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miércoles, 14 de noviembre de 2018

UN ASALTO ARRUINADO POR FALTA DE ENSAYOS

UN ASALTO ARRUINADO POR FALTA DE ENSAYOS

LA MENTIRA MÁS GRANDE DE FIDEL 
El asalto al cuartel Moncada, es de todas, la mayor mentira inventada por Castro, y su más brillante ejemplo de cómo convertir un revés en victoria.
Su planificación y ejecución fue un desastre, salió mal todo lo que podía salir mal, y alguna cosa más, pero Fidel convirtió el incidente en todo lo contrario, dibujándolo como una ficción épica y heroica, la más grande de la Revolución, de la que él fue el líder y héroe mayor. Su conmemoración anual se convirtió 7 años después en la celebración por excelencia de la nueva Cuba comunista: el 26 de julio.
El asalto en sí, fue una absurda y disparatada sucesión de despropósitos y errores garrafales, que culminó en un clamoroso fracaso, más propio de una comedia de situación que de un evento bélico.
Da sobradas pruebas de ello, el Dr. Antonio de la Cova, catedrático y profesor de historia de la Universidad de Indiana, en su revelador ensayo "Ataque al Moncada", que aconsejo. También los asaltantes después exiliados, Jaime Costa "El Catalansito", Orlando Castro -que escribió otro libro interesante sobre el asunto-, el soldado batistiano Ariel Matos, y el historiador Enrique Ross han aportado importantes datos nunca revelados sobre la acción armada.
Para empezar, Fidel ni siquiera tuvo en cuenta que era Carnaval en Santiago de Cuba, subestimando la vigilancia del recinto, que había sido redoblada en esas fechas. Ignoraba que en fiestas se reforzaba el control del cuartel de 6 de la tarde a 6 de la mañana, y que se cerraban todos sus accesos a cal y canto, excepto el de la entrada principal. Lo sabía todo Santiago, menos ellos.
Solo Ramiro Valdés, Pepe Santos, José Ponce y Jesús Montané liderando dos tercios de los hombres, se enfrentaron a las balas con cierto sentido común; lo del resto fue solo un sainete. El tercio restante de los asaltantes se perdió por las calles adyacentes de la ciudad y nunca llegó a entrar en combate.
A Ñico López, ese pobre peón del mercado, “medio comemierdón”, se le olvidó el alicate para cortar la cerca de alambre de púas que rodeaba el cuartel de Bayamo, cuyo ataque simultáneo fue abortado por esta razón paupérrima: “Siete hombres mirando fijamente una cerca de alambre de púas, sin saber muy bien qué hacer con ella”, escribiría el historiador Rafael Cobos Vera al describir este momento.
Durante más de medio siglo la dictadura ha guardado silencio sobre la historia absurda de Ernesto Tizol, al mando de una camioneta con seis rebeldes a su cargo, que de pronto se pregunta qué rayos hace allí, y decide abandonar a la revolución en ese mismo instante, desertando en mitad del plan. Simplemente desaparece con sus compañeros.
Más tarde la historia revolucionaria diría que Tizol se equivocó de ruta, confundiendo la Avenida Las Américas con la avenida Victoriano Garzón, pero realmente el pobre, estaba desertando. Su decisión, demasiado tardía, hizo que le saliera todo mal, porque lo apresaron como a un asaltante más, y como tal lo condenaron. Desventajas que trae desertar a destiempo.
Es mentira que Raúl Castro liderara el grupo de asalto al Palacio de Justicia, como está escrito en todos los libros de historia de la revolución. Su presencia en Santiago, en vísperas del ataque, fue totalmente casual, y su participación, mínima y meramente accidental. Raúl estaba en la ciudad de visita privada en casa de José Luis Tassende y su familia, y como la mayoría de los asaltantes, no tenía ni idea del plan que se gestaba en la Granjita, y mucho menos estaba invitado a participar en él.
Raúl, simplemente, no sabía que su hermano atacaría el Moncada, por extraño que pueda parecer. No lo sabía él ni casi ninguno de los 160 asaltantes subordinados, a los que se les dio diferentes excusas para salir a la contienda. A algunos se les dijo que irían a buscar armas a casa de Aureliano Sánchez Arango, y a otros como a Carlos Franquis, le dijeron que irían a los carnavales como premio a sus desempeños en la última práctica de tiro. Solo un reducido grupo que venía de Artemisa, Guanajay y Candelaria, entre los que se encontraba El Catalansito, se les dijo que había "una acción militar" pero no le dijeron dónde.
Todo este apuro de Castro, se debía a que quería adelantarse a la inminente intervención del exterior que se rumoreaba por parte de otras células rebeldes. Fidel quería ser el primero en atacar militarmente al régimen de Batista, adelantándose a un grupo del Partido Ortodoxo que había avisado que planeaba actuar, y a otro liderado por Frank País, que también quería entrar en combate. Los adversarios de Batista por aquellos días estaban a años luz de ser una fuerza organizada única, y Fidel de ser su líder; el caudillismo y el protagonismo independiente campeaban libremente entonces.
LOS HECHOS
Antes del conflicto, desertaron 3 asaltantes del cuartel de Bayamo y otros 10 del cuartel Moncada. Lo hicieron al enterarse del precario armamento del que disponían, cuando se les dijo a última hora que atacarían las casernas de Santiago y Bayamo. Eran unos pocos rifles -que algunos no sabían aun disparar con pericia- algunas pistolas con muy poca munición para cada uno y una Thompson de disco.
Fidel reacciona con contrariedad al ver llegar a su hermano menor sin aviso previo a la granjita Siboney, el sitio desde donde debían partir los rebeldes. Él no había previsto que Raúl participara, así que lo coloca precipitadamente en el grupo de menor riesgo, a las órdenes de Léster Rodríguez. Es Léster y no Raúl, quien tiene la misión desde la retaguardia, de ocupar el edificio del Palacio de Justicia, al lado del cuartel Moncada. Raúl será solo uno de sus subordinados.
Pero nadie midió antes la altura del muro que rodeaba el Palacio de Justicia, y simplemente, el grupo de Léster con Raúl incluido, no pudo disparar ni un solo tiro, porque no veían el blanco. Cuando Raúl fue apresado, fue sometido a la prueba de parafina para comprobar si había disparado un arma. Resultó negativa; no dio ni un tiro al aire en el Moncada.
Desde el primer momento Fidel perdió el contacto con las otras células del grupo, que actuaron todo el tiempo por su cuenta. Los asaltantes confundieron las instalaciones del cuartel con el hospital militar aledaño y las viviendas de los soldados, que estaban pintadas del mismo color. Muchos de los soldados estaban de licencia y se habían ido a los carnavales, de modo que el primer muerto del ejército batistiano fue un soldado que estaba recién operado y desafortunadamente sacó la cabeza por la ventana de su habitación, siendo blanco fácil de los rebeldes. Los asaltantes atacaron el edificio sin saber que no era el Moncada, porque la mayor parte de ellos no era de Santiago y jamás habían visto el cuartel antes.
El rol de Fidel durante los hechos es de un patetismo aún mayor: Pese a empuñar todo el tiempo un arma durante el asalto (hay quien dice que una escopeta calibre 22, y otros que una pistola Luger), tampoco apretó el gatillo ni una vez. Iba en el segundo vehículo (no en el primero, donde iba Ramiro). En cambio, se tiró todo el asalto dando vueltas por las calles aledañas al cuartel, intentando reagrupar a los asaltantes dispersos y perdidos por los patios de las casas del reparto militar, a 10 cuadras del conflicto. En las últimas dos horas se acercó a la posta 3 del cuartel, pero el fuego cerrado batistiano lo hizo desistir de entrar. Por allí se quedó hasta casi el fin de la fiesta, y fue lo más cerca que estuvo del "asalto". Jamás puso un pie dentro del edificio.
Cuando la acción degenera en matanza, y los rebeldes se baten en retirada, Raúl Castro con el grupo de Léster Rodríguez consiguen subirse al último piso del Palacio de Justicia, pero el propio soldado Orlando Cobos -hoy residente en Miami- con una guarnición de diez hombres, los baja a tiros. Entonces escapan por la línea del tren Santiago - San Luis, pero desconocen la zona, se pierden y caen directamente en los brazos del teniente batistiano Vicente Camps Ruiz, que los lleva prisioneros al cuartel. Son las 6 de la tarde del 26 de julio.
Así que, Raúl no participa en el conato y Fidel no se expone, mientras Ramiro Valdés, junto a José Ponce y Jesús Montané, tienen una actuación heroica, y son los últimos en abandonar el cuartel bajo los tiros. Ramiro queda herido levemente.
Fidel regresa con 45 hombres a la granja Siboney con la idea de meterse en el monte, pero otros diez rebeldes desertan, y se debe ir con 35. Entonces ocurre algo que jamás se cuenta hoy en los colegios cubanos, y que Orlando Castro, Ariel Matos y Antonio de la Cova ya han explicado públicamente con gran detalle:
Durante esos días de persecución, las fuerzas vivas de Santiago, los políticos, el pueblo y algunos militares, habían echado en cara a Batista la matanza del Moncada, y le exigían la detención de los rebeldes vivos. Gran parte del pueblo tenía una imagen benévola y romántica de aquellos "muchachos valientes", y simpatizaban con su rebeldía.
El secretario de Batista fue presionado por varios sectores que lamentaban que la actitud beligerante de Fulgencio recordara la época sanguinaria de Machado. También la madre de Castro, Lina Ruz, pide clemencia a través de la Primera Dama, y la propia Mirtha Díaz-Balart, su mujer y madre de su hijo Fidelito, le ruega al Monseñor Pérez Serante que interceda ante el presidente.
De modo que Batista cede a las presiones y ordena a su jefe militar en Santiago de Cuba, el coronel Alberto del Río Chaviano, la captura del líder rebelde, pero con vida: "Con tu cabeza respondes por la vida de Fidel Castro", le dirá el presidente al militar.
Chaviano traslada esta orden al encargado de la misión, el Teniente Sarría. Sarría quedará para la historia como el hombre que le salvó la vida a Fidel, pero en realidad solo está cumpliendo un mandato presidencial ineludible; Fidel no puede morir.
FIDEL EL SUICIDA ENCUBIERTO
Lo capturan en el monte 4 días más tarde. Había pasado por la finca Las Delicias del guajiro Manuel Leisán, que no quiso darle cobijo, y debe refugiarse entre las ruinas de un viejo convento francés llamado "El Cristo". Allí los acorrala el teniente Sarría bajo un aguacero torrencial. Entonces El Comandante es presa de una crisis nerviosa, saca una 45, la rastrilla, se lo pone en la sien y se intenta suicidar. ¿Cuento? Dicen los que estaban presentes que estaba fuera de sí, y los sobrevivientes del asalto que le acompañaban y hoy viven en el exilio, concuerdan en la idea de que no estaba dramatizando: tenía pánico de caer en manos enemigas.
Mario Chanes se lía con Castro en un cuerpo a cuerpo para quitarle la pistola, al que se suman también Orlando Costa y Juan Almeida, consiguiendo reducirlo. Estalla una gran bronca entre los rebeldes con el ejército alrededor. Entonces sale del círculo de guardias batistianos el Monseñor Pérez Serante, y les garantiza inmunidad al grupo.
El teniente Pedro Sarría, solo tiene dos esposas, que les pone a Fidel y a Almeida, "recomendándole" a Fidel en privado, que no diga a nadie quién es. Cuando el convoy que transporta a los detenidos cruza un río crecido por la tormenta, El Catalansito y Gerardo Granados consiguen escapar tirándose al río. Serán detenidos días después.
Ya detenido y conducido de Siboney a Santiago de Cuba para conducirlo al vivac (la cárcel preventiva de Santiago) el convoy es interceptado en el puente de Sevilla por el comandante Andrés Pérez-Chuaumont Altuzarra. Pérez-Chuaumont , ajeno a la orden de Batista, y en calidad de superior de Sarría, le exige que le entregue a Fidel, pero Sarría se le planta y le dice que para quitarle a Fidel, antes tiene que pasar sobre su cadáver.
Sarría consigue llevarse a Fidel, al que montan esposado a un buick rumbo a la cárcel de Boniato. Fidel va sentado en el asiento delantero entre Pérez Chaumont y el Comandante Morales, y detrás escoltadas por dos guardias, Haydée Santamaría y Melba Hernández.
Saltan un sinnúmero de mitos aquí, que la revolución cubana ha convertido en verdades. De esas mentiras, la más flagrante es la falsa extracción de los ojos de Abel Santamaría.
La policía batistiana hizo autopsias y retrató todos los cadáveres de los militares y rebeldes implicados en el Moncada para identificarlos y esas fotos están hoy en poder de la dictadura comunista. Se han publicado muchas de ellas, como la de Boris Luis Santacoloma, pero jamás se han hecho públicas las supuestas fotos del de Abel sin ojos.
Fue un mito convenientemente echado a rodar por Fidel, con la ayuda de Haydée la hermana de Abel, que se prestó para confirmar la mentira. Sin embargo Haydée tuvo la mala suerte de "denunciar" el supuesto escarnio al capitán Orlando Costa, diciéndole que Eulalio Gonzáles "El Tigre", le había enseñado a ella en las manos los dos ojos de su hermano mientras estaba en el hospital a donde llevaron a los heridos. No sabía Haydée que aun Abel estaba vivo, y que Orlando hablaría con él a la mañana siguiente, cuando realmente fue asesinado. Pero sus ojos permanecieron en sus cuencas, y así fue enterrado.
Debe decirse aquí en honor a la verdad que el ejército batistiano asesinó a muchos de los rebeldes después de apresados, como a Abel, pero no hubo cortes de testículos, ahogamientos ni torturas violentas como después Castro se encargó de instalar en la memoria colectiva y en los libros de historia. Fueron asesinados de un tiro sin mediar tortura alguna, algo que certificó varias veces años después el funerario santiaguero encargado de recoger los cuerpos y meterlos en los féretros.
Ya en la cárcel provincial de Boniato, Fidel es el único de los prisioneros que se niega a que le sea practicada la prueba de la parafina, para saber si había disparado un arma de fuego. La parafina pondría en tela de juicio su “heroísmo”, evidenciando que no había disparado ni una bala. Negándose a ella, evitaba su desprestigio como líder y al mismo tiempo obligaba al tribunal a asumir que sí lo había hecho. Honor salvado.
Fidel y 25 de sus hombres serán juzgados días después junto a sus compañeros por el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba, y condenados a prisión.
El 12 de octubre de 1953 el Ministro de Gobernación, Ramón Heredia, dispone que los condenados del Moncada sean trasladados al Reclusorio Nacional de la Isla de Pinos. La sentencia del Tribunal ordena además que los reclusos cumplan la pena en un recinto separado de los presos comunes.
El 14 de octubre, Fidel, Raúl, Ramiro, Almeida y el resto de los rebeldes condenados, son trasladados bajo fuerte custodia en aviones militares DC-3, desde Oriente hasta Isla de Pinos. Al llegar al presidio panóptico, -llamado así porque la disposición circular de sus módulos permite visuales panorámicas a las celdas-, los rebeldes son enviados a una sala separada de la zona de presos comunes por una pared de ladrillos, recién terminada de levantar para ese fin. Aún el cemento está fresco.
AMNISTÍA NO ES PERDÓN
A finales del 54 cobró fuerza en Cuba un movimiento nacional, transversal a todas las fuerzas vivas del país, que reclamaba una amnistía general para todos los presos políticos, que incluyese a los asaltantes del Moncada.
El 10 de marzo de 1955, en plenas fiestas conmemorativas del tercer aniversario del golpe de estado batistiano, se presentan dos proyectos de amnistía general en ambas cámaras del Congreso, y son aprobadas. El 6 de mayo Batista firma la Ley de amnistía que pone en libertad a todos los presos políticos, incluidos los asaltantes del Moncada.
La amnistía del 55 le abría pues, las puertas a la libertad a Fidel y el resto de los rebeldes. Se escapaba así también con ellos cualquier posibilidad de hacer verdadera justicia con la banda durante el próximo medio siglo.
Aquel ridículo y mal ensayado ataque al Moncada, se convertiría en la gesta heroica más brillante de la revolución cubana, por obra y gracia del pérfido talento para manipular la historia, de su autor intelectual; el peor de nuestros sátrapas.

lunes, 5 de marzo de 2018

FIDELITO; REQUIEM POR EL HIJO PRÓDIGO (I)

FIDELITO; REQUIEM POR EL HIJO PRÓDIGO (I)



“Guillermo Tell
no comprendió a su hijo,
que un día se aburrió de la manzana en la cabeza…”

C. Varela

Me cuentan que, sobre el discreto panteón de mármol negro de la Academia de Ciencias de Cuba en la necrópolis habanera de Colón, donde reposan los restos de Fidel Castro Díaz-Balart, se han visto estas últimas dos semanas, varias coronas de flores, “la mayoría de ellas, rosas blancas de parte de sus hijos y nietos; de su madre, Mirtha Díaz-Balart, y de sus hermanas por vía materna y sobrinos”. 
Estoy citando a EFE, que no es sospechosa de vapulear al régimen cubano, sino de más bien todo lo contrario.
El cuerpo ya sepulto de Fidelito, no recibió ni una flor de su tío Raúl, ni un botón siquiera de sus medios hermanos, los hijos de Dalia, ni del resto de sus primos, tíos y hermanos de uno y otro lado del charco. Una sola excepción del clan Castro: la corona de su prima Mariela, la única autorizada en la familia para manifestar pequeñas rebeldías, la más cercana y menos beligerante de sus enemigos, aunque solo fuera por mera simpatía.
Tampoco tuvo Fidelito muchas muestras de respeto institucional, exceptuando un “cojín” de sus antiguos compañeros de la Academia de Ciencias de Cuba, de la que murió siendo vicepresidente. El Consejo de Estado, donde había sido asesor científico durante años, ni siquiera le dedicó una naturaleza muerta. El resto, clamoroso mutis floral. Nada de la Comisión de Energía Nuclear que también dirigió. Ni una triste flor de muerto del Ministerio de la Industria Básica donde trabajó durante años también como asesor.
Hay una sola lectura incuestionable de este olvido institucional y familiar al hijo pródigo: a Fidelito no lo querían.
Pero, ¿por qué esta fría animadversión hacia alguien que, en vida, “no le hizo daño a nadie”, como se dice vox populi en los mentideros cubanos más benevolentes? ¿Por qué, el ninguneo oficialista a un personaje considerado por la jerarquía comunista como un “soldado científico de la revolución”? ¿Por qué la prensa cubana lo ensalza como revolucionario y lo magnifica como científico, y sin embargo sus compañeros y familiares más próximos lo han ignorado en su hora postrera?
La bloguera opositora al gobierno cubano Yoani Sánchez, escribió en su cuenta de Twitter que «la noticia de la muerte de Fidel Castro Díaz-Balart queda relegada en el diario oficial Granma a la segunda página, y comparte plana con una nota médica sobre el cuidado de la piel a partir de la vigilancia de los ‘lunares’ y el reporte de un accidente de tren sin lesionados».
 ¿Conspiramos un poco?

 EL PRINCIPIO

En 1947 Fidel Castro Ruz andaba en las últimas etapas de su carrera de Derecho, y ya inmerso en el planeamiento de su asalto al poder. Con 22 años, participa con Juan Bosch, futuro Presidente de República Dominicana, en un intento de desembarco de Cayo Confite, RD, para derrocar al dictador Rafael Trujillo, entonces apoyado por Estados Unidos. Un año después, en 1948, se apunta al celebérrimo Bogotazo, al producirse la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, líder político izquierdista colombiano y candidato a las elecciones presidenciales en Colombia. 
El Bogotazo y el Trujillazo pusieron a Castro en la palestra internacional, pero al mismo tiempo el líder comenzaba a ser consciente de que necesitaba una “fachada respetable” para desarrollar sus acciones contra el Gobierno y organizar su lucha sin ser molestado demasiado. 
El 12 de octubre de 1948, Castro hace un descanso en su frenética actividad sediciosa para contraer matrimonio religioso con Mirtha Francisca de la Caridad Díaz-Balart Gutiérrez, una estudiante de la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana, pero natural de Banes, oriental como él. Lo hacen en una iglesia católica romana de la provincia de Oriente, muy cerca de su casa natal en Birán. 
Deciden pasar la luna de miel en Miami, Florida, USA, nación que entonces Fidel admiraba y a donde finalmente fueron, en contra de los deseos de Mirtha de viajar a Europa. 
Fidel se vio obligado a empeñar su reloj, las alianzas del enlace y otros objetos de valor, porque se quedaron sin dinero. Los recién casados se encontraron de frente con la negativa de la familia de Mirtha a financiar el viaje de novios de una boda que nunca fue de su agrado.
Las dificultades económicas de los recién casados terminaron cuando la familia Castro empezó a enviarles dinero desde la Isla. Fidel recuperó entonces las propiedades empeñadas, y prolongó la luna de miel durante tres largos meses. El capitalismo salvaje contra el que luchaba, de momento era maravilloso como escenario de tornaboda en las entrañas del monstruo. 
Rafael Daz-Balart
Mirtha era hija de un general batistiano, y su hermano Rafael iba camino de convertirse en uno de los oficiales de más confianza de Batista. Ella sería más tarde la tía materna de sus dos hijos; el congresista republicano cubanoamericano Mario Díaz-Balart y el ex congresista Lincoln Díaz-Balart. 
Mario Díaz-Balart 

Lincoln Díaz-Balart
Ambos serían en el futuro y durante varias décadas, reconocidos opositores de la revolución cubana en el exilio. Así que, además de sus tíos congresistas en La Habana, Fidelito era el único cubano que tenía otros primos congresistas republicanos en Washington. 
A toro pasado, podemos aventurar los motivos por los que Castro escogió a Mirtha para casarse con ella, considerando que después se tiraría soltero 30 años más, hasta repetir intercambio de anillos, in extremis y en secreto con Dalia Soto.
La boda de Fidel con Mirtha Díaz-Balart, fue el primero de los múltiples pasos que él programó concienzudamente en su nefasto camino hacia el poder. Necesitaba a Mirtha como seguro de vida para echar a andar sus planes, que pasaban por multitud de reuniones clandestinas, trasiego secreto de armas, colecta de fondos y captación de combatientes en la sombra. 
Uniéndose en matrimonio a la hija de un general de Batista, y muy a pesar de la desaprobación de éste, Fidel blindaba en gran medida la vulnerabilidad de su vida subversiva, y disipaba las sospechas sobre sus acciones secretas, poniendo medio cuerpo bajo la sombrilla del poderoso clan Díaz-Balart. 
Mirtha estaba en las antípodas de su ideología y muy cerca del poder contra el que él luchaba, pero estaba también prendada ciegamente del abogado revoltoso. Él nunca se enamoró de ella, como lo hizo ella de él, pero, sentimientos al margen, estaba claro que Fidel buscaba el respaldo y la protección que el vínculo matrimonial con Mirtha le ofrecía. 
Y tener un hijo con ella, casi se lo garantizaba.
Y así fue exactamente. Fidelito nació el primer día de septiembre de 1949, fruto de este matrimonio de mediano octanaje sentimental, pero su llegada al mundo fue de gran provecho para el arranque de la revolución. Fidel no podía saber entonces que ese hijo también le daría grandes dolores de cabeza en el futuro, y la aceptación amarga de que, no sería nunca heredero de su carácter, y mucho menos de su reinado, siendo su primogénito biológico “oficial”. 
¿Por qué “oficial”? Aclarémoslo. Fidelito no fue el primer hijo de Fidel. Mientras noviaba con Mirtha, Fidel mantenía también otra relación amorosa paralela con María Amparo Laborde, una empleada doméstica residente en Santiago de Cuba con la que tuvo a su verdadero primogénito: Jorge Ángel Castro Laborde.
Jorge Ángel (en la foto) fue engendrado 4 meses antes de que Fidel se casara con Mirtha, y nació el 23 de marzo de 1949, unos meses antes que Fidelito. En el futuro, Fidel haría que ambos hermanos estudiaran juntos en la misma escuela.
 En 1953 Fidel y su combo, asaltan mal y pronto el Cuartel Moncada. Fue un patético y mal organizado evento militar que, a pesar de que después fue vendido por él -y comprado por nosotros- como la gran gesta de la revolución, terminó fracasando clamorosamente con su detención y la de sus seguidores cercanos, su enjuiciamiento y su encarcelamiento en la Prisión de Isla de Pinos. 
Castro recibió 15 años de cárcel, sus acompañantes masculinos penas algo menores, y las mujeres del grupo resultaron absueltas. Los presos fueron trasladados a Isla de Pinos, donde Castro, aunque aislado de sus compinches y confinado en la enfermería, fue objeto de un trato muy cortés para un recluso de su condición: podía recibir y cocinar alimentos del exterior, leer, fumar, salir al patio y recibir visitas de las Hermanas Inmaculadas, religiosas que le tenían gran simpatía.
Sin embargo, Fidel no recibe cartas de Mirtha ni noticias de su hijo durante sus primeros meses en prisión. Manifiesta su preocupación a Ramiro Valdés: tiene malas vibraciones sobre la salud de su matrimonio, y teme por lo que pueda hacer Mirtha con el hijo de ambos. Finalmente, Mirtha, aconsejada por Sor Mercedes, -Madre Superiora del convento Hermanas de La Virgen Inmaculada de La Habana, que protege a los rebeldes desde fuera-, accede y lleva a Fidelito a la cárcel a ver a su padre. El niño también podrá ver a su tío Raúl. De la visita quedarán sugerentes fotografías con ambos.
En 1954 Mirtha le pone el divorcio a Castro mientras él está preso, porque se ha enterado de que él ya la engañaba con otra mujer también muy rica; Natalia Revuelta, y con la que poco después Fidel tendrá una hija: Alina.
La decisión de Mirtha coge a Fidel por sorpresa; creía que su mujer se lo aguantaría todo, y desde luego, no estaba dispuesto a dejar que se quedara con Fidelito.
Desde su encierro, Fidel manda una nota a su propia familia: "A mis hermanas encomiendo otra petición: que escondan a mi hijo en una montaña si es necesario", pero que no se lo entreguen a Mirtha", reproduce en 2009 sus palabras Juana Castro en su libro "Fidel y Raúl: mis hermanos". Castro intenta ponerse en contacto otra vez con su ya ex esposa, a través de Sor Mercedes. Sus sospechas son fundadas; la religiosa le hace saber que las cosas están mal, que Mirtha no quiere echar atrás el divorcio, que no volverá a llevar al niño a verlo a prisión, y que no renunciará a su custodia. 
Sin embargo, incluso separada de Fidel, Mirtha no deja en la estacada al padre de su hijo. Gran parte de la presión ejercida en Fulgencio Batista para incluirlo a él y a sus asaltantes del Moncada en la fatídica amnistía del 55, vino de parte de la familia Díaz-Balart.

Es la madre de Mirtha, a través del Cardenal Arteaga, obispo de Santiago de Cuba, de Monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago, y de la Primera Dama, Marta Fernández Miranda de Batista, quien presiona para que el presidente sea magnánimo con su ex yerno. 
La mujer de Batista también recibe una petición de ayuda de Lina Ruz, la madre de Fidel, que le pide evitar “dejar a su nieto sin padre”.
En el 55 cuaja en Cuba un fuerte movimiento popular de las clases medias y las fuerzas vivas del país, pidiendo a Batista un gesto de paz. Le exigen proclamar una amnistía, y muchos piden que se incluya en ella también a Fidel, a sus asaltantes al Moncada y a Carlos Manuel de Céspedes, -no el de los esclavos, sino el otro-, que cumplía pena de tres años en el Panóptico de Isla de Pinos.
Batista pide asesoría. Consulta otra vez el asunto con la familia Díaz-Balart, vía Rafael el hermano de Mirtha. Rafael había sido un batistiano ardiente y ocupó el cargo de subsecretario de Ramón Hermida, ministro del interior del gabinete de Fulgencio Batista. Pero sus influencias en el gobierno ya no son las mismas. Había sido forzado a renunciar al cargo después de la publicación de una carta que escribió a Hermida, en la que lo censuró por una charla que mantuvo con Castro en la prisión de Isla de Pinos. Rafael le dice a Batista que por su parte, su ex cuñado puede pudrirse en la cárcel.
Sin embargo, las gestiones de la madre de Mirtha fructifican. Su mediación, junto al malestar del gobierno de USA con el dictador cubano, el peligro de convertir en “héroes” a los asaltantes, y las presiones populares que exigían a Batista un gesto inequívoco de buena voluntad, consiguen que el 6 mayo de 1955, y contra la opinión de varios de sus ministros, el dictador derogue las medidas que le permitían invocar la ley marcial en Cuba. Fulgencio declara una amnistía general y pone por fin en libertad al prisionero 4914, a su hermano y a los otros presos condenados por el ataque al Moncada.

Así que Fidelito contribuyó en gran medida a conseguir la libertad para su padre con solo 6 años, justo cuando más lo necesitó éste en toda su vida. Fue el salvoconducto indirecto de Fidel a la libertad.
Si se dice que, sin aquel 6 de mayo de 1955, no hubiera existido el 1 de enero del 59 para Fidel y su panda, sin Fidelito probablemente su padre no hubiera salido del panóptico pinero durante los 15 años a los que fue condenado. Y quizás las cosas habrían sido diferentes también para todos nosotros.

UN NIÑO SECUESTRADO

Fidelito tuvo una infancia difícil en medio de la feroz batalla de sus padres por su custodia, que perdió Fidel. Mientras estaba en prisión, Castro supo que su ex mujer se lo había llevado con ella a Estados Unidos, y escribió a una de sus hermanas: “un día saldré de aquí y voy a recuperar mi honor y mi hijo, aunque tenga que destruir la Tierra en el proceso”. Y casi lo hace. 
Mirtha obtiene la custodia del menor, pero al salir de la prisión, Fidel se exilia en México, y desde allí le ruega que le envíe al niño solo un par de semanas de visita. "Temo morir en combate sin haberle dado un beso", le escribe. Mirtha se traga el cebo.
La cadena Telemundo entrevistó hace unos años a Orlando de Cárdenas un matemático "ex amigo” de Castro que vivió de cerca en México, el “secuestro" de Fidelito. Muestra una carta de Fidel en la que éste se refiere a la "retención" de su hijo. 
Es una carta, dirigida su hermana Liria y fechada el 24 de diciembre de 1956. El líder escribe: "porque mi mujer ha demostrado que es incapaz de romper la influencia de su familia, mi hijo puede ser educado en las lamentables ideas contra las que yo lucho. Lo estoy dejando (en México) con esas personas que le pueden dar una mejor educación: un matrimonio bueno y generoso que siempre han sido nuestros mejores amigos en el exilio. Le dejo mi hijo, también, a México, para que crezca y se eduque en esta libre y hospitalaria tierra. No debe regresar a Cuba, hasta que sea libre o hasta que pueda luchar por que Cuba sea libre".
Cárdenas dijo; "estuve al tanto de eso, como estuve al tanto del rescate del niño que fue un domingo por la mañana, cuando lo estaban paseando en el bosque de Chapultepec. Un vehículo se atravesó, con gente encargada por Mirtha del rescate, y se llevaron a Fidelito para la embajada de Cuba". 
Así pues, según Oscar Cárdenas, Mirtha logró recuperar a su hijo mediante un "secuestro", aunque no quedó claro entonces lo que pasó después. Según los biógrafos oficiales de Castro, Fidelito regresó a Cuba un poco antes del triunfo de la revolución, pero no se dieron más detalles. ¿Qué ocurrió en realidad? 
Rebobinemos.
El domingo 15 de mayo de 1955, Castro y el resto de los asaltantes del Moncada abandonan el Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos, tras 19 meses de prisión. En la mañana de la liberación, se cumplen los malos pensamientos de Fidel: había prensa abundante esperándolo en la puerta, pero Mirtha no estaba con su hijo para recibirlo.

Fidel se exilia en México el 7 de julio, y le exige a Mirtha desde allí que envíe al niño antes de embarcarse en la expedición de regreso a Cuba, que organizaba en tierra azteca. Dice que teme morir sin haberlo besado y da su “palabra de caballero” de que lo devolverá en 15 días, y Mirtha le cree. Pero Fidel, como haría toda su vida de dictador, no cumple con lo prometido. Hasta ahí, todo ok.
Pero Orlando declaró que Mirtha utilizó entonces la influencia de su familia para contratar a tres hombres que secuestraron de vuelta a su hijo, cuando paseaba con dos hermanas de Castro por el DF mexicano. Juanita Castro primero confirmó el dato al Herald, pero después se desdijo y aventuró que el secuestro podría haber sido obra del propio Batista, como medida de presión a Castro. 



Hoy sabemos que era Fidel quien tenía secuestrado a su hijo, y que Mirtha simplemente lo recuperó.


EL RESCATE


Una jugosa entrevista al Dr. Ricardo Núñez Portuondo, conocido empresario y hermano del Dr. Emilio Núñez Blanco, segundo esposo de Mirtha Díaz-Balart, y que fuera director nacional del Programa para Refugiados Cubanos, pone en evidencia la falsedad de la versión que ha dado Fidel del secuestro de su hijo. En realidad fue un rescate. 
Fue Núñez Portuondo quien, en 1956, había llevado a Mirtha y a Fidelito a una casa de El Vedado, para entregar al niño a una hermana de Castro y a un joven abogado, Aramis Taboada, que serían los que lo llevarían a México con su padre.
Taboada les aseguró a Mirtha que Fidel cumpliría lo acordado. Núñez Portuondo declaró que “ya entonces durante el viaje le dije a Mirtha: “Todos despreciamos a Fidel Castro porque es un mentiroso; no cumplirá su palabra de devolverlo”. Pero en aquella triste mañana se lo entregamos. Dejamos al niño y nos marchamos Mirtha y yo. Años más tarde me enteré de que Castro había mandado al paredón de fusilamiento a su hombre de confianza y amigo, el Dr. Aramis Taboada”.
Núñez Portuondo cuenta que, a finales de 1956, su hermano y su cuñada se vieron obligados a escenificar un “show” para recuperar a Fidelito, que entonces tenía 7 años. Lo que pasó realmente es que Fidel, pretextando que posiblemente se inmolaría intentando derrocar a Batista, había pedido a su ex mujer que le enviara al niño "para verlo por última vez”, por si no sobrevivía a su empresa. Cuando se cumple el plazo y Fidelito no es devuelto con su madre a Cuba, Fidel hace correr la voz de que el niño ha sido secuestrado, e incluso sugiere la posibilidad de que lo ha secuestrado la  propia policía mexicana. 
Juanita insistió en que el niño había sido retenido en México por Batista, para obligar a su hermano a cortar la puesta en marcha de la Revolución. En aquel momento no se supo a ciencia cierta el verdadero paradero de Fidelito, que quedó oculto entre la hojarasca de las especulaciones de los periódicos.
Mirtha se traslada a México, y niega rotundamente la implicación de Batista, pero las autoridades mexicanas detienen la investigación, convencidos de que el asunto es un tema privado de familia, y no una cuestión política.
Ya enterado de que el niño estaba con su padre, el Gobierno de México decide que Fidel se quede con él, de acuerdo con las leyes cubanas, que establecían que los hijos de padres divorciados, permanecieran con el progenitor.
A posteriori se supo que Castro había hecho una "donación anticipada” de su propio hijo a la revolución, "si no sobrevivía a su gesta". 
Pero como ahora Fidel había incumplido un trato y habían fallado para Mirtha todos los intentos "legales" para recuperar a su hijo, ella y su marido Emilio decidieron rescatarlo por la fuerza.
Núñez Portuondo fue testigo de excepción de los hechos, porque era socio de Bufete de Cuba, el despacho de abogados de su hermano Emilio Núñez. Fue informado por él en detalle de los sucesos de México, y fue quien descubrió el paradero de Fidelito y ayudó a planear y ejecutar su rescate. 
Núñez Portuondo hablaría después, espoleado por la publicación de un libro en los Estados Unidos, donde a su hermano se le denostaba y calificaba falsamente de secuestrador:
“Yo ya conocía por mi hermano que Mirtha antes de casarse con él, había recibido una llamada telefónica de Fidel, desde Ciudad México, pidiéndole que le enviara al niño para verlo y dando su palabra de honor de devolverlo a los pocos días, palabra que incumplió. Pero es completamente falso que fuera la policía mejicana quien lo secuestró, como se dice en el libro, ya que fue mi hermano Emilio, quien, indignado ante el incumplimiento, tomó junto a Mirtha la decisión de embarcarse armado inmediatamente hacia México, para buscar y traer a Fidelito como fuera".
“Tardamos varias semanas para poderlo localizar, y cuando al fin lo logramos, enseguida lo intentamos. Iba conduciendo Emilio el automóvil, y acompañado de Mirtha, siguió por las calles de Ciudad México a otro automóvil que iba a toda velocidad y en donde se encontraba sentado en el asiento delantero, Fidelito, entre dos hombres. Sus tías iban en la parte de atrás. Mi hermano creyó que uno de los hombres era el propio padre, y resultaron ser dos guardaespaldas armados. Emilio interceptó el automóvil cortándole el paso violentamente por delante, salió con Mirtha del automóvil, abrió las puertas del otro y rescató al niño. Pasaron después una odisea tan peligrosa y complicada como el propio secuestro, pero al fin, después de transcurridas varias semanas, el presidente de México autorizó personalmente que salieran del país con el niño, y regresaran a Cuba”.
Ya de regreso en La Habana, Mirtha y Emilio se llevaron a Fidelito para la casa de él en la playa de Tarará, y allí lo dejaron bajo la vigilancia del propio Núñez Portuondo: “Tuve el honor de cuidarle a petición de mi hermano pues se había regado que los hombres de acción de Castro, y el propio Castro, se sentían humillados y totalmente derrotados ante lo ocurrido en México y podían vengarse e intentar recuperarlo si lo localizaban en La Habana, donde Fidel tenía informantes y personal de apoyo para la rebelión. Una de las pocas noches que dormí con el niño -dice Núñez-, se despertó dando gritos y sudando, y cuando yo lo abrazaba me decía; "Tío no dejes que me lleven los amigos de mi padre". Cuando le pregunté el por qué, me dijo que le pegaban y lo maltrataban. Le dije, “duerme tranquilo que nadie te va a venir a buscar”. Pocos días después yo me iba para España en viaje de vacaciones y nunca más volvería a ver a Fidelito Castro Díaz-Balart”.

Pero Mirtha volvió a acceder a la petición de Castro de que enviara el niño con él, de Tarará a La Habana a finales del 58. Y entonces sí que nunca más se lo devolvió.
Junto a Fidel estaría Fidelito hasta la mayoría de edad. Había terminado para él el tiempo de vivir junto a su madre; hasta casi los diez años. Los únicos de su vida que compartiría con ella. 
Dice Núñez Portuondo, que Mirtha y su hermano vivieron aún muchos años en Cuba a la espera de que Castro les devolviera el crío, después del triunfo de la revolución, “a pesar de que se les molestaba continuamente, e inclusive él fue detenido y amenazado por Abrahantes, el entonces Jefe del G2. Pero se mantuvieron en el país hasta el mismo día en que Fidelito embarcaba para estudiar en Rusia”, dijo.
Emilio Núñez Blanco, que habría podido ser un gran padre para Fidelito, y al que éste llegó a admirar y apreciar sinceramente -otro clásico entre los motivos de la ira de su padre-, fue durante muchos años Secretario General de la Asociación de Prensa Iberoamericana y amigo personal del ahora retirado Rey Juan Carlos de España. Don Emilio nunca quiso hacer ninguna declaración sobre esos hechos, por respeto a Mirtha y a Fidelito, aunque le ofrecieron mucho dinero por hacerlo.
Paradójicamente, años más tarde, cuando Mirtha vivía ya en Madrid y podía ver a su hijo regularmente en Cuba o en España, Fidel enfermó de gravedad con riesgo de muerte. Ella viajó a Cuba para verlo en lo que se suponía, iba a ser lecho de muerte, obedeciendo el ruego de Fidelito. Deja "por unos pocos días" en España a Emilio, también muy delicado de salud y en fase avanzada de Alzheimer.
Emilio muere en Madrid mientras Mirtha está en La Habana junto a la cama de su también moribundo ex. 
Pero el demonio se recuperó, demoníacamente .

LA SOLEDAD DE LA INFANCIA

El 8 de enero de 1959, cuando Fidel entra en La Habana en la “caravana de la victoria” subido a un jeep Sherman, va escoltado por Ramiro Valdés, Camilo Cienfuegos y Juan Almeida, y acompañado por su hijo Fidelito. En aquel momento histórico, el niño acaba de cumplir los 10 años de edad.
En 1959, el periodista norteamericano Edward R. Murrow entrevista a Fidel Castro, y Fidelito aparece en cámara. Es una entrevista emitida por la TV cubana que asombra a los televidentes de la Isla. Resulta que Fidel tiene un hijo pequeño, que viste pijama y chanclas, y que se sienta con él en un sofá. El líder le da un beso a su hijo, y éste se acomoda a su lado con un perro en los brazos. Murrow le pregunta en inglés, que cuántos perros tiene en casa, y Fidelito le responde, también en inglés, que tiene dos.
Es un niño bueno, de los que no levantan la voz y se quedan callados esperando a que sus mayores le pregunten. Aún no se parece demasiado a su padre y tiene los párpados caídos. Su mirada “a media asta” denota inteligencia, pero también hastío y desinterés por todo. Le gustan los perros; cría varios pastores alemanes que le regala Celia Sánchez, que se convierten en sus primeros compañeros de juegos. No hay otros niños de su edad en la corte comunista con los que pueda jugar. 
Ya a merced de la voluntad de su padre, Fidelito echa de menos a su madre. Es a partir de entonces que se vuelve un chico taciturno, depresivo y triste, rasgos de su carácter que se acentuarán aún más con el tiempo.
Sobre él gravita permanentemente la larga sombra de su progenitor, aunque éste no esté casi nunca presente físicamente. Fidel impone en las cuestiones de familia una disciplina en las antípodas de su hermano Raúl. “Mientras el menor de los Castro cuida y se rodea de mujer, hijos, nietos, hermanos y sobrinos, Fidel no permite que su entorno familiar tenga relevancia alguna”, dice Mauricio de Miranda, doctor en Economía en la Universidad Javeriana de Cali y experto en las interioridades familiares de la alta nomenclatura cubana.


UNA ADOLESCENCIA DEPRESIVA

A falta de la atención que Castro debió darle a Fidelito como padre durante su adolescencia, Fidelito es “atendido” por un oficial de su seguridad personal, de apellido Fulleda.
Fulleda de alguna forma suple el vacío afectivo paterno. Controla sus estudios, lo saca de paseo y le compra todo lo que necesita. Fidelito llega a querer a este hombre tanto como a un padre verdadero, y llorará su muerte años más tarde como si hubiera llevado su misma sangre.
Alertado por Fulleda del temperamento depresivo de su retoño, ya adolescente, Fidel lo envía a un tour por varios países socialistas “para que se alegre”. Pero la conducta de Fidelito en el extranjero avergüenza a Castro, según reporta el Miami Herald en 1967. Se escapa de un hospital de Moscú donde recibía atención por una neumonía, y coge un avión de regreso a La Habana. Cuando llega, Castro lo castiga impidiéndole salir durante meses de una mansión en la zona del antiguo Country Club. Experimenta su primera prisión domiciliaria con apenas 16 años.
Su madre aún vive en Cuba con su marido Emilio, a la espera de que le devuelvan a su hijo. Se ha enterado de lo que sucede, pero no puede hacer nada. No les permiten tener ningún contacto físico, telefónico ni postal en ninguno de los dos sentidos. Fidelito se vuelve aún más introspectivo y callado.
Fidel lo obliga a que pase largas temporadas en casa de Raúl, su tío, que ya tiene cuatro hijos, para "integrarlo" en la familia y que reciba un poco de "calor filial" prestado de su hermano. Al mismo tiempo tiene garantizado su control y seguridad, porque Raúl tiene una gran práctica en el monitoreo de sus propios hijos.
Ya es un joven, pero se aburre muchísimo; tiene que andar jugando con dos niños pequeños; su primo hermano Alejandro Castro -que en el futuro será su peor enemigo- y Juan Juan, el hijo de Almeida, que a la sazón vive también en casa de Raúl Castro. Éste ha advertido que el hijo de su amigo negro tiene ciertas formas femeninas, y lo ha convencido de que, junto a Alejandro y a Fidelito, “se le quitará esa mariconería”.
Juan Juan está aprendiendo con Raúl a ser macho y revolucionario. Raúl, en tanto, ahora tiene muy fácil vigilar de cerca al posible heredero de su hermano, aunque no lo ha considerado nunca un rival para ocupar el poder. Su hijo estará mejor preparado para mandar en Cuba.

¡HOLA, SOY TU HERMANO MAYOR!

Fidelito concluye la secundaria en una escuela de Siboney, antiguo Biltmore, y entra a cursar estudios preuniversitarios en el Instituto Carlos Marx, antigua Academia Rustom, en el mismo reparto, ubicado en la calle 190 cerca de la autopista del Mediodía. 


Posteriormente esa será la Escuela de Contrainteligencia “Hermanos Martínez Tamayo” (en la foto). Allí encuentra y conoce por primera vez a su hermano mayor, Jorge Ángel Castro, que entraba a cursar estudios el mismo año. 

No fue casualidad. Castro había decidido reconocer a su primogénito “bastardo” y aunque no lo insertó en la familia, se interesó por sus estudios, le brindó protección, y permitió que conociera a su medio hermano menor. Más tarde también le daría acceso a sus otros 5 medios hermanos, hijos de Dalia, que lo acogerán luego de constatar que él no representaba un peligro para los intereses de los Castro Soto. Él para ellos es un simple Castro "Queseyó", inofensivo. Fidelito no tendrá nunca ni siquiera esa suerte.

Fidelito y Jorge Ángel vivieron juntos becados en el Preuniversitario Carlos Marx durante 4 años de bachillerato. Sus literas, curiosamente estaban en el albergue de las chicas. Sus compañeros eran otros hijos de líderes de la revolución y de oficiales de la guardia personal del generalato. También disponían de un cocinero puesto por su padre para ellos solos. Nunca Fidel apareció por la escuela; sus notas le eran enviadas directamente a su secretario, y a Fulleda.

Para preservar el secreto del parentesco ante los estudiantes del centro, obligaron a Jorge Ángel Castro a decir que era hijo de Raúl Castro y primo de José Ángel Fernández, el nombre por el que sus compañeros conocerán a Fidelito.

Además de los chicos a los que conocían de toda la vida desde el primer día de colegio, -por ser también exclusivos miembros de otras familias del poder-, solo los profesores y el personal de seguridad de ambos estaban al corriente de la verdadera identidad de su padre.

Fidelito ya es inteligente como Fidel, aunque aún no se le parece tanto. A diferencia de éste, en cambio, es lento de reacción y de respuesta, pero es reflexivo y educado cuando se expresa. Ya piensa y habla de ese modo que llamará la atención de la gente: como a cámara lenta, aunque sus palabras siempre denotan un nivel de retórica superior al de todos sus parientes.

Evita la exposición excesiva, ahora que puede. Es aún un chico joven, sin otras responsabilidades que estudiar, pero en el futuro será evidente que también aparezca en actos públicos bajo los efectos de los barbitúricos. Está permanentemente sometido a un cóctel de estrés por causas políticas, laborales, familiares y afectivas. Se medica desde la adolescencia.
Quizás por eso su rendimiento académico es, en su época pre universitaria, el de un estudiante promedio. No destaca especialmente como alumno brillante, aunque le interesen las ciencias y sea bastante bueno en matemáticas y en física.
Tras sus discretas calificaciones en otras asignaturas, se esconde una incipiente disfunción nerviosa: el déficit de atención. Lo incapacita para concentrarse en cosas que no le interesan o que deba cumplimentar dentro de un límite de tiempo; en otras palabras, lo pone muy nervioso que lo apuren. También incuba una creciente tendencia a la depresión.
No obstante, Fidelito y Jorge Ángel se graduarán juntos de pre universitario en el curso 1966-1967. 
Jorge Ángel matricula en la Facultad de Ingeniería Química. Es un joven modesto, callado y respetuoso que, sabiéndose hijo del líder, no va de creído ni alardea de parentesco; por el contrario prefiere mantener un perfil bajo. Pero es campechano y buenazo. 
No es cierto pues, que Fidelito fuera el único científico de la familia Castro; también lo era ya su hermano Jorge Ángel, y de hecho, es él ahora realmente el único.
Desde muy joven, y por estar casi siempre solo, Fidelito se refugia en la lectura. Le atraen los temas científicos, sobre todo los relacionados con la energía nuclear, pero termina otra vez el pre con notas discretas, demasiado discretas como para optar a una beca en la Universidad de Moscú. Pero para algo es hijo del dueño de Cuba. 
Su inclinación por las ciencias lo salvará del destino que aguardaba hasta entonces a los hombres de su familia: una carrera militar. Sus hermanos también se saltarán gustosamente la tradición, pero elegirán profesiones menos nobles, y más mundanas. Ninguno brillará en ninguna.
Pero ahora los Castro-Soto son los nuevos -y acaparadores- beneficiarios de la ya exigua atención que le dispensaba su padre. Dalia lo odia casi por deporte y Fidel deja de atenderlo paulatinamente, a medida que van naciendo los miembros del "Equipo A", el quinteto de varones Castro-Soto que parirá Dalia, uno tras otro, y cuyos nombres empiezan todos por esa letra, en honor a Alejandro, su padre Fidel Alejandro. Hay nuevos príncipes, y viven con papá. 
Punto Cero se convierte en "palacio" y Fidelito desciende a casi bastardo, aunque no lo haya sido nunca. Pero está ya muy acostumbrado a estar solo. Es más, cada vez se siente mejor así. 
Su padre por su parte, por una vez complace sus pequeñas ambiciones. Tiene un magnífico plan, que le permitirá dar un campanazo como "buen padre", y al mimo tiempo venderse como "impulsor del desarrollo científico" en Cuba. Pondrá a su hijo a hacer lo que le gusta, o mejor: a ser el dueño en Cuba de lo que le gusta. 
Castro ya no solo piensa en vacas; piensa en átomos y en energía. Ha puesto en marcha el Instituto Superior de Ciencia y Tecnología Nucleares de La Habana. Y barrunta colocar a su hijo al frente de él, en un futuro cercano, y si no le sale rana. Resuelve enviarlo a estudiar Matemática y Física a la Unión Soviética. Nadie lo acusará gratuitamente de nepotismo, si Fidelito demuestra que se ha preparado para el cargo. 
Pero aunque aún Fidel le impedirá durante 5 años más el contacto con Mirtha, para Fidelito, su próximo vuelo en Aeroflot rumbo al país comunista más poderoso del mundo, será la puerta abierta a una vida nueva, y a la libertad misma. Condicionada y vigilada por agentes del G2 y el KGB, es verdad, pero muy lejos del hombre que le controla y amarga la vida, y que lo ha mantenido cruelmente separado del afecto materno. Conseguirá poco a poco que sus vigilantes no sean sus enemigos, y hasta logrará por fin ponerse en contacto con Mirtha, gracias a ellos.
Los años en la URSS serán los más felices de Fidel Castro Díaz-Balart. Por fin puede hacer lo que quiera, hasta convertirse en una persona nueva. De hecho, será legalmente otro. Y lo bordará, porque se ha hecho pasar por él toda su vida: José Raúl Fernández. 
Pero no cuenta con la inexorable honestidad de la genética: a partir de ahora también comenzará a parecerse físicamente a su padre, casi como una gota de agua a otra; será imposible negar el vínculo. 
Pronto entraremos en detalles...