encantado como todo lo que escribes ,se te exrana mi chino un abrazo apretao para ti
ResponderEliminar¡Besito amorrr!
EliminarCarlos, excelente artículo, me ha parecido genial de cabo a rabo y muuuuyyyy esclarecedor (que mucha gente se confunde). Estoy de acuerdo contigo en que los gerontopríncipes sólo dejarán las cuentas por pagar. Es una pena que no tenga mucho tiempo de entrar al Cuartel, cada vez que vengo aprendo y sonrío.
ResponderEliminarMe he quedado de piedra con Betty Cam, la felicito por su saber monárquico y me encantaría leer algún artículo suyo sobre el tema...
Gracias Juan, el tema me seduce, pero no he tenido tiempo de manosearlo más. Lo haré seguramente este año, gracias por tus palabras y tu visita ;)
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